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Asunto:[ChamanismoGnostico] EL ESFUERZO
Fecha:Jueves, 21 de Agosto, 2003  21:32:11 (+0200)
Autor:robintri <robintri @..........net>

  (del V. M. Samael Aun Weor)
 
Para experimentar la Verdad no se necesita esfuerzo alguno. La gente está
acostumbrada a esforzarse en todo y supone, equivocadamente, que es
imposible experimentar la Verdad sin esfuerzo.

odemos necesitar esfuerzo para ganarnos el pan de cada día o para jugar
un
partido de fútbol, o para cargar un fardo bien pesado, pero es absurdo
creer que sea necesario el esfuerzo para experimentar eso que es la
Verdad.

La comprensión reemplaza al esfuerzo cuando se trata de comprender la
verdad escondida íntimamente en el fondo secreto de cada problema.

No necesitamos esfuerzo alguno para comprender todos y cada uno de los
defectos que llevamos escondidos en los distintos terrenos de la mente.

No necesitamos esfuerzo para comprender que la envidia es uno de los más
potentes resortes de la máquina social. ¿Por qué quieren muchas gentes
progresar? ¿Por qué quieren muchas personas tener hermosas residencias y
coches elegantísimos? Todo el mundo envidia lo ajeno, la envidia es pesar
por el bien ajeno.

Las mujeres elegantes son envidiadas por otras mujeres menos elegantes y
esto sirve para intensificar la lucha y el dolor. Las que no tienen
quieren
tener y hasta dejan de comer para comprar ropa y adornos de toda especie
con el único propósito de no ser menos que nadie.

Todo paladín de una gran causa es odiado mortalmente por los envidiosos.
La
envidia del impotente, del vencido, del mezquino, se disfraza con la toga
del juez o con la túnica de la santidad y de la maestría, o con el
sofisma
de que se aplaude, o con la belleza de la humildad.

Si comprendemos en forma íntegra que somos envidiosos, es lógico que la
envidia entonces termina y en su lugar aparece la estrella que se alegra
y
resplandece por el bien ajeno.

Existen gentes que quieren dejar de ser codiciosas pero codician no ser
codiciosas, he ahí una forma de codicia.

Existen hombres que se esfuerzan por conseguir la virtud de la castidad,
pero cuando ven en la calle una muchacha bonita le echan algunos bonitos
piropos, y si la muchacha es amiga, no pueden menos que agasajarla,
pecirle
bellas palabras, admirarla, alabarle sus bellas cualidades, etc. El
trasfondo de toda esa coquetería se encuentra en los resortes secretos de
la lujuria subconsciente, tenebrosa y sumergida.

Cuando comprendemos sin esfuerzo alguno todos los juegos de la lujuria,
ésta se aniquila y nace en su lugar la inmaculada flor de la castidad.

No es con esfuerzo alguno como podemos adquirir esas virtudes. El yo se
robustece cuando se esfuerza por adquirir virtudes. Al yo le encantan las
condecoraciones, las medallas, los títulos, los honores, las virtudes,
las
bellas cualidades, etc.

Cuentan las tradiciones griegas que Aristipo, el filósofo, queriendo
demostrar su sabiduría y modestia, se vistió con una vieja túnica llena
de
remiendos y agujeros, empuñó el báculo de la filosofía y se fue por las
calles de Atenas. Cuando Sócrates le vio llegar a su casa exclamó: ¡Oh,
Aristipo, se ve tu vanidad a través de los agujeros de tu vestidura!

Los pedantes, los vanidosos, los orgullosos, creyéndose muy humildes, se
visten con la túnica de Aristipo. La humildad es una flor muy exótica,
quien presuma de humilde está lleno de orgullo.

En la vida práctica hacemos muchos esfuerzos inútiles cada vez que un
nuevo
problema nos atormenta. Apelamos al esfuerzo para solucionarlo, luchamos
y
sufrimos, pero entonces, lo único que conseguimos es hacer locuras y
complicar más y más la existencia.

Los desilusionados, los desencantados, aquellos que ya ni siquiera
quieren
pensar, aquellos que no pudieron resolver un problema vital, encuentran
la
solución cuando su mente está serena y tranquila, cuando ya no tenían
esperanza alguna.

Ninguna verdad se puede comprender por medio del esfuerzo. La verdad
viene
como ladrón en la noche, cuando menos se le espera.

Las extrapercepciones sensoriales durante la meditación, la iluminación,
la
solución de algún problema, sólo son posibles cuando no existe ningún
tipo
de esfuerzo consciente o subconsciente, cuando la mente no es esfuerza en
ser más de lo que es.

El orgullo también se disfraza de sublime, la mente se esfuerza por ser
algo más de lo que es. La mente, serena como un lago, puede experimentar
la
Verdad, pero cuando la mente quiere ser algo más, está en tensión, está
en
lucha y entonces la experiencia de la Verdad se hace imposible.

No debemos confundir la Verdad con las opiniones. Muchos opinan que la
Verdad es esto o aquello, o que la Verdad es tal o cual libro, o tal o
cual
creencia o idea, etc.

Quien quiera experimentar la Verdad no debe confundir las creencias,
ideas,
opiniones y teorías con eso que es la Verdad.

Debemos experimentar la Verdad en forma directa, práctica y real; esto
sólo
es posible en la quietud y silencio de la mente, y esto se logra por
medio
de la meditación.

Vivenciar la Verdad es lo fundamental. No es por medio del esfuerzo como
podemos experimentar la Verdad. La Verdad no es el resultado, la Verdad
no
es el producto del esfuerzo. La Verdad adviene a nosotros por medio de la
comprensión profunda.

Necesitamos esfuerzo para trabajar en la Gran Obra, esfuerzo para
transmutar nuestras energías creadoras, esfuerzo para vivir, luchar y
recorrer el camino de la Revolución Integral, pero no necesitamos
esfuerzo
para comprender la Verdad.