Un epitafio mediocre
Con motivo de la muerte de Moliere, un poeta mediocre escribió un
epitafio, que le resultó tan medianillo como todo lo que de su pluma
salía, y tuvo la ocurrencia de mostrárselo al Príncipe de Condé,
precisamente por saber la gran estima en que su Alteza tenía al que
acababa de fallecer.
El Príncipe no se recató para decirle:
"En verdad hubiese preferido que Moliere me hubiera presentado el
vuestro".
Es mejor callar que decir tonterías
–– "Yo soy muy tímido. Con frecuencia, en un salón, en una reunión,
no me atrevo a decir una palabra" –le decía un joven escritor al
novelista y dramaturgo Abel Hermant.
–– "Hace usted bien –contestó Hermant–, es preferible siempre
guardar silencio, aun a riesgo de permitir que sospechen que uno es
tonto, que hablar y dejar a la gente convencida de que efectivamente
lo es".
Elogio a un clásico
Se preguntaba a G. K. Chesterton su opinión acerca de los clásicos,
y los definió diciendo:
"Un clásico es un escritor del que se puede hacer el elogio sin
haberlo leído".
Buenas piernas
Hablábase un día, en una peña taurina, de lo necesario que era a los
toreros estar fuertes y tener buenas piernas. En la tertulia
figuraba el gran Belmonte, y uno de los que allí se encontraban, le
preguntó:
–– "Y usted, ¿no hace ejercicios?".
–– "¿Pa' qué?" –respondió el torero.
–– "A mí no me hace falta, el que tiene que correr es el toro".
La fórmula del éxito
Un inoportuno le preguntó a Einstein cuál era, en su opinión, el
secreto del éxito.
Einstein, comprendiendo la urgencia de despachar al preguntón
impertinente, escribió esta fórmula en un trozo de papel:
A=X+Y+Z.
–– "¡Magnífico! –exclamó el inoportuno–. ¿Y esta fórmula qué
significado tiene?".
–– "Muy sencilla –explicó Einstein–: A, es el éxito; X, el trabajo;
Y, la suerte".
–– "¿Y la Z?" –preguntó el impertinente.
–– "Z, es el silencio".
Saber comprender a los otros
Le preguntaban a Lincoln por qué no se llenaba de ira ante ciertos
enemigos suyos que lo atacaban e insultaban ferozmente, y él
respondió:
"Si usted y yo tuviéramos el mismo temperamento tan colérico que
ellos tienen, y hubiéramos sido educados en el mismo medio combativo
en el que ellos crecieron, y tuviéramos las mismas debilidades
emocionales que ellos sufren, probablemente estaríamos obrando de
una manera tan grosera como lo hacen ellos. Hay que saber comprender
a las personas, porque cada cual es fruto de su temperamento, del
medio en que vive y de los sentimientos que ha recibido en
herencia".
Cumplir los mandamientos
Un hipócrita pirata de los negocios se creyó en la necesidad de
decirle un día a Mark Twain:
–– "Antes de mi muerte pienso hacer peregrinación a Tierra Santa;
quiero subir a lo alto del Monte Sinaí, para leer en voz alta los
Diez Mandamientos".
–– "Podría hacer usted una cosa mejor todavía –replicó Mark Twain–:
quedarse en su casa de Boston y cumplirlos".
Para enviar una anécdota, mándala a:
anecdonet@egroups.com
Francisco González
Puesto que en esta cuenta suelo recibir abundante
"correo basura" le ruego que, si me responde, lo haga a fgm@chavales21.net.
o bien incuya en el campo "Asunto" la palabra amigo. Gracias