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La llegada del verano, las vacaciones en la playa o en la montaña, las
fiestas, las salidas nocturnas son un ambiente propicio para divertirse y hacer
nuevas amistades y, sobre todo, en el caso de los más jóvenes, la ocasión para su
primer amor. Todos hemos tenido un romance veraniego, pero... ¿Qué ocurre cuando
el enamorado es nuestro hijo? ¿Cómo debemos actuar?
Los meses de verano y las vacaciones estivales son el mejor momento para
relajarse, romper con la rutina y las exigencias de los horarios rígidos, hacer
cosas que no pueden realizarse durante el resto del año y, también, una época
idónea para conocer nuevas personas y lugares. Por todo ello, resulta mucho más
fácil que se produzcan grandes o apasionados enamoramientos.
Es bastante frecuente el recuerdo del primer amor de verano, el chico o la
chica del pueblo de veraneo, del apartamento donde se pasaban las vacaciones o de
quien nos enamoramos en aquel viaje. Aunque el "enamorarse" no entiende de edades
es cierto que los adolescentes son más vulnerables a los flechazos y amores a
primera vista, y esta época y sus circunstancias lo facilitan aún más. Finalizado
el curso, acabados los exámenes y olvidados los estudios y las actividades
extraescolares, después de nueve meses de agobio y poco tiempo para la diversión,
llega el momento de la liberación, de la diversión. Protegidos, además, por el
"anonimato" al encontrarse en un lugar distinto al habitual que les facilita ser
más desinhibidos, es más fácil para los jóvenes descubrir este "amor" que puede o
no ser correspondido.
Es conveniente distinguir un "ligue" de un "flechazo" ya que, aunque en esta
época de su vida aparentemente lo tengan claro, una cosa puede conducir a otra y
eso les genera una cierta confusión. Chicos y chicas suelen buscar, de entrada,
una relación ligera, alguien del otro sexo con quien poder intimar y dar su
primer beso, así como también alardear de su conquista ante sus amigos/as. Sin
embargo, en algunas ocasiones esa relación que se concentra en unos pocos días
puede llegar a tal intensidad que entonces se produce el enamoramiento y es sólo
entonces cuando hablamos de ese amor que les atrapa totalmente.
A pesar de que no quieran reconocerlo, los adolescentes viven muy pendientes
de encontrar la pareja ideal; para ellos es casi un reto y representa muchas
cosas:
Alguien de fuera del entorno familiar que los quiere y les hace sentir
importantes y únicos.
Una persona con quien pueden entenderse y compartir lo que ahora resulta
difícil de hacer con los padres.
El inicio de los primeros contactos y aprendizajes sexuales.
Una relación de la que poder hablar con sus compañeros/as y sentirse igual
que ellos/as.
Los adultos, los padres, saben de la fragilidad de los sentimientos en estas
edades y, por tanto, lo sencillo y natural que resulta que se produzcan
desengaños y fracasos, pero para los más jóvenes este apasionado enamoramiento
puede significar mucho y una ruptura, según como ocurra, puede ser vivida de una
manera muy traumática.
Por ello, es conveniente tener presente:
Nunca debe ridiculizarse ni relativizar lo que para los adolescentes es real
y único, a la vez que muy importante para su evolución personal.
No tratar de convencerlos de que puede ser algo pasajero, un falso
sentimiento o una tontería, dicho en otros términos, que no es un amor de
verdad.
Es importante que vivan sus sentimientos y aprendan de su propia
experiencia.
Si se produce una ruptura no decirles: "ya te lo decía yo", sino ponerse en
su lugar, escucharlos y tratar de comprenderlos.
No criticar ni buscar defectos en el/la elegido/a, es probable que sus gustos
y lo que valoren no tenga nada que ver con lo que es importante para los
adultos.
Todos deberíamos recordar que en la adolescencia también experimentamos un
"flechazo"; poder compartirlo con ellos puede ser una buena forma de
acercarnos.
Lourdes Mantilla Fernández Psicóloga clínica
Ver información complementaria del artículo en www.solohijos.com
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