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| Asunto: | [chamanes] "Trabajamos para mantener el equilibrio del planeta Tierra" - entrevista con Arwa Vikú | | Fecha: | Martes, 4 de Febrero, 2003 05:26:28 (+0100) | | Autor: | Foro de Chamanismo Esencial <forochaman @.........net>
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Entrevista con el mamo arhuaco Arwa Vikú
"Trabajamos para mantener el equilibrio del planeta Tierra"
Ricardo Díaz - Consuelo Pinzón - Iván Arana
Visión Chamánica - Colombia
http://www.visionchamanica.com/Chamanes/
Entre nosotros, los viejos dicen: languschina, langus fortui china
("la religión más práctica es el amor, la paz que podamos demostrarle
a nuestro planeta"). Esa sería nuestra verdadera religión.
¿Se pueden considerar las cuatro etnias de la sierra nevada de Santa
Marta como integrantes de una misma tradición espiritual?
Cuentan nuestros ancianos, nuestros guías espirituales, basados en el
mapa sagrado de Serankwa, que allí están demarcadas las cuatro tribus
que hemos tenido asiento en la sierra nevada de Santa Marta: los wiwas o
arzarios, los kankwis o kankwamas, los kágabas o koguis, y nosotros los
vintukwas o arhuacos. A las cuatro tribus nos distingue y nos identifica
el conocimiento de la línea de origen, o la línea tradicional, para
mantener el equilibrio del planeta Tierra.
Además de mantener la unidad en torno a nuestra sabiduría milenaria,
también nos une el marco geográfico de la sierra nevada de Santa Marta,
ya que los picos nevados hacen parte de nuestra fuente de iluminación y
sirven como una antena especial para mantener una guía, una visión, un
espectro a nivel del planeta y eso nos sirve a nosotros para mantener el
equilibrio. Por lo tanto, a los phundwas o picos nevados acudimos todos
los mamos, sin distinción de grupo alguno, y allí hacemos las mismas
ofrendas, hacemos los mismos rituales para mantener precisamente esa
unidad de las cuatro tribus sagradas, esa identidad y ese equilibrio.
¿Qué significa para los arhuacos la línea negra o la línea de origen?
La línea negra para nosotros es la línea sabia o la línea de origen. La
llamamos así porque es la línea que nosotros tenemos por predestinación
desde el momento mismo en que fue creado nuestro planeta. La creación
para nosotros es el conjunto de la esencia de todo cuanto existe y
nosotros tenemos de todo una porción mínima: tenemos de los árboles, de
los animales, de las piedras, de los metales, tenemos del agua en su
mayoría, tenemos de la energía cósmica, de la atómica, de las piedras,
de todo... Por ese motivo, nosotros en vez de hablar de que hicimos
invención de algo muy especial, hablamos de la línea de origen, de que
el hombre debe recurrir a la línea de origen; nosotros la tenemos
demarcada como algo especial, y no solamente la tenemos marcada sino que
la percibimos a través de nuestro conocimiento. También para nosotros
explicar algo del origen, tenemos como especie de unas evocaciones, unas
palabras especiales, altamente sagradas.
Este palito que ustedes están viendo tiene el mismo mapa. Aquí no se
alcanza a ver, pero se supone que ocultamente lleva las líneas. Aquí
está la figura de Serankwa internamente y ésta es la mitad de la tierra.
En sus extremos amarrado, usted coge este palito; no pesa un gramo, no
pesa nada. Entonces si yo cojo ese palito como hombre común y corriente,
sin ninguna evocación, yo no obtengo nada de eso. Pero si el mamo evoca
la línea de origen y le pide que lo ayude, que le transmita esa fuente
de energía de la cual nosotros somos modestos, humildes, de obedecerle a
ella, a su conocimiento, a su energía, a toda su fuerza que está
guardada en lo más profundo, inmediatamente siente esa evocación, la
percibe. Entonces eso es quizá lo que a nosotros nos mantiene aferrados
a la idea de que no podemos dejar de existir en este planeta y que cada
día va a ser renovada la sociedad con base en los conocimientos de
nosotros, de los mamos. Mamo es sabio, es guía; el mamo es el orientador,
es el que mantiene la unidad de todo el planeta. Entonces, si yo cojo
este butaquito y hago mi evocación, cojo mi coquita –mi ayu–, no como la
gente tiene entendido que uno coge la hoja para drogarse, para uno no
hay necesidad de eso.
(En este punto de la conversación, en nuestra presencia, el mamo hace su
evocación en la lengua natal, toma el palito y sin tener ningún contacto
ni enlace físico con el butaquito que se encuentra sobre la mesa, lo
hace levitar).
... Es la diferencia, eso es lo que nosotros queremos explicarle a la
gente. Si el hombre tiene su orgullo, su vanidad, solamente en el
conocimiento de la información, no se aprende nada. Nuestro conocimiento
es más práctico que estudiar. Y se estudia en la práctica y en la medida
en que nosotros tenemos contacto directo con la naturaleza. Yo cuando
pronunciaba el primer término –ñankwa– me dirigía al dueño del planeta:
Serankwa. Y así como existe Serankwa, también existe otra fuerza:
Kakarwa Viku, la fuerza de la luz. Y también existe Kaka Kariwkukuy, es
el poder o la energía de la cosmogonía, del cosmos. Y finalmente me
dirijo al padre de la oscuridad, que en nosotros sería la muerte viva
–porque para nosotros no existe la muerte, la muerte es tan sagrada como
vivir–. Entonces, me dirijo a la muerte y yo le doy un agradecimiento;
inmediatamente me lleno de magnetismo y por eso es que este objetico,
tan chiquitico que no pesa un gramo, me obedece, de otra manera no me
haría caso.
Esa misma aplicación la damos también en la medicina. Por ejemplo, yo
veo a alguien entrar aquí y con eso ya sé si se salva o se muere, así de
sencillo. De pronto yo le pongo un aparato es como por llenar un
requisito, pero no hay necesidad de eso, yo ya estoy viendo si el
paciente se salva o no.
¿Cómo fue su proceso de formación para llegar a ser mamo?
Mi proceso inicia desde muy niño. Yo inicialmente nazco un día martes a
las cuatro de la mañana, en el lugar de Bezameina – "licor sagrado"–.
Cuenta mi madre que ese día había una reunión de mamas ancianos en un
ritual especial sobre la producción y cuando ella regresó nuevamente a
la choza donde estaban reunidos los mamas, se dirigió a ellos y les dijo
que les tenía una sorpresa. La sorpresa era que yo había nacido. A
partir de eso me señalan un anciano mama llamado Vikú. Entonces me
mandaban con él a hacerle los mandados, acompañándolo a caminar con él;
en sí es un ejercicio que parece como si fuera un juego interno entre el
anciano y el niño: uno simplemente lo acompaña y está cerca de él y él
está en sus ejercicios. Estoy hablando de 52 años atrás.
Ya después de que yo paso el proceso de zeimake con el mamo Vikú,
empiezo mi escuela con mi padre Gunmaku-Maney Maku –Apolinar Izquierdo
Suárez, en español–. El era un gran mama y al lado de él estaban los
hermanos, o sea los tíos por parte de mi papá, también todos mamos
–entre ellos estaban mamo Valerio, mamo Atanasio, mamo Mingo Niño, mamo
Cornelio Torres y una serie de mamos que yo pude consultar ya mayor–. Y
lo mismo, empiezo mi enseñanza práctica con mi padre, en los ejercicios,
en las piedras, en los arroyos, en los árboles, las fuentes de agua, con
los animales... y empieza uno a tener ese conocimiento. De manera que
cuando yo llego a la edad de 12 años más o menos, que es cuando yo
empiezo a aprender el español, voy al orfelinato.
En ese entonces se conocía como el orfanato de las Tres Avemarías. Como
ustedes entienden el orfanato era de huérfanos. Pero ese huérfano es muy
relativo. Yo me acuerdo que habíamos más o menos unos 450 niños, entre
hombres y mujeres, y eso era como una guarnición cerrada, como una
cárcel cerrada, grande, con una división por la mitad. Mirando hacia el
norte del lado izquierdo, estaban las mujeres y hacia el lado derecho
estaban los hombres; hacia el lado izquierdo, las monjas y hacia el lado
derecho los curas.
Entonces, yo ya tenía mucho conocimiento sobre lo del mamo, y al mismo
tiempo me existía una duda internamente, cada rato me martillaba, porque
yo empiezo a mirar cómo los niños eran obligados a asistir a ese centro,
y el que no iba allá era castigado. Había el corregidor, era un señor
blanco, el secretario era blanco, los semaneros, como una especie de
policías, eran blancos. Eran autoridades civiles. Y ellos tomaban como
una desobediencia de la familia indígena no llevar los niños al orfanato.
Entonces los castigaban: no recibían las dádivas que eran repartidas –un
poco de harina de trigo que venía de Estados Unidos, con gorgojos y
gusanos; que eso era lo que nos daban a nosotros–. Nos ponían a cultivar
papa, a cultivar cebolla, zanahoria y todos los productos de tierra fría.
Eran jornadas largas. Y toda la producción que salía nosotros no la
consumíamos sino que la sacaban para Valledupar, para Barranquilla...
Nosotros éramos los que menos veíamos de eso. Lo mismo ocurría con el
ganado. Eso había mucho territorio hacia la parte baja de la Sierra en
las riberas del río Nabusimaque; lo que es Santo Domingo, San Francisco,
eso eran ganaderías de los curas. En ese tiempo decían que habían más de
dos mil o tres mil reses de la misión de los capuchinos, allá en
territorio nuestro. Y a nosotros solamente nos daban del ganado que se
rodaba a los abismos; cuando ya estaba medio podrido, lo sacaban y lo
echaban a secar y nos daban de ese ganado.
Una vez había un niño que por motivos de hambre a él le tocó subirse
arriba a la terraza de la casa, que allá los padres guardaban las
panelas. Entonces el niño se dejó agarrar en la terraza; lo bajaron, lo
colgaron de los brazos y le dieron palo. Otro día, yo me salgo un
poquito de la cárcel, de la Misión. Hacia la parte occidental habían
unos árboles grandes y estaban llenos de granadilla, y me subí a
arrancar mis granadillas. Cuando estaba bajando del árbol, yo escuché
algún ruido extraño abajo y yo vi que había un niño, apoyado en un
barranco, y el padre estaba abusando sexualmente del niño, y yo eso lo
vi. Entonces, yo veía cómo los padres amenazaban a las niñas, a los
niños; y cómo llevaban un capuchón aquí detrás y les pasaban por la
mañana dádivas de pan; y ya uno sospechaba de que esos niños eran las
víctimas sexuales de los curas.
Entonces yo me volví desde ese momento un rebelde de mi comunidad.
Tanto, que organicé mi maleta y me fui para mi casa. Cuando llegué allá,
mi padre me pregunta:
– ¿Usted por qué se vino?
– Yo me vine porque yo vi algo raro. –El me quiso desmentir. Le dije:
–Papá, haga su ejercicio; como es mamo, adivine que yo estoy aquí es por
esto, porque yo vi esto. –El me aceptó y me dijo:
– No, entonces usted no puede seguir estudiando allá. Usted se va a
estudiar fuera de la comunidad.
Y sí, a los 16 años di el primer campanazo. Hice el primer documento
–por ahí lo debo tener guardado–, denunciando todos los atropellos que
estaba cometiendo la misión capuchina en contra de los indígenas. Al
lado de eso, sumé unas historias de los mamas que habían visto cómo las
monjitas que salían embarazadas botaban los fetos a los pozos sagrados
(pozo del diablo). Nosotros a los pozos les llamamos yeikunuma (Poder
del Agua). Yei es agua; numa es fuerza del agua, para nosotros hablar
con el agua, y eso lo consideramos como un remanente supremamente
sagrado. Los mamos eran buceadores. Se lanzaban allá a ver qué era lo
que habían botado, perfecto sacaban el feto de las monjas.
Todo eso yo lo empecé a denunciar. Después, como quemaron las kankurwas
del mamo Adolfo, que era un mamo rebelde también, él empezó a hacer las
denuncias que estábamos viendo. Y vimos cómo los padres siempre estaban
aliados con los colonos, imponiéndonos granjas, imponiéndonos cosas,
pero era para saber cuáles eran los mamos que seguían la tradición, para
sostener ellos que todo lo que hacíamos los mamos eran cosas de
fetichismo, de brujería, de paganismo, eran cosas diabólicas. Entonces
nos echaban fuego a nuestras kankurwas.
Todo eso lo denunciamos, hasta que al fin nace la idea de crear en la
Sierra el primer Cabildo Gobernador. Lo hicimos con una segunda
intención: necesitábamos un gobierno interno que sirviera de puente para
mantener una relación directa con el Gobierno. Liberato Crespo, ya
muerto, fue el primer gobernador de la Sierra y yo fui su primer
secretario. Como tenía conocimiento de mamo y el cabildo gobernador era
mamo, entonces nos entendíamos muy bien. Entonces empezamos a hacer los
primeros documentos. Hicimos los primeros lineamientos a nivel
territorial, a nivel educativo. Y a partir de esos primeros lineamientos,
hicimos un documento fuerte donde pedíamos terminantemente que la misión
capuchina tenía que ser expulsada algún día de los territorios sagrados.
Dio la gran coincidencia que en los últimos años de la estadía de los
capuchinos en la Sierra le tocó dirigir a un padre colombiano, el padre
Javier Rodríguez –yo aún le digo padre por cariño–. Al padre Javier yo
lo llevé a muchos lugares sagrados y lo llevé a conocer muchos mamos,
antiguos, sabios, casi la mayoría son ya finados, muertos, y el padre
entendió el mensaje de nosotros. Tanto que un día me dijo: "No, si
ustedes los mamos son más religiosos que nosotros. Yo esta
sinvergüencería, este colonialismo, si no lo voy a aceptar. Yo les voy a
devolver la tierra a ustedes". Y él empezó a entregarnos las tierras,
que eran de nosotros, pero que estaban en posesión de los capuchinos.
Ahí empezó el desastre. El padre renuncia, el padre pidió la baja como
padre y siguió estudiando con nosotros. Nosotros ahí sí fuimos tratados
de comunistas, de falsos secretarios; bueno, de todo lo que ustedes se
pueden imaginar. Sin embargo, yo seguí al lado de los mamos. Termina el
gobierno de Liberato Crespo y se nombra a Luis Napoleón Torres.
Ya en el gobierno de Liberato Crespo, nosotros habíamos planteado la
necesidad de hacer un gran congreso en la Sierra, invitando a todas las
comunidades indígenas del país. Y ese congreso llevaba un objetivo:
fortalecernos internamente y conocer las otras etnias que había en todo
el país, invitando incluso algunas de otros países. Entonces, el mamo
Marco, que fue un gran maestro mío, me asignó ir a visitar a los
evangélicos, porque ellos estaban fortalecidos en la parte oriental.
Una vez que yo voy allá, me encuentro a un indígena que es pariente mío,
a Ángel Torres –él era el pastor; un indígena pastor–. Espero que él
termine su ceremonia y yo lo llamo, le digo: "Primo, yo necesito hablar
con usted urgentemente. Quiero que me acompañe a ese árbol grande que
hay allí". Yo sabía que ese era un árbol sagrado. Al pie del árbol
pasaba un río y ahí estaba al pie como un pozo grande. Yo me llevo a
Ángel y le digo: "Ángel, en este árbol, aquí guardaban reliquias
nuestros ancestros, nuestros viejos mamos, entonces usted tiene que
aprender mucho de eso". Y empecé a hacerle un diálogo sobre el
conocimiento de los mamos. De tal manera que él regresó nuevamente al
templo, a la iglesia evangélica y me dice: "No, si eso es así, yo lo voy
a acompañar". Yo ya le había dicho en qué fecha se hacía el congreso. Y
de una vez en la noche, me acuerdo, como a las diez de la noche, él
ensilló su mula y se despidió de la señora y se fue a donde había otro
pastor indígena.
Él representaba algo, pero fuera de eso era pastor, llegamos a las
cuatro de la mañana a la casa de Luis Napoleón y lo mismo. Yo voy
preparado dentro de la orden que me dan los mamos al diálogo con él y
llevo al otro pastor. Llegamos a un acuerdo, sacamos por conclusión que
él era yerno de un gran mama llamado Julián. Yo le dije a él ya por la
mañana, vamos a visitar a su suegro. Al mamo, un viejo anciano, se le
hizo raro que llegaba el pastor evangélico a visitarlo. Entonces, él me
abrazó a mi, el anciano, el mamo me dijo: bienvenido que haya traído
estos personajes aquí. Ahí hacemos el primer trabajo. Por eso le digo
que yo creo en mi tradición y estoy aferrado a mi tradición, sin ninguna
pelea alcancé a dominar a esos dos señores. Tanto que cuando voy al
congreso, ellos asisten al congreso: nadie esperaba eso. Y a partir de
eso empezamos un trabajo intenso. Yo no los dejo, yo me traslado un
tiempo hacia la parte oriental, en la zona evangélica. Yo tengo ya con
Ángel varias experiencias. Ángel, que era pastor evangélico, se vuelve
para el movimiento indígena. Él hace las primeras denuncias en contra de
los evangélicos, después de que era su gran amigo. Él se apoyaba en que
yo estaba con él.
Nosotros alcanzamos a coger cosas tan delicadas que eran anticonceptivos,
eran esterilizantes, eran una cantidad de drogas, todas sofisticadas,
gringas, y nosotros las trajimos al Ministerio de Gobierno en ese
entonces para que las estudiaran. Después hicimos denuncias donde decían
los mamas que los indígenas estaban quedando estériles. Esa era una
política del Instituto Lingüístico de Verano: acabar con las comunidades
indígenas. Todo eso lo denunciamos en ese entonces, y pedimos también el
retiro. Ya en el segundo viaje nos tomamos el templo evangélico a la
brava, y entonces tuvieron que salir los del Instituto Lingüístico de
Verano de allá. Fue la primera sorpresa.
Después, cuando ya se hace el primer Congreso Arhuaco, de ahí se nombra
a Luis Napoleón como Cabildo Gobernador de los Arhuacos –alrededor de
los años 1976 a 1986–. Lo acompaño a él en los primeros cuatro años, y
dejo de acompañarlo porque ya sucedieron cosas muy directas contra
nosotros, contra el movimiento. A mí me empiezan a hacer la persecución.
Pero yo sabía que eso era orden de los curas, de los padres; me hacen
dos atentados, uno en Valledupar, uno en Pueblo Bello, y a partir de eso
consulto a mi papá y él me dice: "No. Usted tiene que irse. Si no se va,
está corriendo mucho riesgo". Le hago caso a mi papá y me vengo para
aquí, para Bogotá.
Aquí me dediqué a la parte médica que yo había aprendido. Estando aquí,
me vuelven a llamar; Napoleón vuelve y me llama, me dice: "Lo
necesitamos porque hay unos problemas muy agudos internamente". Yo volví
y estando allá ocurrieron cosas muy extrañas, ya cuando desaparecen
algunos indígenas, ya cuando matan unos colonos. Entonces, el problema
fue serio. Yo no sé cómo no caí, me salvé. Pero me tocó en ese entonces
hasta de abogado de mis hermanos indígenas. Porque yo vi cosas muy
terribles. Encontrar los cadáveres amarrados a orillas de los ríos; los
indígenas amarrados, entre cuatro, cinco y seis, así... y todo eso se
quedaba en silencio. Sin embargo, yo hice inteligencia muy internamente
sobre quiénes eran los asesinos y los denuncié con nombre propio. Ellos
fueron fulano y fulano. Y eso me acarreó problemas tremendos. Sin
embargo, ya sabía que eso iba a venir. Hasta el último día, antes de
renunciar, iban por la cabeza de Napoleón, lo iban a matar a él, y yo
estaba por delante. Sin embargo alcancé a avisarle a Napoleón:
escóndase; porque ya iban los sicarios a matarlo. Entonces, esa tarde
llegan un hermano de Napoleón y otros líderes que estaban armando una
tienda comunal arriba en la Sierra, y vi cuando pasaron –en ese tiempo,
una ranger– hacia arriba, una vez que ellos habían salido. Y al otro día
que averiguamos, que bajaban los indígenas, preguntamos si había llegado
el hermano de Napoleón. No llegó.
Estaba mamo Zarai, anciano que yo lo había llamado porque él era rebelde,
no le gustaba nada de gobierno, ni de política, él era alejado de eso,
mamo consagrado solamente a su conocimiento; pero él me hizo caso,
entonces me dijo "yo lo voy a acompañar unos días". El me acompañó y fui
y le consulté yo al mamo. "¿Por qué no me adivina qué pasó con esos
señores?" "No, esos señores aparecen muertos", de una vez me dijo. Sí,
se nombró una comisión y se encontraron los cuatro cadáveres: otros
cuatro cadáveres de indígenas. El hermano de Napoleón y otros. Como yo
sabía quienes eran, entonces vine y los denuncié directamente a ellos.
Entonces los otros pues en venganza, ya como a los tres meses asesinan
otros familiares de ellos y se agudizó el problema. Traen los indígenas,
los meten a la cárcel. Yo tenía bastante influencia en Valledupar con
algunos jueces y con eso pude sacar los indígenas de noche de la cárcel
donde estaban detenidos y los volví otra vez a la Sierra. Entonces eso
me fue acarreando problemas y me tocó abandonar la sierra por algún
tiempo, hasta que ya toda esa gente, que eran malos y todo eso, se
fueron muriendo poco a poco y así ya pude regresar a retomar nuevamente
la medicina.
Lo único que sí tengo es el agradecimiento de la Sierra, que no me han
abandonado los mamos. Tanto, que estoy aquí casi cumpliendo una misión.
De allá mandan las ofrendas para que visite muchos lugares que
consideramos altamente sagrados, como santuarios –Monserrate, el Salto
del Tequendama, las salinas de Zipaquirá, la laguna de Guatavita y otros
sitios–. De tal manera que todos los objetos que ellos me mandan de allá,
tengo que hacerlos llegar a esos lugares para mantener viva la esperanza
de que mucha gente que está aquí se va a sensibilizar mucho con el
problema indígena; no solamente de nosotros los arhuacos, sino también
de las comunidades indígenas en general; porque pensamos de que las
comunidades indígenas también hacen parte del conocimiento de la línea
negra que nosotros hablamos y por eso hemos estado invitando en los
últimos años, ya se han hecho dos congresos a nivel internacional en la
Sierra y uno se hizo en el Amazonas y hemos estado promoviendo esa
comunicación. Y aquí los estudiantes me tienen como parte de consulta
cuando ellos tienen sus problemas a nivel interno. Entonces los
estudiantes arhuacos, koguis, que están en las universidades vienen
aquí; necesitan fortaleza espiritual, entonces les hago su ejercicio
aquí y se van a estudiar tranquilos. No tienen problema. Entonces hemos
cumplido ese papel.
Lo otro es que tenemos mucha gente indígena con problemas de salud, aquí
ya han venido. Por ejemplo, un líder indígena de Tierradentro al que no
lo había podido curar nadie. Muy grave me lo trajeron; en tres sesiones
se curó. Entonces me invitaron a un encuentro del CRIC –Consejo Regional
Indígena del Cauca–, no fui porque me mantengo aquí muy ocupado –les
pedí excusas porque no podía ir–. De todas maneras ese es un servicio
que tengo orden de prestar a los hermanos indígenas también. Lo hacemos
porque pensamos que ellos también tienen que aprender de este
conocimiento para que sientan confianza de que no es solamente la
medicina científica, sino que hay una medicina sencilla que también se
puede utilizar. A eso le estamos dando aplicabilidad en la Sierra Nevada
a través de la ARS indígena que tenemos allá. Y, ¿qué ha ocurrido? Que
nosotros tenemos superávit. Que los dineros que nos ha dado el gobierno
solamente los estamos utilizando para los casos más delicados. Pero los
niveles de medicina general los manejamos nosotros y no cobramos. Nos ha
ido bien en ese sentido. Nosotros a nivel interno sabemos que el dinero
hace mucho daño, entonces solamente lo manejamos a nivel externo para
pagarle a los médicos generales, los cirujanos y las clínicas, nada más;
a nivel interno estamos los médicos tradicionales, los mamos, con
nuestra botánica.
Durante todo ese gobierno a partir de Napoleón, cuando lo nombran
Cabildo Gobernador, se fortalece la comunidad. Hay un pequeño impasse
ahí. Cuando se nombra el Cabildo Gobernador aparentemente se divide la
comunidad: los de mentalidad mestiza y los de mentalidad tradicional. Yo
estaba dentro del grupo de los de mentalidad tradicional. Como los de
mentalidad mestiza en ese entonces eran casi mayoría familiares míos, en
un tiempo yo me eché mi familia encima por ese problema. Sin embargo, yo
seguí trabajando internamente. Fui preparando los líderes a nivel
interno y en todas las conferencias les fui divulgando el conocimiento
de los mamos. En ese momento lo tomaban algunos como burla, porque
tenían todo el conocimiento de los curas, de los misioneros, y allá no
había más religión sino la religión católica. Pero cuando ya a los
padres les ponemos la cosa bien dura, tienen que abandonar el territorio
de la Sierra, ellos quedan aparentemente desarmados. Entonces, como
ellos estaban preparados para dirigir la parte administrativa, porque
les habían enseñado, a ellos les dieron todos los cargos y nosotros los
indígenas de mentalidad tradicional nos salimos de esos cargos; una
táctica que utilizamos, y los empezamos a trabajar. Como esto es de los
mamos, y el pensamiento es de mamos, ustedes tienen que obedecer a los
mamos y no los vamos a obligar. Ahora vamos a hacer al revés de lo que
harían los curas; los niños que quieran ir al mamo que vayan –como había
un trabajo previo, pues la mayoría acudió a los mamos.
Entonces fue tomando fuerza el movimiento, hasta que nombran a
Bienvenido Arroyo, que cumple un doble papel, porque tenía una relación
muy fuerte con los colonos y una relación muy fuerte con los indígenas.
En ese doble trabajo que se hace estuve colaborándole casi siempre,
orientándolo, y empezamos a promover ya a la gente nuestra para que se
preparara en la universidad, tuvieran un conocimiento. Casi todos eran
hijos de mamos, de manera que no perdían el puente; estaban en la
universidad, hacían el puente que yo les daba aquí, el conocimiento, y
allá lo veían y lo reforzaban.
Cuando ellos salen profesionales van a ocupar los cargos y, lógico, esa
gente está muy preparada y no se iba a dejar engañar muy fácil. Entonces,
van ocupando todos los cargos. Es el caso de las escuelas indígenas que
eran antes dirigidas por profesores extraños a la comunidad, ya son en
este momento 100% indígenas.
En este momento estamos peleando ya los cargos a nivel gobierno. Hemos
encontrado la traba porque son cargos políticos, de cuotas políticas.
Ahí estamos agarrados. En este momento estamos solicitando que el jefe
de la División de Asuntos Indígenas sea un indígena y ellos están
aferrados que no, porque eso es una cuota política. Pero pensamos que lo
vamos a ganar. Pensamos también que las alcaldías que están alrededor de
la Sierra y donde tenemos más población indígena, esas alcaldías tienen
que ser indígenas. Porque fueron alcaldías impuestas, a sabiendas que
suplantaron el resguardo y lo hicieron sobre el resguardo, el caso de
Don Diego, de Pueblo Bello y de Dibuya, todo eso afectó territorio kogui,
territorio arhuaco, el resguardo arhuaco. Ese es otro trabajo que se
está haciendo y tenemos gente allá.
Entonces, todo eso ha servido para mantener la línea de los mamos. Hay
un lugar que nosotros vamos a revivir ya como una escuela de mamos en la
Sierra, que es una escuela antigua y es la escuela que siguió Arumaku
Flores. Él era hijo de un cura alemán con una indígena de la Sierra, de
ahí se mestizó la comunidad, esa rama, y los que se quedaron solamente
con su raíz tradicional se murieron. Entonces Arumaku Flores decía que
nosotros no vamos a perder nuestra tradición a pesar de que habíamos
recibido un mestizaje a través de ese cura. Él tuvo asentamiento en un
lugar en la Sierra donde invitó a las cuatro tribus –los kogui, los
arzarios, los kamkuamas y nosotros los arhuacos– y en ese lugar él hizo
las insignias sagradas que su pueblo jamás debía destruir. Él era como
un profeta. Fue el que recibió por primera vez la distribución de los
elementos extraños a la comunidad –como era el machete, la pala, objetos
de cocina, los animales domésticos: la vaca, el burro, el ganado–; pero
bautizados, no metidos violentamente. Él los recibió con ceremonia y con
todo, él asignó para eso un templo especial. Él se consideró en ese
tiempo como un guía espiritual de una comunidad muy grande, pero eso
está casi en su extinción. Por eso era lo que los curas estaban felices,
porque ellos tenían mamos a favor de ellos también, haciéndole trabajo a
ellos y nosotros los tradicionales por otro lado. Entonces había como un
choque.
Hoy todavía quedan rezagos de eso por ahí, pero ya muy pocos. Porque la
organización más grande la está dirigiendo el movimiento Guzintana, que
es el movimiento de nosotros. Por decir algo, si en la comunidad mía hay
100 mamos, por ejemplo, nosotros tenemos más o menos 70 mamos a favor
del movimiento de nosotros, y mamos muy serios, muy respetados, los que
hemos trabajado por ejemplo la recuperación de los mapas sagrados, la
fortaleza de la línea negra, los que estamos fortaleciendo las escuelas,
los que hemos permitido que el hombre tiene que capacitarse en ambas
culturas. Allá hay unos que están aferrados a que el hombre no debe
recibir enseñanza de ninguna. Es un movimiento muy pequeño, pero lo hay;
son muy fácil presa de manipularlos y todo eso. Pero pensamos que poco a
poco vamos a lograr esa unidad. Entonces, antes nos decían que era
porque los indígenas no se habían capacitado, pero hoy tenemos gente
capacitada: en derecho, en medicina, en enfermería, en administración,
en contaduría. Entonces, ya no nos pueden sacar excusas de que es que
los indígenas no se han preparado. Estamos en esa pelea en este momento.
En ese tiempo, en esos cincuenta y pico de años que llevo, he hecho el
curso general de mamo. Y el último esfuerzo que tengo pensado hacer, que
ya lo estamos empezando, es volver a levantar la Kamsamaría.
¿Qué es y qué significa el proyecto de levantar la Kansamaría?
La idea de volver a levantar la Kamsamaría significa volver a nuestros bailes
tradicionales, a nuestras danzas originales. Es la danza del
agradecimiento al planeta por nosotros existir aquí, en este planeta. Es
la danza de agradecimiento por la humanidad, por todas las razas que
existen. Es la danza por nuestros hermanos los animales, es la danza por
nuestra respiración, el viento, el aire, la luz, todo eso. El único
requisito que nos están pidiendo los ancianos es recoger plumas de todo
tipo, de todo el continente, de todo el mundo –por ahí hasta trajeron
unas de Australia muy bonitas–. Me están trayendo plumitas de todas
partes y piedras –ahí tengo una que me trajeron de Noruega–. Esas
piedritas yo las voy marcando y tenemos ya un lugar donde tenemos
depósito de piedras y de plumas. Y para que nos quede completamente el
ritual voy a invitar a los de la revista Visión Chamánica, no sé cuando
será pero los voy a invitar. Tenemos cuatro niños y cuatro niñas que ya
están más o menos en la edad de 7 años. Ellos ya tienen la enseñanza del
conocimiento de los mamos; no pueden salir de día, solamente pueden
salir de noche para su ejercicio espiritual y vuelven y regresan, pero
no les puede dar la luz del sol. Estamos preparando esos jóvenes para
hacer el levantamiento de la Kamsamaría, en la gran kankurwa mayor de
Yozagaka. Parte del trabajo que estoy adelantando, lo estamos haciendo
por familias. Tal familia hizo tal cosa, levantó la huerta. Estoy
llevando el censo de cómo se está haciendo, y de los estudios que están
adelantando cada uno de los mamos, con los koguí, los kankwamas, los
arzarios, con nosotros. Lógico que hay un grupo de mamos, minoritario,
que no están de acuerdo con eso; dicen que si nosotros hacemos eso es
como darle una portada a los hermanos menores para que tengan acceso
allá, cuando eso allá era completamente cerrado, allá no puede entrar
nadie. Pero el mamo Flores decía al revés: si nosotros no adquirimos el
conocimiento de la sociedad mayor, vamos a ser presa fácil de que nos
acaben, nos engañen; ahora vamos a entrarle al revés, vamos a
demostrarle que el conocimiento de nosotros es el verdadero; por qué
vamos a tener miedo al hermano menor, al contrario, aquí va a aprender,
se va a sentar encima de esas piedras, va a sentir la fuerza y la
energía, y aquí va a llorar arrepentido, de todo el daño que nos han
hecho.
Mamo Munévar (90 años) es el anciano sabio que está liderándonos en este
proyecto. Yo solamente le estoy aportando desde un ángulo; el aporte va
en gente, en personas con las que internamente en la comunidad están
trabajando para levantar las kankurwas. Ya hicieron una, o sea que vamos
avanzados, pensamos que en un año o dos vamos a estar haciendo el primer
ritual con las plumas de las aves y las piedras –que les encargo, así lo
hacemos más rápido.
¿Qué función tienen las plumas?
Simplemente que con las plumas se llaman las aves, se llama toda clase
de aves. Sabemos que hay aves migratorias de todos los continentes y la
Sierra ha sido un lugar de paso; tenemos aves extrañas allá. Ese para
nosotros es un buen mensaje, la Sierra se está revistiendo otra vez,
porque están contentos; ya nosotros por lo menos dejamos de talar las
partes altas y estamos ocupando las tierras bajas que eran de los
grandes ganaderos del Cesar, del Magdalena, ahora están los indígenas
ahí. Entonces arriba se está repoblando otra vez la Sierra y con las
aves, con las plumas, hacemos las coronas, los vestidos rituales, y
hacemos las faldas para las danzas especiales. Hay 18 tipos de danzas
especiales: 9 danzas para los humanos y 9 más para el cosmos; cada una
de esas danzas tienen significado diferente; 9 para la cosmogonía y 9
para nosotros los terrenales. Y ahí se busca la unidad del conocimiento
de todos los pensamientos. Porque entre nosotros, los viejos dicen:
languschina, langus fortui china ("la religión más práctica es el amor,
la paz que podamos demostrarle a nuestro planeta"). Esa sería nuestra
verdadera religión.
¿Cómo conciben los médicos tradicionales de la sierra nevada de Santa
Marta la salud y la enfermedad? ¿Qué es para usted salud y enfermedad?
Salud y enfermedad son hermanas. Biicha bii es un alimento y cha es el
asiento de ese alimento. Zayu es la putrefacción, como el desecho, como
la corrupción de esa enfermedad. Duwanare es la salud. Duw es la
sensibilidad del viento. Duwana también es viento. Entonces nosotros
vemos a la salud y la enfermedad como hermanos, ellos van a la par;
dándonos a entender así que todos los hombre nacemos enfermos y llevamos
salud al tiempo. Para explicar eso mejor se pone como un ejemplo. Nos
dice: Deynare biichanu. Nos dan a entender de que todos los días nacemos
y morimos a diario. Y comparan la salud cuando estamos despiertos y la
enfermedad cuando estamos dormidos, más no muertos. Es decir, que
morimos muertos, morimos vivos y nacemos con salud todos los días, ese
es el juego. Hay varias clases de enfermedades, empezamos a determinar
ahí sí de acuerdo al aspecto somático de cada persona en particular.
En el caso de la Sierra lo empezamos a analizar a partir de cada familia, de
cada línea genealógica, de cada casta; eso nos da el indicativo de la
enfermedad. El sitio o lugar de nacimiento es otra forma que nos
determina cómo es la enfermedad. Para nosotros no perder el control de
una enfermedad hacemos un ritual sencillo: en el momento en que nace el
bebé, inmediatamente cogemos los residuos de esa placenta, de esa
primera sangre, y nosotros le hacemos un ritual muy especial y lo
enterramos en un lugar determinado; eso es sagrado para nosotros, y ese
ser que está creciendo es sagrado; y lo hacemos con la intención de que
así como esa sangre le fue entregada a la madre tierra, como en
agradecimiento por ese ser que está vivo, nos va a servir también para
determinar la enfermedad a medida que él vaya creciendo –aquí no se
puede hacer eso, allá si lo hacemos–. Eso mismo nos sirve para
determinar las enfermedades de carácter emocional, de carácter esotérico,
de carácter mágico. Moruze tona, lo que llaman aquí una posesión
diabólica; todo eso lo hacemos.
Ahora que digo diabólica, la semana pasada, antes de Semana Santa, tuve
aquí como siete casos de posesión demoniaca. Entre ellos me trajeron un
pastor pentecostal y una niña como de 16 años de los testigos de Jehová;
se curaron rápido, así como levantar un palito también se curan. En la
Sierra tenemos una forma de determinar las enfermedades, y aquí no
estamos lejos con mi experiencia. Yo he hecho de pronto un traslado del
conocimiento de allá, de la Sierra, y lo he puesto en práctica aquí y me
ha dado unos magníficos resultados. En mi consulta tengo en cuenta dónde
nació el paciente, su origen, en qué pueblo, en qué corregimiento.
Entonces yo cojo mi mapa, lo extiendo hacia allá y ya sé que eso me
queda hacia el oriente, o hacia el norte, etcétera, y ubico al enfermo.
Le hago allá un mapa chiquito mental, todo lo hago a manera de un ritual.
Él no se da cuenta –dirá, bueno y por qué me pone mirando para allá o
por qué me pone hacia el norte–, pero yo sí estoy trabajando con base en
eso. Entonces hago mi evocación. Si él tiene su biicha originaria, debe
tener también su mamá y su papá, la enfermedad tiene su madre y tiene su
padre; entonces hay que recurrir a ese padre y esa madre de la
enfermedad, evocándolo a él, y de una vez dirigirse a la cabeza,
volverlo a traer. Yo en ese momento hago de cuenta que es un indígena y
simplemente cojo el nombre de él y hago su evocación y de una vez me van
dictando la fórmula.
Ah, el clima es muy importante. El clima entre nosotros es yuia, que es lo
que también nos determina una enfermedad. Si mi paciente es nacido aquí
en Bogotá, por decir algo, en este paciente va a predominar más la
planta de Melgar, de Girardot, que las plantas de aquí, de tierra fría y
si el enfermo es de Girardot van a predominar más plantas de tierra fría.
¿Y cómo vamos a ubicar la enfermedad? Muy sencillo. Yo hago la evocación
del bichamu de padre y madre de esa enfermedad, inmediatamente me está
diciendo, cómo un relojito –casi que ve uno qué está sucediendo–: es una
agriera, es una gastritis, es un cáncer –hasta un cáncer se ve fácil–.
Uno sabe de una vez si se va a morir.
Antenoche fui a ver una señora por aquí por el barrio Quiroga, porque el
señor tiene cáncer de huesos, y entonces me decía "mi martirio grande es
verlo llorar del dolor tan impresionante". "Yo le voy a preparar unas
goticas. Eso le quita el dolor, pero este amigo ya no tiene más, porque
está totalmente invadido", así le dije; "pero las goticas esas sí se las
garantizo. Déme tiempo o vaya en una hora y se las hago". Me dijo la
señora que le dio las gotas y que apenas se tomó las cinco gotas, el
señor empezó delirar y a mandar las manos y a medida que mandaba las
manos el hombre fue agachando las manos y se durmió. Hacía un mes, dos
meses, que no dormía del dolor tan impresionante. Ella asustada, "¿y por
qué ahora está durmiendo?" "Ahora sí está durmiendo, pero para que viaje
pronto. Qué vamos a tener un señor que ya no tiene remedio y verlo
sufrir un mes más, dos meses ahí. Él va a viajar, se le quito su dolor".
"Pero está pidiendo mucha comida". "Déle de todo lo que quiera". "¿No le
hace daño?" "No. Déle lo que pida". Entonces, está feliz, está comiendo.
Pero yo si sé que él no va a demorar mucho, pero se va sin dolor. Se va
contenta ella también porque el hombre se va tranquilo. Esa, digamos, es
una forma de nosotros orientar, de nosotros hacer una distinción de una
enfermedad.
Casi nosotros podemos decir que en este momento los hombres estamos más
enfermos que buenos. Por cualquier parte que nosotros cojamos un ser
humano, está fallando, de acuerdo a la tesis de nosotros los mamos. ¿Por
qué? El hombre ya perdió su hilo original, su línea original ya la
perdió; esa es la primera enfermedad grave. Quiero decir con esto que el
hombre está caminando sobre la tierra sin agradecer cada paso que da
sobre la tierra. Y si él no tiene sentido, no tiene seguridad ni fe en
ese paso que está dando sobre la tierra, ya es un enfermo, es un profano
de la tierra. Eso dicen los mamos. Entonces, nosotros, una vez salgamos
de estas paredes que son artificiales, de ladrillo quemado, ellos tienen
también un remanente sagrado, hay que agradecerles, desde las manos
maestras que las hicieron. Ese cuadro, si me lo regaló un señor que hizo
un montaje, tuvo destreza, tuvo el amor de hacerlo, traérmelo, es
sagrado; consiguió la foto de la Sierra y me la montó ahí, es sagrado. Y
todo lo que uno ve es sagrado. Entonces el mamo dice, "la sociedad mayor,
los inteligentes, ya dejaron de pagarle a la madre tierra; en vez de
pagarle, ahora la están es azotando". ¿Su azote cuál es? La
contaminación. ¿Cuál es el otro azote? Las grandes invenciones
científicas, entre comillas. Todo eso va en contra de la tierra. Todos
los vicios ajenos a lo humano, a lo humilde, todo eso es dañino. La
comunicación, ¿por qué hicimos bajar unas antenas de la Sierra? –antenas
de televisión, de Telecom–. Los mamos consideraron que eso no es ningún
desarrollo, contamina. Una antena de esas perturba nuestra mente cuando
estamos evocando a nuestros grandes maestros; allá se nos mete en la
cabeza y nos está haciendo daño; por favor, bajen las antenas. Nos las
tuvieron que bajar. ¿Por qué no permitimos un centímetro más de
carreteables hacia la Sierra? Por eso. Acusa kepoty, dicen; es como si
fueran agujas que nos están introduciendo. Ya acabaron con el resto,
ahora vamos a cuidar esto que no es de nosotros, es de todos. Pero vamos
a cuidarlo en la mejor forma y verá que esto va a tener un espectro a
nivel continental muy grande, dicen los mamos.
Aquí va a venir mucha gente. Ahora no pueden porque tenemos un cerco de
gente y un cerco de otras mentes, pero ellos no van a ser eternos, ellos
también tienen su remedio. Pero eso va a pasar y va venir mucha gente;
vamos a tener que ir preparándoles los pasos. Entonces, la enfermedad y
la salud, la vemos de esa manera.
Ya las enfermedades específicamente también tienen sus clases, de
acuerdo a la parte corpórea o la parte física que afecten. Del ombligo
hacia arriba, la llamamos bichamu yuicruiba; si es del ombligo hacia
abajo, bichamu kacruiba. Es decir, que las enfermedades del ombligo
hacia abajo tienen que ver más con lo amargo; y de aquí hacia arriba con
lo dulce de las plantas. Así tan sencillo lo determinamos. Pero si
hacemos una mezcla de amargo y dulce y de todo eso, ¿cuál va a ser la
respuesta? Un envenenamiento total del organismo. Entonces, a partir de
eso hay que empezar a regular la enfermedad. El cáncer, por ejemplo; el
sida, el lupus, la psoriasis, el vitíligo, la cirrosis, toda una
cantidad de enfermedades que clínicamente consideran que no hay remedio,
sí tienen remedio, lo que pasa es que hay que hacer el equilibrio. Pero
si el equilibrio lo hacemos a través de un objeto raro, que se le llama
sofisticado, ese no me da el diagnóstico. ¿Qué remedio le vamos a poner
ahí?
Aquí me han llegado muchos casos de esos... la mayoría. Llega aquí un
señor que lo llevaron a la clínica tal y le hicieron, bueno, todos los
exámenes y no le encontraron nada porque el señor no tiene nada. Y todo
parece que está bien. Colesterol, triglicéridos, ácido úrico... Entonces
yo le decía a una colega que vino aquí –una médica de Salud Coop–; decía,
"pero mira, están buenos, estos exámenes no tienen nada. Pero si la
señora está enferma, la señora se está muriendo, ¿cómo la formula usted
en ese caso?" Entonces yo le decía a la médica, "ustedes saben formular,
pero no saben curar, que es diferente".
Para curar hay que tener casi como una misión, para curar casi hay que
estar revestido de una autoridad, de respeto, no solamente hacia la
enfermedad sino hacia el individuo, la persona que tenemos por delante,
que es sagrada, para poder ver la enfermedad. Entonces yo le hice una
demostración para que ella lo viera. "Toque aquí en esta parte, o le
traemos uno que supuestamente está sano a ver que ocurre". Todas esas
cosas son pasos que nos enseñan a determinar una enfermedad.
Eso en la parte biológica. Pero aquí han venido muchísimos casos de
enfermedades de tipo ya sobrenaturales –aunque yo no estoy muy de
acuerdo con eso, porque no nos lo enseñan así–. Nosotros le damos otro
término: bichamu moruyina, que es diferente. Y cuando una enfermedad
toma la posesión de un individuo y a través de él se manifiesta como una
persona contraria, es un guía que él tiene internamente. Él no lo ve, yo
sí lo veo; simplemente lo estoy viendo y sé quién es. ¡Ah!, bueno, ¿tú
de qué lado vienes? Yo le hago un llamado, entonces él viene. ¡Ah!,
bueno, ¿tú lo estás molestando (encocri yemo, por ejemplo)?, ¿estás
molestando el espíritu de esa persona?. Estése quieto, usted no tiene
porque estar molestando, él es de nosotros. Y bueno, él parece que
empezara sin darse cuenta a hablar y me entrega la clave. Dice déme algo,
déme tal cosa, y eso es todo lo que yo hago. Y la identidad esa sale a
correr, a perderse, se confunde y se integra, y de una vez el hombre se
cura. Eso es diferente.
Estaba enseñándole yo a mi mujer hace como tres días y yo siento al
paciente. Mi mujer estaba ahí con la inquietud de cómo yo lo hacía. Yo
cojo mis bastones, le doy este bastón a la derecha y este a la izquierda.
Hago el pronunciamiento de mis palabras sagradas, mis evocaciones de la
naturaleza sagrada, y el señor empieza a batir los bastones. A medida
que se va afectando es más fuerte. Mi mujer salió corriendo. Entonces,
¿cómo puede aprender una persona así? No sirve para aprender. Se asusta.
No se puede tener miedo. Ahí es donde está la capacidad, la serenidad
del médico. Si yo estoy revestido de una autoridad, ¿por qué voy a tener
miedo?
Antes de la Semana Santa ocurrieron aquí cosas. Trajeron un muchacho
amarrado de Madrid, Cundinamarca, porque era esquizofrénico. Lo primero
que pedí fue que me lo soltaran. Lo soltaron, me lo dejaron aquí solo y
salieron a correr. Entonces yo lo entré al consultorio. Yo lo veía como
delirando, hablando y me hacía señales. Bueno, yo me senté con él,
preparé mi remedio, le di su toma, lo senté, lo acosté en la camilla, y
entonces llamé a los familiares y no querían entrar, porque pensaron que
él me iba a dar golpes. No, ahí se quedó dormido, como media hora.
Cuando yo lo llamé, ya se despierta, lo siento; entonces me pongo a
dialogar con él y empieza a echarme la historia a su manera, sobre cómo
le había empezado el malestar. Lo pongo a hacer ejercicio. Después, en
uno de esos ejercicios él siente y dice: "¡No!, sentí que algo se me
salió por aquí, algo se me desgarró por acá". Le doy el otro remedio.
Mando a llamar la mamá: "Usted me le va a hacer esto". Y no quería
entrar, "No. No me le mido". Digo, "Si yo la estoy orientando". Al fin
pudo hacerle; y es que si no lo hace, no se cura. Lo limpio y todo eso y
listo; se le pasó al hombre. Tranquilo, a los ocho días que ya vino: "No,
ya soy otro". Se le había quitado todo, el semblante, todo. Comía bien.
Que antes llevaba como quince días de no comer. ¿Cómo iba a estar? Se
recuperó. Después me preguntaba él: "Bueno, ¿quién me hizo eso?" Esa es
la otra, porque ellos insisten: "¿quién me lo hizo?" Uno sabe quién fue,
pero no puede decirlo. No se puede decir en ese momento. Hasta que la
cuestión la tome muy deportivamente; él no puede ver un motivo para
hacerle mal a alguien –puede tomar una venganza material contra el otro–.
Entonces, no. "Dejemos así que algún día yo le digo". Ahí termina la
anécdota con este enfermo.
¿Por qué tanta enfermedad en el medio urbano? ¿Cómo ven ustedes el que
nuestra sociedad esté tan enferma?
Nosotros hablamos de la línea original que guarda el equilibrio de la
humanidad y esa línea la llamamos zia yina. Yina es el común de toda la
humanidad que hay en el planeta. Zi es un hilo imaginario de energía que
pende desde el sol. Esa línea que viene del sol se proyecta en el
cerebro y a partir del cerebro, su luz mágica hace que todo pueda
existir, inclusive nosotros podamos observar y ver, y mantener verde la
naturaleza, mantener vivas las aguas de los mares, de todos los
continentes. Entonces, nosotros demarcamos el zia yina que es el que
está fallando, está desequilibrado.
Dicen nuestros viejos, simplemente, es que el conocimiento de la línea
sabia, o la línea de origen, del zia yina, a partir del sol, es el que
el hombre perdió su control. Entonces que como perdió el zia yina, el
control del sol, por todas las contaminaciones y las profanaciones que
se están haciendo en la tierra, ese zia yina está repercutiendo allá en
el sol y entonces se están produciendo una serie de gases –entre
nosotros, bakuma-nary–. Hablan de los ati buna. Ati es madre, buna son
corrientes de gases que están girando en el firmamento, unos positivos
otros negativos. Entonces esas corrientes de aire están produciendo un
fenómeno que es el recalentamiento del planeta y al haber un
recalentamiento en el planeta, esa proyección que viene de allá
contamina los mares –grandes mares para nosotros, son los yui kriba; en
términos más sencillos yibu, el conjunto de todas las aguas de los
mares–, eso se transmite a las plantas y esos gases que envenenan los va
a consumir uno a través de los alimentos, y los absorbe el cuerpo.
Entonces, dicen los ancianos que de acuerdo a la coloración de las razas
humanas, esa contaminación va a tener unos efectos supremamente
difíciles; los antibióticos y las otras invenciones científicas –los
corticoides, las cortisonas– no van a ser suficientes para dominar eso.
Eso aquí en Bogotá lo tenemos. Vemos niños y ancianos con problemas
respiratorios que eso es tremendo. Cuando eso se puede combatir con
yerbas, con plantas medicinales. Aquí viene una señora, me trae un niño
con problemas respiratorios: "hágame esta agüita así". Eso es efectivo;
ya, sale. Pero si ella hubiera ido donde un amigo médico, me la llena de
antibiótico y ahí estuviera todavía con el problema.
Ese es el problema que está ocurriendo aquí, de acuerdo a lo que nos han
dicho los ancianos. Esa línea de origen está en desequilibrio en este
momento a partir de los gases que se están dando allá y eso está
afectando la línea de origen, la de mantener el equilibrio, mantener la
naturaleza, y entonces todo se nos está convirtiendo en un veneno. Y ese
veneno tiene repercusión en la agricultura, en los ganados; va a tener
repercusión en la alteración del medio ambiente, de las lluvias –veranos
prolongados, los tiempos de lluvia ahora van a ser veranos–. Entonces,
van a ser estragos tremendos. Si no estamos preparados para eso, a
partir de los zia yina para mantener el equilibrio y comprender cuál es
el estudio de las plantas para combatir esa enfermedad va a ser difícil.
Para allá vamos, la crisis va a ser grave.
http://www.visionchamanica.com/Chamanes/
Karina Malpica
Moderadora del Foro de Chamanismo Esencial
de la Red Latinoamericana de Luz
www.mind-surf.net/forochaman
forochaman@mind-surf.net
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