¿Soportarlo todo?
Alfonso Aguiló,
www.interrogantes.net
A donde se puede llegar
«Es una cosa que ha ido empeorando en casa de día en día desde hace ya
tiempo —se lamentaba con amargura una chica de diecisiete años.
»Antes, mi madre tenía más autoridad, pero ahora está como arrinconada
y apenas le obedece nadie en nada de lo que dice.
»La casa se ha convertido en una especie de pensión donde la gente
sólo aparece para comer, dormir y pedir dinero. Cada uno vive a su aire, es
frecuente que lleguemos tarde a casa sin avisar, y es raro el día que no
discutimos.
»Mis dos hermanos pequeños han perdido el respeto a mi madre. Le
llevan siempre la contraria, y alguna vez, en medio de esos enfados, han llegado
a insultarla. Me duele ver cómo la tratan, pero no me atrevo a decirles nada,
porque la verdad es que tengo que reconocer que yo a veces también he actuado
bastante mal y no estoy en condiciones de echarles en cara nada.
»Mi padre está siempre fuera, desde que cambió de trabajo, y cuando
llega a casa no está para nada. Además, como tiene un genio fatal, mi madre
prefiere no decirle nada de los disgustos que le damos, y hace bien, porque creo
que sería casi peor.
»Ella sufre mucho y soporta todo con una paciencia y una humildad
admirables.»
Para aprender de la experiencia y reaccionar mucho antes
Parece claro que es un error consentir esas actitudes a los hijos. Y
parece claro también que, estando ya tan consolidadas, no es nada fácil
reconducirlas. Tendría que servir este ejemplo como experiencia para plantear
bien las cosas desde el principio, porque la actitud de esa madre ni es paciencia
ni es humildad, como pensaba su hija. No puede ser virtud dejarse avasallar de
esa manera. En la familia, como en todos sitios, hay que empezar por exigir que a
uno le traten con respeto, y eso no es orgullo ni vanidad.
Hay veces en que a una persona le toca sufrir un drama familiar muy
doloroso, y a lo mejor casi lo único que puede hacer es soportarlo todo
pacientemente. Pero lo normal es que todos tengamos que dejar las cosas claras
todas las veces que haga falta hasta conseguir que se nos respete.
Quien insulta, sobre todo si es con frecuencia, se descalifica a sí
mismo. Y quien lo soporta habitualmente con gesto de víctima puede ser admirable
o heroico, pero a veces resulta que es, más bien, simplemente un poco tonto o un
poco tonta. Hay que poner la energía precisa para defender los propios derechos,
y esto es compatible con la humildad.
Habrá que buscar una solución concreta a cada caso, pero raramente la
postura ideal será soportarlo todo y callarse eternamente
Francisco González
Puesto que en esta cuenta suelo recibir abundante
"correo basura" le ruego que, si me responde, lo haga a fgm@chavales21.net.
o bien incuya en el campo "Asunto" la palabra amigo. Gracias