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Ayahuasca
CUARTA
PARTE de la página de AYAHUASCA de la web de "Las drogas tal cual... una
investigación de Karina Malpica" que se estrenará próximamente
Hechos
interesantes
-
El culto urbano del yagé en Colombia - Juan
José Piñeiro y su búsqueda de las plantas sagradas
El
culto urbano del yagé en Colombia
De
acuerdo a las investigaciones de Jimmy Weiskopf, el uso urbano de la ayahuasca
en Colombia, donde se le llama yagé, se inició en los años ochenta y son muy
pocas las semanas al año durante las cuales no se realice, en algún apartamento
de Bogotá, una toma o sesión de yagé. Desde su perspectiva, el contacto entre
los chamanes o taitas, que es la denominación colombiana, y los consumidores
urbanos, se debió entre otras cosas, a la permanencia en Bogotá de líderes y
estudiantes indígenas, algunos de ellos hijos de curanderos, "que introdujeron a
sus amigos blancos en el yagé". (2)
Dice que
esta integración está tan extendida en la capital del país que incluso
"reconocen haber tomado yagé destacados políticos, empresarios y personajes del
espectáculo y los medios de comunicación". Aunque que tal vez el estrato más
importante lo conforman los artistas y académicos, especialmente antropólogos y
botánicos, puesto que "varios taitas han sido invitados a dar conferencias en
universidades y cada vez su conocimiento atrae más el interés de investigadores
extranjeros".
Según
describe Weiskopf, el uso del yagé en Colombia: "se trata, en su modalidad
urbana, de una curiosa mezcla de consultorio médico, psicodrama, fiesta y rito
de adoración". Normalmente las reuniones tienen lugar los sábados por la noche
donde el asistente, acostado en un saco de dormir, pasa la velada al lado de
otras personas, mientras "recibe curación y participa en una terapia de
grupo":
En
algunos momentos, la experiencia de confrontar las raíces de su enfermedad,
neurosis o mala suerte mediante el yagé es tan dolorosa que las personas lloran,
pero al final se experimenta un ambiente de paz que sirve para forjar duraderas
amistades. El que sufre los efectos del yagé nunca está desamparado. El oficio
del curandero o taita es precisamente velar por el bienestar de los asistentes,
mediante su comunión con el mundo de los espíritus... El culto cuenta en
Colombia con la participación entusiasta de muchos médicos y el Ministerio de
Salud está patrocinando la fundación de jardines botánicos en las comunidades de
algunos curanderos, para ayudarles a conservar el yagé y las otras plantas
utilizadas tradicionalmente por los indígenas del país, pues la fumigación con
herbicidas de las selvas donde tradicionalmente los indígenas han cultivado su
coca, está amenazando al bejuco que es la materia prima del
yagé...
(2)
En su
experiencia personal, Weiskopf asegura que la intensidad, la claridad y la
duración de sus visiones crece de acuerdo con la limpieza del cuerpo, lo cual le
parece un buen argumento para creer que "la purga de la materia proporcionada
por el yagé es un mecanismo para tocar las fibras más sensibles de nuestro ser".
Sin embargo advierte que "el yagé no da las visiones, sino que remueve aquello
que nos impide verlas: la pantalla continua de pensamiento que convierte en
opaca nuestra conciencia", pues cundo el cuerpo se purga completamente y la
mente se aquieta, la persona se vuelve transparente y es capaz de
ver".
En
virtud de lo anterior, fundamenta las sanaciones milagrosas de los curanderos en su capacidad de ver
mediante la ayuda del yagé: "ellos ven -literalmente- las causas ocultas de la
enfermedad" y luego "trabajan sobre ellas y no sobre sus síntomas... y en muchos
casos, ni siquiera tienen que preguntar al paciente sobre lo que les aqueja,
porque el mismo bejuco se los dice".
Weiskopf
estudió de cerca con quienes consideró en el decurso de sus investigaciones, los
taitas más destacados:
Según mi
primer maestro, Taita Pacho Pinguaje -curandero de la etnia Siona que habita en
el bajo Putumayo, en las selvas de Colombia-, el ambiente de los espíritus que
nos rodea durante una sesión de yagé es la realidad verdadera y más profunda de
las cosas, mientras que el llamado mundo real es tan sólo una ilusión. Él, lejos
de darse importancia por las curaciones que efectúa, las atribuye a la ayuda de
tres ángeles-niñas que aparecen en las visiones y le señalan la raíz de los
problemas y la manera de remediarlos. 'Cuando estoy embriagado con yagé
-explica-, vuelo hasta la Vía Láctea, converso con los espíritus y ellos me
dicen cómo curar. Algunas veces me muestran cierta planta y al día siguiente voy
al bosque, la encuentro y con ella curo a la persona enferma'.
(2)
No
obstante, el yagé tiene otra cara oculta, que ha sido su utilización por parte,
no de taitas dedicados a la sanación, sino de taitas dedicados a la hechicería o
brujería quienes lo han usado "para causar daño a los demás". Dice el
investigador que:
De
hecho, la práctica de la magia negra asociada con el yagé estaba tan difundida
en las selvas colombianas que, según los indígenas más ancianos, los grandes
hechiceros de la última generación -relativamente ajena a todo contacto con la
cultura blanca- se destruyeron entre ellos debido a luchas de poder en lo que se
ha llamado 'la guerra de los chamanes'. Taita Pacho nos explica al respecto: 'El
tomador de yagé debe amar todas las cosas menos el mal. Por eso desapareció
nuestra gente, los antiguos. Quisieron ver quién era más poderoso y se hicieron
daño entre ellos, echando maleficios incluso a los hijos y las mujeres de sus
rivales. Así terminaron unos con otros.' (2)
A pesar
de ello, lo que ha subsistido en Colombia es el chamanismo de orientación
terapéutica que se ha abierto camino hacia los centros urbanos en un entorno
privado que reúne a personas pertenecientes a las clases media y alta, entre
quienes "destaca la seriedad", según Jimmy Weiskopf, quien para terminar su
informe resume que: "Lo que ha primado en la formación del culto en Bogotá son
los contactos personales, en contraste con Brasil, donde existen dos verdaderos
cultos centrados en el yagé, con miles de seguidores."
(48)
Juan
José García Piñeiro y su búsqueda de las plantas sagradas
Este
psiconauta español, versado en la utilización de las diversas drogas que
circulaban por el continente europeo a finales de milenio, viajó entre 1994 y
1995 por Brasil, Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Cuba buscando experimentar
con las plantas sagradas de los chamanes andinos. Después de su recorrido y
alentado por un grupo de chamanes escribió En busca de las plantas
sagradas (16), un libro en el que relata los pormenores de sus encuentros
con diferentes chamanes (algunos de los cuales considera fraudulentos y a otros
auténticos), sus experiencias con el cactus San Pedro y con la ayahuasca; así
como sus proyectos de organizar junto con sus amigos a las "Tribus de
Occidente", a los Guerreros Espirituales del continente europeo para que se
reúnan y organicen sus propios rituales cultivando y utilizando sus propias
plantas sagradas.
Este
libro contiene información precisa acerca de personas, lugares, contactos y
aspectos de interés para quien esté interesado en hacer un viaje por estos
sitios.
García
Piñeiro dice haber comprobado que los efectos de la ayahuasca dependen en gran
medida de la densidad de la bebida final, de la calidad de las plantas
utilizadas, así como de "la metaprogramación y el ritual". Entre las
indicaciones que recibió de los chamanes durante sus experiencias con esta
bebida ceremonial están las siguientes: intentar permanecer ante las visiones
como el espectador de una película, en el centro del ciclón, y controlar y
dirigir la experiencia, de acuerdo con su objetivo; unir la energía del grupo
para potenciar la energía total; evitar el fuego y los espejos por ser demasiado
seductores para los sentidos, y respirar abdominalmente para mantenerse como
testigo.
Francisco,
uno de los chamanes con los que Piñeiro entró en contacto, le dijo que la misión
de las plantas sagradas es "separarnos del ego y ponernos en contacto con Dios,
con el amor absoluto", dijo también que "ayudan en las cosas de la vida" y
siempre responden: "Basta que tengas una intensa necesidad e respuesta y ésta te
llegará a lo largo de la sesión, o inmediatamente después. Y si no te responden,
es que la pregunta realmente no tenía ninguna importancia". (16) Toda vez
terminado su periplo, Piñeiro quedó convencido de ello y escribió:
El yagé
es un ser inteligente, que existe realmente, y que puedo comunicarme con él –por
ahora introduciéndolo en mi cuerpo, pero más adelante, parece ser que no
necesitaré tomarlo para, de algún modo hablar con este ser... Este ser es
bastante sabio, y cada visión que provoca es una lección, una enseñanza; aunque
a veces tarda días, meses o años en revelar su significado último expresado en
visiones, sensaciones, sentimientos, presencias no corporales pero reales,
etc... Las plantas maestras, tanto la ayahuasca como el San Pedro, me dan
consejos cuando estoy bajo sus efectos, me encargan cosas y también me aclaran
cualquier problema que se me ocurra... Una a una voy sometiendo a consideración
de la planta –o no sé si de algún lugar remoto de mi mente- toda clase de
cuestiones; unas de carácter personal, otras de mucho más trascendencia, como el
futuro del planeta o la especie humana, la reencarnación y la muerte, etc. etc.
Sorprendentemente la planta va respondiéndome con exactitud a cada cuestión, y
generalmente de un modo muy convincente, pues no suele responderme con palabras,
sino con una imagen, o... haciéndome vivir una experiencia que es de por sí una
respuesta a la pregunta en cuestión...
(1)
1.
García Piñeiro, Juan José: En busca de las plantas sagradas, Col. Nagual,
Ed. Gaia, España, 1996. 2.
Weiskope, Jimmy: "Yagé, la planta mágica de la Amazonía, testimonio de un
tomador de ayahuasca", "la guerra de los chamanes" y "El culto urbano del yagé",
en Revista Año Cero, España, 1998.
Karina
Malpica Moderadora del Foro de Chamanismo Esencial de la Red
Latinoamericana de Luz www.mind-surf.net/forochaman |