Aquí les envío la segunda parte del
capítulo de Espiritualidad y Terapias con Psicoactivos que contiene varias citas
y resúmenes de la información que he recopilado acerca del tema de las
experiencias místicas con substancias psicoactivas y sin ellas.
A los miembros del Foro que andan en
México les adelanto que en los primeros días de noviembre estamos preparando con
Ricardo Ocampo y Mamadoc un encuentro en Valle de Bravo donde hablaremos
acerca de los efectos de las plantas psicoactivas en el campo energético humano.
Cuando esté confirmado les enviaré la información completa, pero les aviso ahora
para que aparten esas fechas...
Reciban un abrazo y mucha
paz.
Karina Malpica Moderadora del Foro
de Chamanismo Esencial de la Red Latinoamericana de Luz
¿CUÁL ES LA
DIFERENCIA ENTRE EXPERIENCIAS MÍSTICAS CON PSICOACTIVOS Y SIN
ELLOS?
Según Albert
Hofmann
Albert Hofmann, el
descubridor de la LSD, tuvo una experiencia extática siendo
joven y esto le proporcionó la certeza íntima y absoluta de la autenticidad del
uso de sustancias psicoactivas para alcanzar los mismos estados.
En su
esclarecedor libro Mundo interior, mundo exterior, aborda el tema de la
realidad material y la realidad del espíritu, declarándose incapaz de superar el
dualismo. Discute también nuestras ideas erróneas de tácita aceptación social,
como que el hombre es el dueño de la naturaleza y puede hacer lo que le plazca
con ella y todas las ideas que nos impiden apreciar la unidad esencial de la
Vida que hoy nos tienen sumidos en una crisis profunda y potencialmente
destructiva si no cambiamos de dirección.
En su
opinión, este cambio puede traerlo la experiencia mística que tiene la fuerza
suficiente para conmovernos y darnos impulso para modificar nuestra realidad.
Y para
alcanzar la experiencia mística propone dos medios: la meditación en cualquiera
de sus muchas técnicas probadas por el hombre a lo largo de su búsqueda, o la
alteración química de la conciencia. Ambas vías le parecen a Hofmann útiles y
positivas, y asegura que pueden ser complementarias.
Hofmann
elaboró la teoría de la enteogénesis: la idea de que la experiencia del aspecto
Divino del Ser, como lo llama él, puede ser experimentado al cambiar la
configuración química del cerebro. Hofmann tiene la visión del cerebro como un
sintonizador de la realidad que puede captar varios canales de diferentes
realidades y la experiencia de unidad con la Divinidad es uno de esos canales.
Interrogado
alguna vez sobre cómo concebía el uso provechosos de los enteógenos, respondió
que se imaginaba lugares en que, después de una cuidadosa selección, las
personas vivían el trance asistidas por otros psiconautas con experiencia.
Según
Christina y Stanislav Grof
Otro ejemplo de
contrastes entre experiencias místicas químicamente inducidas y espontáneas lo
constituye la mancuerna de los esposos Christina y Stanislav Grof.
Stanislav es un
psiquiatra cuyo despertar espiritual estuvo marcado por sus primeras
experiencias con LSD. Y su esposa Christina no necesitó
consumir ningún tipo de psicoactivo para experimentar de manera espontánea
muchas de las cosas que Stanislav ya había vivido. De hecho ella comprendió que
eran naturales cuando leyó Realms of the human unconscious, el primer
libro del quien más tarde sería su terapeuta y luego su esposo.
Diez años
después, escribieron juntos La tormentosa búsqueda del Ser. Ambos
aseguran en sus páginas que la conciencia y la psique humana son reflejo de la
inteligencia cósmica que impregna toda la creación, que los seres humanos somos
campos de conciencia sin límites que trascienden el tiempo y el espacio, y en
dicho contexto, la espiritualidad es una coordenada imprescindible para
referirse a este tipo de experiencias.
En la segunda parte
de este apartado dedicado a la espiritualidad se resumen con más detalle las
experiencias de los Grof. Ahora quiero referirme a un
encuentro de talentos que deja fuera de dicusión la controversia entre
experiencias místicas de corte químico y de tipo natural.
Según
Sidnay Cohen y Richard Alpert
En 1966, durante los
años más algidos de controversia social respecto al uso de los psiquedélicos y
su inminente prohibición, la New American Library editó LSD, un libro
profusamente ilustrado con las excelentes fotografías de Lawrence Schiler y un
interesante debate entre Sidney Cohen, un psiquiatra que trabajaba para un
hospital psiquiátrico del Estado en Los Angeles y Richard Alpert, uno de los
pioneros del estudio con psiquedélicos que en ese entonces aún era profesor de
psicología en la universidad de Harvard.
Entre la
asombrosa colección de fotografías de usuarios de LSD durante sus experiencias, ambos hombres,
considerados como autoridades en la materia, contestan por separado preguntas
controversiales como las siguientes:
¿La libertad de
tomar LSD es un derecho inalienable de todo hombre?
¿Quién debe tomar LSD? ¿Quién debe administrar LSD? ¿Por qué se ha sugerido que hay un enlace
entre las experiencias místicas y las experiencias con LSD? y ¿Cuáles serían las implicaciones para
la religión si es posible tener una experiencia química religiosa?
(1)
Básicamente Cohen
dice que el derecho a dañarse a uno mismo no es aceptable en ninguna sociedad
moderna y con la LSD se corre el riesgo de tener horribles
experiencias que pueden desequilibrar mentalmente a un individuo impreparado,
así es que no todas las personas deben tomar LSD, si no es bajo la supervisión de un
psiquiatra o psicólogo especializado y bajo determinadas condiciones. El
"candidato ideal" para tener una experiencia de este tipo es para Cohen:
"alguien maduro, inteligente, estable, que se conoce y acepta suficientemente
bien a sí mismo, y cuya vida haya sido una clase de preparación para esta
experiencia. Con esto quiero decir que haya sobrevivido derrotas, frustraciones,
y pérdidas y que haya aprendido de ellas. Los problemas serios no son
necesariamente una contraindicación." (1)
Richad Alpert por su
parte, declara en este libro que el derecho a tomar LSD es una liberatad inalienable de cualquier
ser humano, que cualquiera que desee tomarla está en condiciones de hacerlo
porque incluso de los malos viajes se aprende bastante, y que nadie debiera
tener la prerrogativa de administrarla a otro porque eso mina la misma libertad.
Para él pues, no debiera de preguntarse quién debe tomar la LSD, sino con quién tomarla y sugiere que te
plantees 4 preguntas que debes contestar con un rotundo sí para elegir a un
compañero de experiencia: "1. ¿Puedo confiar en esta persona? Y si es así, ¿está
dispuesta a ser totalmente colaborativa conmigo? 2. ¿Es alguien con quein
quierea compartir una experiencia psiquedélica? 3. ¿Puedo tener suficiente apoyo
con esta persona como para establecer un contacto verbal explícito acerca del
viaje? y 4. ¿Esta persona está entrando a la sesión de una forma voluntaria y
suficientemente bien informada?" (1)
En relación con la
pregunta de "¿Por qué se ha sugerido que hay un enlace entre las experiencias
místicas y las experiencias con LSD?" Alpert simplemente dice:
Sé tú el
juez.
Aquí abajo hay siete
reportes de experiencias. Tres de ellos son citas de reportes de personas que
han ingerido un psiquedélico químico, y los otros cuatro son descripciones o
discusiones de experiencias místicas no inducidas químicamente. Marca la casilla
que aparece junto a las declaraciones que creas que son producidas por el uso de
la LSD. Encontrarás las respuestas correctas
[al
final].
1.
Si este sentido de significado se fuera, moriría porque es todo lo que me queda.
En este negro vacío sólo estaba yo, oré aceptando esta muerte. Dios caminaba
hacia mí y yo lloraba de gozo. Mi propia voz parecía hablar de Su llegada, pero
no lo creí. De pronto un cenit totalmente inesperado del vacío fue levantado con
la cegadora presencia del Uno. ¿Cómo lo supe? Todo lo que puedo decir es que no
había posibilidad de duda. Por abajo de mi, por arriba, el Uno. De repente, la
luz de arriba se enfocó hacia mí, abajo. Entonces supe que sólo había
Dios...
2.
Continué mirando las flores, y en su luz viviente parecía detectar el
equivalente cualitativo de la respiración -pero una respiración sin retorno al
punto de comienzo, sin contracciones recurrentes, sino sólo un flujo repetido de
belleza a una belleza todavía mayor, de un significado profundo a uno todavía
más profundo. Palabras como "gracia" y "transfiguración" vinieron a mi mente y
esto, claro, fue lo que entre otras cosas ellos perseguían. Mis ojos viajaron de
la rosa al clavel, y a la ligera incandescencia a los suaves tonos del
silencioso amatista que era el iris. La Visión Beatífica, Sat Chit Ananda, la
Beatitud de Ser-Consciente, por primera vez lo entendí...
3.
...un ojo se abre para discernir varios objetos intelectuales incomprendidos por
la sensación; sólo eso... la vista es iluminada por una luz que descubre cosas
ocultas y objetos que el intelecto falla en alcanzar... Es como una percepción
inmediata, como si uno hubiera tocado los objetos con la mano.
4.
Recibimos este conocimiento místico de Dios sin ser arropado en ninguna clase de
imagen, en ninguna clase de las representaciones sensibles que nuestra mente nos
hace usar en otras circunstancias. De acuerdo a este conocimiento, ya que los
sentidos y la imaginación no se emplean, no obtenemos ninguna impresión, ni
podemos dar ningún recuento o rescatar ningún parecido. La misteriosa y dulce
sabiduría viene tan claramente a casa, a las partes más íntimas del alma...
Imagínate a un hombre viendo alguna clase de cosa por primera vez en su vida.
Puede entenderla, usarla y disfrutarla, pero no puede aplicarle ningún nombre,
ni comunicar ninguna idea con respecto a ella, aún cuando mientras tanto fue
mera cosa de los sentidos. Imagina ahora qué tan grande sería la magnitud de su
poderío cuando va más allá de los sentidos, internos y externos, e impone
silencio sobre ellos... El alma se siente entonces como si fuese puesta en una
profunda y vasta soledad, que entre más solitaria es más deliciosa. Allí, en los
abismos de la sabiduría, el alma crece por lo que bebe en forma de abundantes
primaveras de comprensión del amor... y reconoce, no importa que tan sublimes y
eruditos puedan ser los términos que empleemos, que viles, insignificantes e
imporpios son cuando buscamos hablar de las cosas divinas por estos
medios.
5.
Tenía la noción de "esto es -este es el momento de la verdad. Sé que todo reside
en esto -completa armonía y éxtasis..." Habíamos llegado; habíamos sido
unificados con el fundamento del ser. Ya habíamos sido transfigurados -muertos,
y al mismo tiempo tan intensamente vivos como nunca antes. Experimenté una
sensación de iniciación y participación en un gran misterio -todo se torno
conocido y sabido. Me sentí omnipotente y envestido de poderes suprahumanos,
divinos.
6.
...hasta
que de pronto, como si estuviera fuera de la intensidad de la conciencia de la
individualidad, la individualidad misma parecía disolverse y desaparecer en el
ser sin límites, y no era un estado confuso si no el más claro, el más seguro de
lo seguro, mucho más allá de las palabras -donde la muerte era una imposibilidad
que causaba risa- la pérdida de personalidad (si eso fue) no parecía la
extinsión, sino la verdad de la vida. Estoy avergonzado de esta lamentable
descripción. ¿No he dicho que el estado está más allá de las
palabras?
7.
...Todo a la vez, sin ninguna advertencia de ningún tipo. Me encontré a mi mismo
abrigado en una nube color flama. Por un instante pensé en fuego... al
siguiente, sabía que el fuego estaba dentro de mí. Directamente después de esto
vino a mí un sentido de exultación, de inmensa alegría seguida de una
iluminación intelectual imposible de describir. Entre otras cosas, no sólo
llegue a creer sino a ver que el universo no estaba compuesto de materia muerta,
sino al contrario, de una Presencia viva; cobré consciencia de mí mismo como una
vida eterna... Vi que todos los hombres son inmortales; que el orden cósmico es
tal que sin ningún percance todas las cosas trabajan juntas para el bien de cada
una y todas ellas; que el principio fundador del mundo... es lo que llamamos
amor, y que la felicidad de cada uno y del todo es a largo plazo absolutamente
cierta. (1)
[Respuestas]
1.
(SÍ) Reporte de LSD de Wilson Van Dusen, Ph. D. Jefe de
Psicología Clínica de Hospital estatal Medocino de California, en R. G. Jordan
Jr., "LSD and Mystical Experience" ["LSD y experiencia mística"], Bible &
Religion, April, 1963, p.119. 2. (Sí) Descripción de una
experiencia con mezcalina. Aldous Huxley, Doors of perception [Las puertas
de la percepción], New York; Harper Colophon Books, 1963, p.18. 3.
Al-Gazzali, filósofo y teólogo persa del siglo XVII, citado en William James,
The varieties of Religious Experience [Las variedades de la experiencia
religiosa], New American Library, 1958, p. 311. 4. San Juan de la
Cruz, La noche oscura del alma, Libro II, capítulo XVII, citado en James,
op.cit., pp. 312-313. 5. (SÍ) Sujeto # 142, Proyecto de Pscilocibina
de Harvard, enero de 1962. 6. Alfred Tennyson, carta a Benjamin Paul
Blood, en Tyndal, Memorias de Alfred Tennyson, II, citado en James,
Ibid., p. 295. Las palabras inmediatamente precedentes a la cita son las
siguientes: "Esto vino al repetir mi propio nombre a mí mismo en
silencio..." 7. R. M. Bucke, Cosmic Counsciousnes [Conciencia
Cósmica], citado en James, Ibid., pp.306-307. (1)
Para responder a la
misma pregunta de "¿Por qué se ha sugerido que hay un enlace entre las
experiencias místicas y las experiencias con LSD?" Sidney Cohen acepta por su parte que es
posible tener experiencias místicas con la LSD, aunque se encarga de hacer incapié en que
no todas lo son y en que, para considerarse como experiencias útiles, debieran
estar seguidas por una profunda transformación en la vida del
individuo.
Ciertamente hay
fenómenos comúnes en casi todas las experiencias místicas. Éstos incluyen: una
pérdida del ego y un sentimiento de unicidad con el universo; una disolución de
la orientación del tiempo y el espacio, una sensación numinosa de estar
despierto, de asombro o poder, junto con sentimientos de éxtasis, amor y
beatitud. La experiencia es indescriptible con palabras, lo que en condiciones
ordinarias son paradojas se resuelven, emerge una sensación de iluminación
acerca de la naturaleza de la existencia, y se tiene una visión de una luz
extraordinaria y bella o se ve alguna figura visionaria.
El evento místico es
potente y puede transformar la vida de una persona, de los que se hallan a su
alrededor y de su cultura. Muy a menudo estos cambios son benéficos; la persona
termina con patrones perniciosos de comportamiento. El nacimiento de las mayores
religiones del mundo está íntimamente asociado con una o más experiencias
místicas. En otras instancias puede ser que no ocurran cambios duraderos, o que
se retengan sentimientos de omnisciencia o creencias
inapropiadas.
Muchas de las
características del estado místico se han encontrado durante ciertas
experiencias con LSD. Existen diferencias, pero son de grado,
no de clase. Las diferencias en las experiencias totales de vida de la persona
que atraviesa por esta profunda experiencia determinarán si habrá una
transformación duradera y valiosa [...] En importante decir que la mayoría de
las experiencias con LSD de euforia, hebefrenia, lapsos de
auto-conciencia acompañados por delicias perceptivas y extravagazas sensoriales,
no tienen ninguna relación con la experiencia mística. Estos son "viajes" en
dirección opuesta a lo místico. (1)
A manera de
conclusión, Cohen advierte que si bien es posible tener experiencias místicas
con la LSD, también es posible que dichas
experiencias no sirvan de nada a las personas impreparadas o que incluso les
causen daño al sentirse culpables por haber asistido a revelaciones y no poder
cambiar su vida después de ellas:
Hay que mencionar
algunas diferencias con la autotrascendenia alcanzada con LSD. El hecho de que un químico ha evocado los
sentimientos de inmanencia disminuye su valor en la mente de muchas personas. La
experiencia con LSD ordinariamente dura más [...] La mayor
diferencia radica en la preparación del individuo para este trascendente
episodio. La auto-trascendencia espontánea tiende a ocurrir a aquellos que han
pasado décadas luchando con los conflictos de su vida o que han sudado para
alcanzar deliberadamente el estado. Hoy en día la LSD a menudo es tomada por individuos que han
huido de sus conflictos, y a quienes les ha faltado la perseverancia necesaria
para seguir los ejercicios que la pueden inducir. Una experiencia trascendental
puede ser un evento insignificante para el impreparado. Para el preparado puede
ser una oportunidad. [...] He conocido a varios alcohólicos que han dejado de
beber durante años después de una sola exposición a la LSD y a un alcohólico que ha ayudado a cientos
de drogadictos a mantenerse "limpios" fundando Synanon.
La expereincia
trascendental espontánea es impresionante como experiencia pero el pago resulta
de lo que viene después. Si ayuda a solucionar problemas, si conduce a un
sistema de vida más efectivo, más constructivo, bien. Los ejemplos de personas
que han reconstruido sus vidas y su cultura como resultados de una súbita
experiencia de conversión son bien conocidos. Si no conduce a cambios
estructurales de vida, no ha hecho nada. De hecho es bien sabido que añade mayor
malestar y culpa a aquellos ya de por sí sobrecargados, pues han "visto la luz"
y han fallado en alterar su curso vital. (1)
Según
Huston Smith
Por último,
deseo mencionar aquí el conclusivo trabajo de Huston Smith contenido en las
páginas de la colección de ensayos que conforman La percepción divina,
"el significado religioso de las substancias enteógenas".
Smith,
profesor de filosofía de las religiones comparadas en Berkeley y en el MIT,
también es el célebre autor de Las religiones del mundo del cual se han
vendido dos millones de ejemplares en todo el planeta, y está considerado como
una autoridad mundial en este campo. Su iniciación en la exploración de los
enteógenos tuvo lugar en 1961, precisamente dentro del marco de los trabajos de
investigación de Timothy Leary, entonces todavía auspiciados por la universiadad
de Harvard en el Centro para la Investigación de la Personalidad.
En el
reporte escrito que el profesor Huston Smith tuvo que entregar al centro tras su
primera experiencia con mezcalina, explicó que dados sus estudios
previos acerca de las teorías y los textos sagrados de las diversas religiones,
pudo calificar lo que experimentó bajo los efectos de este alcaloide como
"metafísica empírica":
La noción de Bergson
de que el cerebro es como una válvula reduccionista me parecía muy exacta.
Además de la expresión "prisma psicológico", se me ocurrió otra: metafísica
empírica. La teoría de la emanación de Plotinio y el Vedanta, su homóloga más
detallada, hasta entonces sólo habían sido teorías conceptuales para mí. En
aquel momento las estaba viendo, con sus bandas descendentes presentándose
adelante de mí. Me hacía gracia pensar lo embaucadores que habían sido los
historiadores de la filosofía al alegar que los que habían originado tales
puntos de vista eran genios especulativos. De haber tenido experiencias como la
mía [...] no hubieran necesitado más que ser simples
informadores. (21)
El profesor Smith,
cuya tendencia mística natural no se reduce al estudio teórico, sino a la puesta
en práctica de los principios comunes de las teorías religiosas en beneficio de
la humanidad, también asegura que practicando la meditación, nunca ha tenido una
experiencia de tipo místico:
Swami
Stprakashananda me inició en la meditación y durante veinte años -diez en el
Vedanta y diez en el Zen- fue mi principal práctica espiritual. Aunque he de
confesar que con resultados decepcionantes, no me arrepiento de esos años y
continúo meditando todos los días, pero me sirve más para reforzar la
trayectoria de mi vida y para devolverme al aquí y ahora que para proporcionarme
visiones místicas y estados de conciencia alterados. (21)
Smith, como todos
los investigadores de las sustancias psicoactivas, sostiene que no existe una
conexión directa entre los estados químicos provocados en el cerebro con las
experiencias que ocasionan, ya que invariablemente el carácter del individuo, su
"tendencia", actúa de filtro, tal como lo hacen las circunstancias que rodean la
ingestión, o sea, el "entorno". Es por eso que, antes que nada, Smith explica
cuál era su tendencia y cómo era su entorno al momento de tomar su primera dosis
de mezcalina.
Describe su
tendencia como la búsqueda del encuentro con Dios y "la Gran Visión", por lo
cual su primera vocación fue la de ser ministro de culto o misionero, aunque
finalmente optó por la filosofía, la historia y la docencia pues le pareció la
mejor manera de "conocer la naturaleza final de las cosas: la estructura más
profunda de la realidad y lo que parte de ella para maximizar el potencial
humano" (21). Su entorno apoyaba su tendencia pues el proyecto de investigación
de Timothy Leary en Harvard cuando Smith entró a formar parte de él, se
perfilaba como el primer intento contemporáneo de estudiar científicamente las
sustancias psicoactivas de tipo psiquedélico, que es como se les comenzó a
llamar en esa época.
El médico
Walter Phnke, como parte de su estudio para titularse en Harvard como doctor en
religión, realizó en 1962 un experimento que se hizo célebre en aquella época,
conocido como "el experimento de Viernes Santo". En el marco de un servicio
católico de Viernes Santo, Pahnke administrópsilocibinaa
quince profesores y estudiantes de teología en la Universidad de Boston.
Elpsicoactivose
administró a "doble ciego", esto es, que ni él ni sus voluntarios sabían quiénes
recibiríanpsilocibinay
quiénes ácido nicótico como placebo para constituir el grupo de control.
Los relatos
de cada participante fueron evaluados de manera independiente por tres antiguos
profesores de la escuela que se basaron en los nueve rasgos de la experiencia
mística que enumeraba Walter Stace en su libro Misticism and Philosophy.
Los resultados mostraron que "las personas que recibieron psilocibina
experimentaron fenómenos apenas diferenciables, cuando no idénticos, de las
categorías definidas por la tipología del misticismo." (21)
Huston
Smith fue precisamente uno de los profesores participantes de este célebre
experimento y recibió psilocibina. Este es un resumen de sus
vivencias:
El experimento fue muy intenso para
mí y dejó un huella permanente en la visión del mundo que experimenté. (Digo
"visión del mundo que experimenté" para distinguirlo de cómo pienso y creo que
es el mundo.) Desde que puedo recordar he creído en Dios y he experimentado su
presencia tanto dentro del mundo como cuando éste quedaba trascendentalmente
eclipsado. Pero hasta el experimento de Viernes Santo no había tenido ningún
encuentro personal directo con Dios del tipo de los que describen los bhakti
yogis, los pentecostales, y los cristianos renacidos. El experimento de Viernes
Santo cambió eso, porque el servicio se centró en Dios como encarnado en
Cristo.
Para mí el clímax del servicio llegó
durante un solo que fue interpretado por una soprano cuya voz (tal como la
percibía bajo el prisma de la psilocibina) sólo puedo describir como
angelical. Lo que cantó no fue más que un simple himno, pero entró tan
profundamente en mi espíritu que los versos de apertura y de cierre quedaron
grabados en mi memoria desde entonces.
Mis tiempos
están en Tus manos, mi Dios, allí deseo que estén; mi vida, mis amigos, mi
espíritu, a tu cuidado dejo por completo... Mis tiempos están en Tus manos,
en Ti siempre confío, y después de la muerte a tu derecha siempre
estaré.
A la luz del día estas líneas nada
tienen de particular, pero en el contexto del experimento lo dicen todo. Los
tres últimos compases de cada verso ascendían a un acorde de séptima dominante,
y concluían resolviéndose en el acorde de tónica. Es la forma más estereotipada
que existe de terminar una melodía, pero el contexto la cambió por completo. Mi
madre era profesora de música y me infundió una aguda sensibilidad para las
resonancias armónicas. Cuando esa herencia musical y mi educación cristiana
convergieron en la historia del Viernes Santo bajo el efecto de la psilocibina, la gestalt transformó una
progresión musical rutinaria en el regreso al hogar más poderosamente cósmico
que he experimentado jamás...
Sabía y había creído firmemente que
Dios es amor y que ningún matiz del amor podría faltar en su naturaleza
infinita; pero que Dios me amara y yo a él, en la forma concreta en que los
seres humanos aman a otras personas, amando más aquello que la otra persona más
desea dar y apartando de la vista todo aquello que pueda distraer esa relación
sagrada, esa relación con Dios jamás la había tenido... he de decir que en su
repercusión coronó las de mis otras epifanías enteógenas. En un tiempo entre
unas seis semanas y tres meses (eso creo) realmente era mejor persona, incluso
ahora, sigo estando seguro de ello. Pude prolongar hasta cierto punto la
conciencia de que la vida era un milagro, cada momento de ella, y que la única
forma apropiada de corresponder a ese regalo que habíamos recibido es ser
concientes del mismo en cada momento y ser amables con todas las personas que se
cruzan por nuestra vida. Para llevar estos sentimientos en tu interior al campus
del Massachusetts Institute of Technology se requiere valor. (21)
Todos los
experimentos en los que Huston Smith participó o de los que tuvo noticia durante
esa época lo llevaron a observar que estadísticamente "parece que entre un
cuarto y un tercio de la población general tendría una experiencia religiosa si
tomara ciertas drogas en condiciones naturales, es decir, en condiciones en que
el investigador apoya a la persona pero no interfiere en el curso que tome la
experiencia". Señala también que entre las personas que tienen una fuerte
proclividad religiosa, "la proporción de los que tendrían experiencias
religiosas se eleva a tres cuartas partes"; y "si los individuos toman las
drogas en entornos religiosos, el porcentaje es de nueve entre diez".
(21)
A pesar de
esto, Smith mantiene sus reservas en cuanto al libre uso de psicoactivos se refiere. Recuerda el viejo
dicho taoísta de "Aprende diez cosas, enseña nueve", pues a veces se pregunta si
es conveniente "siquiera mencionar los enteógenos en relación con Dios y el
Infinito porque, aunque exista una conexión, como es en el caso del Tantra,
actualmente es casi imposible hablar de ello en Occidente sin ser mal
entendido". Dice que si la única cosa que se pudiera hablar de los enteógenos
fuera que "ocasionalmente parecen revelar planos superiores de conciencia y
quizá del propio infinito", mejor guardaría silencio, porque aunque tales
experiencias puedan ser verídicas, la meta no son las experiencias religiosas
sino la vida religiosa. Y en este sentido, "las 'teofanías' producidas por la
química tanto pueden arruinar una búsqueda como fomentarla". (21)
Precisamente por eso
es que Smith se atreve a hablar de los enteógenos y su relación con lo divino,
para aclarar, para prevenir, para marcar una y otra vez la
orientación, pues como él mismo dice, "no se puede hacer demasiado hincapié" en
que las revelaciones, por su naturaleza misma, son efímeras y ya sea que se
produzcan por medios químicos o no, es necesario que estén respaldadas por el
entorno, la sacralidad y la disciplina que induzca al cambio
permanente.
En su debido momento Huston
utilizó su extenso bagaje acerca de la historia de las religiones para advertir
el peligro que veía cernirse sobre el movimiento contracultural de mediados de
los sesenta:
En la India se veneran los estados
de conciencia superiores tanto como lo hacen los promotores psicodélicos
actuales, pero se insiste en que si han accedido a ellos personas que no están
preparadas, sucederá una de estas dos cosas: la persona se hará daño a sí misma
o bien el significado de la experiencia se perderá y el encuentro será
trivializado. Por lo tanto, o la persona sale perjudicada o se desvirtúa el
dharma, y
generalmente suelen darse las dos cosas...La incapacidad de
integrar la experiencia psicodélica en la vida cotidiana tiene precedentes. En
la tradición Ch'an-Zen, los primeros textos tendían a citar el satori como la meta de la
enseñanza. Los textos posteriores no. La razón parece clara. Cuando llega el
satori por vez primera, su trascendencia es probable que parezca última,
la razón de ser de la existencia. Sin embargo, a medida que la vida va pasando
uno se da cuenta de que no es así. La rutina se reafirma a sí misma y uno
descubre que incluso los que han experimentado poderosos satoris a veces
también se comportan mal. Aquí es donde entra la realización a la que cada vez
se da más importancia en los textos tardíos. En esos textos el satori ya
no es la meta; es el primer obstáculo principal que vencer en la interminable
gesta de crear la experiencia de satori en la estructura de la vida
cotidiana hasta que ésta adopta una cualidad satórica...
(21)
Debido a su credibilidad y
su ética profesional, Huston Smith fue invitado a escribir el prólogo de El
camino a Eleusis, un libro en el que se exponen los resultados de los
trabajos de tres prestigiados investigadores acerca de la manera en que los
antiguos griegos utilizaban el kiqueón, una bebida ceremonial
presuntamente preparada con el cornezuelo de centeno (precursor de la LSD), dentro de un contexto ritual de carácter
iniciático para contactar con la divinidad. En las páginas de este prólogo Smith
aprovecha para formular una serie de excelentes preguntas:
1)
"¿Han conspirado el secularismo, el cientificismo, el materialismo y el
consumismo moderno para formar un caparazón que la Trascendencia tiene ahora
dificultades de atravesar?" Y si la respuesta a esta pregunta es afirmativa, 2)
"¿existe la necesidad, quizás una necesidad urgente, de diseñar algo parecido a
los misterios eleusinos para salir de la caverna de Platón y ver la luz del
día?" Y por último: 3) "¿Se puede hallar un modo de legitimar, como hicieron los
griegos, el uso constructivo, otorgador de vida de las drogas enteógenas
celestiales e infernales sin agravar nuestro grave problema de la
drogadicción?
El profesor Smith no
contesta estas importantes cuestiones, simplemente las plantea y las deja
abiertas pasando la estafeta a los lectores. Diversos profesionales, básicamente
provenientes de los campos de la medicina, la psiquiatría y la psicología, han
contestado "sí" a las dos primeras preguntas y sus respectivos trabajos ofrecen
brillantes y conclusivas respuestas a la tercera, tal como podrá verse a
continuación.