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Asunto:[ChamanismoGnostico] Neo-paramilitarismo en Colombia.
Fecha:Sabado, 19 de Marzo, 2016  21:10:37 (+0000)
Autor:octavio moreno <practik_37 @.....es>





Regresa el fantasma paramilitar

Mientras el proceso de paz avanza, los neoparamilitares se expanden en el pa√≠s. Las bacrim aumentan y son la mayor preocupaci√≥n de las Farc de cara a la dejaci√≥n de armas. ¬¿Qui√©n los detendr√¡?
Las bacrim son distintas en cada regi√≥n y mutan permanentemente. Son la mayor amenaza para la construcci√≥n de paz y se salieron de madre. Foto: Le√≥n Dar√≠o Pel√¡ez

Im√¡genes Relacionadas

La historia de la guerra sucia no se puede repetir, pero se est√¡ repitiendo. El 7 de marzo, sicarios mataron a William Castillo en El Bagre, Antioquia. Era activista de derechos humanos, cercano a la Marcha Patri√≥tica, y lideraba un movimiento que se opone a la miner√≠a a gran escala y a la ilegal en su regi√≥n. La v√≠spera, en plena cancha de f√ļtbol en Soacha, Cundinamarca, desconocidos mataron a bala al joven comunista Klaus Zapata, comunicador social que colaboraba con publicaciones de izquierda y se hab√≠a convertido en activista del proceso de paz. Una semana antes, el 1 de marzo, en el Cauca asesinaron a Maricela Tombe, l√≠der campesina, en Tambo, quien era cercana al movimiento Congreso de los Pueblos, y en Popay√¡n ca√≠a tambi√©n bajo las balas Alexander Oime, l√≠der ind√≠gena. El viernes esta ola de cr√≠menes cerr√≥ con la muerte en Arauca de Milton Escobar, tambi√©n de filiaci√≥n comunista.
Eso no es todo. En Putumayo han acabado con la vida de nueve personas de movimientos sociales de base. En Tumaco han vuelto las oleadas de homicidios. Una líder del Catatumbo tuvo que huir de la región por amenazas. En Chocó y Bajo Cauca se han presentado combates entre fuerzas conjuntas de Farc y ELN contra el llamado Clan Úsuga, y en el Baudó hay desplazamientos masivos como no se veían desde hace casi una década.
Las alarmas est√¡n encendidas. ‚ÄúNo tengo duda de que se ha activado un plan para matarnos‚ÄĚ, dice C√©sar Jerez, vocero de la Asociaci√≥n de Zonas de Reserva Campesina y militante de la Marcha Patri√≥tica. Los movimientos sociales y de izquierda, entre ellos la UP, claman una reacci√≥n menos burocr√¡tica del gobierno y la Justicia. En redes le imploran al gobierno que no los deje a merced de las fuerzas oscuras. ‚ÄúEl gobierno tiene la misma posici√≥n de siempre. Dice que son casos aislados, que son las bacrim‚ÄĚ, se queja Jerez. Y agrega: ‚Äú¬¿C√≥mo es posible que con toda la tecnolog√≠a militar que tienen no puedan neutralizar a estos grupos? ¬¿Por qu√© nunca se investigan las amenazas en nuestra contra?‚Ķ Al hijo de Uribe lo amenazaron por internet y al otro d√≠a estaba detenido el culpable. Eso nunca ha ocurrido con nosotros‚ÄĚ.
Mientras todo esto pasa en Colombia, en la Mesa de La Habana se discute sobre el fin del conflicto y uno de los puntos cruciales son las garant√≠as de seguridad para las Farc, para los movimientos sociales donde tienen influencia, y para las regiones epicentro del conflicto. En realidad, para todo el pa√≠s pues las bandas criminales, seg√ļn reportes del a√Īo pasado de la Fundaci√≥n Ideas para la Paz, est√¡n en 338 municipios de 23 departamentos. Y siguen creciendo y mutando. Los miembros de las Farc temen que los asesinen cuando dejen las armas. El gobierno les promete que no ser√¡ as√≠. Pero si la guerrilla se desarmara hoy, aquel dif√≠cilmente podr√≠a cumplir su palabra.
¬¿Qu√© son?
El paramilitarismo, tal y como lo conoci√≥ el pa√≠s en d√©cadas pasadas, ya no existe. No hay un Carlos Casta√Īo con cananas y fusil al hombro, con un incendiario discurso de derechas. El fen√≥meno criminal que se expresa hoy es m√¡s complejo y menos controlado, pero no por eso menos preocupante. El gobierno se niega a llamarlo paramilitarismo, pero sectores de la institucionalidad piensan que si no se act√ļa de manera r√¡pida y eficaz, s√≠ puede terminar como un nuevo esquema paramilitar que sabotee el proceso de paz. Sean o no un fen√≥meno pol√≠tico, estos grupos est√¡n salidos de madre y las estrategias para combatirlos que el gobierno ha probado hasta ahora son insuficientes.
Para Ariel √Āvila, de la Fundaci√≥n Paz y Reconciliaci√≥n, las bandas criminales act√ļan en tres modalidades. 1) Algunas de ellas son grupos similares a las antiguas autodefensas, casi siempre comandadas por exmiembros de las AUC, que tienen relaciones con pol√≠ticos, mando de tropas, que incluso disputan territorio en combate con las guerrillas u otras bandas, y que cuidan intereses de testaferros de los negocios il√≠citos. Esta modalidad corresponde, seg√ļn el analista, al 40 por ciento de lo que hoy son las bacrim. 2) Un 30 por ciento son grupos regionales que est√¡n solo para cuidar las rentas il√≠citas, cada vez m√¡s jugosas. 3) Pero otro 30 por ciento, seg√ļn √Āvila, es el m√¡s delicado. Son mercenarios y asesinos a sueldo cuyo principal negocio es ‚Äėvender‚Äô violencia al mejor postor. Estos se prestan para matar a l√≠deres sociales que resultan inc√≥modos para los intereses de algunos grupos de poder en las regiones.
El problema es que el Clan √ösuga ‚Äďo Urabe√Īos‚Äď, la m√¡s grande de las nueve bandas que hay en el pa√≠s, usa las tres modalidades seg√ļn la zona. As√≠ como en Choc√≥ entran en combate con las Farc y el ELN, en Buenaventura o Barrancabermeja controlan bandas locales peque√Īas y fragmentadas. Y cuando se trata de hacer limpieza social o guerra sucia contra la izquierda se hacen llamar √Āguilas Negras. Una caracterizaci√≥n similar a la de √Āvila tiene la Polic√≠a.
Aun as√≠, el viceministro de Defensa, An√≠bal Fern√¡ndez de Soto, le dijo a SEMANA que las bacrim ‚Äúno son una amenaza para la seguridad nacional y su capacidad de afectaci√≥n ha sido disminuida en los √ļltimos cinco a√Īos. S√≠ pueden ser una amenaza en algunas zonas del pa√≠s para efectos de la consolidaci√≥n de los acuerdos de paz‚ÄĚ. Esto es grave porque tal como ha constatado la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, en cabeza de Todd Howland, se est√¡ produciendo un vac√≠o de poder en muchas regiones, que est√¡n llenando otros actores, sean bacrim, ELN o EPL. La pregunta es ¬¿d√≥nde est√¡ la fuerza p√ļblica? ¬¿Qu√© est√¡ haciendo el casi medio mill√≥n de efectivos militares y de Polic√≠a?
Los saboteadores
Es cierto que en todo proceso de paz hay saboteadores, y estos grupos son parte de ellos o act√ļan como instrumento de quienes no quieren una paz en los territorios. Si se revisa la historia de anteriores negociaciones con la guerrilla, hay razones para preocuparse. Tal como document√≥ Mar√≠a Teresa Ronderos en su libro Guerras recicladas, la primera √©poca de paramilitarismo en Colombia fue una respuesta de ganaderos, militares, mafiosos y pol√≠ticos que vieron amenazado su statu quo con una posible entrada de las Farc a la pol√≠tica mediante la Uni√≥n Patri√≥tica, durante el proceso de paz de Belisario Betancur. Ese desangre, entre otros factores, conspir√≥ para que ese intento de paz nunca llegara a feliz t√©rmino.
Casi dos d√©cadas despu√©s, cuando Andr√©s Pastrana intent√≥ un nuevo proceso de paz en el Cagu√¡n, el paramilitarismo se expandi√≥ a sangre y fuego por el pa√≠s y logr√≥ montar un proyecto pol√≠tico de captura del poder regional, que se conocer√≠a como la parapol√≠tica, cuyo objetivo tambi√©n era impedir que la guerrilla entrara a la vida pol√≠tica. La pregunta es si hoy, cuando parece inminente el desarme de las Farc, se puede seguir mirando la violencia emergente como una actividad criminal o si habr√≠a que considerarla una nueva guerra sucia encaminada a boicotear la apertura democr√¡tica y los cambios que prometen los acuerdos de La Habana, que tocan intereses de poderes mafiosos instalados de facto en muchos lugares del pa√≠s.
Mapa de influencia del Clan √ösuga
Mapa de influencia del Clan √ösuga
¬¿Est√¡ fracasando el Estado?
En La Habana este tema causa una comprensible inquietud. Algunos de los negociadores de las Farc comentan preocupados, sin iron√≠a, que si el Estado no es capaz de doblegar a Otoniel √ösuga, jefe de los Urabe√Īos, luego de m√¡s de un a√Īo de haber prometido hacerlo, est√¡ quedando en rid√≠culo. ‚ÄúPuede que el Estado no venza a una insurgencia, pero a un delincuente del com√ļn es incre√≠ble que no lo haga‚ÄĚ, dicen.
En el caso de las bandas criminales, las autoridades han capturado a m√¡s de 20.000 personas en los √ļltimos diez a√Īos, y han muerto en acciones de la fuerza p√ļblica varios mandos importantes como Cuchillo, Megateo, Pijarvey y Puntilla. Sin embargo, est√¡ claro que las bandas son como la cola del lagarto, que luego de cortada vuelve a salir. Y es inexplicable que por tantos a√Īos se act√ļe con la misma estrategia, aunque esta haya demostrado ser, por decir lo menos, insuficiente y fallida.
Algo similar est√¡ ocurriendo con las incautaciones de drogas y de m√¡quinas de miner√≠a ilegal. Esos resultados operacionales engrosan cifras, pero en la realidad los cultivos de coca est√¡n disparados, como reconoci√≥ el propio ministro de Defensa. De hecho, se espera que las cifras de 2015 superen las 100.000 hect√¡reas, cifra cercana a la que ten√≠a el pa√≠s antes del plan Colombia. La miner√≠a ilegal sigue galopante. A eso se suma el incremento de la extorsi√≥n, el microtr√¡fico, el jugoso negocio de la trata de personas, y una duplicaci√≥n de todas estas rentas por cuenta del precio del d√≥lar. M√¡s plata para estas mafias significa m√¡s armas, m√¡s control territorial, m√¡s capacidad de corrupci√≥n y m√¡s alianzas macabras.
La captura de los verdaderos responsables de este sistema criminal es la excepci√≥n y no la regla. Como en la lucha contra las drogas, se est√¡ afectando el eslab√≥n m√¡s d√©bil de la cadena. Mientras tanto, el problema sigue imparable y con un horizonte de incertidumbre sobre qu√© tanto van a crecer y qu√© tanto da√Īo est√¡n en capacidad de producirle a un pa√≠s que lucha por entrar en una etapa de construcci√≥n de paz territorial. El viceministro Fern√¡ndez de Soto asegura que hay un cambio de estrategia y que los esfuerzos recientes est√¡n dirigidos a los eslabones fuertes de estos grupos. Pone de ejemplo la captura de Eduardo Otoya, que lavaba activos del Clan √ösuga en el nordeste de Antioquia, quien lleg√≥ a ser presidente de la Frontino Gold Mines en Segovia, y de Continental Gold en Buritic√¡, Antioquia.
Pero algunas voces cr√≠ticas creen que hay problemas m√¡s de fondo. Howland, por ejemplo, piensa que el asunto m√¡s complicado es la corrupci√≥n. ‚ÄúCuando se desmovilizaron las AUC no se logr√≥ romper el v√≠nculo entre fuerza p√ļblica y la ilegalidad. Esa es la ra√≠z del problema. Si no hay una fuerza que act√ļe con transparencia, hay un problema muy serio dentro del Estado colombiano y los grupos van a seguir‚ÄĚ.
La corrupci√≥n tambi√©n se convierte en obst√¡culo para desarrollar un factor clave: la participaci√≥n de las comunidades en el problema de la seguridad de las regiones, pues, sin confianza en las instituciones, la gente no puede dar informaci√≥n. Para Howland, as√≠ como para otros organismos internacionales, como la misi√≥n de la OEA, la estrategia que se adopte para reconocer las diferencias regionales es clave y debe atacar el problema desde sus particularidades, porque en cada zona act√ļan de manera diferente. Por eso, la corrupci√≥n, en tanto lesiona la legitimidad del Estado, se est√¡ convirtiendo en un problema de seguridad ciudadana. A eso hay que sumarle que esta tambi√©n campea en los sectores de la Justicia y la pol√≠tica en zonas de alta influencia de la econom√≠a ilegal y de grupos armados. Es decir, el coctel molotov del reciclaje de la violencia est√¡ servido, aun antes de que se firme el fin de la guerra con las Farc.
Actuar r√¡pido y con nuevas estrategias
¬¿Qu√© se plantea en la mesa de La Habana sobre el neoparamilitarismo?
Aunque la opini√≥n p√ļblica se ha concentrado en el problema del cese del fuego y de la dejaci√≥n de armas, el punto tres de la agenda de La Habana, sobre el fin del conflicto, tiene varios √≠tems que se refieren a las garant√≠as de seguridad, combate al crimen organizado y esclarecimiento del paramilitarismo. Una subcomisi√≥n, en cabeza de √ďscar Naranjo por parte del gobierno y de Pablo Catatumbo por las Farc, viene trabajando en f√≥rmulas que, de aplicarse, le dar√≠an un vuelco a lo que ha sido hasta ahora la lucha contra las bacrim. Estas son algunas de las ideas que hay sobre la mesa.
1. Casos ejemplarizantes. Tomar una regi√≥n y enviar cuerpos elites de fuerza p√ļblica, jueces, fiscales y funcionarios a prueba de corrupci√≥n para demostrar que con transparencia se pueden obtener resultados.
2. Que se cree un grupo multidimensional para afrontar el problema, con jueces especializados e itinerantes. Esto incluye una fuerza de reacci√≥n r√¡pida para identificar y capturar a los promotores de estos grupos que son invisibles, apoyado en una unidad especial de lavados de activos.
3. Control y veeduría a la seguridad privada y a servicios de inteligencia. Para las Farc, la seguridad privada y la falta de información sobre las actuaciones de los organismos de seguridad son riesgos potenciales para su futuro.
4. La creación de un Consejo Nacional de Seguridad para el posconflicto con réplicas regionales, en el que estén las Farc, el gobierno y la comunidad internacional.
5. Un proyecto que permita el sometimiento a la justicia de manera colectiva para las bacrim ‚Äďcon alg√ļn modelo de reinserci√≥n‚Äď, y no solo incentivos individuales para acogerse al principio de oportunidad.
6. Que la institucionalidad cope el territorio con participación de las comunidades. Ello implica desarticular las economías ilegales y, por tanto, darle también una dimensión social al problema.
7. Lograr acuerdos regionales para la convivencia y realizar di√¡logos entre diferentes sectores para ponerle freno a la violencia emergente.

EL PUEBLO DEBE UNIRSE Y COMBATIR POR LA VIA DEMOCRATICA ESTE TERRORISMO DE ESTADO HECHO ENTRE LOS PARAS Y LAS FUERZAS ARMADAS PARA ACRIBILLAR AL CAMPESINO, INDEFENSO QUE QUIERE TRABAJAR LA TIERRA.