| | La oficialista
Michelle Bachelet y el representante de la derecha Sebastián Piñera disputan la
segunda vuelta de las
elecciones presidenciales en Chile. Según los sondeos, el último debate
televisivo, el miércoles, fue favorable a la candidata socialista. | El
próximo domingo Chile tendrá un nuevo presidente que sucederá al socialista
Ricardo Lagos. Y aunque a la candidata oficialista Michelle Bachelet se le escapó
en diciembre la victoria que hasta hace pocos meses las encuestas le
pronosticaban en primera vuelta, es probable que se convierta en la primera
presidenta chilena, en un reñido desenlace frente al representante de la derecha,
Sebastián Piñera.
En el último debate televisado entre los dos aspirantes,
salpicado de ataques personales, Bachelet resultó ganadora, según las encuestas,
y derrotó las expectativas que se habían generado a favor de Piñera en virtud de
su sorpresivo paso a la contienda final.
La elección se resume, según le dijo a
SEMANA el ministro secretario
general de Gobierno, Osvaldo Puccio, en una selección entre dos opciones: "Un
modelo de desarrollo integrador, que busca la movilidad social, contra una
derecha que no ha logrado constituirse en alternativa".
Durante la campaña,
Piñera atacó a Bachelet por su visión laica de la sociedad en un país tan
conservador que hasta hace poco no tenía divorcio. Pero las críticas más
ideológicas se refieren al pasado socialista de Bachelet: durante el gobierno de
Salvador Allende, cuando era estudiante de medicina, militaba en la juventud del
Partido Socialista y su padre murió en la cárcel producto de las torturas por ser
parte del gobierno después del golpe militar. Se la acusa de no haberse renovado,
de estar ligada a la izquierda marxista de América Latina y de no creer en el
mercado como rector de las variables económicas.
Estar más a la izquierda que
el exitoso gobierno de Lagos despierta temores. Rodrigo Ahumada, director de
Ciencias Políticas de la Universidad Gabriela
Mistral, expresó estas aprehensiones a SEMANA: "Un gobierno de Bachelet
significa que un bloque político domina el 90 por ciento del poder. Hay que
considerar que la política chilena es totalmente ideologizada y tenemos a Chávez,
Evo Morales, Kirchner, Lula da Silva y posiblemente en Perú haya un presidente
(Ollanta Humala) de la misma tendencia. Bachelet no es Lagos. Lagos es un liberal
que viene de un partido de centro y se volvió socialista moderado, él estudió en
la Universidad de Duke y sabe de economía. Pero ¿qué sabe Bachelet? Con ella se
corre el riesgo de quedar en las puertas del desarrollo y no pasar más allá".
Sin embargo, para sus adherentes, superar el dolor de la muerte de su padre
y el sufrimiento propio en los centros de torturas son parte de las fortalezas de
Bachelet. Si perdonó a los militares cuando fue ministra de Defensa, será una
presidenta confiable, argumentan.
Bachelet dice que su programa de gobierno se
hizo "pensando en las necesidades de
los chilenos que no opinan en los diarios o la televisión, que no pueden
contratar a un influyente estudio de abogados, que no tienen parientes o cuñas en
el aparato público, en el Congreso, en los gremios o en los pasillos del poder".
Esta visión la ha llevado a hacer propuestas económicas que buscan saldar la
deuda social y lanzó 36 medidas para los primeros 100 días de gobierno, que
incluyen reajustes a las jubilaciones menores, inversión en salud pública y
mejoras para las condiciones laborales de las mujeres, entre otras.
Si se suman
los votos de la primera vuelta, Bachelet tendría casi dos puntos porcentuales
sobre Piñera, aunque los analistas apuntan que hay votos cruzados. Sectores
populares que votaron en primera vuelta por el otro candidato de la derecha,
Joaquín Lavín, votarían por Bachelet, y sectores de profesionales medios que
votaron por Bachelet lo harían por Piñera. Los resultados de las encuestas son
tan estrechos que caen en el margen de error -aunque dan
ganadora a Bachelet- y las campañas de lado y lado han tratado de evitarlas
temiendo sus efectos. Todo apunta a que Chile amanecerá el 16 de enero con una
presidenta socialista, divorciada y agnóstica, que no viene de ninguna familia
patricia. |