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Asunto:[ChamanismoGnostico] El elemental
Fecha:Viernes, 18 de Julio, 2008  17:24:14 (-0500)
Autor:Mario Andrés Pardo Vélez <fuegonoble @.....com>


Este mensaje me lo había enviado un amigo hace mucho tiempo, es muy bonito.

Espero les guste

Atte: Mario Andrés


El aprendizaje chamánico se inicia muy temprano. Don Manuel, un chamán

del valle de Sibundoy, cuyo conocimiento proviene también de una
multitud de viajes, como los Ingano, decía: "Hay dos maneras de
volverse un yagecero. La primera es por la sangre, cuando uno tiene la
sangre india se facilita, pues uno alcanza poderes que vienen de la
gente de antigua. La otra, es para cualquier persona que tenga el deseo
y el buen corazón de aprender, aunque también hay gente con mal corazón
que aprende para la hechicería. Pero esta gente que no es de la sangre,
nunca puede aprender lo de un indígena. Uno les enseña, lo hace de
buena fé, sabe que puede costar mucho trabajo. Pero también sabe que se
pueden torcer fácilmente, cuando comienzan a recibir la platica,
entonces se vuelven ambiciosos y engañan a la gente. Empiezan a leer
libros de magia negra, y entonces hacen pactos con el demonio. Eso ya
no es un saber natural. Lo de nosotros es ciencia natural, nosotros no
aprendemos nada en libros. Yo vengo de una familia donde casi todos
hemos sido taitas, pero fíjese que a mí no me enseñó mi papá. A mí me
enseñó mi abuelo, Angel el flautero. Pero mi papá ya me había marcado
el destino. Cuando yo nací lo primero que me dieron fue tres gotas de
yagé. A la gente le decimos que es por el Espíritu Santo, por el Padre
y por el Hijo, pero en realidad es por el yagé de sol, luego por el de
la luna y al final por el del tigre. Así la sangre entonces comienza a
pintarse."
"Uno ya viene preparado para ser sensible a la música, a la belleza,
porque el conocimiento de nosotros es curar por la belleza. Ud. ve por
ahí en la calle la gente ordinaria, esa gente cree que una piedra es
una piedra, el agua, el agua, y un árbol, un árbol. Pero la realidad es
diferente. Todas las cosas tienen pintas, y hay que saber entrar en
cada una. Cuando mi abuelo empezó a enseñarme, me dijo que lo primero
que había que aprender es a ser un buen flautero. Hay que aprender a
cantar, a tocar música. El taita que no sabe cantar, o tocar música, no
es un verdadero taita. Pero la música no es para oírla como hacen Uds.
en la radio o en la grabadora. Ella es fuerza, ella se esconde en todas
las cosas que hay en el mundo. Todas las cosas tienen música y color,
cada una distinta. Eso lo supe cuando tomé por primera vez yagé con mi
abuelo. Era un yagé especial, que se prepara con los bejucos del yagé
del sol, la charupanga, y se le echan flores de andaquí. Eso es para
poder viajar por la sangre de uno, porque es cuando el yagé entra en la
sangre que uno comienza el viaje. Es como si uno recorriera todo lo que
ha pasado en la gente de antigua, todas las hermosas cosas que se han
podido recoger en esa sangre. Entonces, lo que yo ví fue la gente del
sol. Eran hombres pequeñitos dorados como el oro, con coronas de plumas
de aves, con hermosos collares de miles de brillantes colores. Pero no
como los colores del día o de las películas. Son los verdaderos colores
naturales los que están por dentro de todas las cosas. Los hombrecitos
traían flautas y tambores como en un carnaval que celebramos nosotros.
Cada hombrecito tocaba una melodía distinta pero todas las melodías
estaban acompañadas, no era un ruido, y cuando llegaban a la tierra,
cada hombrecito se metía en cada objeto, en las piedras, en los
animales, en todas las planticas que tengo sembradas en el jardín.
Algunos hombres tocaban más fuerte y más hermoso que otros. Ellos
entraron en los bejucos del yagé y otros volaron hacia las estrellas,
hacia el sol, la luna, y el cielo se pintaba de colores, y sonaba una
bella música que cambiaba y cambiaba, iba de pinta en pinta. Yo sentía
que mi cuerpo era un instrumento de música, de él salía toda la
claridad del mundo, y yo cantaba y cantaba y a medida que cantaba, los
ríos, las piedras, las flores, la tierra se pintaban de colores y se
volvían música. Yo me sentía feliz, cada vez más feliz, mi abuelo me
tarareaba al oído y como cantando me preguntaba si estaba viendo cosas
lindas, yo le decía que sí y él se puso a cantar conmigo y así duramos
como tres horas pintando todo lo que por allí pasaba. Eran cosas muy
linditas, no se puede imaginar."
"Al otro día, mi abuelo me dijo que esa era la ciencia natural, y que
sentirse feliz de ver la belleza del mundo y de poder crearla con el
canto de uno, con el soplo de uno, esa es la fuerza de curar. Hay que
curar por la felicidad, por la belleza, y ese es el bien. Por eso yo
respeto tanto las planticas que tengo en el jardín, porque ellas me
enseñaron a cantar y a curar. Pero recoger esas plantas ha sido lo mas
difícil de mi vida. Uno las ve ahí, y las pisa, pero no sabe todas las
cosas que ellas pueden hacer: parar el tiempo, devolverlo, quitar el
dolor, alejar la brujería. Es que sólo con la felicidad se puede luchar
contra el mal."
Varias veces le preguntamos a don Manuel cómo establecía las
diferencias entre los distintos tipos de yagé, y otras tantas daba
respuestas evasivas o respondía dentro de la lógica con que se le
preguntaba. Por ejemplo, se le preguntaba si el yagé que hacía ver oro
era porque la preparación daba un color amarillo porque el bejuco tenía
ese color, o si era porque se trataba de una preparación especial que
influía en las visiones. Él miró la botella que estaba sobre la mesa de
consulta, y cuyo contenido, efectivamente, era de color amarillo. Se
rió y dijo:
"Ah! Caramba con estas preguntas! Sí, sí, se ve oro porque es
amarillo." Se sonrió y añadió que el curi huasca no era solamente para
ver pintas de oro sino más bien porque propiciaba tener suerte para
conseguir el dinero y no malgastarlo. No era que uno se fuera a volver
millonario sino que la conciencia del yagé podía penetrar en el tiempo
y ver en el futuro. Así la persona lograba ver si iba a obtener
ganancias con el dinero, y si no estaba obteniendo ganancias, para ver
si esto se debía a problemas de envidia o brujería, o a la forma
errónea como la gente administraba el dinero.
Parecía un poco contradictoria la explicación. Si se podía mirar al
futuro con el yagé, éste estaba predestinado y qué sentido tenía
entonces hacer modificaciones en la vida de la persona, si el destino
lo iba a llevar allí. El fue muy claro al contestar: "No es así, hay
cosas en el futuro que no se pueden cambiar aunque se conozcan, pero
hay otras que sí se pueden cambiar. Cuando uno viaja en el tiempo en el
yagé, sobre todo al futuro, o lleva al espíritu de otra persona a que
viaje en el tiempo, lo que uno examina es lo que esa persona ha pintado
en su vida, y ella misma ve cómo será si continúa así. La conciencia
del tiempo no es como la conciencia del tiempo en el reloj. Es una
conciencia de para dónde va uno en el tiempo. Y esa conciencia es
también sentimental, sensible, porque uno ve y siente quién es uno en
el tiempo. Si uno es ambicioso, perezoso, dejado, incluso si espera uno
obtenerlo todo de una, así, sin hacer nada. Estas cosas se pueden
cambiar. Hay otras cosas que no se pueden cambiar, como la hora de la
muerte. Cuando nosotros vemos en yagé a una persona que está grave,
podemos ver la pintas de que a esa persona le llegó la hora de morir.
Nosotros no luchamos contra eso, ni creamos falsas esperanzas en la
familia. Simplemente les decimos: "A este cristiano le llegó la hora de
morir". Lo acompañamos a morir, dándole consejos de cómo enfrentar la
muerte y lo hermoso que eso puede ser. Invitamos a la familia a que
ayude, para que no lo asusten, para que no lo angustien."
"El tiempo del reloj es distinto al tiempo de las pintas. En el tiempo
de las pintas, uno puede viajar más allá de su propia vida y hablar con
taitas que ya murieron porque cuando el espíritu de uno "sale", al
tomar yagé, uno entra por otros caminos, que no son caminos de tierra,
son caminos de pintas. A veces, las cosas le llegan a uno por esos
caminos, las situaciones, las personas. Otras veces uno va por esos
caminos. Hay caminos que ya están hechos y que nos unen a todos los que
somos indios. Son los caminos de la vida. Uno está unido a ellos por la
sangre. Uno cuando sueña transita por estos caminos y estamos reunidos
con personas que ya murieron o que están muy lejos, que nos dan mensaje
o que nos anuncian cosas de las que van a pasar. Eso es el tiempo de
los indios."
"Nada de lo que uno sueña es vano, todo tiene un significado. Si una
persona se va a morir uno lo puede ver en los sueños, puede saberlo. Si
una persona se va a ofender con uno, uno también puede saberlo. Iguales
cosas pasan con el yagé, sólo que es más fuerte. Puede ver el corazón
de las personas, su pasado, su presente y su futuro. El yagecero es
alguien que ha aprendido a ver las pintas despierto y a controlarlas.
Hay indígenas que se asombran de las cosas que les pasan. Pero es que
ya se les olvidó leer las señales de los sueños. Esas señales también
están en las cosas afuera, pero sólo en ciertas cosas de poder. Los
cantos de ciertos pájaros anuncian visitas o desgracias. El indio está
atado a la sangre de sus ancestros y esa fuerza es la conciencia del
tiempo. Lo que uno puede ver en los pensamientos, en los sueños, son
esos lazos de sangre."
"Por eso cuando uno se inicia en el yagé, lo que uno recorre son esos
caminos. Otros, hay que inventarlos. A veces, es doloroso, pero cuando
uno ya los inventa no quedan solamente en uno sino también en la sangre
de los ancestros. Por ejemplo, antes teníamos caminos que nos permitían
conectarnos con los animales y volvernos taita-tigre, taita-colibrí,
taita-danta. Pero desde que nos bautizaron como cristianos, la sal del
bautizo nos quitó esos poderes, porque así como Ud. ve que le echan sal
a la carne para que se seque, así los caminos de la sangre que va a
esos taitas-animales se secaron. Ahora solo podemos usar la fuerza
espiritual del tigre, de la danta. Pero es que antes nosotros podíamos
convertirnos en animales. Eso era parte del secreto del yagé."
Años más tarde se le preguntó en otra ocasión sobre las clasificaciones
del yagé. El ya había nombrado varios tipos de yagé. Al pedirle que
repitiera la lista de los que él se sabía, dijo: "Yo conozco algunos,
no a todos, conozco el inti-huasca que es el yagé el sol; el cuya-
huasca, el yagé de la luna; el quinde-huasca el yagé del colibrí; está
también el danta-huasca, que es el yagé de la danta; conozco el culebra-
huasca, el yagé de culebra, el amaron-huasca del dragón; el curi-
huasca, el yagé del oro; está el huaira-huasca, yage del aire; está el
sacha-huasca, que es el yagé silvestre; está el ámbar que es el yagé
transparente; conozco el cielo-huasca, el yagé con el que uno sube al
cielo, también el cuco-huasca, que es con el que se ve todos los
demonios y los monstruos y está el ánima-huasca, con el que uno puede
ir al purgatorio.
Le preguntamos entonces:
¿Cómo se diferencian?" Se rió y dijo: "Por las pintas! Respondimos: "O
sea que no se puede antes de tomarlo saber qué yagé se va a consumir?"
Respondió: "Sí, solamente si es el yagé remedio, el que sirve para
purgar solamente. Ese no tiene pinta, no trae visiones. O en el yagé
para iniciación como en el andaquí, porque a éstos uno les agrega
borracheros igual que con el de la luna y el sol. Pero aún así es muy
difícil saber las pintas de cada persona. Eso es de cada uno. Yo he
tomado cantidades y cantidades de yagé, las pintas y las visiones nunca
se acaban. Eso depende por qué camino coja uno en la chuma y después el
taita le dice a uno, ese fue tal yagé. Hay otros yagé que no necesitan
que le digan a uno cuál es, si uno va al cielo uno sabe cuál es." "¿Y
se preparan distinto?" "Algunos taitas les agregan otras plantas a los
yagés más fuertes que manejan. Pero lo más importante es entender que
en el taita que ya se ha pintado la sangre, al soplar el yagé con su
fuerza, lo transforma en yagé que va uno a vivir, que va uno a sentir."
"Hay taitas que ya con mucha experiencia llegan a producir visiones en
los otros. Pero no todo el viaje, sino para asustarlos, para que lo
vean como tigre o culebra, para que sientan su poder. Pero yo no lo sé
hacer. A mí me llegan las pintas. Ese es el misterio del yagé. Él viene
y le da a uno lo que él quiere. A veces, cuando estoy con los
pacientes, me doy cuenta que el propósito que cada uno trae puede hacer
conveniente al espíritu del yagé y en algunas pintas uno podía ver
quién les hizo la brujería, cómo, o por qué están sufriendo calamidades
o por qué tienen mala suerte o por qué los dejó su mujer o por qué no
los quiere la gente. Y luego pasar a ver tigres y serpientes, o incluso
a sentirse morir."
"Uno, como aprendiz, está expuesto a todo al comienzo y va recorriendo
todos los caminos y las distintas pintas. Lo que sucede es que cada
clase de yagé lo va llevando a adquirir poderes especiales. El tigre le
enseña a uno a buscar rastros o a rastrear la brujería y está uno
protegido por él cuando está viendo ese yagé. El tigre no deja que le
pase a uno nada, él pelea con las fuerzas de otros taitas."
"El quinde-huasca, para los de sangre india, los lleva a conocer las
pintas de las plantas y las flores, uno habla con las pintas de las
plantas porque esas pintas son gente y esa gente le revela a uno en la
chuma (2), secretos para curar. La gente del quinde se ve como gente
con caras de pájaros y colores muy vivos y de pronto uno se puede
sentir que vuela porque la gente del quinde le canta, le habla, con
sonidos hermosos. O pueden ver las pintas de las flores que tienen
distintas formas que están en movimiento. O le permite a uno, si está
en una pinta peligrosa, salir muy rápido de allí, a la velocidad del
colibrí. Cuando le pinta a uno la sangre, uno se vuelve muy rápido para
observar a las otras personas y le afina el ojo para descubrir nuevas
plantas. Pero cuando está ligado al borrachero hace otras cosas, como
con el quinde-borrachero."
"Con el culebra-huasca se ven cosas horrorosas, igual que con el cuco-
huasca que se puede ir al infierno. Esto le prueba a uno la fortaleza y
la astucia. Ese yagé es para vencer el miedo, para derrotarlo. Eso lo
utilizan mucho los capacheros, los brujos. Eso yo no lo sé preparar, ni
sé acomodarlo, ni siquiera sé cómo lo preparan. Con él se puede
enloquecer a una persona.
"Los yagés lo llevan a mostrarle todas las emociones, todos los
sentimientos de los humanos. El yagé mismo tiene sentimientos, las
plantas todas tienen sentimientos. Entonces esos caminos son de sangre,
son caminos de sentimientos, caminos de crueldad, en donde uno sufre
mucho en el viaje de las pintas."
"Uno puede llorar, sufrir de espanto, sentirse Como un niño
desprotegido o ver monstruos o simplemente atolondrarse o no ver nada.
Y uno le echa la culpa al yagé o al taita. Es que en uno están esos
sentimientos. Pero todos los sentimientos tienen sus contras. El yage
simplemente a los caminos de la vida. A lo que hay en la vida. Desde lo
más horrible hasta lo más hermoso. Y ahí es donde entra la voluntad.
Uno puede volverse muy malo con el poder del yagé o aprender a curar.
Para eso está lo hermoso también."
"Hay Cosas que no se pueden contar pero que forman parte de uno, están
en el soplo, en el canto. En el Soplo uno tiene la fuerza para acomodar
o para sembrar. El aliento de uno es toda la fuerza Concentrada del
yagé. En el aliento, cuando uno sopla, hay cosas invisibles pero
secretas. Lo mismo que si Ud. chupa, uno puede sacar malas pintas de la
gente. Si alguien está llevado por una mala chuma, uno primero lo chupa
en la coronilla y la persona deja de ver las Cosas horribles que está
viendo y después puede soplarle y hacerle ver cosas muy lindas."
"Eso cualquiera no lo entiende, ¿cómo así que con chupar y soplar Ud.
cura? No se puede ver, no se puede captar como un silbido. Sólo la
persona que lo está haciendo, ve lo que hace. Es la fuerza de todos los
antepasados en el soplo. Es la fuerza de todos los animales, las
plantas y de sus sentimientos. El conocimiento es belleza y eso lo que
uno pone a la gente. Pero ellos tienen que hacer su propio trabajo
porque si no se quedan en solo las visiones de la noche en que
estuvieron tomando yagé con uno. Uno le puede enseñar a la gente a ver,
en yagé, a los otros y a verse a uno. Cuando uno es capaz de verse
hacer la belleza, ya no piensa en nada malo, ya no piensa en destruir,
ya no siente envidia."
"Pero si ha sufrido antes, porque todos pasamos por el culebra-huasca,
esos son los malos sentimientos, la envidia, la crueldad que también
tiene poder. Y uno baja al infierno y se siente en el infierno. Y
siente la desesperación y el dolor de estar allí y comprende mejor
cuando alguien se siente así. Porque nosotros somos como las plantas.
Hay gente que crece como rastrojo y daña la siembra. Pero hay otras
plantas que por dentro y por fuera son hermosos. Y uno puede sentir esa
belleza y crearla en su propio jardín."
El yagé es para eso, para ir avanzando, avanzando y avanzando en ver
las cosas bellas, en ver las pinticas lindas. Y así uno mejora la
suerte de las personas, cuando les da esa sensibilidad, cuando les
muestra que el mundo es bello, que ellos también son hermosos. Entonces
se puede llorar de felicidad. Y esa es la mejor medicina. Uno se podía
volver planta o animal porque el secreto de cada uno de ellos estaba en
que uno los sintiera y viera su pinta, y eso le dejaba conocimiento,
enseñanzas distintas. Yo siempre les digo a los pacientes que se
recojan, que hagan silencio cuando tomen el yagé, que crean en lo que
les voy a dar, que no es mío, que es del yagé, que deben esperar lo
mejor. El yagé sólo les muestra su vida, su camino y a cada quien se lo
muestra de maneras distintas, cada quien lo entiende como vive su vida.
Por eso nosotros le damos yagé a cualquier persona, negro, blanco o
indio, o protestante o católico, o sin religión. El yagé sólo les
muestra lo que les pasa, les abre el camino, la gente sabe que el indio
les puede mostrar eso, que no necesita naipes, ni talismanes, ni magia
de libros. Ellos van a ver y a sentir. Y saben que no hay engaño. La
gente ve un mundo que nunca ha visto, tan fuerte, tan intenso. Saben
que eso es lo que llevan adentro, y saben que eso es natural, que son
las plantas, y aprenden a respetar al mundo y a valorar la felicidad,
así no tengan ni un centavo, así tengan que volver a comenzar todo en
la vida."
"El yagé es gente que está en las plantas y esa gente es como fueron
las tribus antes. Ellos dejaron sus sentimientos en la sangre. Los
Coreguaje, son taitas muy poderosos, porque han podido seguir la vida
que llevaban antes. Y no destrozan las plantas, ni cazan los animales
cuando no se necesita. Por eso ellos tienen tantas clases de yagé,
porque avanzan en el conocimiento. Nosotros estamos más atados y
tenemos menos clases de yage, conocemos mucho menos y los blancos no
conocen nada, y se burlan del yagé y de los indios. Sólo cuando tienen
un peligro grave vienen, o uno va donde ellos, vienen desconfiados y no
creen y al otro día sí dicen, gracias, taita, gracias, Ud. muestra
cosas muy lindas.




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