| Asunto: | [ChamanismoGnostico] LA INCESANTE AGONÍA DEL MUNDO ÍNDIGENA | | Fecha: | Miercoles, 13 de Agosto, 2008 02:14:15 (+0100) | | Autor: | inti ananda <intiananda @........uk>
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LA INCESANTE AGONÍA DEL MUNDO ÍNDIGENA Eran los dueños
de paraísos terrenales definitivamente perdidos. Eran unos 250 millones de
aborígenes repartidos en cinco mil culturas que vivían en armonía con la
Tierra, una forma de vida que el hombre ha perdido. Todo fue así durante
miles de años hasta que los "blancos" descubrieron la riqueza de sus patrimonios
y se lanzaron sobre sus bosques, construyeron minas y caminos, asesinaron en masa
e importaron enfermedades. En cien años sólo sobrevivirá la mitad de estos
pueblos. "Los indios son unos imbéciles y unos
holgazanes que
ocupan demasiada tierra. Un lujo folklórico que ninguna nación moderna, con
aspiraciones de desarrollo, puede permitirse". Estas palabras, pronunciadas hace
no mucho tiempo por un secretario de Justicia de la región brasileña de Mato
Grosso, resumen cuál es la situación de los pueblos aborígenes. En los
últimos meses han sido asesinados 55 indios asháninka en Perú, setenta yanomamis
en Brasil, más de mil indígenas de las colinas Cittagone (Bangladesh), casi
cincuenta en Sudán... La veda está abierta. Los aborígenes sobran. Son
perseguidos como animales y se encuentran en grave peligro de extinción.
El hombre olvida muy de prisa sus errores. Cuando la
biblioteca de Alejandría se consumió entre las llamas, los cimientos de la
cultura occidental se conmovieron. Se había perdido gran parte de la memoria de
un pueblo; 1.600 años después la biblioteca de Sarajevo ha corrido igual suerte,
destruida esta vez por una guerra entre hermanos. Es la fragilidad con que se
conserva el archivo de la vida. Una tragedia que se repite todos los
días. Cada vez que en un pueblo indígena muere un anciano, una biblioteca se
quema. Un vasto registro de sabiduría y conocimientos que, lamentablemente no
merece la atención del resto del mundo. Los aborígenes son demasiado
insignificantes para la sociedad moderna. Viven en armonía con los
animales y las plantas, en plena naturaleza, y no desean mantener relaciones con
la supuesta
civilización. No compran automóviles. No ven la televisión. No siguen las
imposiciones de las modas. No tienen farmacias. No confían sus ahorros a los
bancos. No votan. Son los últimos hombres libres. Los dueños del paraíso. Son
distintos, y están condenados a desaparecer. En el mundo "civilizado"
no hay lugar para aquellos que no se someten a la esclavitud del dinero.
Aquel que no "consume" comprando lo que no necesita, no merece existir.
Aquel que no se somete a la esclavitud del "empleo" desperdiciando la
mayor parte de su vida en tareas que no le agradan y que sólo benefician a otros:
es un vago indeseable , no merece existir.
La meditación, la contemplación de la naturaleza y el disfrutar la
vida son delitos censurables y penados por las leyes como vagancia. ¿ Los
"blancos" se han olvidado de ser humanos, convirtiéndose en máquinas?. Los
aborígenes son los últimos HUMANOS. La ONU ha declarado a 1993 Año
Internacional de los Pueblos Indígenas, pero no parecen buenos tiempos para
confraternizaciones. El genocidio cultural y físico continúa. De los
más de cinco mil millones de personas que viven en el mundo, 250 millones son
aborígenes. En total son cinco mil culturas indígenas,
casi el 95 por ciento de la diversidad cultural del planeta. La deforestación,
la minería, la contaminación, la construcción de represas, los gobiernos
intransigentes y sus todopoderosos ejércitos... Demasiados enemigos
para unas gentes que basan su fortaleza en el contacto directo con la naturaleza
y la espiritualidad. Algunos antropólogos son pesimistas: dentro de cien años
sólo habrá sobrevivido la mitad de estos pueblos. ¿Por qué se les llama
indígenas? Porque fueron los primeros en vivir en unas tierras libres,
posteriormente colonizadas por extranjeros. Ahora son prisioneros en sus propias
casas. Richard Nerysoo, inuit, da una explicación aún más sencilla: "Ser indio es
importante, porque hay que ser capaz de vivir de una manera muy especial. Quiere
decir vivir en armonía con la tierra, con los peces y los pájaros, como si
fueran nuestros hermanos. La tierra es una vieja amiga, lo fue de tu padre y lo
será de tus hijos. Es el centro de nuestras vidas". Desde 1900, noventa
de las doscientas tribus de indios norteamericanos han desaparecido. No son tan
lejanos los días en los que los grandes militares norteamericanos cabecillas de
un expolio histórico, consideraban que el único indio bueno era el indio muerto
(Sherman). Tampoco son lejanos aquellos en que un "civilizado" presidente
argentino llamado Sarmiento sostenía que: la sangre de indios y gauchos, los
"bárbaros", sólo sirve para regar la tierra. Los indios de Tierra del
Fuego fueron totalmente exterminados para quitarles sus tierras por estancieros
como los Menéndez, que organizaban cacerías humanas promocionadas en periódicos
de Francia. Parece que todo sigue igual. Algunos presidentes de Argentina toman
como modelo al etnocida Julio Argentino Roca, exterminador de millares de
mapuches, tewelches, guaraníes y tobas. Es un hecho que la "justicia" de
los blancos, subordinada a los intereses del poder, es arbitraria e inicua con
los mismos blancos. ¿Qué pueden esperar entonces de ella los aborígenes, los
"salvajes" "primitivos"?... Una parte demasiado grande de la historia se
ha escrito sin tener en cuenta a los aborígenes. Cuando Cristóbal Colón creyó
haber llegado a las Indias por una nueva ruta, bautizó a los habitantes del
lugar, el Caribe, como indios. Desde entonces, los errores se han sucedido. "Con
sólo cincuenta hombres podríamos dominarlos y obligarles a hacer lo que
deseemos", acertó a decir el almirante a su regreso a España, y se convirtió
junto a sus hermanos en el primer "blanco" genocida... "Les dimos
montañas cubiertas de bosques y valles llenos de caza", recordaba un líder indio
hace casi doscientos años. "¿Y qué dieron ellos a nuestros guerreros y a nuestras
mujeres? Ron, baratijas y una tumba". "Los consideramos como hermanos,
abrimos nuestros pechos y les entregamos nuestro corazón. Y ellos ¿que hicieron?,
se aprovecharon de nuestra nobleza y nos lo arrancaron y se lo dieron a comer a
sus perros", decía un cacique mapuche "¿ Qué se puede esperar del blanco?
Mentiras, robo, opresión y la muerte". Los indios han sido utilizados por el
hombre blanco para los fines mas diversos. Los primeros antropólogos
los consideraron simples salvajes, caníbales sin escrúpulos capaces de las
mayores atrocidades. Pero eran eran perfectos para posar junto a ellos y hacerse
magníficas fotografías, que sin duda engrandecieron las paredes de sus
bibliotecas y sociedades geográficas. Posteriormente, los misioneros
trataron de librarles de sus depravadas costumbres, dignas de animales y no de
personas, pero no pudieron hacerles ver con el ejemplo que el buen camino pasaba
por la religión. Los filósofos
del siglo XVIII fueron los primeros en descubrir en ellos rastros de primitiva
sabiduría. Su relación con la naturaleza les pareció admirable. Actualmente,
muchos ecologistas los han convertido en bandera de sus reivindicaciones.
La naciones americanas en su período de independencia los usaron como símbolo
de esta tierra contraponiéndolos a la Metrópoli, para después -cuando ya no
eran útiles- destrozarlos en atroz genocidio. Hoy los partidos
políticos los usan en sus campañas electorales, y una vez recogidos los votos ya
no recuerdan las promesas efectuadas ni aplican o reglamentan las "leyes
indígenas"
promulgadas. Invadidos, pero no conquistados. Esta frase resumió
la opinión indígena durante la celebración del V Centenario. Para muchos de ellos
han sido quinientos años de resistencia. Heridos para siempre, se enfrentan ahora
a lo que puede ser el holocausto. Es la desesperada defensa de unos pueblos que
tienen derechos a dirigir sus vidas simplemente porque estaban aquí primero.
Russell Means, jefe de los sioux de las Colinas Negras (Black Hills) de
Dakota del Sur, aprovechó una visita a España para confesar que estaba cansado
"de ser considerado un salvaje primitivo". "No soy un objeto turístico", continuó
diciendo "...soy una persona". Faltaban sólo unos días para que fuese el Año
Internacional de los Pueblos Indígenas. Se celebraba el V Centenario, "un insulto
para los pueblos indios". Cuando llegó Colón a América vivían en Estados Unidos y
Canadá alrededor de diez millones de indígenas. Han sobrevivido menos de un
millón y medio. Cuatrocientos mil viven en reservas, y un millón han tenido que
abandonar sus tierras y repartirse por los barrios marginales de las grandes
ciudades. "Los indios viven peor que cualquier otra etnia. Tenemos los mayores
límites de desempleo, mortalidad, alcoholismo...". "¿Qué es una
"reserva" indígena, una "comunidad" o una "reducción"? Es el término eufemístico
que usan los blancos para llamar a los CAMPOS DE CONCENTRACIÓN donde nos han
metido prisioneros, una forma de matarnos lentamente" nos decía un ilustrado
mapuche. En África, Asia y Oceanía, la situación aborigen no es mucho
más optimista. Pigmeos (Zaire, Congo, Gabón), bosquimanos (Botsuana y
Namibia), vedas (Sri Lanka), karen (Birmania y Tailandia), kalingas y bontoc
(Filipinas), sarawak (Malasia), maoríes (Nueva Zelandia) y tasmanios (Tasmania),
entre otras muchas etnias, se han convertido en supervivientes. En
Chile se debaten en una supervivencia cada vez más arriesgada cerca del millón de
mapuches. En Argentina sobreviven algo más de quinientos mil aborígenes, tomando
en cuenta los que viven en comunidades con identidad definida. Alrededor de 150
mil kollas conforman el pueblo más numeroso. Le siguen
los tobas (unos 78 mil), los mapuches (72 mil) y los matacos (47 mil) (cifras
oficiales). Luego, hay grupos más pequeños, y entre todos, reúnen un espectro de
más de media docena de etnias diferentes El gran problema de todos ellos es la
tierra que pisan, el lugar donde vivieron sus antecesores, el sitio donde ellos
desean criar a sus hijos y morir. ¿Paraíso o infierno? La pregunta no
tiene respuesta. Viven en lugares maravillosos, pero no son libres. No pueden
decidir sobre lo que es suyo. Dominan la tierra, y saben utilizar sus recursos
sin llegar jamás a esquilmarla. Son capaces de identificar los diferentes tipos
de suelo, de forma que evitan los más débiles y aprovechan los fértiles. Además,
cada cierto tiempo cambian de cultivos y de terrenos, permitiendo que la
naturaleza se recupere. Todo esto no sirve de nada. Los gobiernos de los países
en los que les ha
tocado vivir los consideran prehistóricos, y piensan que su presencia es un
paso atrás en el camino hacia un futuro occidental. El derecho a la
libre determinación de los pueblos y la soberanía no existen para las naciones
indígenas. Muchos países le asignan por la fuerza la nacionalidad del estado
invasor. No son tobas, mapuches o guaraníes, son argentinos, paraguayos o
chilenos; perversa forma de negar la existencia de naciones soberanas
preexistentes, malicioso proceder de los Estados "blancos" para evitar
cuestionamientos a su legitimidad. En Bangladesh, las fuerzas políticas
creen "que la raza no puede ser fuerte si se continúa mezclando con esos indios
tan feos". Racismo en estado puro. En el mes de abril del pasado año, un grupo de militares de ese país
realizó una nueva incursión en un pueblo de la región de las colinas de
Chittagong, la reserva para indígenas creada en la frontera entre Bangladesh,
India y Birmania. Entraron en una aldea llamada Logang y obligaron a todos los
habitantes a entrar en sus casas. Después prendieron fuego a las viviendas.
Alrededor de 1.200 personas, la mayoría mujeres, niños y ancianos, fueron
quemadas vivas, lo mismo se hizo muchas veces en la Argentina y Chile con
los mapuches. Los supervivientes de este pueblo-colmena, en el que estaban
reunidos desde el año 1989 indígenas de veinticinco etnias diferentes, no podían
ocultar su dolor: "No tienen suficiente con arrojarnos fuera de nuestras tierras,
y se divierten
matándonos con sistemas que nosotros seríamos incapaces de utilizar para
capturar animales". El gobierno de Bangladesh tiene prohibida la entrada a esta
región a los extranjeros. Los periodistas no visitan jamás la zona, y las
autoridades informan sólo cuando no han podido silenciar la noticia. Violaciones,
torturas, asesinatos. El horror no quiere testigos. Nadie sabe cuántos indígenas
han muerto en Chittagong, pero las organizaciones humanitarias hablan de decenas
de miles. Hasta sus voces están condenadas a muerte. Un estudio del
Instituto de Tecnología Lingüística de Massachusetts confirma que tres mil de las
seis mil lenguas que se hablan en el mundo se perderán porque los jóvenes no las
hablan. "Nos prohiben enseñar a nuestros niños nuestra hermosa lengua en la
escuela" dice el cacique mapuche Amaranto Aigo de Ruka Choroy. Una tragedia que
no viene sola: al ser
culturas no escritas, perderán para siempre sus tradiciones, sus conocimientos
sobre medicina y naturaleza... Sólo trescientas lenguas tienen el futuro
asegurado. Los indígenas son los más discriminados, la discriminación
sufrida por los judíos y las mujeres es mínima al lado de la que sufren los
aborígenes. En Perú, en Bolivia, en Ecuador, en Brasil, en México son
considerados menos que animales. En Argentina, país con aspiraciones raciales
nórdicas, se niega que haya indígenas. Los anuncios publicitarios en los medios
de comunicación siempre muestran personas rubias y de ojos celestes, y sin
embargo la mayoría de los habitantes de ese país son de piel cobriza, pelo y ojos
obscuros. Sólo cuando se mezclan los colores de las razas, se obtiene el
verdadero color de la tierra En ese mismo país el Registro de las Personas se niega a registrar los
recién nacidos con nombres indígenas, a pesar de existir una ley que ampara ese
derecho. Sin embargo no se pone el menor reparo cuando se los inscribe con
nombres exóticos y grotescos. Allí también, las religiones indígenas no está
inscriptas en el Registro de Culto, por lo tanto jurídicamente su ejercicio no
está permitido. Cientos de sectas de incierto origen y nebulosa calidad, en
cambio, están matriculadas y protegidas. En Paraguay se prohibe a los indios en
muchos sitios, manejados por misioneros cristianos, la práctica de su religión
ancestral. La Constitución de la Argentina, en uno de sus artículos, señala que se promoverá la
conversión de los indígenas a la religión católica. A los indios se les arrebató
todo su patrimonio material, ahora se les pretende destruir lo último y lo más
valioso que les queda: su patrimonio espiritual. Si un judío o un negro
es discriminado se alzan cientos de voces en protesta, si un indio es apaleado e
insultado todos callan y miran hacia otro lado. Si se habla de genocidio, solo se
recuerdan los seis millones, mayoritariamente judíos, exterminados por los nazis;
pero nadie menciona los 60.000.000, (SÍ USTED LEYÓ BIEN 60 MILLONES) de indígenas
americanos exterminados por los blancos, sin la menor exageración numérica, ¡un
verdadero holocausto hitleriano pero con un 1.000 % más de víctimas!.
La opresión transforma a los hombres en supervivientes. Y algunos se niegan
a aceptar ese papel. Por primera vez en la historia, los indios se están
suicidando. Un yanomami de veinte años se quitó la vida la pasada primavera
comiendo frutos venenosos. Había perdido a su mujer y a sus hijos, víctimas de
una enfermedad introducida por los mineros. Marcos Pellegrini, médico durante
diez años en tierras yanomamis, está convencido de que "no es una muerte
accidental". "Conocen desde muy pequeños las plantas y los animales venenosos",
continúa diciendo, "y nunca cometen errores de este tipo. Además, no es el único
caso. Lo que sucede es que no soportan la presión a que les están
sometiendo...". Muchos indígenas ya han dicho basta. Están dispuestos a morir por su
tierra. Un total de 22.500 familias
del valle Narmada, en la India, han asegurado que no quieren abandonar
sus casas para que el gobierno construya el embalse de Sadar Sarovar. Pero los
muros miden ya sesenta metros y provocarán graves inundaciones con las primeras
lluvias monzónicas. "Somos hombres, no animales o cosas que el gobierno
pueda mover a su voluntad", afirmó un habitante del valle Narmada. Prefiere morir
ahogado, en su casa, a hacerlo de hambre, sed o enfermedades en los lugares
asignados para su asentamiento. Una vez finalizada, la obra habrá
desplazado a sesenta mil nativos, y sus aguas beneficiarán principalmente a
industrias y a
núcleos urbanos. Los mapuches pewenches del valle del Alto Bío-Bío,
en Chile, se encuentran en una lucha similar. Ya hay 144 mapuches en prisión por
defender las tierras donde reposan los huesos de sus padres y preservar el vital
ecosistema. Pero los intereses económicos no entienden otra cosa que no sea la
ganancia y los gobiernos hacen oídos sordos. ¿Es un pecado querer vivir
en paz con el planeta?. Acorralados por la cultura dominante, y empujados de sus
territorios por ambiciones sin escrúpulos, los indígenas del mundo y su amplio
espectro de etnias continúan marchando por el camino de una lenta agonía que los
lleva hacia el abismo de la extinción. Pero aún siguen siendo libres a su modo:
son los últimos HOMBRES en armonía con la Naturaleza. (basado en un artículo
publicado en El País, de Madrid) por AUKANAW
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