|
|
|
| Asunto: | [chavales] María-Teresa González-Quevedo: Madre mía, que quien me mire, te vea | | Fecha: | Viernes, 13 de Agosto, 2004 01:08:27 (+0200) | | Autor: | Francisco Gonzalez <fgonzalez54 @.......com>
|
Madre mía, que quien me mire, te veaFuente: Catholic.net Autor: P.
Fernando Pascual
María-Teresa, en plena adolescencia, entra a formar parte de la Congregación
mariana del Instituto donde realiza sus estudios. Recibe una medalla de la
Virgen. Detrás de ella puede escribir una frase, escogida libremente. Después de
reflexionar un poco, formula esta breve oración: “Madre mía, que quien me mire,
te vea”.
María-Teresa González-Quevedo había nacido en Madrid el 12 de abril de
1930. Su familia vive en la capital de España, y ofrece a la hija y a sus otros
dos hijos una buena educación cristiana.
María-Teresa (para muchos, simplemente
Teresita) desarrolla una personalidad inquieta, entusiasta y atrevida. Le gusta
el tenis y otros deportes. Es alegre, llena de amor por la vida y menos amor por
los libros. Cuando tiene 10 años, escribe, con poca ortografía pero con mucha
ilusión, esta frase: “[H]E decidido ser santa”.
Su vida empieza a madurar. Hace
unos ejercicios espirituales que marcan el rumbo de sus decisiones, sin que
pierda nada de su alegría y entusiasmo de siempre. Ingresa a la Congregación
mariana y escribe la frase que es el título de este artículo. Un día de mayo,
sale de su corazón una súplica especial: “¡Madre mía, dame vocación religiosa!”
Luego se asusta de lo que acaba de pedir. A una amiga le confiesa: “¡Mira que si
la Virgen me la da de verdad!...”
Dios le susurra que la quiere para Él. Cuando
Teresita vuelve a hablar de la vocación con una amiga, ésta le dice: yo quiero
viajar y divertirme mientras sea joven, y ya cuando sea anciana entraré en un
Convento para asegurarme el cielo. Teresita responde con decisión: “¡Qué tacaña y
egoísta! ¡Como que te crees que Jesús te va a admitir ya achacosa, cuando hayas
ofrecido lo mejor de tu vida al mundo! Jesús tiene mejor gusto, y quiere como
ofrenda la juventud con sus alegrías y sus ilusiones”.
En 1947 Teresita tiene
17 años, y una belleza física muy particular. Los chicos se sienten atraídos por
ella, pero notan algo especial que les obliga a respetarla, a tratarla como a
alguien que viaja por horizontes más lejanos. Ella lleva en su corazón un
propósito firme: seré religiosa. Sueña en las misiones, sueña en China. Su alma
añora otros mundos, desea llevar a Cristo a rincones donde no conocen al Maestro.
Habla con su director espiritual, habla con una tía suya, religiosa, para
pedir consejo. Reza. Hay que dar la noticia en casa. ¿Cómo decir a papá que tiene
vocación? Decide dar la noticia el 7 de enero de 1948. Su padre quiere poner a
prueba a su hija: quiere saber si es consciente de lo que dice, si ve que es
compatible su carácter alegre con los sacrificios que tendrá que practicar.
Teresita está decidida y dispuesta a aceptarlo todo con tal de decir que sí
a Dios. Incluso propone la fecha en la que quiere entrar al Noviciado de las
Carmelitas de la Caridad: el 23 de febrero de ese mismo año 1948.
La familia y
los amigos muestran su sorpresa. Una chica tan guapa... Hay quien no comprende,
hay quien apoya, hay quien calla. Sus padres dan el permiso y dejan vía libre a
la acción de Dios. Su hija les ha pedido algo bueno, y no quieren ser ellos un
obstáculo para un camino de entrega.
Llega el 23 de febrero. El día anterior
había sido claro, sereno. Teresita hubiese querido entrar al Noviciado con el
regalo de la nieve, pero parece un sueño imposible. Por la noche, sin embargo, la
nieve empieza a caer. Teresa llega a las puertas de su nueva familia mientras la
ciudad de Madrid se viste de gala y los petirrojos pueden saltar sobre la capa
blanca de la nieve...
Empieza su vida de postulante y novicia. Muchas amigas
van a verla, se sienten cautivadas por su alegría, por sus certezas. Descubren
que el darse a Dios no es sinónimo de tristeza o de fracaso. Entrevén que quien
es generoso con la vocación también puede ser profundamente feliz.
¿Qué quiere
Dios de Teresita? Ella desea alcanzar la meta de la santidad de la mano de la
Virgen. Escucha y espera. Dios, en mayo de 1949, empieza a revelar sus planes:
una extraña fiebre da la alarma, indica que algo no va bien. Después de los
análisis, se descubre que la novicia sufre una pleuresía aguda.
En su diario
escribe: “Durante la Comunión tenía tantas ganas de entregarme completamente a
Jesús para demostrarle cuánto quería amarlo, que me ofrecí como víctima para que
hiciera de mí lo que quisiera”. Siente una llamada profunda a confiar, a ponerse
en manos de Dios. Dirá a alguna compañera: “Para ser santa el primer paso es la
confianza, y después abandonarse en manos de la Virgen, para que Dios haga lo que
quiera...”
Prevé que morirá antes de la fecha en la que se declare el dogma de
la Asunción de la Virgen. En enero de 1950, Teresita sufre un fuerte dolor de
cabeza. Llaman a su padre, que era médico, y diagnostica meningitis tuberculosa:
no hay nada que hacer... El mismo Sr. González-Quevedo quiere hacer entender a su
hija que está muy mal, que quizá su vida termine muy pronto. Con sorpresa de
todos, la novicia reacciona con una especial alegría: sabe que pronto será
recibida en el cielo por una Madre que la quiere mucho...
La Maestra de
novicias ve a Teresita demasiado segura de ir al cielo. Un día le pregunta:
“Pero, si tú no has ganado el Cielo, ¿cómo vas a conseguirlo tan pronto?” La
novicia responde con naturalidad: “¡¡Claro que no me lo he ganado!! Pero me lo
regalan; ya sabes tú lo del Buen Ladrón. Si Jesús y María, a quienes nunca
separo, me lo quieren regalar, ellos son muy dueños”.
El Jueves Santo de ese
año sufre un brusco empeoramiento. Todo su cuerpo tiembla, pero sigue musitando
en los labios algunas invocaciones marianas. Poco a poco se va apagando, pero
todavía puede decir con decisión: “¡Jesús, te amo por los que no te aman!...
¡Madre mía! ¡mil veces morir antes que ofenderte!”
Llega la agonía. Teresita
puede repetir algunas oraciones. Al final, da un fuerte grito: “¡Madre mía, ven a
recibirme... y llévame contigo al Cielo!” Después, más serena, dice: “Por los
que... no te aman...”
Pocos minutos después, deja esta tierra. Es el 8 de abril
del Año Santo de 1950.
Lo que ha pasado después de su partida no lo sabemos.
Teresita brilló un poco en esta tierra. Con su sonrisa, con su generosidad, con
su deseo de ser misionera. Dios llega también hoy a muchos corazones a través de
testimonios como el suyo. La Virgen, a la que ella tanto quería, nos enseña que
es posible amar también en los momentos de dolor, cuando la enfermedad destruye
una vida que parecía prometer tanto, y que, en realidad, ha dado tanto en tan
poco tiempo...
(María-Teresa González-Quevedo fue proclamada venerable por Juan
Pablo II el 9 de junio de 1983. Hemos tomado la información para este artículo de
la siguiente página de internet: http://www.moscati.com/teresita/Esp_Tere1.html).
Francisco González Puesto que en esta cuenta suelo recibir abundante
"correo basura" le ruego que, si me responde, lo haga a fgm@chavales21.net.
o bien incuya en el campo "Asunto" la palabra amigo. Gracias

|
|