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Asunto:[ChamanismoGnostico] Andan sueltos los jinetes de la muerte
Fecha:Domingo, 3 de Abril, 2016  22:04:15 (+0000)
Autor:octavio moreno <practik_37 @.....es>

Andan sueltos los jinetes de la muerte

Bandas criminales, los Urabe√Īos, el Clan Usuga entre otros son manifestaciones neo paramilitares en el pais. 
 La paz no puede ser excusa para que cualquier criminal se sienta con derechos a disfrazar sus acciones de pol√≠tica.
Un nuevo paramilitarismo arremete en el pa√≠s arriesgando el proceso de paz e intimidando a las organizaciones de la sociedad civil que claman por un pais en paz con justicia social. El uribismo esta detras de todo esto. 
‚ÄúEl Clan √ösuga es una organizaci√≥n criminal, narcotraficante, que por ning√ļn motivo se le va a dar ning√ļn tipo de tratamiento pol√≠tico‚ÄĚ, dijo el viernes el presidente Santos. Hace bien , pero seguir mirando de soslayo esta realidad es poner en peligro la paz posible.
Cuando la casa se alista para una fiesta de paz y reconciliaci√≥n ‚ÄĒel proceso con las Farc, a pesar de los naturales tropiezos de las fases finales, se acerca a un final promisorio y el Eln se ha sumado al prop√≥sito de un fin negociado del conflicto‚ÄĒ, los jinetes de la muerte salen de sus escondrijos para darle al pa√≠s, con el poder de sus armas, un ba√Īo de realidad. La influencia criminal all√≠ en las regiones donde se ha de ‚ÄĒy se tiene que‚ÄĒ implementar esa paz territorial que se viene dise√Īando con cuidado nos demuestra en estas fases finales que el camino es m√¡s tortuoso de lo que a veces creemos y que si no se toman en serio los muros de contenci√≥n que siguen firmes en contra de la paz, esta oportunidad √ļnica para Colombia se puede diluir en la persistencia de la violencia.
Las alarmas comenzaron hace ya varios meses con las noticias deasesinatos selectivos de defensores de derechos humanos, activistas de tierras y, en general, l√≠deres de izquierda afines al proceso de paz en diferentes regiones del pa√≠s. En las √ļltimas semanas creci√≥ la cifra. A√≠da Avella, presidenta de la Uni√≥n Patri√≥tica, habl√≥ el mes pasado de ‚Äúun plan de exterminio‚ÄĚ, similar al que vivi√≥ su partido en el pasado. La idea de un resurgimiento del paramilitarismo asom√≥ como una realidad insistente. El Gobierno Nacional la desestim√≥ y caracteriz√≥ estas muertes como producto de la delincuencia organizada sin un prop√≥sito pol√≠tico. El paramilitarismo, es su tesis, ya no existe. La ONU no trag√≥ tan entero e inici√≥ un seguimiento a esos asesinatos, no sin antes advertir, en boca de su alto comisionado para los Derechos Humanos, Todd Howland, que ‚Äúcasi la mitad de estas personas est√¡n relacionadas con el Partido Comunista, la Marcha Patri√≥tica o la UP‚ÄĚ. Demasiada coincidencia.
Con esa sombra sobre la eventualidad del posconflicto en las regiones, lleg√≥ esta semana el anunciado ‚ÄĒcon buen tiempo, por dem√¡s‚ÄĒ paro armado convocado por la mayor banda criminal del pa√≠s, el clan √ösuga, en Antioquia, C√≥rdoba, Cesar y Bol√≠var, a la par con un ‚Äúplan pistola‚ÄĚ contra la Polic√≠a, que desde hace m√¡s de un a√Īo lidera la operaci√≥n Agamen√≥n en su contra en el Urab√¡. Las interpretaciones han ido desde una reacci√≥n a los golpes de la Fuerza P√ļblica hasta un intento de que sean incluidos en una negociaci√≥n pol√≠tica. Su caracterizaci√≥n como una ‚Äúorganizaci√≥n con dominio territorial, unidad de mando y operaciones militares continuadas‚ÄĚ sustenta esta √ļltima visi√≥n.
Con todo, es inevitable ligar esta muestra de poder con el futuro del proceso de paz. Porque, por m√¡s partes oficiales de tranquilidad y la promesa de mayores acciones, el hecho cierto es que el temor de la poblaci√≥n expresado en su estoica obediencia y la discreta reacci√≥n estatal a pesar del anuncio con tiempo son muestra del poder efectivo con que cuentan estos criminales en esas regiones. Si as√≠ es despu√©s de m√¡s de un a√Īo de escuchar reportes de ‚Äúcontundentes‚ÄĚ √©xitos en la operaci√≥n Agamen√≥n, quiere decir que este es un actor poderoso y fundamental para el futuro de la paz.
Todo lo cual exige una respuesta del Estado mucho m√¡s activa, estrat√©gica y acorde al tama√Īo de la amenaza. Ha hecho bien el presidente Santos en cortar de tajo la posibilidad de un tratamiento pol√≠tico en una posible salida negociada. La paz no puede ser excusa para que cualquier criminal se sienta con derechos a disfrazar sus acciones de pol√≠tica. Pero seguir mirando de soslayo esta realidad es poner en peligro la paz posible. Claro, hay que seguir y profundizar la persecuci√≥n con las fuerzas estatales ‚ÄĒaunque no sobra un examen profundo de los nexos que parecen seguir existiendo entre ellas y estos hijos del paramilitarismo‚ÄĒ. Tambi√©n, sin entrar en el reconocimiento pol√≠tico, existen salidas jur√≠dicas dignas para hacer atractivo un sometimiento a la justicia, sin menosprecio de las v√≠ctimas. Pero sobre todo, el Gobierno debe entender que su paz territorial est√¡ en juego y no depende solamente de firmar con la guerrilla e implementar unos proyectos de posconflicto en las regiones. Los jinetes de la muerte siguen sueltos y tratar√¡n de impedirlo.