¿De verdad me afecta en algo que los gays se casen?
Un reacción inicial común a mucha gente cuando oye sobre el proyecto de
matrimonio homosexual es: "¿Por qué debe preocuparme si se pueden o no casar los
homosexuales?, ¿cómo puede afectar eso a mí o a mi familia?"
En realidad el pueblo debería tener la oportunidad de deliberar los costes
sociales y económicos de este experimento social radical. De forma asombrosa la
cobertura de los medios en este tema ha ignorado lo que esta nueva preferencia
especial costaría al resto de la sociedad en términos de impuestos y
seguros.
El gobierno canadiense, que también está considerando ese tipo de
legislación, se acaba de dar cuenta de que los beneficios retroactivos de la
seguridad social para el superviviente costarían a los contribuyentes cientos de
millones de dólares. Aquí se presenta un problema real de justicia distributiva.
¿Cómo puede uno justificar el dar el mismo trato a los matrimonios que a las
parejas del mismo sexo cuando tales beneficios son negados a toda la gente que en
nuestra sociedad cuidan de parientes ancianos o disminuidos que no pueden
reclamar esos beneficios como miembros de la familia a efectos fiscales o de
seguros?
¿No deberían tener los ciudadanos la oportunidad de votar si quieren dar a
las uniones homosexuales, la mayoría de las cuales no tienen hijos, los mismos
beneficios que la sociedad reconoce a las parejas casadas, la mayoría de las
cuales han criado o están criando hijos?
Si estos experimentos sociales van adelante los derechos de los niños se
verán vapuleados. El matrimonio del mismo sexo constituirá un respaldo público y
oficial de las siguientes reclamaciones:
-que el matrimonio es sobre todo un arreglo en beneficio de los adultos
-que los hijos no necesitan tanto a un padre como a una madre
-que las formas alternativas de familia son tan buenas como el marido y la
mujer criando a sus hijos juntos.
Sería trágico que justo cuando estamos viendo el impacto de esas erróneas
ideas en las vidas de los niños de nuestro país fuéramos a legalizarlas. Esa
filosofía de matrimonio es la que se enseñará a nuestros hijos y nietos en la
escuela. Se les obligará a discutir el matrimonio en esos términos. Palabras
comunes como marido y mujer se verán sustituidas por la de pareja. En las clases
de preparación al matrimonio a los niños se les tendrá que enseñar acerca del
sexo homosexual. Los padres que se quejen se les apodará "homófobos" y sus hijos
sufrirán por ello.
También la libertad religiosa está en juego. Independientemente de lo que uno
quiera vivir y dejar vivir, la experiencia de otros países revela que una vez que
estos arreglos se han convertido en ley no habrá política de vive y deja vivir
para los que difieren.
Los proponentes del matrimonio homosexual usan el lenguaje de la apertura,
tolerancia y diversidad, pero un efecto previsible de su éxito será el instaurar
una era de intolerancia y discriminación tal como raramente se ha visto antes.
Cada persona y cada religión que no esté de acuerdo será tachado de racista y se
le discriminará abiertamente. El hacha caerá mas pesadamente en personas y grupos
religiosos que no apoyen el matrimonio homosexual. Las instituciones religiosas
se verán golpeadas por procesos judiciales si rehúsan comprometer sus principios
(ahí está la petición de cierto grupúsculo contra los obispos para que se les
persiga por homofobia).
Finalmente hay un claro desprecio a los derechos de los ciudadanos a decidir
las condiciones bajo las que queremos vivir, trabajar y criar a nuestros hijos.
Teníamos gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; ahora tenemos
gobierno sin el pueblo.
Independientemente de que uno esté a favor, en contra o indeciso sobre el
matrimonio del mismo sexo, una decisión tan importante debería ser tomada en la
forma democrática ordinaria: a través de una deliberación pública a la luz del
día y con un referéndum.
Francisco González
Puesto que en esta cuenta suelo recibir abundante
"correo basura" le ruego que, si me responde, lo haga a fgm@chavales21.net.
o bien incuya en el campo "Asunto" la palabra amigo. Gracias