| Asunto: | [ChamanismoGnostico] "ORACION POR LA PAZ " DE JORGE ELIECER GAITAN | | Fecha: | Domingo, 25 de Mayo, 2008 15:08:01 (-0500) | | Autor: | perenelle tabares <perenelle2000 @.........mx>
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Oración por la paz Febrero,
1948 Esta pieza, muestra de la mejor oratoria de Gaitán, fue pronunciada
el 7 de febrero de 1948 en la Manifestación de¡ Silencio, en la cual una multitud
sin precedentes colmó la Plaza de Bolívar de Bogotá enarbolando banderas
enlutadas. En medio de un silencio sepulcral Gaitán elevó su indignada voz para
protestar contra los crímenes oficiales y para advertir que el pueblo «podría
reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa".  Señor Presidente
Mariano Ospina
Pérez: Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia,
interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su
ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para
pedir que haya paz y piedad para la patria. En todo el día de hoy,
Excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no
tiene precedentes en su historia. Gentes que vinieron de todo el país, de todas
las latitudes —de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies— han llegado
a congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades, para expresar la
irrevocable decisión de defender sus derechos. Dos horas hace que la inmensa
multitud desemboca en esta plaza y no se ha escuchado sin embargo un solo grito,
porque en el fondo de los corazones sólo se escucha el golpe de la emoción.
Durante las grandes tempestades la fuerza subterránea es mucho más poderosa, y
esta tiene el poder de imponer
la paz cuando quienes están obligados a imponerla no la imponen. Señor
Presidente: Aquí no se oyen aplausos: ¡Solo se ven banderas negras que se
agitan! Señor Presidente: Vos que sois un hombre de universidad debéis comprender de
lo que es capaz la disciplina de un partido, que logra contrariar las leyes de la
psicología colectiva para recatar la emoción en un silencio, como el de esta
inmensa muchedumbre. Bien comprendéis que un partido que logra esto, muy
fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa.
 Jorge
Eliécer Gaitán, Sus mejores escritos, selección de Santiago
Perry, Bogotá: Círculo de Lectores, s.d. | Ninguna
colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Pero si
esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones.
Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre
siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión
de la conciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la
conciencia del pueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta
demostración, donde los vítores y los aplausos desaparecen para que solo se
escuche el rumor emocionado de los millares de banderas negras,
que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente
asesinados. Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que
atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que
ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al
país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en
sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus
de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad. Amamos
hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que
navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable. Señor
Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas
os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante
propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización! Nosotros,
señor
Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que
aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar
nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia! Impedid, señor,
la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un
pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de
trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia. Señor Presidente:
Nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de
nuestros corazones solo os reclama: ¡que nos tratéis a nosotros, a nuestras
madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis
que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a
vuestros bienes! Os decimos finalmente, Excelentísimo señor: Bienaventurados
los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para
ocultar
sentimientos de rencor y exterminio. ¡Malaventurados los que en el gobierno
ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo,
porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la
historia!
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