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Asunto:[ChamanismoGnostico] =?UTF-8?Q?No_nos_ayuden_m=C3=A1s..._USA_en_America._?=
Fecha:Lunes, 20 de Marzo, 2017  20:42:30 (+0000)
Autor:octavio moreno <practik_37 @.....es>




Donald Trump lo anunci√≥ enf√¡ticamente en su discurso de posesi√≥n: los Estados Unidos no van a seguir ayudando a sus aliados a pelear sus guerras ni a resolver sus problemas. Se van a limitar a ayudarse a s√≠ mismos. America first.
No es que no haya sido siempre as√≠: lo que pasa es que Trump lo anuncia en voz alta en vez de disfrazarlo bajo un altruismo hip√≥crita. America first quiere decir Am√©rica para los norteamericanos, como en la Doctrina nacionalista proclamada hace casi 200 a√Īos por James Monroe, fortalecida hace m√¡s de 100 por Theodore Roosevelt, reiterada hace 40 por Ronald Reagan. Y aplicada siempre a rajatabla por todos los dem√¡s, republicanos o dem√≥cratas, Jefferson, Jackson, Wilson‚Ķ incluyendo tal vez al mismo Jimmy Carter, el que afloj√≥ la mano en Centroam√©rica y devolvi√≥ el canal en Panam√¡. Desde Washington, anterior a la formulaci√≥n de la Doctrina, hasta Obama, cuya ret√≥rica sonaba diferente, todos la han aplicado por igual, sin mencionarla: America first.
Tampoco es que la realidad vaya a cambiar mucho con Trump: las intervenciones militares continuar√¡n, pues en algo ha de usarse el presupuesto militar que el nuevo presidente acaba de aumentar colosalmente. Pero al menos no seguir√¡n llam√¡ndose ‚Äúayuda‚ÄĚ. Magn√≠fico: que no nos ayuden m√¡s.
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Porque hay que ver en qu√© ha consistido la ayuda que hemos recibido de los Estados Unidos desde que empez√≥ a llamarse as√≠: digamos que desde que Franklin Roosevelt invent√≥ la ‚Äúpol√≠tica del Buen Vecino‚ÄĚ. Empez√≥ entonces la ayuda para combatir el comunismo, que reg√≥ de sangre toda la Am√©rica Latina. En el caso espec√≠fico de Colombia la primera manifestaci√≥n de esa ayuda se vio el 9 de abril de l948, con el asesinato de Gait√¡n durante la Conferencia Panamericana que cre√≥ la OEA: y es llamativo que sobre ese episodio no han sido abiertos los archivos de los servicios norteamericanos, pese a que han transcurrido de sobra los 50 a√Īos reglamentarios. Despu√©s, dentro del mismo esquema, vino la ayuda para combatir las guerrillas, que convirti√≥ a unas autodefensas campesinas sin ideolog√≠a en unas verdaderas fuerzas guerrilleras que durante 50 a√Īos mantuvieron en jaque al Ej√©rcito Nacional. M√¡s adelante el presidente Richard Nixon invent√≥ la guerra contra las drogas, y recibimos entonces en Colombia la ayuda norteamericana para combatirlas. Una ayuda y un combate que han tenido el efecto de crear artificialmente un problema que no exist√≠a, y de convertirlo en el m√¡s grave de la historia del pa√≠s. Esas dos guerras que han dominado nuestra historia de los √ļltimos 70 a√Īos se las debemos directamente a la ayuda de los Estados Unidos.
Una ayuda que, por otra parte, se ha manifestado m√¡s bien a la inversa: ha sido una ayuda prestada por Colombia a los Estados Unidos para sus guerras externas e internas. Su Guerra Fr√≠a contra la Uni√≥n Sovi√©tica, en la cual el pa√≠s particip√≥ de lleno con el env√≠o de tropas, casi simb√≥licas, a la guerra de Corea, y que luego continu√≥ d√¡ndose de manera mucho m√¡s cruenta y destructora en nuestro propio territorio gracias a la llamada Doctrina de Seguridad Nacional: seguridad que no era la nuestra sino la de los Estados Unidos. En ella seguimos participando (aunque el enemigo haya cambiado de nombre: no se llama ya comunismo internacional sino terrorismo internacional). Y en su guerra ficticia contra las drogas, cuyo eje pasa por Colombia en su calidad de pa√≠s productor de varias de ellas. Comenz√≥ hace 40 a√Īos con la marijuana, que destruy√≥ en buena medida la Sierra Nevada de Santa Marta y sent√≥ las bases de las grandes mafias; y solo ces√≥ cuando los propios Estados Unidos se convirtieron en el primer productor y exportador de marijuana del mundo, como lo siguen siendo hoy. Y se agrav√≥ despu√©s con la coca√≠na, cuya siembra multiplicada por la persecuci√≥n ha devastado grandes extensiones de selva, incluidos los parques naturales, y cuyo negocio alentado por la prohibici√≥n ha corrompido el pa√≠s de arriba abajo, desde la econom√≠a hasta la justicia.
As√≠ que s√≠, magn√≠fico: que no nos ayuden m√¡s, ni les sigamos ayudando.
A menudo he citado un episodio m√¡s bien c√≥mico del que fue protagonista Jeane Kirkpatrick, la embajadora de los Estados Unidos ante la ONU en los a√Īos ochenta del siglo pasado y faro ideol√≥gico del reaganismo. En visita a Costa Rica, pac√≠fico pa√≠s que tres d√©cadas antes hab√≠a suprimido su Ej√©rcito, les dijo la se√Īora Kirkpatrick a sus anfitriones: ‚ÄúMi gobierno quiere ayudarles a formar un ej√©rcito para luchar contra las guerrillas subversivas‚ÄĚ. Le respondieron, sorprendidos: ‚ÄúPero es que nosotros no tenemos guerrillas subversivas‚Ķ‚ÄĚ. Y ella concluy√≥: ‚ÄúLas tendr√¡n cuando les hayamos ayudado a formar un ej√©rcito‚ÄĚ.