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Asunto:SABIDURIA CHAMANICA DE LA SELVA AMAZONICA
Fecha:Martes, 18 de Julio, 2000  14:25:26 (-0500)
Autor:Asociación Chamánica y Ecológica de Colombia <gnosisre @.................co>

 

Estimados hermanos del Chamanismo Gnostico les envíamos esta conferencia para que conozcan un poco acerca de las tradiciones indígenas de las selvas amazonicas que antaño ocurrieron y que a pesar que pase el tiempo siguen vigentes para todos nosotros pues el conocimiento siempre está ¡VIVO!.
 
 



PARTE 1
LA SABIDURIA DE LOS ANTIGUOS INDIGENAS AMAZONICOS


 






En las selvas indígenas de América existió una raza superior, que día a día marcharon en el camino a Dios impregnados de una filosofía verdaderamente superior, por cuanto encarnaban el fundamento de la vida misma.
Fue la época en la que el Dios Yuruparí brillaba en el cielo.
Cuenta la tradición oral, que se transmitía de padres a hijos, que un día apareció el bello pájaro Mitú de plumaje plateado, volando desde el sur, y sobre él trajo a una bella sacerdotisa indígena.
El pájaro se posó entre los arboles Jacarandás, y allí dejo a la india, tras haber visto esto los indígenas Kívaras la llamaron por esto Vicharachía, que significa “Hija de la luna”, pues ya era tarde cuando la vieron descender de los Jacarandás a un árbol de Quina, luego se cogio de unos bejucos de Zarzaparrilla y así descendió y piso la guaranía.

Los indígenas Kívaras la acogieron con cariño y ella les entregó su gran sabiduría, que era toda una ética del camino hacia Dios, impregnado del sentimiento natural y base de una fuente inagotable de salud.

Vicharachía recorrió todas las tribus del Vaupés y Vichada, vivió en el Apoporis, estuvo con los indios Guaraníes, en todas partes entregando el mensaje que correspondió a su misión.

Entre los Kívaras se ocupó de enseñar los misterios sagrados e instruir a las sacerdotisas.  Enseñó la medicina natural de las diferentes plantas, para usarlas en la curación de muchas enfermedades.

En un viaje que realizó con los sabios indios y sus sacerdotisas hacia las orillas del Amazonas, les mostró el árbol de Chuchuguaza, llevaron semillas y las esparcieron a todo lo largo del río Inírida, así enseñó a los indios a propagar las plantas por la selva.  Toda planta que Vicharachía enseñaba la bendecía y bautizaba y se volvían de inmediato milagrosas.

Una noche encendieron una hoguera con leña de Ñandipa y llevaron un enorme tambor al pie del árbol Ñandipa y danzaron los ritos toda la noche hasta amanecer.  Entonces Vicharachía sirvió a las sacerdotisas que había preparado un desayuno no conocido; condimentado con aceites de la planta Murumuru.

También enseñó a los indios sabios y a los más viejos lo útil de la palma Cainarnaruba, pues su cera servía para brillar los objetos de madera.

De entre las muchas plantas que enseñó, dió especiales bendiciones al Yajé, planta cuya sabiduría abarca lo bueno y lo malo.  También bendijo al Yoco y lo preparó como bebida tonificante.  Un día cuando Vicharachía enseñaba estas plantas, dio a beber a una sacerdotisa el zumo del Yajé, después de lo cual arrojó al fuego habas de Guanarú, y por toda la noche la sacerdotisa predijo todo lo que iba a suceder en  un futuro en la selva: por medio de la portentosa sabiduría del Yajé, ella anunció que vendrían hombres blancos buscando los Siringales para extraer su goma y la vez esclavizar y quitar las tierras a los indígenas.  Pero anuncio también que se los tragaría la Madre de la selva y morirían de hambre.

Luego pasarían muchos años y nuevamente volverían los blancos a querer dominar la selva, pero también la Madre selva los atacaría con sus mosquitos, hormigas y las langostas, saltamontes y otras plagas destruirían sus cosechas y así poco a poco aniquilarían a los intrusos.

Más tarde vendrían algunos hombres más humildes, los que convivirían con los indios por amor a la ciencia y a la humanidad, sin otro motivo más que su amor por el servicio mismo.  Predijo que estos hombres arrancarían parte de los secretos de la selva y encontrarían medios positivos para dominarla, gracias a su fuerza de voluntad, pero aún quedarían muchos infinitos secretos por conocer, para hacer un mundo mejor.

Un día Vicharachía se fue a bañar al lago Uba totalmente sola. Tardó mucho en volver y los indios creyeron que se perdió dentro de la selva, y en vista que tardaba tanto se fueron a buscarla; navegaron por los ríos buscando hasta sus nacimientos y la encontraron por fin en los manantiales del río que se llamó desde entonces Vichada en recuerdo de Vicharachía.
Entonces ella dijo que estaba ya muy vieja, más sin embargo todos la veían muy jóven.  Ella les reveló entonces que en las selvas de más al sur, vivía un indio que era hijo del Sol, como sabemos Vicharachía era hija de la luna y que ella con él se casaría; cuando apareciera en las copas de los Jacarandás el pájaro Mitú, que solo se ve en lo profundo de la selva, y raras veces y generalmente anuncia con su presencia  la señal de lo Divino, y algún suceso extraordinario. Y entonces regresó con sus amigos Kívaras a la tribu donde se puso muy activa en completar su misión.  Consagró grupos de sacerdotisas en diferentes tribus a las que enseño la moral y la ética del camino a Dios, por medio de los Elementales de la selva.  Está gran maestra aseguró que su ética y moral contemplativa hacia la naturaleza no solo era el camino directo hacia las cimas donde vivía el Dios Yuruparí, si no también por añadidura una fuente inagotable de salud y vida.
Vicharachía explicó que el Dios Yuruparí tiene su templo donde la vida se manifiesta en todo su esplendor, y que él está presente en todas las plantas de las selvas y en todas las cosas.

Vicharachía enseñó a conocer el alma de las cosas y por lo tanto el alma de la selva.  Preparó así mismo a todos los caciques y les dijo que tendrían 12 sacerdotisas en cada generación, y ya para estos tiempos, el antiguo y el verdadero conocimiento se perdería en gran parte, y las indias abandonarían su grado de sacerdotisas, olvidando lo enseñado en la humildad por su gran Maestra.

Entonces sucedieron las cosas que debían suceder: un día de bella primavera, apareció sobre las copas de los sagrados arboles de Jacarandás el pájaro Mitú; estuvo cantando desde el amanecer hasta la tarde.  Entonces Vicharachía se despidió de todos, se perfumó el cuerpo con Sarrapia, adornó sus cabellos con flores de Jacarandá y plumas de tucán y al caer la noche y salir la luna se fue para siempre, en las alas del pájaro Mitú para así ir a casarse con su prometido el hijo del Sol, que cumplía similar misión en otro lugar de la selva.

Al otro día de haberse ido Vicharachía, apareció el arco iris en el cielo de la selva y el Dios Yuruparí, tronó e hizo brillar de nuevo su espada de luz en las cimas de los montes.

Aquí exponemos una parte de la mística indígena, el camino de la ciencia, la ética, el sendero a Dios, el estudio de la flora con todo su misticismo, como exponente de su gran sabiduría de las razas arrasadas por el “Milagro” de la civilización del hombre blanco.
Esta visión mística de las plantas y los mensajeros celestes se enlaza armoniosamente con otra leyenda de los indios Sionas de la zona más al sur de Colombia.
 
 

LOS MENSAJEROS DE LA LUZ


 






Cuando los españoles llegarón, los indígenas ya poseían la ciencia sagrada del Yajé.  La historia del Yajé comienza cuando Dios, el todo abarcante, conocido en el mundo y entre los indígenas bajo diferentes nombres: Yuruparí, Bochica, Jaku, etc.  hizo la luz, las plantas, los peces las aves, etc. y también el Yajé.

Riusu fue el profeta enviado por Dios Jaku llegando hasta las tribus Sionas, Kofanes, etc.  enseñando toda la ciencia botánica indígena y les dijo:  por medio de esta sabiduría podrán llegar al conocimiento y al lugar donde yo habitaré, cuando acabe  mi misión.

Riusu mostró el camino que se debe seguir para purificarse, las diferentes plantas medicinales y la forma de utilizarlas.
Riusu también enseñó la forma de preparar la sagrada planta del Yajé, la mística y los ritos de ésta, advirtiendo que el Yajé iba a ser la Madre de la ciencia botánica indígena, que contiene el conocimiento tanto del bien como del mal.
Por eso es que para estas tribus, la ciencia no está en la escritura; para el indio de la selva la ciencia la dá el Yajé y así es como él aprende.

Riusu dio el ejemplo al preparar y tomar el Yajé.  Cuentan las tradiciones que a medida que el Yajé fue haciendo efecto en Riusu, este se fue emborrachando fuertemente, entonces comenzó a cantar, a bailar, a dar las bendiciones y a entregar los grados y los poderes a los diferentes sabios y ancianos que estaban más adelantados en los grados de purificación.  Luego cayó al suelo por el efecto de la borrachera del Yajé; a ratos parecía que no estuviera allí ó se volvía  invisible, comenzó a revolcarse en el suelo, demostrando así que tomar Yajé no era cosa fácil, y mucho menos aprender de él, había que sufrir para conocer el bien y el mal.

Dicen que parecía como si Riusu hubiera perdido la conciencia, se cogía la cabeza y se arrancaba el pelo tirándolo al suelo, y cada mechón de pelo que caía en tierra, se convertía en una planta medicinal asociada con el Yajé.  Así nacieron las diferentes plantas que se utilizan y acompañan en los ritos y medicina del Yajé.

Después de todo esto, Riusu se levantó y habló a la tribu diciendo: “Todo lo que he hecho será bendito, he dado un ejemplo de lo que es la sabiduría del Yajé, esto es algo muy sagrado y deberán conocer también unas reglas muy precisas para poder prepararlo ustedes mismos.

Riusu advirtió claramente que el Yajé no se debe preparar en público, se debe tener un sitio muy especial para esto.  Dijo también que las mujeres en embarazo o con menstruación no deben andar por el monte ni por zonas donde se cultiva el Yajé, porque esto podría afectar, atrayendo fuerzas y espíritus que podían molestar a las personas y hasta volverlos locos.

Riusu instituyó la base del conocimiento del Yajé en su más absoluta pureza, organizó a los caciques más avanzados entregándoles las claves para penetrar en el universo de lo oculto.  Les enseñó a no demostrar los grados y los poderes obtenidos, enseño a amar y a respetar los animales, a los cuales solo deberían  matar en caso de necesitarlos como alimento.

Explicó que existen cuatro pruebas que debería pasar aquel que quisiera llegar al grado de cacique de la tribu, pruebas que estaban relacionadas con cada uno de los 4 elementos.

Dijo que la verdadera sabiduría consistía en ayudar a los necesitados, sanar los enfermos y nunca hacer el mal a nadie.  Después de que Riusu hubo dejado preparados a los indios de las tribus, avisó que él retornaría al lugar donde habitaba el gran Dios Jaku, pero su espíritu siempre estaría presente en todas las plantas por él bendecidas y se manifestaría en todo aquel que cumpliera sus enseñanzas.
Así también un día desapareció, elevándose hacia el cielo, hacia la morada de los Dioses sagrados de la selva.

Aquí podemos ver la gran importancia que tienen las plantas dentro de la visión cosmológica de la vida entre los indios, siendo entre los indios de la amazonia el Yajé una de las más principales, origen de la mística y la religión, el folklore y la tradición, y base cultural de las sociedades amazónicas.

Nosotros miembros de una civilización con escritura, llegamos a la religión y a las pruebas religiosas a través de los libros, pero estos indígenas que pertenecieron a sociedades sin escritura, se basaron en la confrontación directa de lo supranatural, para verificar la realidad religiosa, y este ha sido el verdadero papel que han cumplido los caciques y chamanes como autoridades dentro de las tribus.

VASUDEV
YURAYACO CAQUETA

ASOCIACION CHAMANICA Y ECOLOGICA DE COLOMBIA