¿Preferís textos como el que sigue?. Forma parte de un plan de educación en
valores que podéis ver en chavales21
Introducción
Lee el siguiente documento:
1.- Hace tiempo que te diste cuenta de que las cosas te afectaban, que los
acontecimientos exteriores producían una reacción en tu interior; te sentías
movido a tomar postura ante ellos.
Las cosas te parecían bien o mal. Eras capaz de valorarlas y querías
hacerlo.
No es que hasta ese momento no te afectasen; la diferencia está en que ahora
te das cuenta.
Has encontrado un mundo en tu interior en el que tú eres el protagonista, el
dueño, el promotor y quien sufre los efectos. Ahí dentro, tú sientes, tú
piensas, tú juzgas... tú sueñas: eres tú.
Te encuentras a gusto en él y ahí te refugias con frecuencia y vas haciendo
descubrimientos y, como un niño que se construye una cabaña en el bosque, no
dejas que nadie penetre en ese interior que es tuyo.
Y haces bien en guardarlo así, porque ésa es precisamente la parcela que a ti
te ha tocado trabajar: sientes que es tuya y lo es.
Te resistes a las intromisiones y haces bien, porque nadie podrá responder por
ella más que tú: la intimidad es inviolable
2.- Pero, al ir caminando por ese nuevo mundo que has descubierto y en el que
parecía que habías encontrado la solución de todos los problemas que aquejan a
los mayores y su mundo, las cosas unas veces te parecen de una manera y otra de
otra, no eres capaz de controlar tus propios impulsos, pasas con rapidez de
momentos de euforia a otros de desánimo inmotivado.
Tienes serias dificultades para reconocer tus propios sentimientos, para
centrar con claridad la cabeza.
Por otra parte, tu cuerpo no te responde como quisieras: te ha crecido la
nariz, tus piernas y brazos te parecen desproporcionados, te salen “gallos” al
hablar y, además, en los momentos más inoportunos, y observas que tus
comentarios, por los gestos y sonrisas de los que te rodean, son inoportunos.
Los respetos humanos te van pudiendo, sientes, hasta el sonrojo, el aguijón
del ridículo; y pasan un día y otro, semanas, y esos vaivenes continúan: parece
la Historia Interminable, con un ambiente tantas veces tan difícil de comprender
como el de la obra de Michael Ende.
Entonces es cuando corres serio peligro de encerrarte en ti mismo. Lucha
contra ese atractivo reclamo a aislarte en los sueños de tu interior:
ü Procura participar en las conversaciones con los que te
rodean.
ü Fuérzate a dar tu opinión.
ü -Considera que es bueno pedir perdón.
ü Atrévete a preguntar.
ü ¿No te parece que esos «cascos» te aíslan de la gente?
ü Ni se te ocurra fumar un «porro».
3.- El camino que has emprendido es bueno; tienes una intimidad que te
pertenece y que has de desarrollar; pero necesitas CONOCERTE A TI MISMO, saber
cómo eres, por qué motivo actúas, lo que de verdad quieres conseguir, cuáles son
tus defectos y cualidades y en qué grado los tienes; y ahí la sinceridad ocupa la
primera fila, porque: la sinceridad comienza con uno mismo
Y esa es la labor más importante; por eso te está costando tanto.
Conocerte te ocupará toda la vida.
Has de ver cada día - te aconsejo que dediques unos minutos cada noche a ello
- cómo te ha ido la jornada y los motivos por los que has actuado.
Si con tranquilidad y sinceridad buceas en tu interior, llegarás a darte
cuenta que no estás solo. Hay allí una Presencia densa, amabilísima que te
acompaña.
Al encontrarte contigo mismo, ahí dentro, verás que no has acabado de verlo
todo. Y no sólo por lo difícil que es llegar c nuestra profunda realidad, sino
por la Presencia de esa otra Realidad, íntimamente unida a la tuya que te retiene
como un definitivo imán y te sostiene como eres.
Verás, entonces, que tus cualidades y defectos, la realidad de tu forma de ser
deja de asustarte y, reflejados en ese otro espejo, tienen sentido, y verás, como
con un sobresalto gozoso, que: nadie está solo
4.- Pero ten en cuenta que es el principio de la lucha: sabes más que antes,
estás más dispuesto, pero todavía no te conoces lo suficiente. Sí le empiezas a
ver sentido a ser sincero contigo mismo y empiezas a vislumbrar el valor que
realmente tienes , es el momento de que te plantees buscar apoyos en el
exterior.
No importa si encuentras defectos, en cuanto a la sinceridad, en todas las
personas, incluso en quienes más quieres.
Además, hay una serie de actuaciones que te molestan especialmente:
- Que tus padres acojan con tono condescendiente tus opiniones.
- Que te machaquen los argumentos que acabas de dar y que te parecían
definitivos.
- Que te digan cómo eres. «¿Qué sabrán ellos?»
Bueno... ¡Así es el mundo!
- ¡Así somos la gente! y, perdóname. ¡Así... eres también
tú!
No lo olvides: eres de la misma pasta que la «gente» que te rodea.
5.- Pero es en este mundo donde tú y yo hemos de luchar para ser mejores. Las
situaciones ideales sólo se dan en algunos cuentos y películas; a ti mismo te
molestan los cuadros color de rosa.
Podrías irte a vivir a la tundra de Siberia o al desierto del Sahara, pero te
encontrarías contigo mismo y comenzaría de nuevo la lucha.
Volvamos un momento al punto de partida: si la sinceridad contigo mismo tenía
sentido por el reconocimiento que ante tus ojos tiene el valor de tu intimidad,
de tu dignidad -te lo debes a ti mismo-, ése también puede ser el punto de
referencia para ser sincero con todas esas personas que te rodean.
- Tu autoestima.
- Tu necesidad de actuar a tu nivel.
- Lo requiere tu dignidad.
- TÚ, en el fondo, LO HAS DE QUERER... POR TI.
Y has de asentir a lo que te digo porque cuando no has sido sincero (no te
digo nada, cuando has difamado o calumniado), pasado el primer momento de alivio
o de «gustirrinín», has sentido como un sabor amargo que te llega hasta la
boca.
Y se ha clavado en tu cabeza volviendo a ella con una cierta desazón: no estás
contento contigo.
Y si no has tenido el valor de confesar, por lo menos has procurado tratar
mejor a esa persona, para compensar.
Dejémoslo, por ahora, ahí.
Pero estoy contigo en que, aunque te propongas ser sincero, no a todo el mundo
le vas a contar todo lo que te pasa. Te costaría mucho, no estarías dispuesto
y... no lo debes hacer.
6.- Y, sin embargo, tú necesitas compartir tu intimidad. Tú mismo lo sientes
muchas veces y no como un sentimiento pasajero. Parece que tu mismo ser te lo
pide. Necesitas dar cauce a esos pensamientos y sentimientos que con frecuencia
te abruman.
Mira a tu alrededor y seguro que hay alguna persona que te infunda
confianza:
- La madre suele ser un buen confidente.
- Para los chicos es preferible el padre.
- A veces, un profesor
- Un amigo (ellos) o amiga (ellas) con quien «conectes».
- Siempre el sacerdote, aunque no todos.
En cualquier caso, una persona:
- Que te quiera: fundamental.
- Que sepa, que tenga experiencia de la vida en sus tres dimensiones:
física, psíquica y sobrenatural.
- Que veas que trata con delicadeza tu intimidad.
- Que te infunda confianza, que estés gusto.
- Que te suponga una exigencia de mejora.
Procura no hacer confidencias a extraños, y no tratar de tus sentimientos, de
defectos de angustias, del sexo, etc. con personas del otro sexo; tienen una
psicología diferente, es muy difícil que se pongan en tu lugar y te aconsejen
bien y se pueden crear lazos falsos, con malas consecuencias.
Todas esas precauciones son importantes porque ese delicado jarrón de tu
intimidad tiene un gran valor. ¡A ver si me va a importar más a mí que a ti!
Además, porque la confidencia no es para el desahogo sino para la acción:
Para que te conozcas mejor.
Para que actúes correctamente, teniendo en cuenta los consejos recibidos.
Pero, tú conoces, tú juzgas y tú decides cómo actúas. Los consejos orientan
pero eres tú quien ha de actuar, proyectando con decisión tu visión de las cosas
en una auténtica sinceridad de vida.
Javier Querejeta.
Sinceridad
¿Cuáles son las ideas principales del texto?
Francisco González
Puesto que en esta cuenta suelo recibir abundante
"correo basura" le ruego que, si me responde, lo haga a fgm@chavales21.net.
o bien incuya en el campo "Asunto" la palabra amigo. Gracias