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Asunto:[ChamanismoGnostico] Indigenas en medio del fuego.
Fecha:Lunes, 9 de Mayo, 2016  14:14:28 (+0000)
Autor:octavio moreno <practik_37 @.....es>

 
ASOCIACI√ďN CHAM√ĀNICA Y ECOL√ďGICA DE COLOMBIA Conocimiento espiritual cham√¡nico para la Nueva Era de Acuario. www.freewebs.com/chamanismognostico

Parte I

Viaje al corazón del Cauca, donde la Guardia Indígena vive en medio del fuego

La Guardia Ind√≠gena recorri√≥ los rincones de las monta√Īas del norte del departamento recordando a sus muertos. El d√≠a que celebraban sus 15 a√Īos de resistencia, el conflicto armado reapareci√≥.
Por: Santiago Mart√≠nez Hern√¡ndez / Enviado Especial
En Twitter: @santsmartinez
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Viaje al corazón del Cauca, donde la Guardia Indígena vive en medio del fuego Feliciano Noscué, líder de la Guardía Indígena, brindó por los caídos en la masacre de El Nilo. / César Romero - Fotos Centro Nacional de Memoria Histórica
El d√≠a en que la Guardia Ind√≠gena del pueblo nasa, en Cauca, celebraba 15 a√Īos de su resistencia, el cruce de disparos entre la Polic√≠a y las Farc se convirti√≥ en el sonido ambiente de su acto conmemorativo. A ese ruido se han acostumbrado durante 50 a√Īos de conflicto en su territorio. Pero estaban indignados, pues justo en la fecha de su celebraci√≥n, la Polic√≠a Antinarc√≥ticos arm√≥ un operativo para destruir un laboratorio de procesamiento de coca√≠na, pese a que estaba advertida, junto con otras autoridades municipales y departamentales, de que la Guardia Ind√≠gena estar√≠a en el sector que qued√≥ en medio del fuego.
La incomodidad fue mayor, pues aunque han vivido con este panorama durante m√¡s de cinco d√©cadas, desde hace a√Īo y medio no hab√≠a combates en la zona, y justo se reanudaron cuando m√¡s de 250 ind√≠genas en chiva llegaron a la vereda El Tierrero, en Caloto (Cauca), sitio donde el 28 de mayo de 2001 se consolid√≥ la Guardia Ind√≠gena, un movimiento que en 2004 recibi√≥ el Premio Nacional de Paz. Los kiwe thegnas ‚Äďcuidadores de la tierra en su lengua‚Äď calificaron el enfrentamiento entre los cuatro helic√≥pteros de la Polic√≠a y las Farc como un acto de amedrentamiento.
‚ÄúEsta es la paz que promueve el presidente (Juan Manuel) Santos. Este es el diario vivir de la Guardia Ind√≠gena. Hay que seguir luchando. No nos dejaremos sacar. La paz se construye en los territorios. La Guardia Ind√≠gena es constructora de paz. A nuestros mayores que ped√≠an tener voz, los asesinaron‚ÄĚ, fueron palabra de Mario G√ľeg√ľe, uno de sus l√≠deres. Al finalizar el acto, sin miedo a las balas, los ind√≠genas bailaron una danza ancestral para la madre tierra y pedir por su protecci√≥n.
Este escenario de guerra, del que fue testigo El Espectador, ocurri√≥ durante la segunda jornada de un recorrido que realiz√≥ la Guardia Ind√≠gena, junto al Centro de Memoria Hist√≥rica y la Embajada de Suiza, para reconstruir su memoria. Un legado que debe inmortalizarse, seg√ļn ellos, para recordar a 21 guardias asesinados desde 2001 por las Farc, los paramilitares y la Fuerza P√ļblica. Un viaje entre las monta√Īas del norte del Cauca, por los municipios de Torib√≠o, Miranda, Caloto, Corinto y Jambal√≥, pueblos que fueron testigos de la crueldad del conflicto armado.
‚ÄúEste recorrido lo llamamos minga del caminar de los kiwe thegnas, para continuar el proceso organizativo del territorio y recordar a nuestros compa√Īeros que han dado la vida. Muchos eran j√≥venes y padres de familia. Es nuestra forma de decirles que no est√¡n solos. Nuestro primer paso es simbolizar los lugares donde han ca√≠do. Vamos a poner unas vallas y a pintar nuestras banderas. Cada masacre es un aprendizaje. Verlos morir da fortaleza y nos hace pensar en otras estrategias para seguir resistiendo‚ÄĚ, explic√≥ Albeiro Camayo, coordinador de la Guardia Ind√≠gena de la Asociaci√≥n de Cabildos Ind√≠genas del Norte del Cauca.
A su voz se uni√≥ la de otro l√≠der emblem√¡tico de la Guardia, Ra√ļl Ib√¡√Īez, un ind√≠gena peque√Īo y macizo, que cree la importancia de este recorrido es no olvidar los a√Īos de lucha que cobraron las vidas de sus compa√Īeros. Adem√¡s, agreg√≥ que el pueblo nasa a√ļn es vulnerable, pues sigue siendo objeto de amenazas de nuevos grupos paramilitares, como las √Āguilas Negras. Ib√¡√Īez fue uno de los l√≠deres que recientemente fue intimidado.
Son m√¡s de 18.000 guardias ind√≠genas en Cauca. Ni√Īos desde los 5 a√Īos con sus peque√Īos bastones y chalecos azules o verdes, hasta adultos de m√¡s de 60 a√Īos que a√ļn custodian las veredas monta√Īosas del Cauca participaron de este recorrido que comenz√≥ con 100 personas el jueves 21 de abril a las 7:00 de la ma√Īana en Santander de Quilichao. Antes de subirse a las dos chivas cargadas con seis grandes bafles y bultos de papa, arroz y granos, fueron ‚Äúarmonizados‚ÄĚ. Un ritual en el que se les hac√≠a un ba√Īo con agua y remedios tradicionales para que sus ancestros los protegieran.
Con bast√≥n al hombro, y luego de su famosos grito ‚ÄúGuardia, Guardia: fuerza, fuerza‚ÄĚ, inici√≥ el viaje. Sin embargo, no hab√≠an pasado m√¡s de 60 segundos de que las chivas prendieran sus motores cuando un mensaje de texto lleg√≥ a los celulares de los l√≠deres de la movilizaci√≥n. Era la s√©ptima amenaza en lo corrido del a√Īo contra el pueblo nasa. ‚ÄúIndios hijueputas‚ÄĚ y ‚Äúguardia de ratas‚ÄĚ eran algunas de las frases de ese mensaje enviado por un grupo que se identific√≥ como Bloque Militar Clan √ösuga. Fueron declarados, como muchas otras veces, objetivo militar por supuestamente se colaboradores de las Frac y la Fuerza P√ļblica. Una paradoja, pues se trata de sus otros verdugos hist√≥ricos.
‚ÄúCon m√¡s raz√≥n tenemos que hacer este recorrido‚ÄĚ, dijo la voz que se escuchaba por los parlantes de las chivas. Antes de llegar a la primera parada hablaron de sus 500 a√Īos de guerra, en los que ni la Conquista, guerrilleros, paramilitares o agentes del Estado hab√≠an podido acabarlos. Tambi√©n sobre sus nuevos retos como Guardia Ind√≠gena: la lucha contra la miner√≠a ilegal, la sustituci√≥n de cultivos il√≠citos y el inminente posconflicto.
La primera parada fue la vereda San Pedro, de Santander de Quilichao, punto de control del Resguardo de Canoas, donde a finales de los 90 llegaron los paramilitares del bloque Calima bajo el mando de Hébert Veloza García, alias H. H.. En este sector también había fuerte presencia guerrillera, al punto que por esas fechas las Farc habían reclutado a un centenar de jóvenes del resguardo. Algunos de ellos lograron ser recuperados por la Guardia Indígena, otros murieron y el resto siguen desaparecidos.
‚ÄúHemos sido v√≠ctimas del conflicto, pero tambi√©n constructores de paz, somos un ejemplo para el Gobierno‚ÄĚ, proclam√≥ uno de los l√≠deres del Resguardo de Canoas. La mayor√≠a de los j√≥venes que salieron de las filas de las Farc fueron recluidos en la finca Vilach√≠, una de las primeras tierras recuperadas por el pueblo nasa en 1989, que se convirti√≥ en un centro de armonizaci√≥n. Algo as√≠ como los centros carcelarios de los ind√≠genas, pero sin celdas.
La muerte de Apolinar Diz√ļ a manos del Ej√©rcito y el asesinato de Leonardo Diz√ļ en 2001 fueron de los primeros homicidios de guardias ind√≠genas registrados. Ambos eran del Resguardo de Canoas. Pero el hecho m√¡s doloroso, y que a√ļn no sale del coraz√≥n de la comunidad, fue la masacre del 16 de diciembre de 2001, cuando los paramilitares mataron a ocho ind√≠genas, tres de ellos tambi√©n de la familia Diz√ļ: Lorenzo, Jos√© Ra√ļl Diz√ļ y Hern√¡n. Se cansaron, se mamaron. Dijeron ‚Äú¬¡no m√¡s!‚ÄĚ. No aguantar√≠an otro homicidio y que los siguieran estigmatizando como guerrilleros o colaboradores del Ej√©rcito. Lucharon con sus bastones y 15 a√Īos despu√©s lograron sacar a los violentos de sus tierras.
Las dos chivas siguieron el recorrido por la v√≠a que conduce a Caloto (Cauca). El paisaje, las grandes extensiones de cultivos de ca√Īa. La segunda cita era en el Resguardo Huellas, el mismo que adelanta, desde 2005, una de las peleas m√¡s enconadas del pueblo nasa: ‚ÄúLa liberaci√≥n de la madre tierra en la hacienda La Emperatriz‚ÄĚ, una extensi√≥n de tierra de 120 hect√¡reas que, seg√ļn ellos, les fueron arrebatadas a sus ancestros por terratenientes. Desde hace 11 a√Īos luchan contra el Esmad, el Gobierno y los due√Īos de La Emperatriz por quedarse con las tierras donde, seg√ļn los ind√≠genas, se plane√≥ una de las peores masacres, la de la hacienda El Nilo.
Seg√ļn Edwin Mauricio Capaz, Coordinador del Tejido de la Vida los derechos Humanos del Consejo Regional Ind√≠gena del Cauca (Cric), en La Emperatriz es muy significativa, porque ah√≠ se coordin√≥ la matanza ocurrida el 16 de diciembre de 1991 en El Nilo, donde murieron 20 ind√≠genas y 5.000 m√¡s fueron desplazados. La masacre fue liderada por Orlando Villa Zapata, alias Rub√©n, un hombre que cumpli√≥ √≥rdenes de los hermanos Casta√Īo, quienes se aliaron con terratenientes locales para expulsar a los ind√≠genas.
Justamente, la hacienda El Nilo fue la parada siguiente de la caravana de la Guardia Ind√≠gena. Era un momento √ļnico para muchos, pues no conoc√≠an la tr√¡gica historia que en ese lugar ocurri√≥. En dos filas y con sus bastones en alto, recorrieron a pie medio kil√≥metro para llegar al cementerio donde estaban sus hermanos. En el camino pintaron de verde y rojo algunas paredes, para dejar un recuerdo de su paso. Con mensajes que dec√≠an ‚ÄúGuardia Ind√≠gena presente‚ÄĚ y ‚Äú524 a√Īos de lucha, intentaron inmortalizar lo que ah√≠ sucedi√≥.
Al llegar al cementerio, hab√≠a cruces a los lados del camino de piedra que llegaba hasta una especie de altar. Estaban marcadas y con los nombres de las 20 v√≠ctimas. ‚ÄúMuchos pas√¡bamos por el territorio, pero no conoc√≠amos los lugares donde nuestros compa√Īeros dieron la vida‚ÄĚ, dijo Feliciano Noscu√©, l√≠der de la Guardia Ind√≠gena. A la vez que avanzaba la ceremonia, Feliciano Noscu√© brindaba con chinchorro sobre las tumbas para volver a despedir a los muertos.
Uldarico Pito, un ind√≠gena que se ve cansado con el pasar de los a√Īos, a quien la lucha por defender el pueblo nasa le ha cobrado la vida de cuatro familiares ‚Äďtodos v√≠ctimas de la masacre de El Nilo‚Äď dej√≥ ver el dolor que le causaba pisar las tumbas de sus seres queridos: ‚ÄúNuestros ancestros han dicho que el camino tiene que seguir dando luz para las nuevas generaciones. Los ca√≠dos no se pueden olvidar. Con la masacre del Nilo el Estado y otros actores armados intentaron meternos miedo, pero ellos nunca nos han podido dominar, porque lo que gener√≥ fue que nos extendi√©ramos m√¡s y nos organiz√¡ramos‚ÄĚ, se√Īal√≥.
‚ÄúLas cosas no son gratis‚ÄĚ, dijo uno de los l√≠deres de la Guardia Ind√≠gena. ‚ÄúLa Guardia Ind√≠gena, el pueblo nasa, persiste y sobrevive, manteniendo la identidad cultural. Estamos en pie y seguimos. Brindamos con un l√≠quido sagrado para que nos retroalimenten y nos den m√¡s ideas‚ÄĚ, ser√≠a la √ļltima proclama de la visita a la hacienda El Nilo.
Por el camino se visit√≥ al Resguardo Toez, una zona que re√ļne a varias familias ind√≠genas que fueron damnificadas por la avalancha del r√≠o Paez en los a√Īos 90 y en la que asesinaron a dos importantes l√≠deres: Jaime Mestizo y Marino Mestizo. Al primero lo mataron en 2010, al parecer, los paramilitares. Lo amarraron con sus propios cordones y le dispararon tres veces en la cabeza. El segundo muri√≥ en 2011, luego de que un sicario le disparara mientras esperaba una chiva para asistir a una reuni√≥n de la Guardia Ind√≠gena.
Otros tres ind√≠genas del Resguardo Toez fueron asesinados en menos de dos a√Īos. Libardo Pacho, quien muri√≥ a los 26 a√Īos en noviembre de 2014 a manos de asesinos no identificados. Gerardo Velasco y Emiliano Tr√≥chez, quienes el 6 de febrero de 2015 desaparecieron cuando conduc√≠an una motocicleta por la v√≠a a Caloto, fueron las otras dos v√≠ctimas. La hip√≥tesis es que sus muertes fueron a manos de grupos paramilitares que han intentado entrar en la zona y ganar respeto a sangre y fuego.
La Guardia Ind√≠gena, a pesar de soportar largas caminatas, los gases lacrim√≥genos del Esmad y de esquivar las balas de los fusiles de las Farc, tiene otra gran virtud: comer. Con mazamorra y un sancocho de gallina fueron el motor de los guardias para persistir y no decaer en el recorrido. Grandes pailas y ollas siempre estaban acompa√Īando el viaje. Adem√¡s, los distintos resguardos que recib√≠an la visita de la caravana, siempre ten√≠an a la mano un ‚Äúpeque√Īo refrigerio‚ÄĚ para ayudar al compa√Īero en su camino a reconstruir la memoria. Pero, luego de alimentarse, los relatos de dolor segu√≠an reconstruyendo las historias de los kiwe thegnas ca√≠dos.
El momento m√¡s cr√≠tico para la Guardia Ind√≠gena fue la masacre de Gualanday, un vereda del municipio de Corinto. En esa zona, entre ca√Īaduzales, fueron asesinados 13 ind√≠genas el 18 de noviembre de 2001, a manos de los paramilitares de alias H. H.. Con lista en mano y ante la mirada de los ni√Īos bajaron de la chiva a las v√≠ctimas, las acostaron en el piso y con tiros de gracia los despidieron de sus familiares. En la ceremonia, en la que pintaron piedras con los colores de la bandera de los kiwe thegnas ‚Äďverde al conmemorar a la madre naturaleza y rojo por la sangre derramada‚Äď, se escuch√≥ resonar el himno de la Guardia Ind√≠gena. Un canto a su valent√≠a que rememora a sus ca√≠dos:
‚ÄúIndios que con valent√≠a y fuerza en sus corazones, por justicia y pervivencia, hoy empu√Īan los bastones. Son amigos de la paz, van de frente con valor. Y levantan los bastones, con orgullo y sin temor. Pa delante compa√Īeros, dispuestos a resistir: Defender nuestros derechos, as√≠ nos toque morir. Compa√Īeros han ca√≠do, pero no nos vencer√¡n, porque por cada indio muerto, otros miles nacer√¡n‚ÄĚ.
Esa √ļltima frase, ‚Äúpor cada indio muerto, otros miles nacer√¡n‚ÄĚ, se repiti√≥ sin cesar durante el acto, pues el poder de la Guardia Ind√≠gena es el apoyo de todo el pueblo nasa. ‚ÄúLa Guardia tiene poder gracias al apoyo de la comunidad. Es un trabajo conjunto porque el rol del guardia es avisar y alertar. La comunidad es la que permite que una sola persona que se enfrenta a los guerrilleros no tenga miedo‚ÄĚ, le dijo a este diario Martha Tunubal√¡.
‚ÄúIncansablemente hemos luchado para que nuestra cultura perdure. Reunirnos en estos espacios donde han ca√≠do compa√Īeros es importante. Por eso hay que seguir con la frente en alto y portando el bast√≥n de la Guardia Ind√≠gena. Las autoridades ancestrales no est√¡n solas y cuentan con el apoyo de los kiwe thegnas. No m√¡s miedo ni masacres en nuestros territorios‚ÄĚ, fueron las palabras de cierre en la conmemoraci√≥n de la masacre de Gualanday.
La √ļltima parada del d√≠a era la vereda El Horno, zona rural del municipio de Miranda y ubicada a lo alto de la monta√Īa en la cordillera Central. Parec√≠a ser un lugar solitario, pero una cancha de f√ļtbol con pasto sint√©tico chocaba con el paisaje. Las chivas subieron unos metros m√¡s y se lleg√≥ al sector donde se conmemor√≥ la muerte de Richard Alex√¡nder Pe√Īa, miembro del Resguardo Cilia a Calera, que fue asesinado por las Farc el 18 de agosto de 2010. ‚ÄúEs muy simb√≥lico este representante y estar recordando, porque nuestros m√¡rtires no se pueden olvidar, son el reflejo de nuestro proceso. Tenemos que mantenerlos vivos‚ÄĚ, fueron las palabras de Jos√© Mar√≠a Garc√©s, uno de sus compa√Īeros.
Ya ca√≠a la noche y en el camino a la finca Las Palmas, donde la Guardia pasar√≠a la primera noche de su recorrido, se dibuj√≥ un paisaje que asombr√≥ a m√¡s de un guardia sobre las laderas de la monta√Īa. Era una especie de pesebre entre el monte. Centenares de luces brillaban, pero no eran de las casas construidas en medio de la nada. ‚ÄúSon los famosos cultivos hidrop√≥nicos, los de marihuana‚ÄĚ, dijo uno de los guardias. Todos rieron, otros segu√≠an asombrados. Era un ambiente menos tenso, ya no se hablaba de la muerte.
Canciones de salsa, vallenato y rancheras acompa√Īaban el final del primer recorrido. Grupo Niche, Rub√©n Blades y Diomedes D√≠az eran las voces que m√¡s se escuchaban. Al pisar la finca Las Palmas, en el municipio de Miranda, los guardias armaron sus carpas. El descanso era necesario, pues el d√≠a siguiente, el segundo, comenz√≥ a las 5:00 de la ma√Īana y fue en el que los combates entre las Farc y la Polic√≠a reaparecieron en el departamento e intentaron frenar el recorrido de los ind√≠genas.