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Asunto:[ChamanismoGnostico] LOS ASESINOS DE VICTOR JARA EL ULTIMO SECRETO
Fecha:Lunes, 14 de Abril, 2014  21:32:54 (+0100)
Autor:luz diana rivera lopez <pacarinapacha @.....es>

INVESTIGACI√ďN: Los asesinos de V√≠ctor Jara: el √ļltimo secreto, por M√≥nica Gonz√¡lez

SICNOTICIAS APRIL 10, 2014 0
INVESTIGACI√ďN: Los asesinos de V√≠ctor Jara: el √ļltimo secreto, por M√≥nica Gonz√¡lez

M√¡s de 5500 chilenos estuvieron detenidos en el Estadio Chile luego del Golpe. Uno de ellos fue el cantautor y director de teatro V√≠ctor Jara, quien fue asesinado tras ser salvajemente golpeado por oficiales y soldados durante d√≠as. La identidad de uno de los que m√¡s se ensa√Ī√≥ con √©l, ‚ÄúEl Pr√≠ncipe‚ÄĚ, sigue siendo hoy un misterio. Pero, adem√¡s, ha sido muy dif√≠cil derribar el manto de silencio sobre la identidad de los otros oficiales que estuvieron ah√≠, debido a que eran parte de la elite del Ej√©rcito chileno, muchos de los cuales lideraron la represi√≥n en la DINA y la CNI. En el siguiente relato, el m√¡s completo y extenso que se ha escrito hasta ahora sobre el asesinato de V√≠ctor Jara -que inspira en parte el cap√≠tulo 5 Los archivos del cardenal- se reproducen varias de las declaraciones del expediente por la muerte del cantautor que lleva actualmente el ministro en visita Miguel V√¡squez, as√≠ como entrevistas realizadas por la autora, quien ha investigado el tema durante a√Īos. Aqu√≠, adem√¡s, se reconstruye paso a paso qu√© pas√≥ en la UTE y el Estadio Chile en las horas posteriores al Golpe.
Por M√≥nica Gonz√¡lez
“E
l 16 de septiembre [de 1973], a las 7:00, el cuerpo de V√≠ctor Jara, junto con cinco cad√¡veres m√¡s, fue encontrado al lado del Cementerio Metropolitano, cerca de la l√≠nea del tren. De los seis cuerpos, pobladores reconocieron a dos: a V√≠ctor y a Litre Quiroga, quien tambi√©n hab√≠a sido visto por testigos como prisionero en el Estadio Chile. Los nombres de esos testigos los dar√© oportunamente al tribunal. Algunos de esos testigos conoc√≠an personalmente a V√≠ctor y a Litre Quiroga, tal es as√≠ que uno de ellos sab√≠a que Litre ten√≠a una cicatriz en el pecho, al lado izquierdo. Esto lo constat√≥ abriendo sus ropas. Y con respecto a V√≠ctor, palparon las callosidades de sus manos, propias de int√©rpretes de guitarra y que en ese momento estaban llenas de moretones e hinchadas‚ÄĚ. As√≠ se le√≠a en la primera denuncia judicial que present√≥ Joan Turner pidiendo que se esclareciera la muerte de quien fuera su marido: V√≠ctor Jara Mart√≠nez, nacido el 28 de septiembre de 1932, hijo de Manuel y Amanda.
El juicio para identificar a los autores materiales e intelectuales de su muerte se inici√≥ el 12 de septiembre de 1978, por denuncia de su esposa, de nacionalidad brit√¡nica y profesora de danza, con quien se cas√≥ el 27 de enero de 1965. Al momento de ser asesinado ten√≠a 41 a√Īos y dos hijas: Manuela, de 13 a√Īos y Amanda, de 9.
Debieron transcurrir 40 a√Īos para que al fin el cerrojo del secreto que envolv√≠a el asesinato de V√≠ctor Jara, Litre Quiroga y otras decenas de ciudadanos chilenos y extranjeros que encontraron la muerte en el Estadio Chile, cuya identidad y n√ļmero a√ļn se desconoce, comenzara lentamente a descorrerse.
El Estadio Chile y la planificación del Golpe
Hasta las √ļltimas horas de la noche del 10 de septiembre de 1973, la casa central de la Universidad T√©cnica del Estado (UTE, hoy Universidad de Santiago) fue el epicentro de una gran ebullici√≥n. Todo qued√≥ listo para que, a las 11:00 de la ma√Īana siguiente, el Presidente Salvador Allende inaugurara la exposici√≥n ‚ÄúPor la Vida Siempre‚ÄĚ, con una esperada actuaci√≥n del cantautor V√≠ctor Jara. Solo unos pocos sab√≠an lo que Allende anunciar√≠a desde la UTE: un plebiscito con el que pretend√≠a evitar el Golpe de Estado. Dos d√≠as antes el Presidente le hab√≠a dicho al general Carlos Prats, comandante en jefe del Ej√©rcito hasta el 23 de agosto de 1973: ‚ÄúEs la √ļnica soluci√≥n democr√¡tica para evitar el Golpe o la guerra civil‚ÄĚ. Allende sab√≠a que de ese veredicto popular no saldr√≠a vencedor.
Lo que los profesores y estudiantes de la UTE no imaginaban, y tampoco Allende, era que precisamente ese anuncio de plebiscito, que r√¡pidamente fue informado a quienes quer√≠an derrocarlo, hab√≠a sido el gatillo acelerador del Golpe. Y menos que a esa misma hora, otra ebullici√≥n pero para fines muy distintos, envolv√≠a varios pisos del ministerio de Defensa, ubicado a pocos metros del palacio presidencial. En su interior, un grupo de militares bajo el mando de los generales Herman Brady y Sergio Arellano Stark, ultimaba los detalles para el ataque a La Moneda y la ocupaci√≥n de Santiago que se desencadenar√≠a s√≥lo horas despu√©s.
El mando de las operaciones militares en Santiago qued√≥ configurado esa misma ma√Īana. Bajo la conducci√≥n del general Brady, al frente de la Guarnici√≥n Militar de Santiago, se alinearon: el general Sergio Arellano, a cargo de la Agrupaci√≥n Santiago-Centro; el general C√©sar Benavides, en la Agrupaci√≥n-Este, y el coronel Felipe Geiger, en la Agrupaci√≥n-Norte. La Agrupaci√≥n Reserva le fue entregada al general Javier Palacios, quien tendr√≠a un rol protag√≥nico el 11 de septiembre.
Alrededor de una mesa en una de las oficinas del ministerio, un grupo de oficiales de la Academia de Guerra del Ej√©rcito y de Inteligencia adscrito al Estado Mayor de la Defensa Nacional, n√ļcleo estrat√©gico del Golpe de Estado en marcha (encabezado por el almirante Patricio Carvajal), revisaba por en√©sima vez los detalles de los planes de seguridad ‚ÄúCobre‚ÄĚ y ‚ÄúAriete‚ÄĚ, con las primeras √≥rdenes de qu√© hacer con los partidos de la Unidad Popular, sus dirigentes y los campos de prisioneros que se habilitar√≠an.
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
‚ÄúDebo indicar que me toc√≥ ordenar alfab√©ticamente un listado de personas que deb√≠an presentarse en los regimientos del pa√≠s y el cual fue le√≠do mediante un bando militar. Este listado me fue pasado por el almirante Carvajal‚ÄĚ, declar√≥ m√¡s tarde √Ālvaro Puga, quien fue uno de los pocos civiles que particip√≥ en esos preparativos el mismo d√≠a 10 (1).
Puga se encontraría también en el ministerio de Defensa con el mayor Pedro Espinoza, quien vestía de civil y estaba a cargo del principal grupo de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional, unidad que había secundado la planificación secreta de los golpistas en esos meses de 1973.
En el cuarto piso del edificio, otro grupo, en el que destacaba Pedro Ewin Hodar (secretario del Estado Mayor de la Defensa Nacional) y el alumno de la Academia de Guerra, coronel Roberto Guillard (2), y que integraban tambi√©n civiles, revisaba los borradores de los primeros bandos militares que se transmitir√≠an por una cadena radial encabezada por la Radio Agricultura (de propiedad de la Sociedad Nacional de Agricultura, el principal gremio patronal agr√≠cola).
Que allí estuvieran oficiales de la Academia Guerra, la llamada elite del Ejército, no era sorpresivo. Fueron esos oficiales los primeros que se integraron a la preparación del Golpe de Estado en las reuniones clandestinas con oficiales de la Fuerza Aérea y la Armada, que tenían el liderazgo. Ya desde el 7 de septiembre estaban informados de la inminencia del Golpe, por lo cual los alumnos de los tres cursos de la academia fueron destinados a distintas unidades para asegurarse de que el día definitivo fuera exitoso.
La importancia de la Academia de Guerra en el Golpe qued√≥ n√≠tidamente reflejada cuando Arellano le encomend√≥ la organizaci√≥n del cuartel general de la Agrupaci√≥n Santiago-Centro, al coronel Enrique Morel Donoso (3), director de la Academia de Guerra desde agosto, cuando el titular, Herman Brady, asumi√≥ la comandancia de la Guarnici√≥n de Santiago. Fue tambi√©n √©se el momento en que la academia se convirti√≥ en el brazo armado de los golpistas en el Ej√©rcito, con informaciones que transmit√≠a el coronel Sergio Arredondo Gonz√¡lez (4), profesor de la academia y uno de los primeros conjurados. Arredondo tendr√≠a tambi√©n un rol preponderante en las acciones del Golpe como jefe del Estado Mayor de la Agrupaci√≥n Santiago-Centro.
Fue as√≠ como ese d√≠a 10, Arellano Stark, Morel y Arredondo tomaron los √ļltimos y sigilosos contactos con los jefes de las fuerzas que actuar√≠an sobre La Moneda y Santiago: Escuela de Infanter√≠a, Escuela de Suboficiales, los regimientos Tacna, Yungay (de San Felipe), Guardia Vieja (de Los Andes), Coraceros (de Vi√Īa del Mar), Maipo (de Valpara√≠so) y Escuela de Ingenieros (de Tejas Verdes).
Ese mismo d√≠a 10, en las dependencias del Comando Administrativo del Ej√©rcito (CAE), el general Arturo Viveros (5), otro de los primeros part√≠cipes de la preparaci√≥n del Golpe, citaba al comandante Mario Manr√≠quez Bravo, para ordenarle habilitar el Estadio Chile (ubicado en Pasaje Boxeador Arturo Godoy N¬ļ 2750, entre la calle Uni√≥n Latinoamericana por el oriente y Bascu√Īan Guerrero, por el poniente) como campo de prisioneros. Antes de ocuparse del Estadio Chile, Manr√≠quez debi√≥ cumplir una delicada misi√≥n el mismo d√≠a 11 de septiembre: hacerse cargo del entierro de Salvador Allende y de su autopsia, la que permanecer√≠a secreta por 28 largos a√Īos.
Al mayor Hern√¡n Chac√≥n Soto, otro de los oficiales de la Academia de Guerra, tambi√©n se le encomend√≥ la organizaci√≥n de los campos de prisioneros, bajo las √≥rdenes del general Viveros. Pero la orden la hab√≠a recibido antes: el 8 de septiembre.
Para entonces, el mando de los golpistas ya había decidido que el Regimiento Tacna sería el primer y principal centro de reclusión, pues hasta allí se llevaría a los que integraban las nóminas que había preparado el grupo de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional, encabezado por el mayor Pedro Espinoza. El comandante del Tacna, coronel Luis Joaquín Ramírez Pineda, ya se preparaba.
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Manuel Contreras
Gentileza Ciper Chile.
Lo mismo hac√≠a en la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, el mayor Manuel Contreras Sep√ļlveda. Uno de los conscriptos de su escuela relat√≥ lo siguiente en el juicio que busca establecer qui√©nes son los responsables materiales e intelectuales del asesinato de V√≠ctor Jara:
‚ÄúEl 10 de septiembre de 1973, alrededor de las 19:00, lleg√≥ un helic√≥ptero a la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, donde ven√≠a un oficial de Marina, quien fue a conversar con el director de la escuela, coronel Manuel Contreras, y √©ste da la orden de formar en el patio. En la formaci√≥n, se nos ordena que prepar√¡ramos nuestra mochila y armamento de guerra, que consist√≠a en un fusil SIG, con cien tiros cada uno. Alrededor de las 20:00, nos fuimos a dormir y aproximadamente a las 02:00 del d√≠a 11 fuimos despertados por el cabo de servicio y se nos orden√≥ formar en el patio. El personal de planta estaba acuartelado. El coronel Contreras nos se√Īala que √≠bamos a un combate y que no quer√≠a bajas de parte nuestra. Junto a mi secci√≥n, nos subimos a unos camiones institucionales y nos dirigimos a Santiago. Los que √≠bamos a Santiago eran: la Segunda Compa√Ī√≠a, a cargo del capit√¡n Germ√¡n Montero Valenzuela, integrada por la primera, segunda y tercera secci√≥n, a cargo de los tenientes Pedro Barrientos N√ļ√Īez, Rodrigo Rodr√≠guez Fuschloger y [Jorge] Smith, respectivamente. Adem√¡s de la Tercera Compa√Ī√≠a, a cargo del capit√¡n V√≠ctor Liz√¡rraga Arias, y la primera, segunda y tercera secci√≥n de esa compa√Ī√≠a, a cargo del teniente Orlando Cartes Cuadra (6). A cargo de todo este contingente iba el mayor Alejandro Rodr√≠guez Fain√©‚ÄĚ (7).
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
El conscripto R.A., relata: ‚ÄúUna vez que llegamos a Santiago, nos dirigimos al Regimiento Tacna, pero √©ste estaba ocupado por el Regimiento Maipo, motivo por el cual nos llevaron a una cancha de b√¡squetbol, en Arsenales de Guerra. Lo primero que nos dieron fue desayuno y alrededor de las 07:00 nos formaron y nos pasan un cuello de color salm√≥n y un brazalete de color blanco con tortugas verdes y un oficial, de quien ignoro nombre y grado, nos indica que √≠bamos a derrocar al Presidente comunista Allende y el que no quiere ir que diera un paso al frente. Nos miramos con nuestros compa√Īeros: nadie quiso salir. Posteriormente, la compa√Ī√≠a que iba completa, nos dirigimos al costado del ministerio de Defensa [diario Clar√≠n], tomamos posici√≥n de este edificio y comenzamos a tener fuego cruzado con francotiradores de otras azoteas‚ÄĚ.
El relato del conscripto R.A. fue complementado por el del conscripto C.A.P.: ‚ÄúDespu√©s del desayuno, el teniente coronel Julio Canessa, comandante de Arsenales de Guerra, nos se√Īala que habr√≠a un hecho importante en el pa√≠s y el teniente Pedro Barrientos N√ļ√Īez nos dio mayores detalles y nos indic√≥ que el que no quer√≠a ir, que diera un paso adelante: obviamente no sali√≥ nadie. Posteriormente nos dirigimos hacia La Moneda, por calle San Diego, allanando todos los edificios de los alrededores del ministerio de Defensa‚ÄĚ (8).
Enrique Kirberg, rector de la Universidad T√©cnica, durmi√≥ poco y mal esa noche. A las 6:30, el repiquetear del tel√©fono lo hizo saltar de su cama. ‚ÄúUn grupo de civiles armados atac√≥ las instalaciones de la radio de la universidad, inutilizando la antena‚ÄĚ, fue el escueto anuncio que recibi√≥. Luego de cerciorarse que no hab√≠a heridos, Kirberg se fue directo a la universidad.
El ataque fue perpetrado por el contingente de la Armada apostado en la Estaci√≥n Naval de Quinta Normal, desde donde el almirante Patricio Carvajal, jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, digitaba paso a paso el desarrollo de los planes golpistas. El d√≠a 10 de septiembre la Armada dispuso que un grupo de infantes de Marina y personal de Inteligencia se trasladara a Santiago. Entre ellos estaban los tenientes Miguel √Ālvarez y Jorge An√≠bal Osses Novoa, del Servicio de Inteligencia de la Armada. En Santiago, ya se encontraba el oficial Pedro Castro Bustos, quien depend√≠a directamente del capit√¡n de fragata V√≠ctor Vergara‚ÄĚ (9).
En La Serena, otro grupo de militares del Regimiento de Artiller√≠a N¬ļ 2, ‚ÄúArica‚ÄĚ, se preparaba para marchar a Santiago. Al mando de la Agrupaci√≥n Serena se apost√≥ el mayor Marcelo Moren Brito (10), segundo comandante del regimiento que dirig√≠a el coronel Ariosto Lapostol, quien no viaj√≥. Entre los escogidos estuvo el capit√¡n Fernando Polanco, quien era el jefe de Inteligencia del regimiento y comandaba una compa√Ī√≠a de infanter√≠a de unos 120 hombres.
Poco despu√©s de que el rector Kirberg ingresara a la UTE, el sector de calle Ecuador se convirti√≥ en un hormiguero. Mientras las primeras tropas se desplegaban en el entorno, estudiantes y profesores recorr√≠an patios y dependencias intentando obtener m√¡s informaci√≥n de lo que estaba ocurriendo. Desde radios a pilas que emergieron por doquier se pod√≠a escuchar los sones del himno de la Unidad Popular ‚ÄúVenceremos‚ÄĚ, que la Radio Magallanes difund√≠a una y otra vez acompa√Īado de consignas para defender el gobierno.
Alrededor de las 10 de la ma√Īana, V√≠ctor Jara se despidi√≥ de su esposa, Joan Turner, y de sus hijas Manuela y Amanda, y sali√≥ de su casa en calle Piacenza N¬ļ 1144. A sabiendas de que estaba en marcha un Golpe de Estado, decidi√≥ estar en su lugar de trabajo: la UTE. Joan recordar√¡ por siempre la imagen de V√≠ctor con su pantal√≥n negro y su su√©ter de alpaca negro, tomando las llaves de su renoleta para luego partir raudo en direcci√≥n a la universidad. Llevaba consigo uno de sus objetos m√¡s preciados: su guitarra.
Poco despu√©s, V√≠ctor Jara ingresaba a la Vicerrector√≠a de Comunicaciones de la UTE, ubicada al frente de la casa central, all√≠ donde trabajaba como investigador folkl√≥rico y director de teatro. Se fue directo a la oficina de Cecilia Coll, jefa del departamento de Extensi√≥n Art√≠stica, su amiga y compa√Īera de muchas jornadas de cultura llevada a las poblaciones y f√¡bricas. Y tambi√©n de trabajo voluntario, en los que se descargaba harina y otros productos de primera necesidad que escaseaban.
‚Äú‚Äė¬¿Qu√© hago?‚Äô, fue lo primero que me dijo. Lo vi llegar empu√Īando su guitarra y con su rostro preocupado. Pero me habl√≥ con esa convicci√≥n que me impresionaba, de estar profundamente convencido de lo que hac√≠a ya sea en la m√ļsica, en el teatro y en su actitud militante. Lo escuch√© en un momento hablar esa ma√Īana con su mujer, Joan, lo que me reafirm√≥ que V√≠ctor ten√≠a claro cu√¡l era su responsabilidad ese d√≠a‚ÄĚ, recuerda Cecilia en entrevista con la autora.
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Estadio Chile
Gentileza Ciper Chile.
Esa llamada fue confirmada por la esposa de V√≠ctor Jara, Joan Turner, quien dijo: ‚ÄúV√≠ctor me llam√≥ por tel√©fono alrededor de las 11:30 para decirme que hab√≠a llegado bien, a pesar del movimiento de tropas. Que estuviera tranquila y que cuidara a las ni√Īas‚ÄĚ.
Cecilia Coll no olvida que fue ella quien le dijo a Víctor que se fuera a la Escuela de Artes y Oficios, el edificio antiguo y de construcción sólida que podría resistir en mejor forma un ataque militar, ya que a esas horas se escuchaban muchos disparos. Para entonces, ya eran cientos los profesores y alumnos que permanecían en la UTE.
A esa misma hora ya hab√≠an sido liberados los oficiales que hab√≠an protagonizado el 29 de junio de 1973 la rebeli√≥n del Regimiento Blindado N¬ļ 2, conocida como el ‚ÄúTanquetazo‚ÄĚ. La asonada, un borrador del Golpe de Estado que se ejecutar√≠a tres meses m√¡s tarde, dej√≥ varios muertos y heridos, y fue organizada y llevada a cabo por un grupo de militares en concomitancia con el movimiento de extrema derecha Patria y Libertad. Sus l√≠deres fueron: el coronel Roberto Souper Onfray (11), quien era el comandante del Blindado N¬ļ 2; el capit√¡n Sergio Rocha Aros (12), comandante de la Compa√Ī√≠a de Tanques del regimiento; el capit√¡n Carlos Lemus y los tenientes Ra√ļl Jofr√© Gonz√¡lez, Antonio Bustamante Aguilar, Mario Garay Mart√≠nez (13), Edwin Dimter Bianchi, Ren√© L√≥pez Rivera (14), Carlos Souper Quinteros y V√≠ctor Urz√ļa Patri. La mayor√≠a estaba en prisi√≥n militar en distintas unidades de Santiago, acusados de sublevaci√≥n y sedici√≥n.
La vor√¡gine de los acontecimientos del 11 asfixi√≥ la liberaci√≥n de los militares sediciosos. Pero el secreto se mantuvo largos a√Īos. Hab√≠a motivos para ello. El principal: ocultar los nombres de quienes ordenaron las misiones que les fueron encomendadas a los oficiales que reci√©n sal√≠an de la prisi√≥n militar, masticando el fracaso de su operaci√≥n y de reconocida vocaci√≥n violentista y de extrema derecha. Pero hubo otros hechos que rodearon esa liberaci√≥n y que conectaron a esos hombres con el Estadio Chile y el destino de V√≠ctor Jara.
Uno de esos oficiales fue el entonces teniente y hoy brigadier (R) Ra√ļl An√≠bal Jofr√© Gonz√¡lez, quien fue dejado en libertad en la Escuela de Telecomunicaciones del Ej√©rcito, junto al tambi√©n teniente sublevado Edwin Dimter Bianchi. Jofr√© relat√≥:
‚ÄúEl 11 de septiembre, alrededor de las 18:00, me fueron a buscar y me trasladaron a la Comandancia de Guarnici√≥n, ubicada en el sexto piso del entonces ministerio de Defensa. El mismo d√≠a, a distintas horas, llegaron el resto de los oficiales que est√¡bamos detenidos, con excepci√≥n del coronel Souper, a quien no vi. Al d√≠a siguiente fui enviado junto al teniente Edwin Dimter al Estadio Chile‚Ķ‚ÄĚ (15).
Otro oficial sublevado y liberado s√≠ vio al coronel Souper esa ma√Īana en el mando central del Golpe. El ahora coronel (R) Antonio Roberto Bustamante Aguilar (16), relata:
‚ÄúEl 11 de septiembre de 1973, alrededor de las 11:00, me comunican que estoy en libertad y me trasladan a Zenteno N¬ļ 45 donde funcionaba el ministerio de Defensa. Fui directo al sexto piso, donde qued√© en calidad de disponible junto con los dem√¡s oficiales que hab√≠amos participado en el llamado ‚ÄėTanquetazo‚Äô: coronel Roberto Souper, capit√¡n Sergio Rocha, los tenientes Ra√ļl Jofre, Edwin Dimter, Mario Garay y Ren√© L√≥pez. En la tarde fuimos destinados a distintas unidades. Desconozco a qu√© unidad fue destinado el coronel Souper. El capit√¡n Rocha fue enviado al Comando de √Ārea Jurisdiccional de la Zona de Seguridad Interior (CAJSI) de Puente Alto, donde hab√≠a estado preso (el entonces Regimiento Ferrocarrilero N¬ļ 2); Jofr√© y L√≥pez fueron enviados al Estadio Chile; respecto de Dimter, tengo dudas, y sobre Garay, me parece que fue enviado a la Segunda Divisi√≥n del Ej√©rcito. Yo fui destinado al Comando de √Āreas Jurisdiccionales de Seguridad Interior, o CAJSI de Santiago, que funcion√≥ en el sexto piso, ala sur del ministerio de Defensa (Departamento Quinto, Asuntos Civiles). Todas las actividades de seguridad tanto de Ej√©rcito, Armada y Fuerza A√©rea, como de Carabineros e Investigaciones, se subordinaban al CAJSI. El Departamento Quinto de Asuntos Civiles, al cual fui asignado, estaba a cargo del capit√¡n de Ej√©rcito, Ram√≥n Castro Ivanovic, alumno de tercer a√Īo de la Academia de Guerra‚ÄĚ(17).
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Edwin Dimter
Gentileza Ciper Chile.
Pero hubo otro hecho que todos callaron por muchos a√Īos y que el teniente Edwin Dimter, otro de los sublevados y liberados, decidi√≥ revelar ante el tribunal 31 a√Īos m√¡s tarde, cuando la figura de V√≠ctor Jara regres√≥ con inusitada fuerza:
‚ÄúAl mediod√≠a del 13 de septiembre de 1973, todos los oficiales que hab√≠amos participado en el alzamiento del 29 de junio, fuimos recibidos por el general Augusto Pinochet, quien nos dirigi√≥ unas breves palabras y luego nos dijo que √≠bamos a recibir instrucciones. Est√¡bamos presentes en esa reuni√≥n: el coronel Roberto Souper, el capit√¡n Sergio Rocha; y los tenientes Ra√ļl Jofr√©, Antonio Bustamante, Ren√© L√≥pez, Mario Garay y el que habla. A continuaci√≥n, fui destinado al Estadio Chile, recinto al cual fui trasladado en un jeep el mismo d√≠a‚ÄĚ (18).
La partida de Dimter y Jofr√© al Estadio Chile fue confirmada por el entonces teniente y ahora teniente coronel (R) Mario Garay Mart√≠nez, otro de los sublevados del Blindados N¬ļ 2: ‚ÄúLos tenientes Jofr√© y Dimter fueron enviados al Estadio Chile‚Ķ En mi caso, fui mantenido en la Segunda Divisi√≥n para cumplir labores administrativas y a disposici√≥n de los oficiales superiores del Estado Mayor‚ÄĚ (19).
A las 10:20, despu√©s de haber difundido por segunda vez el √ļltimo discurso de Salvador Allende, la Radio Magallanes enmudeci√≥ para siempre. A las 11:52 ca√≠a la primera bomba sobre La Moneda. V√≠ctor Jara evidenci√≥ el impacto y llam√≥ a su esposa. Joan relatar√¡ m√¡s tarde que en esa conversaci√≥n le dijo que estuviera tranquila, que intentar√≠a regresar a la casa, pero m√¡s tarde‚Ķ
Poco antes de las 14:00, las tropas de ocupaci√≥n, encabezadas por el general Javier Palacios, con contingente del Tacna y de las Escuelas de Suboficiales e Infanter√≠a, ingresaron a La Moneda. A cargo de las cinco bater√≠as del Regimiento Tacna, que luego descerrajaron el ministerio de Educaci√≥n, estaba el mayor Enrique Cruz Laugier (20).
Palacios dijo m√¡s tarde que recibieron balazos desde el interior de La Moneda en llamas y que la r√¡pida actuaci√≥n de su ayudante, el teniente Iv√¡n Herrera L√≥pez (21), evit√≥ que fuera alcanzado por otros proyectiles. Y agreg√≥ en entrevista con Mar√≠a Eugenia Oyarz√ļn: ‚ÄúEl teniente Armando Fern√¡ndez Larios me vend√≥ con un pa√Īuelo que yo mismo le pas√© para cubrir la herida. ¬¿Por qu√© estaba all√≠? Creo que el Servicio de Inteligencia del Ej√©rcito (SIM) envi√≥ gente por su cuenta para identificar a los prisioneros‚ÄĚ. Palacios ten√≠a raz√≥n. Armando Fern√¡ndez Larios pertenec√≠a ya en ese momento al equipo de inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional, que encabezaba el mayor Pedro Espinoza, grupo que hab√≠a confeccionado la lista de dirigentes de personeros de la UP que hab√≠a que hacer prisioneros como primera prioridad. Una tarea que los efectivos de Inteligencia del Estado Mayor del Golpe seguir√≠an desarrollando despu√©s en el Estadio Chile.
Al interior de la UTE la gente se convulsionaba. El rector Kirberg a√ļn no pod√≠a convencerse de que el palacio de gobierno ard√≠a en llamas. De pronto, se escucharon gritos: ‚Äú¬¡Al Paraninfo! ¬¡Al Paraninfo! ¬¡Ampliado general!‚ÄĚ. En entrevista con la autora, Kirberg relata:
‚ÄúSe realiz√≥ la asamblea. Est√¡bamos todos juntos, profesores, alumnos, trabajadores. Habl√≥ el presidente de la Federaci√≥n de Estudiantes de la UTE, Osiel N√ļ√Īez, quien llam√≥ a detener el Golpe‚Ķ La ma√Īana hab√≠a transcurrido de manera vertiginosa. Una delegaci√≥n de profesores y estudiantes democratacristianos vino a decirme que se pon√≠a a mi disposici√≥n. Cuando a√ļn est√¡bamos bajo el impacto del bombardeo, lleg√≥ una patrulla de infantes de Marina. Reclamaban por una bandera a media asta que alguien hab√≠a puesto. ‚ÄėO la suben, o la bajan!‚Äô, ordenaron. Acordamos quedarnos en la universidad. √Čramos alrededor de mil personas.‚ÄĚ
La estudiante Iris Aceit√≥n no olvida esos momentos: ‚ÄúEl grito de la UTE traspas√≥ las paredes del Paraninfo hasta elevarse en el cielo brumoso. Un gran escalofr√≠o recorri√≥ todo mi cuerpo. Los rostros de mis compa√Īeras estaban llenos de l√¡grimas. Nos abraz√¡bamos‚Ķ Los hombres no escond√≠an su sobrecogimiento. Fueron muy pocos los que se fueron‚ÄĚ (22).
Todos se organizan para lo que ven√≠a y que no era otra cosa que permanecer all√≠, en la casa que les daba identidad. V√≠ctor Jara era uno m√¡s.
‚ÄúAll√≠ en el patio, junto a una gran columna de concreto, apoyado en su inseparable guitarra, diviso a V√≠ctor Jara. Est√¡ con Patricio Pumarino. Me invitan a acercarme. V√≠ctor me habla y lo abrazo agradecida‚ÄĚ, recuerda Iris.
Poco despu√©s, un mayor de Carabineros al mando de una patrulla lleg√≥ hasta la UTE y le comunic√≥ al rector que estaban acordonados: ‚ÄúNadie puede salir, ni siquiera pasar de un edificio a otro, porque van a recibir fuego. Estamos en Estado de Sitio y ya entr√≥ en vigencia el toque de queda‚ÄĚ, dijo escueto.
V√≠ctor Jara, fiel a su car√¡cter, hab√≠a decidido quedarse. Como a las 16:30 se volvi√≥ a comunicar con su esposa: ‚ÄúDespu√©s de algunas dificultades logr√© hablar con √©l. Me dijo que no podr√≠a llegar a la casa por el toque de queda, que tendr√≠a que quedarse en la UTE esa noche, que esperaba verme en la casa a la ma√Īana siguiente. Que me quer√≠a mucho‚Ķ Esa fue la √ļltima vez que hablamos‚ÄĚ, relata Joan Jara.
‚ÄúNos organizamos en dos grupos, uno de ellos en la Escuela de Artes y Oficios y otro en la casa central, repartidos en diferentes dependencias. De los que est√¡bamos en la casa central, algunos se encontraban en el sector de los ingenieros industriales y otros en el Paraninfo. La casa central cuenta con subterr√¡neo, por lo cual nos sent√≠amos seguros. V√≠ctor Jara permaneci√≥ en la Escuela de Artes y Oficios, donde estaba el mayor grupo de personas. La noche la pas√≥ en una de sus salas‚ÄĚ, relat√≥ el dirigente estudiantil Mario Aguirre S√¡nchez (23).
Efectivamente, Víctor Jara permaneció en el Laboratorio de Física de la Escuela de Artes y Oficios de la UTE. El estudiante Juan Manuel Ferrari Ramírez también estaba allí y no lo olvidó:
‚ÄúEsa noche me qued√≥ grabada su expresi√≥n porque se ve√≠a muy sereno, preocupado y triste. Estaba abrazado a su guitarra lo que lo hac√≠a muy particular, a diferencia de las dem√¡s personas que estaban asustadas o con p√¡nico‚ÄĚ (24).
Luego de que el rector Kirberg llegara a un acuerdo con un contingente de Carabineros para que a la ma√Īana siguiente se desalojara la universidad en completa calma, se inici√≥ la noche m√¡s larga que se haya vivido en la Universidad T√©cnica. Ni V√≠ctor Jara ni Kirberg ni ninguno de los estudiantes y profesores que hab√≠an decidido permanecer en la UTE, pod√≠an imaginar que a esas mismas horas y a todo motor los militares golpistas preparaban el Estadio Chile para recibir a sus primeros prisioneros. Y ellos ser√≠an sus pr√≥ximos moradores.
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
El oficial David Gonz√¡lez Toro, del Comando Administrativo del Ej√©rcito, recibi√≥ una orden que lo lig√≥ de por vida al Estadio Chile:
‚ÄúEl d√≠a 11 mi general Viveros me orden√≥ hacerme cargo de la intendencia de un centro de prisioneros que se iba a crear. Horas m√¡s tarde se me inform√≥ que deb√≠a concurrir junto al comandante Mario Manr√≠quez, el mayor Sergio Acu√Īa y los sargentos Sergio Etcheverry, Caupolic√¡n Campos y el cabo H√©ctor Bernal, hasta el Estadio Chile. Cuando llegamos en horas de la tarde, no hab√≠a ninguna persona‚Ķ Cuando llegan los detenidos, tengo claro que hab√≠a personal de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, del CAE y del Regimiento de Calama. Ignoro si hab√≠a personal de otra unidad‚Ķ Recuerdo haber visto al comandante Manr√≠quez en una oficina de peque√Īas dimensiones ubicada siguiendo un pasillo ancho, a un costado de unos ba√Īos‚ÄĚ (25).
El mayor Hern√¡n Chac√≥n Soto recibi√≥ otras √≥rdenes respecto al Estadio Chile:
‚ÄúA eso de las 16:00 del 11 de septiembre, se me orden√≥ por intermedio del jefe del Departamento Habitacional del Comando Administrativo del Ej√©rcito, el teniente coronel Mario P√©rez Paredes, que deb√≠a hacerme cargo de una secci√≥n de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes. En compa√Ī√≠a del teniente coronel P√©rez, deb√≠ trasladarme, con esta secci√≥n a cargo, hasta el Estadio Chile, constituy√©ndome en el lugar a eso de las 19:00, donde fui informado de que ten√≠a a cargo la seguridad exterior del gimnasio‚Ķ En esta labor y con esta secci√≥n permanec√≠ hasta el d√≠a 15 de septiembre de 1973, seg√ļn mi recuerdo, en que todos los detenidos del Estadio Chile fueron trasladados hasta el Estadio Nacional‚ÄĚ.
Uno de los conscriptos de Tejas Verdes, M. C., relató lo que en esas horas ocurría en el Estadio Chile:
‚ÄúAlrededor de las 19:00 del d√≠a 11 se nos ordena a toda la secci√≥n concurrir al Estadio Chile, a cargo del teniente Rodr√≠guez Fuschloger y del teniente Jorge Smith Gumucio [y da los nombres de todos los sargentos, cabos y conscriptos que iban con √©l]. Al llegar observ√© varios buses con detenidos a los que bajaban con las manos arribas y eran apuntados por soldados. A m√≠ se me orden√≥ apostarme en la entrada del estadio, ordenando la fila de detenidos que ingresaba. Esto dur√≥ varias horas hasta que el estadio estuvo casi lleno. De repente, junto a la fila de detenidos, vi a un hombre de avanzada edad y le permit√≠ descansar en el suelo. Fui sorprendido por el teniente Smith, quien me increp√≥ y quiso mandarme detenido por desobediencia. Intercedi√≥ el teniente Rodr√≠guez Fuschloger en mi favor. Posteriormente, me fui a descansar unas pocas horas en una sala en el segundo piso, y despu√©s, al regresar, el cabo R. me orden√≥ quedarme como centinela en la galer√≠a que estaba al frente de la entrada principal, en el pasillo que divid√≠a la galer√≠a baja y alta‚ÄĚ (26).
El conscripto R. A., de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, tambi√©n afirma haber recibido la orden de concurrir al Estadio Chile a las 19:00 del d√≠a 11. Y recuerda que va toda su secci√≥n, la que era dirigida por el teniente Rodrigo Rodr√≠guez Fuschloger (27). Al llegar al estadio, dice que est√¡n con √©l los sargentos V√≠ctor Heredia Castro, Exequiel Oliva Mu√Īoz y los cabos Nelson Barraza Morales, Homero Reinoso Vald√©s, Carlos Sep√ļlveda Moreno, Jos√© Galdames Arteaga, Jaime Sep√ļlveda L√≥pez y 38 conscriptos (da todos sus nombres). Tambi√©n iban los sargentos Sergio Montiel D√≠az y Manuel Rolando Mella San Mart√≠n, que no eran de su secci√≥n, pero que s√≠ estaban en el Estadio Chile:
‚ÄúUna vez que llegamos al estadio, a un costado estaban unos buses de Carabineros con detenidos, esper√¡ndonos a que nosotros tom√¡ramos posici√≥n en el recinto. Para custodiar el lugar nos dividimos en turnos de seis horas. Los cabos nos ordenaban d√≥nde ten√≠amos que estar como centinelas. Recuerdo que estuve apostado en la entrada principal, en el costado externo. Desde mi posici√≥n pod√≠a observar la entrada de los detenidos. Era una gran cantidad. Sus pertenencias personales las dejaban en un pa√Īuelo o cualquier otra cosa en un costado de la entrada. Toda la noche del 11 y la madrugada del 12 de septiembre llegaron detenidos. El d√≠a 12, alrededor de las 06:00, fui relevado y me fui a dormir, para asumir luego mi turno en el mismo lugar‚ÄĚ.
No muy lejos de all√≠, al interior de la UTE, se viv√≠an horas de terror: ‚ÄúAl final, √©ramos unos 600 docentes, estudiantes y auxiliares los que permanecimos en la universidad, la que fue tiroteada en forma persistente con arma de larga distancia durante toda la noche. Veh√≠culos recorr√≠an los alrededores disparando para atemorizarnos‚ÄĚ, cuenta un estudiante de Ingenier√≠a en entrevista con la autora.
Enrique Kirberg: ‚ÄúA la medianoche, llamaron de la Escuela de Artes y Oficios. Me informaron que hab√≠a un herido: un camar√≥grafo, al que llamaban El Salvaje, hab√≠a recibido un balazo en la espina dorsal que le comprometi√≥ los ri√Īones. Estaba muy grave. Ped√≠ asistencia hospitalaria, insist√≠ frente a los militares, esperamos toda la noche‚Ķ Nuestro hombre se nos muri√≥‚Ķ Y debo decir que no hab√≠a armas dentro de la universidad y tampoco hubo resistencia. Se ha creado un mito: se cree que resistimos‚Ķ Me da un poco de pena desilusionarlos‚ÄĚ.
El presidente de la Federaci√≥n de Estudiantes de la UTE, Osiel N√ļ√Īez, tambi√©n record√≥ muy bien esos momentos en que fue herido el camar√≥grafo y fot√≥grafo de la revista Presencia de la universidad, Hugo Araya Araya, El Salvaje: ‚ÄúEl rector hizo varios llamados solicitando una ambulancia para trasladar al herido. Fue in√ļtil. Como a la una de la madrugada nos informaron que Hugo Araya hab√≠a muerto desangrado‚ÄĚ, relat√≥ ante la Comisi√≥n Rettig (28).
El grupo del Regimiento ‚ÄúArica‚ÄĚ que lleg√≥ desde La Serena para reforzar las operaciones militares del Golpe, estaba conformado por dos compa√Ī√≠as de Infanter√≠a y una bater√≠a de Artiller√≠a formada por cuatro piezas al mando del mayor Marcelo Moren Brito. Su primera misi√≥n fue ‚Äúdesalojar y ocupar todas las dependencias de la UTE‚ÄĚ.
‚ÄúLa informaci√≥n de inteligencia que manejaba la Guarnici√≥n Militar de Santiago era que al interior de esa casa de estudios hab√≠a entre 300 a 500 personas, muchos de ellos armados. Personal de la Armada, dependiente de la Estaci√≥n Naval de Quinta Normal, en conjunto con carabineros de la Comisar√≠a de calle Ecuador, no hab√≠an logrado el desalojo, informando que hab√≠an recibido disparos desde el interior‚ÄĚ, recuerda el subteniente (R) Pedro Rodr√≠guez Bustos, quien particip√≥ de la ocupaci√≥n de la UTE (29).
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
El oficial Fernando Polanco tambi√©n forma parte del contingente que estaba listo para atacar la UTE, al mando del mayor Moren Brito: ‚ÄúPernoctamos ese d√≠a en el Regimiento Buin. En la madrugada del d√≠a 12, a trav√©s de una orden que presumo fue dada por el comandante del Regimiento Buin, el coronel Felipe Geyger, todo nuestro grupo fuimos a allanar y ocupar el recinto de la Universidad T√©cnica del Estado‚ĶEl mayor Moren era quien se entend√≠a con la superioridad y recib√≠a las √≥rdenes directamente del comandante de la Agrupaci√≥n Santiago-Centro. Nuestra misi√≥n fue √ļnicamente evacuar el recinto y coordinar el traslado al Estadio Chile. Aproximadamente en octubre de ese a√Īo se cre√≥ la DINA, a la que pas√≥ directamente y √ļnicamente dentro de nuestra agrupaci√≥n, el mayor Moren Brito‚ÄĚ (30).
Lo que no dice Polanco, m√¡s conocido en el Ej√©rcito como ‚ÄúEl Polaco‚ÄĚ, es que en esos mismos d√≠as tambi√©n estuvo a la caza de dirigentes de la Unidad Popular. As√≠ lleg√≥ hasta el domicilio de F√©lix Huerta, uno de los miembros del comit√© asesor m√¡s secreto de Salvador Allende. Huerta estaba inv√¡lido y Polanco lo extorsion√≥ para que entregara la identidad de sus compa√Īeros a cambio de la vida de su hermano, Enrique Huerta (a quien, sin embargo, ya hab√≠an asesinado). Polanco, finalmente, no mat√≥ a F√©lix Huerta, pero sigui√≥ su carrera en servicios de inteligencia, en el BIE, el grupo m√¡s secreto de la Direcci√≥n de Inteligencia del Ej√©rcito. Otras muertes, entre ellas la del coronel Huber, miembro de la DINA, le ser√≠an adjudicadas a lo largo de los a√Īos. Huber fue asesinado cuando se descubri√≥ la venta ilegal de armas a Croacia una vez recuperada la democracia.
Como a las 6:00 del día 12 de septiembre, Enrique Kirberg se cambió de camisa y se afeitó. Quería estar preparado para recibir a la delegación militar que ayudaría al desalojo:
‚ÄúDe repente sent√≠ un estruendo terrible. Lanzaron un ca√Īonazo hacia el edificio de la universidad. El ob√ļs abri√≥ un boquete inmenso y estall√≥ dos oficinas m√¡s all√¡ de donde yo estaba. Qued√© masticando trozos de concreto. Me asom√© y vi tropas atrincheradas que disparaban hacia la universidad. Los vidrios del frontis se quebraron haciendo un ruido espantoso. Nos tuvimos que tender en el suelo para esquivar los disparos. Como el ataque no cesaba, tom√© mi camisa blanca, me acerqu√© a la ventana y la saqu√© hacia fuera. O√≠ gritos: ‚Äė¬¡Salgan con los brazos en alto!‚Äô. Una mujer empez√≥ a llorar‚Ķ Me escuch√© decir: ‚Äė¬¡No es hora de llorar!‚Äô‚ÄĚ.
‚ÄúAproximadamente a las 7:00, yo me encontraba en las oficinas de la administraci√≥n, junto a unas cien personas y vimos cuando instalaron un ca√Ī√≥n frente al edificio principal y tiraron tres obuses. Enseguida descargaron un ataque de ametralladoras durante m√¡s de 30 minutos. Por altoparlantes un oficial pidi√≥ que nos rindi√©ramos. Sali√≥ todo el mundo con las manos en alto y en fila india entre dos hileras de soldados armados‚ÄĚ, relat√≥ el profesor Carlos Orellana (31).
Enrique Kirberg: ‚ÄúLa gente empez√≥ a salir con los brazos en alto, pero a√ļn as√≠ no dejaban de disparar. Mi impresi√≥n fue que los soldados estaban m√¡s asustados que nosotros. En forma violenta obligaban a la gente a tenderse en el suelo. Yo tambi√©n lo hice, pero el comandante me hizo parar a punta de culatazos y me grit√≥: ‚Äė¬¡As√≠ que t√ļ eres el rector, tal por cual! ¬¡Ahora vas a ver lo que es la autonom√≠a universitaria!‚Äô. Violentamente me tom√≥ de un brazo, me tir√≥ contra una pared, amartill√≥ su arma y me apunt√≥: ‚ÄėTienes 15 segundos para decirme d√≥nde est√¡n las armas, ¬¡de lo contrario disparo!‚Äô. Tuve muy claro que estaba frente a mi universidad, profesores y estudiantes me escuchaban. No s√© de d√≥nde saqu√© fuerzas, pero muy sereno respond√≠: ‚ÄėLas armas de la Universidad son el conocimiento, el arte y la cultura‚Äô. Pasaron los 15 segundos y el hombre que me apuntaba no apret√≥ el gatillo. Llam√≥ a un soldado y le dijo: ‚Äė¬¡Ap√ļntalo!, y si no dice d√≥nde est√¡n las armas, t√ļ sabes‚Ķ‚Äô. Dispararon un segundo ca√Īonazo y luego se llevaron el ca√Ī√≥n hacia la Escuela de Artes y Oficios. Mi gente segu√≠a tendida en el suelo. El soldado segu√≠a apunt√¡ndome, se o√≠an gritos y √≥rdenes mientras las tropas derribaban puertas y ventanas y entraban disparando a los edificios‚ÄĚ.
Apenas ingresaron, los militares pidieron que se identificaran los dirigentes estudiantiles. Osiel N√ļ√Īez, presidente de la Federaci√≥n de Estudiantes de la UTE, lo hizo. Fue separado inmediatamente y los golpes se iniciaron. ‚Äú¬¿D√≥nde est√¡n las armas?‚ÄĚ, era el grito que se repet√≠a:
‚ÄúMe golpeaban y me amenazaban de muerte. Me dispararon en dos oportunidades a un costado para que me decidiera a hablar. Yo insist√≠a en que en la universidad no hab√≠a armas. En ese momento llegaron a informarle al oficial al mando que se estaba produciendo un enfrentamiento en la Escuela de Artes y Oficios. Yo le pido a este militar que me permita concurrir para evitar una matanza. Acepta. Llego al lugar, pidi√©ndole a los estudiantes que abandonen la escuela, asegur√¡ndoles que no se les disparar√≠a, comenzando a salir principalmente funcionarios. Luego soy llevado hasta otro sector, donde hago lo mismo, pero los estudiantes no alcanzan a salir pues los militares ingresan violentamente, disparando. Pido al oficial al mando que cesen los disparos para evitar muertes innecesarias. Se detienen los disparos y comienzan a salir estudiantes. Pero los militares contin√ļan los disparos‚ÄĚ (32).
El estudiante Boris Navia P√©rez relata: ‚ÄúLos militares sacaron a estudiantes, profesores y funcionarios, hombres y mujeres, y entre culatazos nos obligan a tendernos en la calle, frente a la casa central, incluyendo al propio rector. En este lugar, permanecimos durante toda la ma√Īana y parte de la tarde. A lo lejos se ve√≠an bultos acostados, lo que hizo pensar al vecindario que est√¡bamos todos muertos. Entre estas personas, tambi√©n se encontraba V√≠ctor Jara‚ÄĚ (33).
Muchos de los estudiantes y profesores que permanecieron en la UTE vieron a V√≠ctor Jara tendido en el suelo y con las manos en la nuca, como todos sus compa√Īeros. As√≠ lo recuerda uno de los estudiantes que fue hecho prisionero:
‚ÄúNos trasladan a la cancha de baby f√ļtbol de la Escuela de Artes y Oficios. V√≠ctor queda en mi misma fila. Pasaron horas antes de que nos hicieran subir a los buses. Nos colocaron de rodillas en el suelo de la micro, con la cabeza agachada y las manos en la nuca. V√≠ctor viaj√≥ en la misma micro que yo‚ÄĚ.
Mario Aguirre S√¡nchez: ‚ÄúLa actuaci√≥n de Osiel N√ļ√Īez logr√≥ disuadir a los militares y los convenci√≥ de moderar su comportamiento para que la gente pudiera salir y no ser ametrallada. En una cancha de la Escuela de Artes se nos mantuvo en el suelo, siendo golpeados por los militares que nos custodiaban mientras se allanaban diferentes dependencias. No hubo resistencia. Cerca del mediod√≠a, termina el allanamiento y comienza el traslado de los detenidos en unos buses. Nos condujeron con la cabeza agachada, para evitar que vi√©ramos el lugar de detenci√≥n‚ÄĚ.
Enrique Kirberg: ‚ÄúDespu√©s, me subieron a un jeep. A un costado de la calle, las mujeres con los brazos en alto formaban una fila. Alguien sac√≥ a mi mujer de la fila para que se despidiera. Nos dimos un apretado abrazo. No la volver√≠a a ver en largos once meses‚Ķ‚ÄĚ.
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
El rector Kirberg fue llevado al Regimiento Tacna, donde escuch√≥ fusilamientos y se convenci√≥ de que muy pronto ser√≠a su turno. ‚ÄúY como soy enemigo de las cosas tragic√≥micas, dudaba en si gritar algo o no antes de la descarga. Not√© que ten√≠a el cuerpo h√ļmedo y el coraz√≥n me lat√≠a con rapidez. Quise sacar un papel y dejar un mensaje a mi familia‚Ķ Me arrepent√≠‚Ķ Cuando ya estaba preparado, me vinieron a buscar y me subieron a un jeep‚ÄĚ. De all√≠ fue llevado a un subterr√¡neo del ministerio de Defensa, donde nuevamente presenci√≥ golpes e insultos. ‚ÄúDe rodillas, vi a un cabo que recorr√≠a el recinto con un yatag√¡n en la mano. Un oficial me sac√≥, me subieron a un jeep y me llevaron al Estadio Chile‚ÄĚ.
Cuando los prisioneros de la Universidad T√©cnica llegaron al Estadio Chile en las √ļltimas horas de la tarde del 12 de septiembre, fueron recibidos por un contingente militar cuyas caracter√≠sticas recuerda el entonces suboficial del Regimiento Arica de La Serena, Pedro Rodr√≠guez Bustos, quien hab√≠a participado en el asalto a la UTE:
‚ÄúQuienes recibieron a los detenidos de la UTE en el Estadio Chile fueron el capit√¡n Rafael Ahumada Valderrama, el capit√¡n Joaqu√≠n Molina Fuenzalida [quien fue asesinado el 9 de noviembre de 1988] y el subteniente Jorge Herrera L√≥pez [todos del Regimiento Tacna]. A estos oficiales los pude observar en los momentos en que me toc√≥ entregar los detenidos de la UTE el 12 de septiembre. Ellos recibieron a los prisioneros en su calidad de encargados del recinto. El capit√¡n Ahumada era oficial de Inteligencia, por lo que presumo le toc√≥ participar en los interrogatorios con otros oficiales del Tacna‚ÄĚ.
Un régimen de terror
Entre los casi 600 prisioneros de la Universidad T√©cnica que llegan al Estadio Chile, hay una joven de 16 a√Īos, estudiante de 4¬ļ Humanidades del Liceo Dar√≠o Salas (ubicado en Avenida Espa√Īa). El d√≠a 11, con algunos de sus compa√Īeros de colegio, Lelia observ√≥ estremecida y a la distancia el bombardeo a La Moneda. Poco despu√©s, junto a otros 12 liceanos, decidieron partir a la Escuela Normal Abelardo N√ļ√Īez, ubicada a pocas cuadras de la UTE. All√≠ pasaron la noche.
A las 6:00 de la ma√Īana siguiente, irrumpi√≥ un contingente de carabineros en la escuela y los detuvieron. Permanecieron tendidos en el suelo de la calzada, boca abajo y manos en la nuca durante unas dos horas. De improviso, los carabineros los hicieron parar y los llevaron hasta el frontis de la UTE, donde los entregaron a un grupo de militares con brazalete color naranja. Lelia no olvida a ese sargento que les dio de comer y los hizo pasar a una casa para que pudieran llamar por tel√©fono a sus familias y entrar al ba√Īo. Por la conversaci√≥n supieron que ven√≠an de La Serena (Regimiento ‚ÄúArica‚ÄĚ). No sab√≠an que muy pronto ingresar√≠an al infierno. Lelia record√≥:
‚ÄúAl ingresar al Estadio Chile, nos colocan en una fila con las manos en la nuca y saltando. A la entrada hab√≠a cuatro o cinco mesas atendidas por personas de civil que vest√≠an terno y corbata. Preguntaban nuestros nombres, militancia y el por qu√© de nuestra detenci√≥n. Tambi√©n nos quitaban nuestra c√©dula de identidad, la que despu√©s deb√≠amos retirar en el ministerio de Defensa, seg√ļn nos instruyeron. Nos separan: los hombres a una galer√≠a, las mujeres a otra. En la tarde del d√≠a 12, un funcionario de Ej√©rcito nos dio un discurso: dijo que los d√≠as del marxismo hab√≠an terminado‚Ķ‚ÄĚ
El estudiante de la UTE Mario Aguirre S√¡nchez, tambi√©n record√≥ esa arenga: ‚ÄúUn militar que se identific√≥ como el encargado del recinto, tom√≥ un micr√≥fono e hizo una arenga diciendo que √©l ten√≠a autorizaci√≥n para matar y no quer√≠a ser privado de ese gusto. Nos intimid√≥ diciendo que los soldados tambi√©n contaban con esa autorizaci√≥n con las ametralladoras que disparaban 30 proyectiles por segundo y eran conocidas como ‚Äėlas sierras de Hitler‚Äô ya que cortaban a los que asesinaban‚ÄĚ.
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Pedro Barrientos
Gentileza Ciper Chile.
 
A√Īos m√¡s tarde (2004), el coronel Mario Manr√≠quez Bravo (34) reconocer√¡ en un careo: ‚ÄúEs efectivo que les manifest√© a los prisioneros que estas armas se hab√≠an conocido en la Segunda Guerra Mundial como ‚Äėlas sierras de Hitler‚Äô, caracterizadas por una cadencia de tiro alta que pod√≠an cortar una persona en dos‚ÄĚ.
El conscripto C.E., de la dotaci√≥n de Tejas Verdes, ingres√≥ al Estadio Chile alrededor de la 11:00 del 12 de septiembre. Recuerda: ‚ÄúIban llegando camiones con prisioneros. El teniente Pedro Barrientos nos ordena formar un cord√≥n para la fila de detenidos a los que muchos dan culatazos. Una vez que los detenidos ingresaron al estadio, el sargento Mella nos distribuy√≥ en diferentes sectores para custodiar a los presos, ubicados en la platea y en la cancha, ya que en la galer√≠a hab√≠a una ametralladora punto 30, a cargo de un soldado que ten√≠a la orden de disparar en caso de cualquier cosa. A m√≠ me correspondi√≥ estar en el costado sur poniente de las galer√≠as, donde se encontraban alrededor de unos 70 extranjeros de distintas nacionalidades [Y da los nombres de los oficiales Jorge Smith Gumucio, Rodrigo Rodr√≠guez Fuschloger y Jorge Garc√©s Von Hohenstein, que los comandaban (35)]. La estad√≠a en el recinto no era buena, ya que no recibimos comida durante unos tres d√≠as y menos los detenidos, adem√¡s que no hab√≠a agua y los ba√Īos eran insalubres‚ÄĚ.
Enrique Kirberg: ‚ÄúApenas llegu√© al Estadio Chile, me ubicaron contra la pared, con los zapatos pegados a la muralla y los brazos en alto. Un soldado me apuntaba. Vi llegar m√¡s gente, en fila y con las manos en alto y trotando. Vi pasar a V√≠ctor Jara a mi lado. Me dirigi√≥ esa sonrisa ancha que lo caracterizaba. Le hice se√Īas con mi mano‚Ķ Una hora m√¡s tarde me subieron a otro jeep y me llevaron de regreso al Regimiento Tacna (36)‚ÄĚ.
El profesor de la UTE Carlos Orellana tambi√©n est√¡ manos en la nuca en la fila de prisioneros que esperan su ingreso al estadio: ‚Äú√Čramos varios miles de prisioneros. Los militares hab√≠an constituido grupos y cada detenido llevaba un n√ļmero. V√≠ctor Jara qued√≥ en mi grupo. Vi cuando un oficial lo golpe√≥. Parece que el oficial lo reconoci√≥, se acerc√≥ a √©l y le dio un pu√Īetazo en el rostro. V√≠ctor recibi√≥ el golpe sin caerse. El oficial llam√≥ a unos soldados y les orden√≥ que se lo llevaran. Eso sucedi√≥ en los corredores del estadio. Los soldados tomaron a V√≠ctor por los brazos y lo condujeron al subsuelo. Antes de este incidente V√≠ctor no presentaba ninguna herida‚ÄĚ.
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
El profesor Ricardo Iturra Moyano: ‚ÄúA la llegada al Estadio Chile, en la misma fila que yo, unas quince personas m√¡s adelante, estaba V√≠ctor Jara. En el momento en que ingresaba al estadio, un uniformado lo detuvo y lo proyect√≥ violentamente contra el muro, mientras lo insultaba y le propinaba golpes‚Ķ Despu√©s, cuando V√≠ctor Jara vino a sentarse frente a m√≠, not√© que llevaba las manos adelante, con los dedos encogidos y parec√≠a sufrir terriblemente‚ÄĚ (37).
El profesor de la UTE C√©sar Fern√¡ndez Carrasco tambi√©n estaba en esa fila de prisioneros: ‚ÄúV√≠ctor Jara se encontraba en la fila cuatro o cinco hombres detr√¡s de m√≠. Un soldado lo identific√≥ e inform√≥ a su superior. V√≠ctor Jara fue retenido por varios soldados y golpeado. Su pecho fue golpeado tan fuerte con las culatas de los fusiles que cay√≥ al suelo‚Ķ ‚ÄĚ (38).
Julia Fuentes dice no haber visto a Víctor Jara al interior del Estadio Chile, pero como casi todos los conscriptos, soldados y oficiales que dominaban el recinto, supo que allí estaba. Julia no era una prisionera, aunque en cierto sentido también lo fue. Porque Julia era cocinera del estadio antes del día 11 de septiembre y el 12 llegó hasta su casa una patrulla militar que la condujo directo al recinto deportivo. Durante un mes, sin derecho a salir, cocinó para los oficiales y algo para los conscriptos a cargo del Campo de Prisioneros. Ingresó escoltada al local que ella tanto conocía, por un pasillo ubicado al costado derecho de las boleterías. Le advirtieron que caminara al frente sin mirar:
‚ÄúFue inevitable, lo hice‚Ķhab√≠a un grupo de hombres semidesnudos, tirados en el suelo, amontonados uno encima del otro. No supe si estaban vivos o muertos, pero la piel se las vi de color muy oscuro, no pudiendo precisar si era por hematomas o moretones. Vi tambi√©n manos, muchas manos que se agitaban y ped√≠an agua. Sub√≠ al segundo piso directo al casino y a la cocina y por donde transit√© no ten√≠a visi√≥n a la cancha. En el comedor com√≠an los militares, pero en mesas separadas los oficiales. Los primeros 15 d√≠as dorm√≠ en una colchoneta en la misma cocina. Despu√©s me dieron una pieza. Recuerdo haber visto desde la cocina cuando los soldados juntaban todas las mesas del comedor y de sus bolsillos sacaban pu√Īados de billetes que hab√≠an robado a los prisioneros. Recuerdo haber visto en un pasillo a prisioneros que eran empujados por los soldados que les clavaban las bayonetas. Tambi√©n haber sentido muchos disparos al interior todo el d√≠a, tanto de fusiles como de ametralladoras, las que reconoc√≠a por su tableteo inconfundible‚ĶVarios d√≠as despu√©s que me llevaron al estadio, un soldado me coment√≥ secretamente en la cocina: ‚ÄėSe nos termin√≥ el cantante V√≠ctor Jara, porque lo mataron‚Äô. Ese mismo soldado me coment√≥ d√≠as despu√©s en privado: ‚ÄėEsta noche van a sacar del estadio 40 camiones cargados con muertos que van a ir a dejar al Cerro Chena‚Äô‚ÄĚ (39).
El dibujante t√©cnico Guillermo Orrego Valdebenito no fue hecho prisionero en la UTE, pero √©l s√≠ vio a V√≠ctor Jara en el Estadio Chile. En 1973 trabajaba en la empresa Standard Electric, ubicada en el cord√≥n industrial Vicu√Īa Mackenna. Fue detenido en Textil Progreso en la tarde del 12 de septiembre junto a otros 60 trabajadores, los que fueron llevados en buses al Estadio Chile por carabineros y personal de Ej√©rcito:
‚ÄúAproximadamente el 13 o 14 de septiembre recuerdo haber pasado junto a V√≠ctor Jara, a quien reconoc√≠ inmediatamente puesto que, adem√¡s de ser un artista reconocido, se desempe√Īaba como profesor en la UTE donde yo tomaba clases vespertinas de dibujo t√©cnico. Se notaba a simple vista que hab√≠a sido maltratado y muy golpeado en la cara, aunque se encontraba de buen √¡nimo. V√≠ctor estaba rodeado de estudiantes y gente de la UTE. Muy cerca de ellos, estaba un grupo proveniente de la CORFO‚ÄĚ.
Uno de esos profesionales detenidos en la sede de la Corporación de Fomento de las Producción (CORFO), el ingeniero Julio Del Río Navarrete, recuerda:
‚ÄúEl 12 de septiembre fui detenido en la oficina central de la CORFO, ubicaba en Ram√≥n Nieto con Moneda, junto con los dem√¡s profesionales que all√≠ est√¡bamos, entre los cuales puedo citar a Alfredo Cabrera Contreras, ingeniero comercial; Hugo Pavez Lazo, abogado; Gustavo Mu√Īoz L√≥pez, ingeniero comercial, y otros cuyos nombres no recuerdo. Fuimos trasladados a pie por el centro de Santiago hasta La Moneda y enviados al ministerio de Defensa, donde fuimos interrogados y golpeados en los subterr√¡neos. En la tarde del d√≠a 13, fuimos trasladados al Estadio Chile en microbuses. Ingresamos por el acceso de calle Uni√≥n Latinoamericana, en donde vimos por primera vez al oficial Mario Manr√≠quez, quien nos recibi√≥ y pregunt√≥ de d√≥nde ven√≠amos. Cuando le respondimos, dijo que nosotros √©ramos los ‚Äėide√≥logos del sistema o del gobierno‚Äô y que √©ramos comunistas. Desenfund√≥ una pistola, pas√≥ bala, me la puso en la sien y pregunt√≥ cu√¡l era mi militancia. Al responderle que era independiente, dijo que estaba mintiendo y que ahora todos √©ramos independientes. En ese momento sacaron el cad√¡ver de un ni√Īo que no debe haber tenido m√¡s de 12 o 13 a√Īos, a lo cual Manr√≠quez nos dijo que nos iba a pasar lo mismo si no dec√≠amos la verdad. Luego nos envi√≥ al subterr√¡neo donde hab√≠a un grupo de ocho oficiales j√≥venes con boina roja. Nos colocaron contra la muralla. Nos amarraron las manos atr√¡s y nos golpeaban en la espalda con pu√Īos y pies. Un oficial nos golpeaba con un linchaco. Nos preguntaban d√≥nde se encontraban las armas y especialmente por el paradero de Pedro Vuscovic, quien hab√≠a sido ministro de Econom√≠a y hasta ese momento vicepresidente ejecutivo de la CORFO. Incluso preguntaban por la remuneraci√≥n que recib√≠amos. Hasta que lleg√≥ Mario Manr√≠quez, comandante del recinto, acompa√Īado de su plana mayor, formada precisamente por los oficiales que nos golpeaban. Se produjo un di√¡logo que dur√≥ aproximadamente dos horas, en donde se discuti√≥ y convers√≥ acerca del gobierno de la Unidad Popular. Le hice presente a Manr√≠quez que yo estaba a cargo de la parte log√≠stica que abastec√≠a al Ej√©rcito, Armada y Fuerza A√©rea, por lo cual hab√≠a tenido mucho contacto con oficiales de las Fuerzas Armadas, lo que adem√¡s cumpl√≠a por instrucciones directas del Presidente de la Rep√ļblica. En medio del di√¡logo, Manr√≠quez dijo que nosotros √©ramos ‚Äėrecuperables‚Äô. En la conversaci√≥n intervino un oficial que manifest√≥ haber estado preso hasta el d√≠a 11 de septiembre por los hechos conocidos como el ‚ÄėTanquetazo‚Äô, igual situaci√≥n de otros de los oficiales, dijo. Como le manifest√¡ramos a Manr√≠quez nuestra preocupaci√≥n por los robos reiterados de los que hab√≠amos sido objetos, √©ste dijo que se hac√≠a cargo. Le entregamos nuestro dinero y √©l le entreg√≥ a Alfredo Cabrera una tarjeta donde figuraba su lugar de trabajo habitual: el Comando de Apoyo Administrativo del Ej√©rcito, ubicado en Alameda al llegar a Portugal. Nos dijo que concurri√©ramos despu√©s a buscar el dinero a este lugar y que nos lo devolver√≠a. Y as√≠ ocurri√≥ efectivamente, cuando recuperamos la libertad. Una vez que termin√≥ la conversaci√≥n, Manr√≠quez orden√≥ que nos trajeran comida y nos dieran unas colchonetas para dormir, ante el reclamo de los oficiales. Nos dormimos. Pasado un tiempo que no puedo precisar, fui despertado por Souper, un oficial de contextura delgada, baja estatura y rostro muy fino. Dijo que deb√≠amos subir a las grader√≠as porque all√≠ corr√≠amos peligro‚ĶEntendimos de inmediato: ya hab√≠amos experimentado el interrogatorio. Una vez que nos subieron a las grader√≠as, fuimos situados en las del lado norte, donde se encontraba un grupo seleccionado de prisioneros. All√≠ estaba tambi√©n V√≠ctor Jara. Se encontraba solo, sin gente a su alrededor y en la parte alta, cerca de una caseta de transmisi√≥n. Horas antes, cuando a√ļn est√¡bamos en el subterr√¡neo, lo hab√≠a divisado en un camar√≠n. Su cara era muy conocida. Estaba muy mal, golpeado y con un ojo pr√¡cticamente cerrado. Con mis compa√Īeros decidimos ir a verlo para saber qu√© necesitaba. Ten√≠a su rostro hinchado por los golpes y un ojo cerrado, parece que el derecho. Sus manos no las pod√≠a mover, se le notaban fracturadas, hinchadas y llagadas. Permanecimos con V√≠ctor alrededor de una o dos horas hasta que a nosotros nos bajaron a la cancha para ser trasladados al Estadio Nacional‚ÄĚ (40).
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
El dibujante t√©cnico Guillermo Orrego fue testigo de otro hecho que grafica lo que en esas horas viv√≠an V√≠ctor Jara y los m√¡s de cinco mil prisioneros del Estadio Chile:
‚ÄúEn una oportunidad, un militar me mand√≥ a la enfermer√≠a con otro detenido que tuvo un ataque de nervios y que trabajaba en Textil Progreso. En la enfermer√≠a, como asimismo en el foyer que da al acceso del estadio, perpendicular a la Alameda, pude ver a varias personas tendidas en el suelo que no se mov√≠an. Podr√≠an haber sido alrededor de 20. Algunas estaban cubiertas con s√¡banas blancas, pero todos estaban ensangrentados. Escuch√© algunos quejidos. Nadie los custodiaba. Los oficiales a cargo eran del Ej√©rcito, usaban uniforme verde oliva con boinas de color rojo granate. El militar a cargo del recinto era un oficial que habr√¡ tenido entre 40 y 50 a√Īos, de bigote y un poco corpulento, al que posteriormente reconoc√≠ en la prensa como un oficial de apellido Manr√≠quez. Hab√≠a otros oficiales, m√¡s de 20, que se distingu√≠an porque daban √≥rdenes y se impon√≠an por su voz de mando. Algunos de ellos llevaban boina negra y otros una especie de quepis color verde oliva. Con mayor certeza recuerdo a un oficial de boina negra, bigote grueso y negro y tez morena, quien dispar√≥ una r√¡faga de metralleta al aire y a otro que se autodenomin√≥ ‚ÄėEl Pr√≠ncipe‚Äô, ya que cuando se dirig√≠a a los prisioneros no ten√≠a necesidad de usar micr√≥fonos: dec√≠a que ten√≠a ‚Äėvoz de pr√≠ncipe‚Äô. Era un oficial alto, de contextura mediana, tez muy blanca, sin bigote, cabello rubio y liso. No recuerdo que usara boina ni quepis. Portaba un linchaco con el que les pegaba a los detenidos, siendo especialmente cruel y vulgar en su trato‚ÄĚ (41).
Avanzada la investigación judicial y cuando ya el comandante Mario Manríquez no pudo seguir negando los muertos en el Estadio Chile y tampoco que él era el oficial al mando, afirmó:
‚ÄúAl momento de constituirme en el Estadio, llam√© por tel√©fono a mi superior jer√¡rquico del CAE, el coronel Mart√≠nez, a quien le inform√© que estaba operando personal de Inteligencia en el subterr√¡neo del Estadio, que pertenec√≠a a las cuatro ramas de las Fuerzas Armadas. Me orden√≥ que los dejara funcionar, ya que √©stos realizaban una labor importante considerando el estado del pa√≠s‚ĶTengo la certeza interna de que la gente de Inteligencia del subterr√¡neo tambi√©n retiraba prisioneros y los sacaba fuera del estadio, puesto que ten√≠an sus propios veh√≠culos y no hab√≠a ning√ļn control sobre ellos: obedec√≠an solamente a sus mandos institucionales. Recuerdo que uno de los tenientes j√≥venes del Regimiento Blindado siempre andaba con un linchaco. No es parte del entrenamiento del Ej√©rcito el uso de un arma como el linchaco‚ÄĚ (42).
‚ÄúHab√≠a un teniente de caracter√≠sticas germ√¡nicas, de boina granate, quien era muy loco y golpeaba mucho a los detenidos. Los mismos soldados y cabos se preocupaban por √©l, ya que no se sab√≠a su reacci√≥n. Nadie aprobaba su acci√≥n, pero al ser oficial nadie le dec√≠a nada. Incluso el comandante, el coronel Manr√≠quez, no sab√≠a qu√© hacer con √©l. Los conscriptos le dec√≠an ‚ÄėEl Pr√≠ncipe‚Äô‚ÄĚ, relata un soldado en el expediente del caso.
A la joven estudiante Lelia le cost√≥ a√Īos sacarse la voz y las manos de ‚ÄúEl Pr√≠ncipe‚ÄĚ de encima: ‚ÄúEstuve en el Estadio Chile hasta el 18 de septiembre. Durante esos d√≠as sufr√≠ m√ļltiples vej√¡menes, agresiones sexuales y torturas en sesiones de interrogatorios. Los interrogatorios se hac√≠an en los camarines y ba√Īos del estadio, y los interrogadores cambiaban. Entre ellos recuerdo a uno que llamaban ‚ÄėEl Pr√≠ncipe‚Äô, el que me tortur√≥ en varias ocasiones‚ÄĚ (43).
Uno de los prisioneros del Estadio Chile complementa los relatos y describe a ‚ÄėEl Pr√≠ncipe‚Äô: ‚ÄúAlto y rubio y con pa√Īuelo naranja al cuello. Alardeaba con voz potente que ahora tendr√≠an que pag√¡rsela estos marxistas por haberlo tenido detenido el 29 de junio [el d√≠a del ‚ÄėTanquetazo‚Äô]‚ÄĚ.
Y s√≠, precisamente en el Estadio Chile estaba un grupo de los oficiales que protagonizaron la rebeli√≥n del Regimiento Blindados N¬ļ 2. Hab√≠an sido destinados al campo de prisioneros apenas fueron liberados el mismo d√≠a 11, ya que se encontraban procesados por el delito de sublevaci√≥n militar. Interesante resulta contrastar las declaraciones de los testigos acerca de la descripci√≥n f√≠sica de ‚ÄúEl Pr√≠ncipe‚ÄĚ, con la que hizo el entonces teniente y hoy brigadier (R) y pr√≥spero empresario Ra√ļl Jofre, de los oficiales que afirm√≥ que lo acompa√Īaban en el Estadio Chile Edwin Dimter, Rodrigo Fuschloger y Luis Bethke Wulf (44). Jofr√©, tambi√©n protagonista de la rebeli√≥n del Blindado N¬ļ 2, dijo:
‚ÄúEdwin Dimter era delgado, alto, tez blanca rubio y con voz potente y fuerte. Debe haber tenido una estatura de un metro ochenta y cinco cent√≠metros, y no creo que haya utilizado boina granate, debe haber utilizado quepis. Luis Bethke, del arma de Infanter√≠a, era fornido, un poco m√¡s bajo que Dimter, de tez blanca, pelo rubio y con un tono de voz fuerte. Rodrigo Rodr√≠guez Fushlocher era alto, de un metro noventa cent√≠metros, hab√≠a sido seleccionado nacional de b√¡squetbol, ten√≠a el pelo casta√Īo oscuro y no era de tez blanca‚Ķ Recuerdo a estos oficiales porque con Rodr√≠guez Fuschlocher y Bethke dorm√≠amos en la misma pieza en el estadio‚ÄĚ.
El brigadier (r) Ra√ļl Jofr√© (45), quien no record√≥ ante la justicia que hubiera ametralladoras emplazadas en la parte alta del Estadio Chile, s√≠ hizo acopio de su memoria y afirm√≥:
‚ÄúEl oficial que puede responder a estos rasgos es Edwin Dimter (46), con quien serv√≠ un a√Īo en el Regimiento Blindado, pero siempre tuvimos una relaci√≥n estrictamente profesional y no fuimos amigos. La personalidad de Dimter era la de una persona de dif√≠cil trato, muy inteligente, pero con poco criterio y ten√≠a una gran prestancia f√≠sica. No tengo muy claro qu√© actividades desarroll√≥ en el Estadio Chile‚ÄĚ (47).
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
En el proceso, Dimter neg√≥ toda relaci√≥n con ‚ÄėEl Pr√≠ncipe‚Äô. Dijo que mientras estuvo en el Estadio Chile utiliz√≥ ‚Äútenida de combate: parka reglamentaria de color gris azulino y como cubrecabeza el quepis del reglamento. No us√© boina‚ÄĚ. Y repetir√¡: ‚ÄúYo no soy el oficial que se ha descrito ni tampoco maltrat√© ni di muerte a prisionero alguno en el Estadio Chile‚ÄĚ. Y a continuaci√≥n se explayar√¡ sobre otros oficiales que podr√≠an corresponder a esas caracter√≠sticas:
‚ÄúUn teniente menos antiguo que yo, de apellidos Rodr√≠guez Fuschlocher, que era de Concepci√≥n y basquetbolista, m√¡s alto que yo, de contextura atl√©tica y de pelo casta√Īo claro. Asimismo, hab√≠a otros dos oficiales que ten√≠an apellidos alemanes: el teniente Bethke, quien era como de mi estatura, delgado y de cabello claro. El otro oficial, era un teniente m√¡s antiguo que yo, de apellido Haase [se refiere a Nelson Haase (48), de Tejas Verdes que s√≠ estaba en el Estadio Chile], del arma de Ingenieros, quien se encontraba en Santiago en tratamiento m√©dico en el Hospital Militar por una enfermedad relacionada con la salud mental, seg√ļn √©l me refiri√≥‚ÄĚ (49).
Pero el conscripto C.A., de la dotaci√≥n de Tejas Verdes, s√≠ vio al teniente Edwin Dimter (50) torturar y asesinar a un prisionero: un joven al que describe ‚Äúbien vestido y con apariencia de provenir de una familia de buena situaci√≥n econ√≥mica, que dec√≠a ser estudiante de Arquitectura‚ÄĚ. Dimter hab√≠a llegado con un block de dibujos que pertenec√≠a al joven y lo acus√≥ de ‚Äúhacer planos de instalaciones militares‚ÄĚ. El conscripto fue testigo de c√≥mo Dimter lo interrog√≥ en alem√¡n, para luego asesinarlo ‚Äúde un disparo en su cabeza con un fusil SIG‚ÄĚ. C.A. record√≥ la escena que sigui√≥ y que le qued√≥ grabada: ‚ÄúSalt√≥ masa encef√¡lica del joven a la pared‚Ķ Luego, el teniente Dimter le sac√≥ el reloj marca Seiko que el joven portaba en su mu√Īeca, y se lo entreg√≥ al comandante Manr√≠quez dici√©ndole: ‚Äė¬¡Es un trofeo de guerra!‚Äô‚ÄĚ.
Un incidente ocurrido alrededor del 14 de septiembre conmocionó a los conscriptos de Tejas Verdes. Casi todos lo recuerdan:
‚ÄúCuando estaba de servicio fui relevado por otro conscripto y me dirig√≠a hasta el pasillo de las galer√≠as, cuando escucho un disparo y concurro hacia donde se hab√≠a producido, observando que el soldado M. le hab√≠a disparado a un joven que se hab√≠a abalanzado contra √©l, quedando el soldado muy mal an√≠micamente‚ÄĚ, recuerda el conscripto C.E.
El autor del disparo tambi√©n lo relat√≥: ‚ÄúAproximadamente el 15 de septiembre, alrededor de las 20:00, un detenido que hab√≠a sido fuertemente golpeado por otros funcionarios, trato de quitarme el fusil SIG, forcejeando con √©l pues trataba de sac√¡rmelo. Instintivamente se me escap√≥ un tiro, d√¡ndole en el pecho o en el est√≥mago. Fui llevado hacia la salida por un grupo de funcionarios de Ej√©rcito de distinto grado. Incluso lleg√≥ el jefe del recinto, el coronel Manr√≠quez, quien me se√Īal√≥ que estaba bien lo que hab√≠a hecho, ya que el detenido pod√≠a haberme quitado el fusil y habr√≠a sido un mal mayor‚ÄĚ.
Víctor no vuelve a casa
Joan Jara esper√≥ ansiosa el regreso de su esposo. Pero V√≠ctor Jara no regres√≥ el 12 de septiembre. Junto a sus hijas intent√≥ seguir el curso de los acontecimientos desde su hogar. Hasta que en la tarde, la televisi√≥n le dio la noticia de que la Universidad T√©cnica hab√≠a sido tomada por los militares y que ‚Äúun gran n√ļmero de extremistas hab√≠a sido detenido‚ÄĚ. El jueves 13 se enter√≥ que profesores y alumnos de la UTE hab√≠an sido llevados al Estadio Chile. Esa misma tarde recibi√≥ un llamado:
‚ÄúA las 16:30 un muchacho llam√≥ por tel√©fono. Me dijo que √©l hab√≠a estado en el Estadio Chile, que hab√≠a podido salir y que ten√≠a un recado para m√≠ de V√≠ctor. El √ļltimo mensaje que me mand√≥ V√≠ctor fue que tuviera valor, que cuidara a las ni√Īas, que √©l pensaba que no iba a poder salir del estadio, que pensaba en nosotras‚Ķ Est√¡bamos encerradas en la casa sin saber qu√© hacer, sin informaci√≥n‚ÄĚ.
Joan Jara jam√¡s minti√≥. Cada uno de sus testimonios se apegaron siempre a la verdad. A√Īos m√¡s tarde aparecer√≠a esa √ļltima persona que le transmiti√≥ el mensaje de su marido: Hugo Gonz√¡lez Gonz√¡lez
‚ÄúFui detenido el 12 de septiembre en la v√≠a p√ļblica por toque de queda y llevado al Estadio Chile. El 13 de septiembre me encontr√© con V√≠ctor Jara en una especie de pasillo, a un costado de la cancha. Estaba solo y sentado, sin custodia militar, con se√Īales f√≠sicas de haber sido muy golpeado, siendo las de su rostro las heridas m√¡s notorias. Me acerqu√© a hablar con √©l. Me cont√≥ que hab√≠a sido detenido en la Universidad T√©cnica y que hab√≠a sido reconocido en el estadio por el comandante del recinto: un militar con bigotes, un poco macizo, de pelo negro y de mediana edad. Que este militar lo hab√≠a apartado de los dem√¡s detenidos, siendo posteriormente sometido a apremios f√≠sicos por el mismo oficial. V√≠ctor Jara me indic√≥ que fue amenazado por el comandante del Estadio Chile, sin precisarme qu√© tipo de amenaza. Y me solicit√≥ que llamara a su c√≥nyuge, Joan Turner, a fin de comunicarle d√≥nde se encontraba su renoleta, la que hab√≠a dejado estacionada en las cercan√≠as de la Universidad T√©cnica. Sal√≠ libre el 14 de Septiembre de 1973. Ignoro si V√≠ctor Jara segu√≠a en el lugar donde lo vi, ya que con posterioridad a nuestro primer encuentro solo lo divis√© una vez m√¡s, en el mismo sitio, sin poder precisar el d√≠a exacto. Luego de salir en libertad, cumpl√≠ con lo que le hab√≠a prometido a V√≠ctor Jara y le di su recado a Joan Turner. La llam√© desde un tel√©fono p√ļblico que estaba en la Alameda al n√ļmero que V√≠ctor Jara me se√Īal√≥. Le dije a la se√Īora Turner la ubicaci√≥n de la renoleta y ella me pregunt√≥ por el estado de V√≠ctor. Le respond√≠ que se encontraba bien‚Ķ (51)‚ÄĚ.
La amenaza que recibi√≥ V√≠ctor Jara y que guard√≥ en su memoria Hugo Gonz√¡lez, tuvo otro testigo: Wolfgang Tirado, entonces prisionero en el Estadio Chile:
‚ÄúEn la ma√Īana del 13 de septiembre pude cambiarme de ubicaci√≥n en el Estadio Chile y acercarme a las rejas donde ten√≠an lugar los procedimientos de liberaci√≥n. All√≠ vi nuevamente a V√≠ctor Jara. Advert√≠ que estaba conversando con un oficial de Ej√©rcito que lo hab√≠a reconocido. Vi que lo empujaron y le dieron golpes con los pies. Recuerdo que el oficial hizo un gesto con su mano a trav√©s de su cuello, indicando a V√≠ctor que le cortar√≠a la cabeza. El oficial orden√≥ a dos soldados que lo llevaran aparte. En ese momento fue que le dieron puntapi√©s y culatazos. No volv√≠ a ver a V√≠ctor despu√©s de eso‚ÄĚ (52).
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
El arquitecto Miguel Lawner tambi√©n vio a V√≠ctor Jara el 13 de septiembre. Lawner, quien era el principal directivo de la Corporaci√≥n de Mejoramiento Urbano (CORMU), hab√≠a sido detenido en su oficina, donde permaneci√≥ junto a otros trabajadores de la misma entidad hasta el 12 de septiembre. Fue llevado al Estadio Chile y sali√≥ de all√≠ gracias a la intervenci√≥n del general Arturo Viveros, a ra√≠z de la relaci√≥n entablada entre ambos por un convenio firmado entre el Ej√©rcito y la CORMU. Lawner lograr√≠a salir con vida del Estadio Chile para ser enviado, al igual que el rector de la Universidad T√©cnica, Enrique Kirberg, como prisionero a Isla Dawson. Jam√¡s imagin√≥ que el episodio de su encuentro con el general Viveros en esos d√≠as del Estadio Chile ser√≠a importante para identificar 30 a√Īos m√¡s tarde al comandante del Estadio Chile. Esto es lo que Miguel Lawner relat√≥ en el proceso:
‚ÄúAl regresar a la sala de acceso al estadio, cargando las colchonetas, en una escalera con un pasamano de hierro, a unos 6 o 7 metros, pude observar a V√≠ctor Jara. Estaba solo. Soldados lo custodiaban en las cercan√≠as, por lo que me acerqu√©, pudiendo apreciar que estaba muy golpeado y torturado, pese a lo cual permanec√≠a de pie. Lo que recuerdo es que debe haber sido muy tarde. Ese 13 de septiembre de 1973 fue la √ļltima vez que pude ver a V√≠ctor Jara con vida‚ÄĚ (53).
Boris Navia: ‚ÄúEl jueves 13, en horas de la tarde, se produjo un gran revuelo en el estadio al llegar varios buses trayendo pobladores de La Legua. Se dijo que hab√≠an resistido con armas a las fuerzas militares. Hubo gente muerta, algunos muy malheridos y otros llevados a los subterr√¡neos. Se produjo un olvido transitorio de la existencia de V√≠ctor Jara. Y entonces, los profesores y funcionarios de la UTE que vigil√¡bamos de cerca la suerte de V√≠ctor, aprovechamos ese momento para arrastrarlo a las galer√≠as y tratar de hacerlo uno m√¡s de los prisioneros. √Čl miraba por un solo ojo, ya que el otro lo ten√≠a totalmente inflamado. Le limpiamos la sangre de su cara y un carpintero de la UTE le pas√≥ su vest√≥n para darle abrigo. En nuestro intento de disfrazar su figura, alguien nos proporcion√≥ un corta√ļ√Īas y con mucho cuidado empezamos a cortarle su ensortijado pelo tan caracter√≠stico. Un soldado le regal√≥ un huevo crudo. Dijo que se lo comer√≠a como lo hac√≠an los campesinos de Lonqu√©n: lo perfor√≥ en la parte inferior y luego lo succion√≥. V√≠ctor se reanim√≥. Pese a sus heridas, comparti√≥ sus temores respecto de su familia y de sus amigos‚ÄĚ.
Carlos Orellana: ‚ÄúEl jueves 13 me encontr√© con V√≠ctor Jara cuando los militares comenzaban a organizar a los presos en grupos. Ten√≠a el rostro muy maltratado, hinchado y sangre en la cara y en la ropa. Sus manos estaban muy hinchadas y solo pod√≠a moverlas con gran dificultad. Nos cont√≥ que hab√≠a sido golpeado durante gran parte de la noche por el mismo oficial del ingreso. Y nos dijo que este oficial lo reconoci√≥ y era hermano de un hombre con el cual hab√≠a tenido un altercado dos o tres a√Īos antes en el Colegio Saint George de Santiago, donde hab√≠a cantado Preguntas por Puerto Montt, produci√©ndose un incidente con algunos alumnos, entre ellos el hermano del oficial y uno de los hijos del ministro al que alud√≠a la canci√≥n [Edmundo P√©rez Zujovic, quien fue ministro del Interior del Presidente Eduardo Frei Montalva y que fuera asesinado por un comando extremista el 8 de junio de 1971]. El oficial hab√≠a evocado este hecho en el transcurso de la noche‚ĶV√≠ctor permaneci√≥ con nosotros durante dos o dos d√≠as y medio‚ÄĚ.
El relato de Orellana es corroborado por otro prisionero: ‚ÄúEl jueves 13, cuando V√≠ctor Jara subi√≥ por fin a las grader√≠as, junto a Carlos Orellana y otros detenidos, curamos como pudimos sus heridas. Nos turn√¡bamos para ir al ba√Īo y mojar nuestros pa√Īuelos con los cuales hac√≠amos compresas para calmar la hinchaz√≥n. El viernes 14, alrededor de las 11:00 de la ma√Īana, un familiar me envi√≥ con un sargento unas galletas y un tarrito de mermelada. Las galletas eran f√¡ciles de repartir, ¬¿pero c√≥mo repartir la mermelada? Se nos ocurri√≥ que cada uno ten√≠a el derecho de meter el dedo en el tarro, darlo vuelta y sacarlo para chuparlo‚Ķ Me parece ver hoy el dedo de V√≠ctor chorreando de mermelada‚Ķ √Čl estaba mucho mejor: sus labios y su cara se hab√≠an deshinchado un poco‚ÄĚ.
Cuesta que alg√ļn conscripto u oficial que estuvo en esos d√≠as de septiembre en el Estadio Chile hable de V√≠ctor Jara. Todos saben que era uno de los prisioneros, pero callan. Pareciera que, con los a√Īos, el secreto que ha rodeado su muerte, impuesto por el Ej√©rcito, ha permeado a cada uno de los hombres. Pero tambi√©n, hay culpa. Mucha culpa y recuerdos de todos esos hombres y mujeres que all√≠ murieron, de los que se desconoce su identidad y cantidad. Pero en esos d√≠as de 1973 lo que imperaba era la impunidad total. Porque el poder mayor lo ten√≠an los oficiales y soldados que acced√≠an al recinto donde se interrogaba a los detenidos. All√≠ donde a los pocos d√≠as, seg√ļn los testimonios judiciales m√¡s fidedignos, llegaron oficiales de la Academia de Guerra del Ej√©rcito.
El entonces subteniente Pedro Rodríguez Bustos, quien participó del asalto a la UTE y cuya unidad fue después asignada como refuerzo al Regimiento Tacna, relata:
‚ÄúRecuerdo que el d√≠a 16 o 17 de septiembre, me correspondi√≥ ir por segunda vez al Estadio Chile, donde pude constatar que las condiciones de los prisioneros eran malas, se notaba que era gente cansada, aunque no puedo asegurar que hab√≠an sido golpeados. En esta oportunidad constat√© que la situaci√≥n del estadio hab√≠a variado. La guardia del mismo segu√≠a correspondiendo a personal del Ej√©rcito, del Regimiento Tacna, pero los encargados de los interrogatorios dentro del estadio y de chequear a los detenidos, era personal del √¡rea de Inteligencia de la Guarnici√≥n de Ej√©rcito de Santiago, con refuerzo de alumnos de Segundo y Tercer A√Īo de la Academia de Guerra, con el grado de mayor y teniente coronel, con la misi√≥n de dirigir los interrogatorios‚ÄĚ.
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
Entre esos oficiales de la Academia de Guerra que llegan al Estadio Chile a reforzar los equipos de interrogatorios, se repiten dos nombres: el mayor Hern√¡n Chac√≥n Soto, entonces alumno de primer a√Īo de la academia, y V√≠ctor Echeverr√≠a Henr√≠quez, del segundo a√Īo. Este √ļltimo, quien se fue a retiro como coronel, ser√≠a visto despu√©s en Villa Grimaldi, una de las principales c√¡rceles secretas de la DINA (su hija ser√≠a m√¡s tarde subsecretaria de Marina, en el ministerio de Defensa del gobierno de Michelle Bachelet, 2006-2010, pero no podr√≠a asumir como subsecretaria de Fuerzas Armadas en 2014 luego de que se hicieran p√ļblicas otras acusaciones de tortura contra su padre).
El coronel (r) Juan Jara Quintana, quien también estuvo destinado en esos días en el Estadio Chile, relató:
‚ÄúSe encontraban en el Estadio Chile, adem√¡s, unos 40 oficiales de la Academia de Guerra del Ej√©rcito, del Primero y Segundo a√Īo, quienes cumpl√≠an un horario de cuatro horas y eran relevados por sus mismos compa√Īeros ya que la academia les quedaba muy cerca: en Garc√≠a Reyes con Alameda. Entre quienes se desempe√Īaban en el control de ingreso de detenidos del Estadio Chile, recuerdo a los oficiales Rub√©n Burgos Vargas, V√≠ctor Echeverr√≠a Henr√≠quez (quien fue mi segundo comandante en el Regimiento Rancagua en Arica a fines de 1980), Sergio Urrutia Francke, Patricio V√¡squez Donoso y Hern√¡n Chac√≥n Soto, entre otros‚ÄĚ (54).
El testimonio de Jara fue ampliado por otro de los oficiales de la Academia de Guerra que ser√≠a destinado al Estadio Chile: el oficial Alejandro Gonz√¡lez Samohod, quien lleg√≥ a ser un importante general del r√©gimen militar. Gonz√¡lez reconoci√≥ haber estado en el estadio y afirm√≥ tambi√©n haberse encontrado all√≠ con su compa√Īero de la Academia de Guerra, Richard Quass:
‚ÄúD√≠as antes del 11 de septiembre, siendo alumno de Conducci√≥n Estrat√©gica, Tercer A√Īo, en la Academia de Guerra, fui destinado como integrante del cuartel general del comandante de las Fuerzas Militares de la Regi√≥n Metropolitana, bajo el mando del general Sergio Arellano Stark. Durante los 10 d√≠as que all√≠ me desempe√Ī√©, alrededor de tres deb√≠ cumplir funciones en el Estadio Chile, ya que fui enviado a colaborar en la seguridad del recinto, sin contacto directo con los detenidos‚ÄĚ.
Ra√ļl Jofr√© corroborar√≠a el rol de los oficiales de la Academia de Guerra en la instalaci√≥n de los campos de prisioneros, cuando declar√≥: ‚ÄúFue a la hora de almuerzo del 12 de septiembre, cuando mi coronel Oscar Coddou, en ese tiempo jefe de un Cuartel General de la Comandancia de Guarnici√≥n y profesor de la Academia de Guerra, me envi√≥ a reforzar el Estadio Chile, el que se estaba creando como centro de detenci√≥n provisorio en espera del Estadio Nacional‚ÄĚ. Jofr√© tambi√©n dir√≠a que entre los interrogadores hab√≠a ‚Äúun oficial de reserva de la Armada, de apellido Prieto [Daniel Prieto Vidal, quien actualmente se presenta como ‚Äėconsultor de asuntos internacionales‚Äô, declar√≥ el 26 de octubre 2007. Tiene un largo historial en Inteligencia de la Armada]‚ÄĚ.
‚ÄúEn la puerta de acceso a la cancha del estadio, precisamente en el costado nororiente, se encontraba el acceso al subterr√¡neo. En dicha puerta hab√≠a un oficial con tenida de salida del Ej√©rcito, el cual mandaba a pedir a los distintos presos. En este subterr√¡neo se interrogaban a los detenidos. Era un sector cerrado y con un solo acceso. En una oportunidad, por curiosidad, trat√© de bajar a dicho sector, pero otro soldado me se√Īal√≥ que no me lo recomendaba, ya que recientemente hab√≠an matado a alguien y estaba lleno de sangre. Desde afuera, no se escuchaban los disparos. En este lugar hab√≠a personal muy probablemente de Inteligencia del Ej√©rcito‚ÄĚ, cuenta el conscripto C.E.
El conscripto M.C., recuerda: ‚ÄúLos interrogatorios se realizaban en un subterr√¡neo que se ubicaba en la planta baja donde estaban los camarines. A este lugar no ten√≠amos acceso, pero s√≠ los oficiales, entre ellos, Rodrigo Rodr√≠guez y Jorge Smith, adem√¡s de civiles y otros oficiales de Ej√©rcito. Para ser llevados a este lugar, los detenidos com√ļnmente eran sacados de las galer√≠as por los soldados que custodiaban ese sector. Regresaban en muy mal estado‚ĶEn una oportunidad, en horas de la noche, no podr√≠a se√Īalar fecha, estando de guardia centinela en la galer√≠a ubicada frente a la entrada, la que ten√≠a una peque√Īa visi√≥n a la puerta de la sala de interrogatorios que daba hacia la salida del estadio, observ√© que sacaban varios cuerpos, casi desnudos. Fueron subidos a una ambulancia, la que se fue con rumbo desconocido. Era un comentario com√ļn que desde ese lugar, en horas de la noche, sacaban los cad√¡veres del subterr√¡neo. Por comentarios de los mismos soldados se sab√≠a que V√≠ctor Jara estaba recluido en el estadio, pero ignoro en qu√© lugar. Un d√≠a, alrededor de las 14:00, otro conscripto me se√Īal√≥ que V√≠ctor Jara hab√≠a muerto‚Ķ No quise consultar m√¡s‚ÄĚ.
El conscripto C.E.: ‚ÄúEn el estadio yo estuve a cargo de cuidar a los extranjeros, alrededor de 60, entre ellos, dos mexicanos que estaban en el hall en malas condiciones f√≠sicas. En una oportunidad, puede ser entre el 13 o 14 de septiembre, en horas de la tarde, un oficial de boina granate de la especialidad blindado, me mand√≥ a custodiar a dos detenidos que √©l mismo me dijo que eran mexicanos. Despu√©s de aproximadamente veinte minutos, me se√Īala que lo acompa√Īe junto con los detenidos, conduci√©ndome hacia el exterior, precisamente a calle Bascu√Īan Guerrero, donde estaba apostada una ametralladora. El teniente me dijo que dejara a los detenidos en el trayecto y que √©l los llevar√≠a ‚Äėa dar un paseo‚Äô, y se dirigi√≥ hacia la ametralladora. Era el t√©rmino para se√Īalar que ser√≠an fusilados. A los pocos minutos sent√≠ la r√¡faga, presumiendo que les dieron muerte. Era com√ļn sentirla disparar, principalmente en la noche. Los muertos eran tirados a la excavaci√≥n de los trabajos del Metro, los cuales eran recogidos por una ambulancia que pasaba diariamente, la cual pude ver a distancia: un veh√≠culo blanco como de hospital. Se comentaba que el teniente que me dio la orden de cuidar a esos dos mexicanos, era el mismo que hab√≠a chocado con su tanque las puertas del ministerio de Defensa para el ‚ÄėTanquetazo‚Äô. Se distingu√≠a del resto de los oficiales porque usaba boina granate‚ÄĚ.
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
‚ÄúSacar a pasear‚ÄĚ. Una expresi√≥n que hasta hoy estremece a muchos de los soldados que pasaron por el Estadio Chile. Para la mayor√≠a significa fusilamiento. Pero tambi√©n, d√≥nde se proceder√≠a a la ejecuci√≥n. El conscripto G.M., dice corto y directo: ‚ÄúLa frase significaba que a los detenidos los iban a fusilar o en la calle que daba hacia la Alameda o en el subterr√¡neo‚ÄĚ. ‚ÄúSignificaba que a los detenidos los iban a fusilar en la calle hacia la Alameda‚ÄĚ, dice el soldado M.T.
Las grader√≠as del Estadio Chile se fueron repletando de prisioneros. Los ba√Īos colapsaron, no hab√≠a agua ni alimentos. Muchos ven√≠an de las industrias de los cordones industriales. Manuel Bustos, quien era en septiembre de 1973 dirigente sindical democratacristiano y presidente del sindicato de la industria textil intervenida Sumar, tambi√©n vio a V√≠ctor Jara:
‚ÄúEn la ma√Īana [del 11 de septiembre] hicimos en Sumar una asamblea para repudiar el Golpe. En mi turno hab√≠a unos mil trabajadores y yo sostuve que deb√≠amos retirarnos. Pero como muchos no alcanzaron a llegar muy lejos porque ya no hubo locomoci√≥n colectiva, volvieron a la f√¡brica buscando refugio. Como presidente del sindicato, decid√≠ quedarme en la f√¡brica con unas 300 personas que no alcanzaron a retirarse cuando se anunci√≥ el toque de queda. El d√≠a 12, como a las 6 de la ma√Īana, llegaron los militares en camiones. Nos lanzaron a todos al suelo y comenzaron a golpearnos. Trat√© de explicarles, pero me llegaron m√¡s golpes. Fui detenido junto a unos 150 trabajadores. Nos sacaron manos en la nuca y a punta de golpes nos llevaron al Estadio Chile. Recuerdo que muy cerca m√≠o mataron a un trabajador. Nunca supe su nombre, pero la imagen me qued√≥ grabada. Pasaban militares por los pasillos y con la metralleta uno le golpe√≥ la cara. El hombre le grit√≥ ‚Äė¬¡fascista!‚Äô y le dispararon. Estaba pegado a m√≠. Dos compa√Īeros de Sumar se volvieron locos por lo que vieron. Uno ya muri√≥ y el otro anda vagando por ah√≠‚ĶA V√≠ctor Jara lo divis√© desde lejos‚ÄĚ.
La llegada de los nuevos prisioneros tiene otros testigos. Como los protagonistas de los peculiares cargamentos que empezar√≠an a salir desde el Regimiento Tacna en direcci√≥n al Estadio Chile. Al Tacna hab√≠an llevado a los prisioneros que sobrevivieron del ataque a La Moneda, a los que muy pronto se sumar√≠an, tal como lo hab√≠a establecido el comando de guerra golpista ‚Äďconformado tambi√©n por oficiales de la Academia de Guerra del Ej√©rcito‚Äď, otros centenares de prisioneros provenientes de los cordones industriales. La orden fue que en el Tacna quedaran solo los prisioneros de La Moneda. Poco despu√©s ser√≠an asesinados en Peldehue.
El subteniente Iv√¡n Herrera L√≥pez, del Regimiento Tacna, particip√≥ en esas ejecuciones sumarias. Recibi√≥ la orden del comandante del regimiento, Joaqu√≠n Ram√≠rez Pineda de trasladar los prisioneros de La Moneda a Peldehue, junto al subteniente de reserva Castillo. Quien recibi√≥ en ese campo de entrenamiento militar a los prisioneros, fue el teniente Julio Vandorsee Cerda, del Arma de Artiller√≠a (55).
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Pedro Espinoza
Gentileza Ciper Chile.
Quien certific√≥ las muertes en el sitio mismo, para luego informarles a los jefes del Estado Mayor del Golpe, fue el mayor Pedro Espinoza, del mismo grupo de Inteligencia del Estado Mayor. El ahora brigadier (R), afirm√≥: ‚ÄúLo √ļnico que me correspondi√≥ realizar en forma extraordinaria en septiembre de 1973, fue que el 12 se me orden√≥, por parte del general Nicanor D√≠az, concurrir a la Comandancia de Guarnici√≥n, donde se me entregar√≠a un documento para ser llevado al comandante del Regimiento Tacna. Concurr√≠ a la oficina del ayudante del general [Herman] Brady, comandante de la Guarnici√≥n, el que me entreg√≥ un sobre cerrado que traslad√© al Regimiento Tacna y se lo entregu√© al segundo comandante de apellido Fern√¡ndez. Le dije, tambi√©n por instrucciones del general D√≠az Estrada, que deb√≠a dejar en libertad a todo el personal de Investigaciones. Debo a√Īadir que al d√≠a siguiente recib√≠ la orden del mismo general de presenciar la ejecuci√≥n de los detenidos de La Moneda, con la obligaci√≥n de informar al regreso el resultado‚ÄĚ (56).
No fue, sin embargo, la √ļnica ejecuci√≥n de prisioneros a la que Pedro Espinoza estuvo vinculado en esos d√≠as. Seg√ļn investigaci√≥n de la autora, el d√≠a 14 de septiembre lleg√≥ hasta la sexta comisar√≠a, ubicada en calle San Francisco, para llevarse a miembros del GAP y al hijo de Mirya Contreras, la secretaria y compa√Īera de Salvador Allende, detenidos en la ma√Īana del 11 en las puertas de La Moneda. Todos ellos fueron asesinados y despu√©s botados en alguna calle de Santiago. (57)
El resto de los detenidos en el Tacna fue llevado hasta el Estadio Chile, salvo excepciones, que a√ļn siguen sin ser aclaradas. El funcionario civil del Ej√©rcito Eliseo Cornejo, que traslad√≥ algunos de esos cargamentos, relata:
‚ÄúYo era chofer de un bus, un cami√≥n y un jeep asignado a la Bater√≠a Log√≠stica del Regimiento Tacna. Y me correspondi√≥ conducir a detenidos que se encontraban en los boxes del regimiento‚Ķ Creo que muchos de ellos proven√≠an del cord√≥n industrial, especialmente recuerdo a Madeco y las textiles Hirmas y Sumar. Hab√≠a tambi√©n otras personas detenidas por toque de queda. En esa ocasi√≥n, manej√© el bus con aproximadamente 60 personas, siendo escoltado por dos jeep con personal del regimiento, un oficial y personal de planta. Todos los veh√≠culos se estacionaron en calle Uni√≥n Latinoamericana y escoltados por dos conscriptos se hizo bajar a los detenidos y avanzar por el pasaje por el cual se ingresa al estadio, distante a unos 100 metros. Como chofer me correspondi√≥ efectuar alrededor de tres viajes al Estadio Chile conduciendo el mismo bus y trasladando detenidos‚ÄĚ(58).
El soldado C.A. reconoci√≥ haber visto a V√≠ctor Jara en el Estadio Chile. Y afirm√≥ haberse cruzado con √©l el d√≠a 14 de septiembre entre las 17:00 y las 18:00 ‚Äúen el sector del hall, pasillo oriente, al volver de ronda, cuando ven√≠a en compa√Ī√≠a del comandante de mi secci√≥n, Rodrigo Rodr√≠guez Fuschloger‚ÄĚ. Y agrega que despu√©s vio a una persona de civil llamarlo ‚Äúa un interrogatorio‚ÄĚ. C.A. tambi√©n vio a Litre Quiroga, el que fuera director de Prisiones del gobierno de Allende, en el mismo estadio.
El conscripto G.B., de la dotación de Tejas Verdes, fue testigo directo de cómo el teniente Edwin Dimter interrogaba a Litre Quiroga:
‚ÄúEn el deambular por los pasillos vi matar a muchas personas‚Ķ Un d√≠a, en horas de la ma√Īana, estando de guardia en el sector del pasillo de la entrada oriente que da vista hacia la cancha, vi al teniente Dimter que junto a su grupo de escoltas mencionaba el nombre de Litre Quiroga. El detenido estaba junto a otras siete personas tendidas boca abajo con sus manos en la nuca. Dimter procedi√≥ a golpearlas tanto con el pie como a culatazos en sus cuerpos‚Ķ Pasada la medianoche y estando de guardia en el techo del recinto, en la esquina norponiente, vi cuando sal√≠a Litre Quiroga y las otras siete personas hacia la calle. Iban caminando, una tras otra, por calle Arturo Godoy, en direcci√≥n al poniente, donde hab√≠a soldados dispuestos en dos filas, quedando el medio libre y un jeep, al parecer blindado, con unareimetal (59) en su parte posterior. Cuando los detenidos pasaban comenzaron a dispararles, luego todos se marcharon quedando los cuerpos tendidos en el suelo‚Ķ Yo identifiqu√© claramente a Litre Quiroga, ya que lo conoc√≠ cuando lo interrogaban en el estadio. Y s√© que eran siete porque despu√©s los cont√© y certifiqu√© que estaban muertos‚Ķ Al cabo de unos minutos lleg√≥ un cami√≥n grande, blanco, t√©rmico, tipo congelador, con militares. Subieron los cuerpos y se los llevaron‚ÄĚ.
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
El soldado G.M. de Tejas Verdes: ‚ÄúA los dos o tres d√≠as despu√©s que llegamos, me ordenan custodiar a un detenido que despu√©s se coment√≥ que era Litre Quiroga, director de Prisiones, quien se encontraba en el hall de entrada y a quien los soldados que pasaban lo golpeaban. Estuve en su custodia todo el turno, el que retom√≥ otro soldado cuyo nombre no recuerdo‚ÄĚ.
Conscripto R. A.: ‚ÄúPor comentarios de los conscriptos, me enter√© que en el interior del estadio estaba el director de Prisiones (hoy Gendarmer√≠a), don Litre Quiroga, quien le hab√≠a sacado las u√Īas al general Roberto Viaux Marambio para el ‚ÄėTacnazo‚Äô [sublevaci√≥n que Viaux encabez√≥ en el gobierno de Frei Montalva]. Era caracter√≠stico, porque era grande y gordo. No recuerdo fecha, pero deber√≠a haber sido entre el d√≠a 14 o 15 de septiembre, en momentos que cambiaba turno, observ√© en el hall de acceso a Litre Quiroga, el cual estaba tendido en el suelo, en malas condiciones f√≠sicas, pero vivo. Esto me consta porque se quejaba mucho. No observ√© a nadie m√¡s a su alrededor. Con el correr de los d√≠as no lo volv√≠ a ver ni tampoco supe qu√© le paso‚ÄĚ.
Carlos Orellana: ‚ÄúEl s√¡bado 15, estando en las grader√≠as, vino un soldado a buscar a V√≠ctor Jara. Esto nos angusti√≥ mucho. Ese mismo d√≠a, en la tarde, vino un prisionero a decirme que V√≠ctor Jara quer√≠a hablarme. Fui a los urinarios arregl√¡ndomelas para pasar delante de la oficina donde estaba detenido. Al pasar, le hice se√Īas para que me siguiera. Se me reuni√≥ en los urinarios bajo la guardia de un soldado, quien se qued√≥ delante de la puerta. En ese momento, V√≠ctor estaba muy d√©bil, caminaba con mucha dificultad. Su nariz estaba quebrada. Su rostro estaba a√ļn m√¡s hinchado. Su camisa estaba llena de sangre. Hablaba con dificultad. Me dijo que hab√≠a sido golpeado nuevamente. Lo que quer√≠a decirme principalmente era que, en su opini√≥n, se nos hab√≠a colado un esp√≠a en el grupo. Efectivamente, cuando era interrogado, advirti√≥ a un empleado de la universidad que hablaba muy libremente con los militares y quer√≠a advertirnos de este hecho. El soldado puso fin a la conversaci√≥n. Nunca m√¡s lo volv√≠ a ver. Cuando part√≠amos hacia el Estadio Nacional, un brasile√Īo nos dijo que lo hab√≠a visto la noche anterior, en el subterr√¡neo, tendido en el suelo. Ya no pod√≠a hablar. Ten√≠a sangre en el vientre‚ÄĚ.
C√©sar Fern√¡ndez: ‚ÄúHab√≠a otro grupo tambi√©n separado del resto de los detenidos, en la parte alta de la galer√≠a sur. Ambos grupos hab√≠an sido separados por ser personas mas conocidas. Reconoc√≠ all√≠ a Osiel N√ļ√Īez, presidente de la Federaci√≥n de Estudiantes de la UTE, y a un periodista y profesor cuyo nombre no recuerdo que hacia un programa de concursos de conocimientos muy famoso en radio y televisi√≥n [Mario C√©spedes]. V√≠ctor Jara se qued√≥ con nuestro grupo aproximadamente un d√≠a completo. Se produjo entonces una reorganizaci√≥n de los prisioneros en grupos con el objeto del traslado al Estadio Nacional. Y en esas circunstancias, un par de horas antes que nuestro grupo partiera, unos tres o cuatro militares vinieron a buscar a V√≠ctor Jara, lo golpearon y se lo llevaron con destino desconocido‚ÄĚ (60).
Otro de los prisioneros relata: ‚ÄúEl viernes 14 en la tarde nos hicieron constituirnos en grupos de unos 200 para ser trasladados al Estadio Nacional. V√≠ctor qued√≥ en mi grupo. Escribi√≥ en un peque√Īo papel un poema que titulo Somos cinco mil. Luego supe que el poema sali√≥ al exterior, pero con otro t√≠tulo. El original que V√≠ctor escribi√≥ fue entregado a un compa√Īero que contin√ļa viviendo en Chile y que lo escondi√≥ en uno de sus calcetines, donde fue descubierto por los militares en el interrogatorio que le hicieron en el tristemente c√©lebre vel√≥dromo del Estadio Nacional. Nuestro grupo fue el antepen√ļltimo que sali√≥ hacia el Estadio Nacional el viernes 14, como a las 22:00. Alrededor de dos horas antes una patrulla vino a buscar a V√≠ctor y en medio de golpes e insultos lo apartaron de nosotros. Cuando nuestro grupo abandon√≥ el Estadio Chile, por un pasadizo lateral, divis√© a V√≠ctor en el hall de entrada del estadio. Se encontraba en el suelo y sangraba‚Ķ Fue la √ļltima vez que lo vi. V√≠ctor no lleg√≥ esa noche al Estadio Nacional. Ni esa noche ni en los d√≠as siguientes‚Ķ‚ÄĚ.
El abogado Hugo Pavez: ‚ÄúEl viernes 14 de septiembre fuimos subidos a las grader√≠as y all√≠, a pocos metros, vi a V√≠ctor Jara quien se encontraba con la mitad de la cara muy amoratada e hinchada producto de los golpes recibidos. Estaba sentado y sin hablar. Cuando nos colocaron en las grader√≠as ordenaron que nos inscribi√©ramos y luego en distintos grupos fueron sacados del estadio. El grupo en que yo me encontraba fue el √ļltimo en inscribirse. A V√≠ctor lo volv√≠ a ver al d√≠a siguiente cuando est√¡bamos formados en la cancha a punto de subir a una micro que nos traslad√≥ al Estadio Nacional. El Estadio Chile ya pr√¡cticamente estaba vac√≠o. Solo qued√≥ un grupo peque√Īo entre los que estaban V√≠ctor Jara y Danilo Bartul√≠n, m√©dico del staff de Salvador Allende‚ÄĚ(61).
Boris Navia P√©rez: ‚ÄúEn la noche del viernes 14 estuvimos a punto de subir a los buses que llevaban a la gente al Estadio Nacional. V√≠ctor estaba con mi grupo. Sin embargo, una √ļltima orden nos hizo retroceder y volvimos a la galer√≠a en donde pasamos la noche. La ma√Īana del s√¡bado 15 de septiembre, salieron algunos prisioneros en libertad y todos empezamos a redactar peque√Īas notas dirigidas a nuestras familias para informar que est√¡bamos vivos, con la esperanza de que algunos de los afortunados pudiera llevar nuestras cartas. V√≠ctor me pide l√¡piz y papel y empieza a escribir lo que todos pensamos era una nota para Joan, su mujer. En ese momento, √©l estaba sentado entre el profesor Carlos Orellana y yo, cuando de improviso se acercan dos soldados y uno le pega un fuerte culatazo en la espalda y el otro lo toma por el cuello de su chaqueta y lo arrastra hasta la parte superior del estadio. V√≠ctor suelta el l√¡piz y el papel, y a duras penas puede dar unos pasos entre sus captores. Ese mismo s√¡bado, a las 14:00, nos sacaron del Estadio Chile y en el foyer presenciamos un espect√¡culo dantesco: 40 o 50 cad√¡veres tendidos a la entrada, casi todos manchados de blanco por el yeso que hab√≠a en los subterr√¡neos, recinto en aquel momento en reparaciones. Entre esos cuerpos estaba el de Litre Quiroga, director de Prisiones y nuestro querido V√≠ctor Jara. Su cuerpo estaba tendido de lado, pod√≠amos ver su cara y su ropa manchadas de sangre‚Ķ Al llegar al Estadio Nacional, golpeados, torturados y entristecidos por la muerte de V√≠ctor, comprobamos que el papel y l√¡piz que √©l me pidi√≥ en el Estadio Chile, no estaba destinado a escribir una carta, sino que dio vida a la √ļltima expresi√≥n de su canto y poes√≠a, escribiendo su √ļltimo poema‚ÄĚ.
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
La estudiante de Ingenier√≠a de la UTE, Erika Osorio: ‚ÄúVolv√≠ a ver a V√≠ctor Jara el d√≠a viernes 15 de septiembre, cuando fui bajada por segunda vez al subterr√¡neo, a interrogatorio. Cuando me sacaron, un oficial le orden√≥ al militar que me custodiaba que me trasladara a donde estaba el grupo de la UTE que permanec√≠a en el mismo subterr√¡neo, ya que nos iban a matar a todos. Pude ver, al final de una especie de pasillo en ese sector, a varias personas muertas. Sus cad√¡veres estaban sobrepuestos. Otras estaban a√ļn vivas, pero todas con se√Īales de maltrato f√≠sico o heridas. Entre estas personas se encontraba V√≠ctor Jara. Estaba sentado en el piso, mirando hacia el suelo. Su cara estaba muy herida y sobretodo sus manos, las que ten√≠a ensangrentadas. A instancias del militar que me conduc√≠a afortunadamente pude ser devuelta a las grader√≠as del Estadio Chile, saliendo libre el d√≠a siguiente, junto a un grupo de mujeres que ven√≠an del Cord√≥n Industrial de Cerrillos‚ÄĚ (62).
Transcurridos 40 a√Īos del Golpe de Estado a√ļn se abren compartimentos secretos de lo que ocurri√≥ aquel 11 de septiembre de 1973. Porque hubo otras tropas destinadas al Estadio Chile que aquellas que hasta ahora se conoc√≠an. Es el caso preciso del contingente que lleg√≥ desde Antofagasta, del Regimiento ‚ÄúEsmeralda‚ÄĚ. El coronel (R) Juan Quintana era teniente y segundo al mando de la Segunda Compa√Ī√≠a de Fusileros de ese regimiento en esa fecha, unidad a cargo del capit√¡n Jorge Ram√≥n Durand Gonz√¡lez y que tambi√©n integraban los subtenientes Jos√© Luis Contreras Mora, Fernando Daguerrasar Franzani y Rolando L√≥pez √Ālamos. Ser√≠a ese grupo de soldados venidos de Antofagasta uno de los √ļltimos en retirarse del Estadio Chile. Una ventana que abre nuevos testigos.
El coronel (R) Quintana relató:
‚ÄúSalimos de Antofagasta a las 00:00 horas, llegando a las 4:00 horas al Grupo 10 de Cerrillos, con un total de 160 hombres. Una vez en Cerrillos, a eso de las 7:00 horas, fuimos trasladados en buses hasta el Estadio Militar, ubicado en Rondizzoni [hoy Club de Campo de Suboficiales del Ej√©rcito] encontr√¡ndonos en el lugar con una fuerza de 6500 hombres de todo Chile. A la Primera Compa√Ī√≠a de Fusileros del Regimiento ‚ÄėEsmeralda‚Äô se le orden√≥ embarcarse a Santiago 24 horas antes, viniendo a cargo del teniente Alexander Hanan√≠as Barrios‚Ķ El d√≠a 15, a eso de las 8:00, por orden del capit√¡n Durand, la compa√Ī√≠a completa debi√≥ dirigirse al Estadio Chile donde fuimos recibidos por el comandante Mario Manr√≠quez Bravo quien nos se√Īal√≥, junto al capit√¡n Durand, que en el recinto hab√≠a un total de 5500 detenidos que proven√≠an principalmente de las empresas del Cord√≥n Cerrillos y que nuestra misi√≥n era la custodia de la totalidad de los detenidos distribuidos √ļnicamente en las tribunas y en la cancha‚Ķ Tengo la certeza absoluta de que adem√¡s de los alumnos de la Academia de Guerra, estaba el 1¬ļ y 2¬ļ curso de Aspirantes de Ayudant√≠as de la Escuela de Telecomunicaciones en el Estadio Chile. Pero la Primera Compa√Ī√≠a de Fusileros del ‚ÄėEsmeralda‚Äô, a cargo del teniente Hanan√≠as, no puso un pie en el Estadio Chile ya que les correspondi√≥ constituirse en La Moneda con posterioridad al pronunciamiento militar. Estuvimos en el Estadio Chile la Segunda Compa√Ī√≠a completa, desde las 8:00 del s√¡bado 15 hasta las 9:00 del domingo 16, cuando se inici√≥ el traslado total de los 5500 prisioneros pol√≠ticos hacia el Estadio Nacional. Quienes realizaban los interrogatorios en el subterr√¡neo del recinto o camarines eran los tenientes Edwin Dimter y Ra√ļl Jofr√©, entre otros‚Ķ Conoc√≠ en el interior del estadio a Litre Quiroga, director general de Prisiones, a quien vi junto a unos 30 detenidos extremistas en un hall a la entrada del recinto, llamado Patio Siberia. Estaban todos amarrados de manos y de pies, boca abajo en el suelo. Litre Quiroga vest√≠a un terno color gris oscuro con rayas blancas, se encontraba en malas condiciones f√≠sicas y le perd√≠ el rastro en el traslado al Estadio Nacional. Cuando nuestra compa√Ī√≠a lleg√≥ al Estadio Chile, ya se encontraban all√≠ los cursos de la Academia de Guerra, siendo nosotros los √ļltimos en llegar y los √ļltimos en irnos‚ÄĚ (63).
Osiel N√ļ√Īez: ‚ÄúEl s√¡bado 15 me encontraba aislado del resto de los detenidos, junto a un matrimonio uruguayo y a un argentino con el pelo rasurado que finalmente fue ejecutado seg√ļn la versi√≥n de un soldado. Aproximadamente a las 19:00, se constituy√≥ una fila de prisioneros frente a una puerta lateral derecha. En esa fila distingu√≠, entre otros 20 o 30 prisioneros, a Carlos Naud√≥n, Mario C√©spedes, Danilo Bartul√≠n y V√≠ctor Jara. Momentos antes de salir, pas√≥ un oficial joven, de tez blanca, casi rubio y voz de mando, y sac√≥ a Danilo Bartul√≠n y a V√≠ctor Jara de la fila. A V√≠ctor lo ubic√≥ en una sala contigua y se nos hizo salir. V√≠ctor me sonr√≠o‚Ķ A nosotros nos trasladaron al Estadio Nacional donde habilitaron un camar√≠n para los llamados ‚Äėpeces gordos‚Äô. A este camar√≠n lleg√≥ Bartul√≠n, por lo que V√≠ctor habr√≠a quedado solo‚ÄĚ.
Esa fue la √ļltima vez que V√≠ctor Jara fue visto con vida.
El √ļltimo eslab√≥n
Fue un d√≠a de mayo de 2009 cuando el que fuera conscripto de Tejas Verdes, Jos√© Paredes V√¡squez, se decidi√≥. Paredes fue asignado al Estadio Chile y por 36 a√Īos guard√≥ el secreto de lo que vivi√≥ all√≠, hasta llegar donde un juez y revelar lo que vio un d√≠a en los subterr√¡neos: V√≠ctor Jara y Litre Quiroga eran lanzados contra la pared. Detr√¡s de los prisioneros, Paredes vio llegar al teniente Nelson Haase y al subteniente a cargo de los conscriptos. Este fue parte de su relato ante la justicia:
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Jorge Smith
Gentileza Ciper Chile.
‚ÄúEl teniente Jorge Smith comenz√≥ a jugar a la ruleta rusa con un rev√≥lver que portaba. Se acerc√≥ a V√≠ctor Jara, quien se encontraba de pie, mirando hac√≠a la pared, con las manos en la espalda, por lo que Smith hizo girar la nuez del rev√≥lver, lo cerr√≥, apunt√≥ a la cabeza de V√≠ctor Jara, en la regi√≥n parietal derecha, y dispar√≥. Luego de recibir el tiro, V√≠ctor Jara cay√≥ al suelo, hacia el costado. Comenz√≥ a convulsionar en el suelo y el teniente Smith me orden√≥ rematarlo en el suelo‚Ķ Cuando esto ocurr√≠a los otros detenidos que se encontraban en el lugar, entre los que estaba Litre Quiroga, estaban arrinconados, manteni√©ndose en silencio. Luego de los disparos llegaron al camar√≠n otros oficiales para ver si los uniformados nos encontr√¡bamos bien. Luego de esto, el teniente Smith llam√≥ por radio a una ambulancia, llegando luego de un corto rato un camillero, quien nos entreg√≥ una bolsa pl√¡stica de color caf√© con mimetismo, por lo que procedimos a meter el cad√¡ver de V√≠ctor Jara en la bolsa y lo subimos a la camilla, para luego ser retirado del lugar, ignorando qu√© har√≠an con el cad√¡ver‚Ķ‚ÄĚ.
Smith y Nelson Haase, junto a otros oficiales, habr√≠an asesinado a los otros prisioneros que se encontraban al interior del camar√≠n, entre los que se encontraba Litre Quiroga. Seg√ļn el protocolo de autopsia, el cuerpo del cantautor ten√≠a aproximadamente 44 impactos de bala en su cuerpo. El de Quiroga indica 38 impactos de proyectiles.
Jos√© Paredes dir√≠a m√¡s tarde que todo lo invent√≥. Porque es fantasioso. Otros oficiales dir√≠an que robaba, lo que contrasta con la hoja de vida de los empleadores de Paredes, el hijo de un suboficial de Carabineros. Y muchos han reiterado que Paredes no viaj√≥ a Santiago con el contingente de Tejas Verdes y que jam√¡s estuvo en el Estadio Chile. Nada calza. No solo porque el relato de Paredes es consistente con los m√¡s de cien testimonios acumulados de c√≥mo y qui√©nes interrogaban, torturaban y asesinaban al interior del Estadio Chile. Por muy fantasioso que fuera Paredes, es dif√≠cil creer que su imaginaci√≥n recreara tanto nivel de detalles de lo que all√≠ ocurri√≥. Porque lo m√¡s importante es que hay a lo menos otros tres testimonios que certifican que Jos√© Paredes s√≠ viaj√≥ a Santiago desde Tejas Verdes y estuvo en el Estadio Nacional.
El cad√¡ver de V√≠ctor Jara fue lanzado en una calle de Renca en la ma√Īana del domingo 16 de septiembre. El informe de autopsia, firmado por el doctor Exequiel Jim√©nez Ferry, indica que V√≠ctor Jara med√≠a 1,67 y pesaba 66 kilos. ‚ÄúEn la regi√≥n parietal derecha hay dos orificios de entrada de bala. En la regi√≥n tor√¡cica, 16 orificios de entrada de bala y 12 orificios de salida de diferentes tama√Īos. En el abdomen, hay 6 orificios de entrada de bala y 4 de salida. En la extremidad superior derecha, hay 2 heridas de bala transfixiante. En las extremidades inferiores, hay 18 orificios de entrada de bala y 14 de salida. Causa de muerte: heridas m√ļltiples a bala‚ÄĚ.
Hasta hoy el juicio para identificar a los hombres que torturaron y dieron muerte a V√≠ctor Jara sigue abierto. En una de sus car√¡tulas se lee: ‚ÄúEst√¡ establecido que en el √ļltimo grupo que qued√≥ en el Estadio Chile y en el que se encontraba V√≠ctor Jara, tambi√©n estaban Manuel Cabieses, Laureano Le√≥n (subsecretario de Previsi√≥n Social), Waldo Su√¡rez, Dar√≠o P√©rez, Adriana V√¡squez y Danilo Bartul√≠n (64).
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Fuente: Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.
La Academia de Guerra y la DINA
En septiembre de 1973, Manuel Contreras obtuvo de Pinochet el consentimiento para su gran obsesi√≥n: la organizaci√≥n de una nueva estructura de inteligencia para iniciar la lucha antisubversiva. Y ser√≠a √©l quien la comandar√≠a. Hab√≠a nacido la DINA y su primer cuartel ser√≠a la Academia de Guerra, instituci√≥n que muy pronto dirigir√≠a. De hecho, las primeras comisiones de servicio de los oficiales escogidos por Contreras para integrar el alto mando del organismo secreto, llevan el r√≥tulo ‚Äúdestinado a la Academia de Guerra‚ÄĚ: Ra√ļl Iturriaga Neumann, Gustavo Abarz√ļa (65) y Rolf Wenderorth(66), todos ellos alumnos de la academia.
Hasta hoy no se sab√≠a que altos oficiales de la Academia de Guerra participaron en los equipos de interrogadores y torturadores del Estadio Chile. Quiz√¡s esa sea una clave que explique por qu√© el Ej√©rcito por m√¡s de 35 a√Īos se neg√≥ a entregar las n√≥minas de quienes estuvieron destinados al Estadio Chile y sus mandos, las que fueron solicitadas en innumerables ocasiones por diversos jueces. Lo mismo ocurri√≥ con la lista de los alumnos que estaban en la Academia de Guerra en 1973.
Esa persistente obstrucci√≥n a la justicia por parte del Ej√©rcito, que se mantiene hasta hoy, adquiere otro significado cuando queda al descubierto que los nombres protegidos formaron parte de la que fuera la elite militar en 1973. Porque a partir de septiembre de ese a√Īo ellos fueron los que mantendr√≠a el control del Estado por los siguientes 17 a√Īos. Esa generaci√≥n, ubicada estrat√©gicamente en la Academia de Guerra, tendr√≠a el mayor poder jam√¡s desplegado en la historia del r√©gimen militar. De sus alumnos, 28 llegaron a ser generales y ocuparon los m√¡s altos puestos del Estado y la instituci√≥n. Y otros 14 oficiales lideraron los servicios secretos, ya sea en la DINA o en la CNI (ver n√≥mina). All√≠ est√¡, en parte, el origen del secreto en torno a qui√©nes asesinaron a V√≠ctor Jara, Litre Quiroga y todos los que murieron y fueron brutalmente torturados en el Estadio Chile.
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Estadio Chile. Gentileza Ciper Chile.
 
NOTAS
(1) √Ālvaro Puga fue el primer subsecretario general de Gobierno, hasta junio de 1976 y fue miembro del Departamento de Operaciones Sicol√≥gicas de la DINA. Su acci√≥n en esos a√Īos aparece en varios de los documentos de la DINA encontrados por la autora en el Archivo Judicial de Argentina y que pertenec√≠an a Enrique Arancibia Clavel. Parte de su declaraci√≥n judicial del 21 de septiembre de 2007.
(2) Roberto Guillar fue el locutor oficial del Golpe el 11 de septiembre. Integr√≥ la CONARA y en 1976, fue subsecretario de Guerra. En 1981, dirigi√≥ el COAP (Consejo Asesor de la Presidencia), que luego se transform√≥ en Estado Mayor Presidencial. En 1980, fue nombrado por Pinochet ministro Secretario General de la Presidencia, desde donde protagoniz√≥ graves cortocircuitos con la Iglesia Cat√≥lica. Desde 1979 hasta 1982, fue director de la Compa√Ī√≠a de Tel√©fonos. Ministro de Vivienda en 1982 y 1983. Intendente de Santiago en 1984, y agregado Militar en Estados Unidos hasta 1986. En 1985, ascendi√≥ a mayor general y en 1987, asumi√≥ la Direcci√≥n de Log√≠stica del Ej√©rcito. En 1988, pas√≥ a retiro y fue nombrado por Pinochet c√≥nsul general en Los √Āngeles.
(3) Enrique Morel Donoso ascendi√≥ a general en 1974 y dej√≥ de ser edec√¡n de Pinochet. En 1977, fue el jefe militar de la Zona en Estado de Emergencia de Santiago. Fue presidente de Soquimich y en 1979 le dej√≥ su cargo a Julio Ponce Lerou, yerno de Pinochet. En 1981, fue designado embajador extraordinario y plenipotenciario ante todas las sedes diplom√¡ticas de Chile en el extranjero. En 1982, fue presidente de Codelco y director del Banco del Estado (1982-1989). Fue rector de la Universidad de Chile por pocos meses. En 1986, ascendi√≥ a mayor general y en 1989 reemplaz√≥ a Pedro Ewing en la Direcci√≥n de Frontera y L√≠mites de la Canciller√≠a. Su hermano Alejandro fue jefe de Zona en Angol para el 11 de septiembre de 1973 y m√¡s tarde efectivo de la CNI. Tambi√©n fue gerente general de Chilectra y alcalde designado de √Ďu√Īoa, adem√¡s de agregado Militar de Chile en Honduras y Guatemala.
(4) Al momento de partir en la Caravana de la Muerte, como segundo de Arellano, Arredondo ya hab√≠a sido informado por Pinochet de su pr√≥xima destinaci√≥n: director de la Escuela de Caballer√≠a, un regalo para quien era conocido por su pasi√≥n por los caballos. Pero nunca se deslig√≥ de la DINA, cumpliendo funciones secretas en el extranjero, principalmente en Brasil (donde fue agregado militar); y Estados Unidos. En 1976, har√≠a un importante viaje con Manuel Contreras a Ir√¡n, junto al traficante de armas Gerhard Mertins y un general brasile√Īo. Fue procesado por los cr√≠menes de la comitiva de Arellano, siendo el segundo al mando y por la ejecuci√≥n de 9 personas en Quillota, a las que se hizo aparecer como muertas en un enfrentamiento.
(5) El general Arturo Vivero fue el primer ministro de Vivienda de la dictadura.
(6) Yerno de Manuel Contreras.
(7) Declaración del conscripto R..A., del 14 de enero de 2009. Ingresó a realizar el servicio militar el 2 de abril de 1973, hasta abril de 1975, fecha en la cual regresó a la vida civil.
(8) C.A.P. declaró el 30 de enero de 2009. En su caso y en otros similares, se optó por utilizar solo las iniciales de conscriptos ya que fueron de alguna manera obligados a cumplir determinadas misiones.
(9) Declaraci√≥n del 20 de abril de 2007 del capit√¡n de fragata (R) Guillermo Segundo Gonz√¡lez Salvo.
(10) Marcelo Moren, en 1973, era mayor de la dotaci√≥n del Regimiento Arica de La Serena y se incorpor√≥, en septiembre, a la DINA, a la que perteneci√≥ hasta 1977. Fue el segundo jefe de Villa Grimaldi y jefe de la Brigada ¬ęCaupolic√¡n¬Ľ de la DINA. En 1976 cumpli√≥ misi√≥n en Brasil, donde estaba instalado el principal centro de adiestramiento para la dotaci√≥n DINA. Desde 1977 y hasta 1981, siendo coronel, fue asignado a la comandancia en jefe del Ej√©rcito. Del ‚Äė81 al ‚Äė84 estuvo en la Guarnici√≥n de Arica y del ‚Äė84 al ‚Äė85 en el Estado Mayor General del Ej√©rcito. Se fue a retiro en 1985. Ha sido sometido a proceso y condenado en m√ļltiples oportunidades por su responsabilidad en la detenci√≥n y desaparici√≥n de personas y cumple condena en una prisi√≥n militar.
(11) El teniente coronel Roberto Souper Onfray asumi√≥ como comandante del Regimiento Blindados N¬ļ 2, el 14 de enero de 1970. El 3 de enero 1972 fue designado en comisi√≥n de servicio para que concurra a Cuba como invitado del gobierno de ese pa√≠s por un total de 17 d√≠as a presenciar maniobras militares. El 29 de junio de 1973 pasa a la Comandancia General de la Guarnici√≥n Militar de Santiago. El 23 de octubre de 1973, pasa al Comando de Tropas del Ej√©rcito y el 1 de enero de 1974, asciende a coronel. El 2 de diciembre de 1974 fue destinado a la Direcci√≥n General de Reclutamiento y Estad√≠sticas de las FF.AA. Se fue a retiro el 2 de mayo de 1978.
(12) El mayor (r) Sergio Rocha Aros, fue destinado al Regimiento Blindado N¬ļ 1 ‚ÄúGranaderos‚ÄĚen 1974 y se fue a retiro reci√©n el 30 de junio de 1990.
(13) El coronel (r) Mario Garay Mart√≠nez registra la siguiente Hoja de Vida en el Ej√©rcito: ‚Äú24 noviembre 1972, destinado a Regimiento Blindado N¬ļ 2; 5 febrero 1975, teniente, destinado a Escuela de Blindados Antofagasta; entre el 1 de marzo y el 30 de junio de 1976, a la Escuela de Inteligencia del Ej√©rcito, hasta 1978; En 1979, comisi√≥n extrainstitucional comando en jefe del Ej√©rcito (lo que significa enviado a la CNI, hasta 1988; 16 febrero 1990, a la DINE. Se fue a retiro el 31 julio 1991.
(14) El capit√¡n (r) Ren√© Eduardo L√≥pez Rivera, registra la siguiente Hoja de Servicio en el Ej√©rcito: ‚ÄúEn abril de 1973, al Regimiento Blindado N¬ļ 2; el 24 de diciembre de 1973, destinado a EE.UU. para que ‚Äúcumpla actividades determinadas por el Ej√©rcito desde el 15 al 27 diciembre de 1973; 7 septiembre de 1978, comisi√≥n de servicio a Sevilla; 28 de mayo de 1991, deja de pertenecer al Ej√©rcito a contar del 29 de marzo de 1981, por fallecimiento‚ÄĚ.
(15) El 8 de noviembre de 2004 declar√≥ Ra√ļl An√≠bal Jofr√© Gonz√¡lez.
(16) El coronel (r) Antonio Roberto Bustamante Aguilar, registra la siguiente Hoja de Vida: ‚ÄúEnero 1976, Direcci√≥n de Inteligencia del Ej√©rcito, hasta 1979; 1980, comisiones de servicio a Panam√¡ y Londres; 1981, a Sud√¡frica; en 1982, Cuerpo de Inteligencia del Ej√©rcito; abril de 1983, comisi√≥n de servicio a Argentina, Paraguay, Per√ļ, Panam√¡, Honduras, Salvador, Corea y China. Se fue a retiro en abril de 2000.
(17) El coronel (r) Antonio Roberto Bustamante Aguilar, declar√≥ el 9 noviembre de 2004 (55 a√Īos) y dijo haber estado destinado al CAJSI de Santiago hasta el 17 de enero de 1974, cuando fue destinado al Dep√≥sito de Municiones y Explosivos Batuco‚ÄĚ.
(18) El teniente (r) Edwin Armando Dimter Bianchi, declaró el 10 de noviembre de 2004.
(19) El 9 noviembre 2004 declar√≥ el teniente coronel (r) Mario Jos√© Garay Mart√≠nez (57 a√Īos).
(20) El mismo mayor Enrique Cruz Laugier ser√≠a quien apoyar√≠a horas m√¡s tarde el desalojo de la fabrica Yarur en calle Club H√≠pico.
(21) Iv√¡n Herrera fue uno de los oficiales que ejecut√≥ a los sobrevivientes de La Moneda en Peldehue, despu√©s de que los sacaron del Regimiento Tacna. Lo confes√≥ ante el tribunal 30 a√Īos m√¡s tarde.
(22) Relato que figura en su libro: Y todavía no olvido.
(23) El 9 de octubre de 2001 declar√≥ Mario Aguirre S√¡nchez, dirigente entonces de la Federaci√≥n de Estudiantes de la UTE y m√¡s tarde empresario, quien permaneci√≥ como prisionero en el Estadio Nacional hasta noviembre de 1973, cuando fue cerrado. ‚ÄúMe liberaron junto a otros 12 compa√Īeros salv√¡ndonos de ser conducidos al Campo de Prisioneros de Chacabuco‚ÄĚ.
(24) Juan Manuel Ferrari Ramírez declaró el 12 de agosto de 2008.
(25) David Miguel Gonz√¡lez Toro, mayor de Ej√©rcito (r) de Intendencia, declar√≥ el 25 de marzo de 2009 y dijo haber estado en el Estadio Chile durante ‚Äúcinco a seis d√≠as, hasta que se produjo el traslado de detenidos hacia el Estadio Nacional‚ÄĚ.
(26) Manuel Isidoro Chaura Pavez, conscripto de Tejas Verdes, declara el 28 de enero de 2009, fue asignado a la Segunda Compa√Ī√≠a de Combate, a cargo del capit√¡n Luis Montero Valenzuela, Tercera Secci√≥n, a cargo del teniente Rodrigo Rodr√≠guez Fuschloger. Sali√≥ licenciado a mediados de 1975.
(27) El subteniente de Ejército, Rodrigo Rodríguez Fuschloger, falleció en Santiago, el 15 de marzo de 1974, en un accidente.
(28) Osiel N√ļ√Īez declar√≥ en el proceso por la muerte de V√≠ctor Jara en varias oportunidades. Este relato es parte de su declaraci√≥n ante la Comisi√≥n Rettig, el 18 de enero de 1991.
(29) El subteniente (r) Pedro Rodr√≠guez Bustos, declar√≥ el 4 de abril de 2002, y pertenec√≠a al grupo de Operaciones del Regimiento ‚ÄúArica‚ÄĚ de La Serena.
(30) Fernando Polanco declar√≥ el 29 enero de 2008, cuando ten√≠a 66 a√Īos
(31) Carlos Orellana, quien fue editor en el exilio de la Revista Araucaria y m√¡s tarde un reconocido editor de la Editorial Planeta, declar√≥ por exhorto desde Francia para el juicio en Chile el 11 de septiembre de 1979, estuvo detenido en el Estadio Chile desde el 12 hasta el 17 de septiembre de 1973 y luego en el Estadio Nacional hasta el 25 de octubre de 1973.
(32) Osiel N√ļ√Īez permaneci√≥ un mes en el Estadio Nacional y de all√≠ pas√≥ a la C√¡rcel P√ļblica acusado de ser el organizador de la resistencia armada en la UTE. All√≠ estuvo dos a√Īos detenido. Fue sobrese√≠do y trasladado a Tres √Ālamos donde permaneci√≥ tres meses. Qued√≥ con registro domiciliario hasta lograr autorizaci√≥n para salir del pa√≠s. Regres√≥ a Chile en 1982.
(33) El abogado Boris Navia Pérez era jefe del Departamento de Personal y Nombramientos de la Universidad Técnica del Estado, en esa calidad conocía bien al profesor Víctor Jara. Fue también detenido en la UTE y llevado como prisionero al Estadio Chile. Declaró el 23 de octubre de 2001.
(34) El comandante Mario Manr√≠quez, ya fallecido, se desempe√Ī√≥ durante 10 a√Īos como gerente de Seguridad de ENTEL.
(35) También la identidad de 31 conscriptos, 9 cabos y 4 sargentos que estuvieron con él en esas funciones en el Estadio Chile.
(36) Enrique Kirberg fue llevado finalmente al Campo de Prisioneros de Isla Dawson con los principales dirigentes de la Unidad Popular. Muri√≥ el 22 de abril de 1992, de un coma hep√¡tico, Todos sus testimonios son parte de una extensa entrevista hecha por la autora.
(37) Ricardo Iturra era profesor y funcionario de la UTE, conoci√≥ a V√≠ctor Jara en 1970 en la UTE, en el desempe√Īo de su trabajo, cuando Jara lleg√≥ como director de Teatro y cantante y √©l era director del Programa de Educaci√≥n Permanente. Declar√≥ por exhorto desde Par√≠s el 3de septiembre de 1979 para el juicio en Chile por la muerte de V√≠ctor Jara.
(38) Cesar Fern√¡ndez Carrasco declar√≥ por exhorto desde Alemania, era profesor de la UTE donde estaba el 11 de septiembre.
(39) Julia Fuentes declar√≥ el 19 de julio de 2003. En su declaraci√≥n dijo tambi√©n: ‚ÄúCuando el Estadio Chile fue desocupado, me enviaron a Tres √Ālamos (otro Campo de Prisioneros), siempre como maestra de cocina. Recuerdo haber trabajado para Conrado Pacheco C√¡rdenas y para un mayor de apellido Salgado‚ÄĚ.
(40) Julio Guillermo Del R√≠o Navarrete, ingeniero, 60 a√Īos, declar√≥ el 11 de enero de 2005. Fue uno de los prisioneros que identific√≥ a Miguel Krassnoff Martchenko como ‚ÄúEl Pr√≠ncipe‚ÄĚ. Del Estadio Nacional sali√≥ en libertad el 2 de octubre de 1973, junto con el resto de sus compa√Īeros, salvo seis de ellos que fueron trasladados a Investigaciones. A muchos de ellos les cambio la vida para siempre. Su testimonio ha sido corroborado por la autora con otras dos personas que estuvieron prisioneros con √©l.
(41) El 24 de abril 2008, declara Guillermo Orrego Valdebenito (59 a√Īos).
(42) Declaración del 31 marzo de 2006.
(43) El 28 diciembre de 2007 declar√≥ Lelia, identific√≥ en las fotos al oficial Edwin Dimter como ‚ÄúEl Pr√≠ncipe‚ÄĚ. As√≠ relat√≥ el hecho que le permiti√≥ salir en libertad: ‚ÄúEn una ocasi√≥n, lleg√≥ al estadio un grupo de los mismos militares que ven√≠an de La Serena y al que nos hab√≠an entregado los carabineros en la UTE, a lo menos el sargento, quien nos dijo que al responder la lista de la ma√Īana siguiente deb√≠amos indicar que est√¡bamos detenidos por toque de queda. As√≠, nos dejar√≠an en libertad. Y as√≠ ocurri√≥‚ÄĚ.
(44) El teniente coronel (r) Luis Bethke Wulf, en septiembre de 1973 era teniente de Infanter√≠a en el Regimiento N¬ļ 2 ‚ÄúMaipo‚ÄĚ, de Valpara√≠so. Durante la Unidad Popular, su familia sufri√≥ la expropiaci√≥n de sus tierras. Se acogi√≥ a retiro en 1985. Declar√≥ el 1 de febrero 2005.
(45) El brigadier (r) Ra√ļl An√≠bal Jofr√© Gonz√¡lez, registra la siguiente Hoja de Vida: ‚ÄúEn 1970, curso de paracaidista en la Escuela de Paracaidistas, y es teniente el 1 de enero de 1971. Enero 1972, al Regimiento Blindado N¬ļ 2. Primero de marzo de 1974, curso por correspondencia ‚ÄúAplicaci√≥n B√¡sico del Oficial Subalterno‚ÄĚ hasta el 31 de mayo ‚Äô74; 7 septiembre ‚Äô74, comisi√≥n de servicio a Israel, Jordania, L√≠bano y Siria; 14 octubre ‚Äô74, curso extraordinario ‚ÄúAplicaci√≥n Avanzado del oficial Subalterno de Blindados‚ÄĚ, hasta el 31 octubre ‚Äô74 en la Escuela de Blindados (Antofagasta); 1 enero ‚Äô75, capit√¡n; 6 marzo ‚Äė75, complementa Decreto Supremo, destinado a la Escuela de Blindados (Santiago). Se retir√≥ el 30 de abril de 1998.
(46) El mejor y principal perfil del oficial Edwin Dimter ha sido una investigación de la periodista Pascale Bonnefoy, publicada en 2006.
(47) El 8 de noviembre de 2004 declara Ra√ļl An√≠bal Jofr√© Gonz√¡lez. Cuando los prisioneros del Estadio Chile fueron trasladados al Estadio Nacional, √©l ser√≠a el ayudante del comandante del nuevo Campo de Prisioneros; el coronel Jorge Espinoza Ulloa.
(48) El coronel (r) Nelson Edgardo Haase Mazzei, en septiembre de 1973 ten√≠a el grado de teniente y se desempa√Īaba como ayudante del subdirector de la Escuela de Ingenieros Tejas Verdes, de San Antonio, cuyo director era el coronel Manuel Contreras Sep√ļlveda. En 1976 ascendi√≥ a capit√¡n y pas√≥ a la Direcci√≥n de Inteligencia Nacional (DINA). En 1990 se fue a retiro con el grado de coronel. Declar√≥ el 27 de enero de 2005, ten√≠a 58 a√Īos.
(49) El teniente (r) Edwin Armando Dimter Bianchi, declaró el 10 de noviembre de 2004.
(50) El teniente Edwin Dimter Bianchi, registra la siguiente Hoja de Vida en el Ej√©rcito: ‚ÄúEl 21 enero 1972, destinado como subteniente al Regimiento Blindado N¬ļ 2 en Santiago; el 10 enero de 1974, es nombrado teniente y pasa al Reg. Blindado N¬ļ 1 ‚ÄúGranadero‚ÄĚ en Iquique, al a√Īo vuelve a Santiago, al Blindado N¬ļ 2. El 31 diciembre 1976 se le concede retiro absoluto.
(51) Hugo Gonz√¡lez Gonz√¡lez declar√≥ el 17 de junio de 2008.
(52) Wolfgang Tirado declar√≥ por exhorto el 11 de marzo de 1980. Conoc√≠a bien a V√≠ctor Jara pues ‚Äútrabaj√¡bamos en el mismo departamento en la UTE: √©l en la secci√≥n M√ļsica y yo en la de Pel√≠culas.
(53) El arquitecto Miguel Lawner declaró el 31 de agosto de 2004
(54) El coronel (r) Juan Jara Quintana, quien se fue a retiro en 1994, declaró el 1 de agosto de 2013.
(55) Al subteniente Herrera lo que vio e hizo le provoc√≥ un fuerte conmoci√≥n. Se fue a retiro como capit√¡n en 1983. Declar√≥ el 30 de mayo de 2002.
(56) Declaración de Pedro Espinoza del 10 de enero de 2008.
(57) Testigo de ese retiro fue el entonces mayor de Carabineros Jorge Retamal Berríos.
(58) El 6 de febrero 2007 declar√≥ Eliseo Cornejo (64 a√Īos).
(59) Potente ametralladora de piso de 11 o m√¡s kilos, de 1.300 metros de alcance, con una cinta con 50 proyectiles a modo de cargador.
(60) El 2 de marzo de 2006, declar√≥ C√©sar Leonel Fern√¡ndez Carrasco, quien era profesor de la UTE y miembro de su Consejo Superior.
(61) Extraído de la declaración judicial de Hugo Pavez del 15 de octubre de 2002, quien fue detenido en la CORFO y llevado al Estadio Chile.
(62) El 14 mayo 2008 declaró Erika Osorio, estudiante de Ingeniería de la UTE quien fue detenida y llevada al Estadio Chile.
(63) El coronel ( r) Juan Quintana declaró el 1 de agosto de 2013. Se fue a retiro en 1994.
(64) Danilo Bartul√≠n, m√©dico de Salvador Allende, fue liberado cuando La Moneda ard√≠a, a las 16:00 del 11 de septiembre de 1973, junto a los m√©dicos: Oscar Soto, Patricio Arroyo, Alejandro Cuevas, Hern√¡n Ruiz, V√≠ctor O√Īate y Jos√© Quiroga. Despu√©s fue nuevamente detenido y llevado al Estadio Chile y luego al Estadio Nacional.
(65) Gustavo Abarz√ļa, artillero, fue secretario de estudios de la DINA y de ah√≠ pas√≥ a la Direcci√≥n de Inteligencia del Ej√©rcito (DINE), luego fue agregado Militar en Uruguay y volvi√≥ a la DINE, donde estaba en 1984, siendo coronel. Lleg√≥ al generalato en 1987, siendo nombrado jefe de la DINE. Desde all√≠, en marzo de 1988, amenaz√≥ con un nuevo 11 de septiembre. En 1989 tuvo tambi√©n la direcci√≥n de la CNI. En marzo del ‚Äė90, en la reestructuraci√≥n por el traspaso del poder, continu√≥ como director de la DINE, pero en octubre pas√≥ a retiro. Se lo vincul√≥ con el esc√¡ndalo de La Cutufa, una financiera ilegal que se form√≥ al interior del Ej√©rcito y que termin√≥ con homicidios nunca aclarados. Fue procesado por haber dado la orden de asesinar al dirigente Jecar Neghme, en 1989, seg√ļn confes√≥ uno de sus victimarios, pero la Corte Suprema lo absolvi√≥ en 2009.
(66) El coronel (R) Rolf Wenderoth, ingeniero, form√≥ parte del alto mando de la DINA, como subdirector de Inteligencia Interior. En 1995, fue jefe de Villa Grimaldi. Fue destinado despu√©s a la CNI. En 1986, particip√≥ de la creaci√≥n de una unidad especial antisubversiva. En 1987, fue agregado Militar en Rep√ļblica Federal Alemana y a su regreso, en 1989, se fue a retiro. Fue condenado a 5 a√Īos y 1 d√≠a por la muerte de Manuel Cotez Joo, en 1975. Ha sido sometido a proceso en varias oportunidades por su participaci√≥n en la detenci√≥n y desaparici√≥n de personas e invariablemente ha pedido que se aplique la Ley de Amnist√≠a.
FUENTE: http://www.casosvicaria.cl/temporada-dos/los-asesinos-de-victor-jara-el-ultimo-secreto/
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