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Responder a este mensaje
Asunto:[chamanes] PLANO MENTAL-CAUSAL
Fecha:Viernes, 15 de Agosto, 2003  21:08:04 (+0200)
Autor:Foro de Chamanismo Esencial <forochaman @.........net>

Saludos chaman@s: 
 
Aquí les envío la segunda parte del modelo teosófico de los planos o 
dimensiones de la existencia. Gracias por todos sus comentarios y para 
los que me han escrito preguntándome dónde encontrar otros modelos 
dimensionales, esta es la dirección: 
www.mind-surf.net/dimensiones.htm 
Un abrazo y mucha paz. 
 
Karina Malpica 
Coordinadora de la Comunidad Virtual 
de Chamanismo Esencial de la  
Red Latinoamericana de Luz 
www.mind-surf.net/forochaman 
forochaman@mind-surf.net 
 
@@@@@@@@@@@@@ 
 MODELO DIMENSIONAL TEOSÓFICO  
www.mind-surf.net/dimensiones1.htm 
 
C.W. Leadbeater, teósofo 
 
(CONTINUACIÓN) 
 
PLANO MENTAL 
 
Características generales 
Los subplanos del mundo mental 
Características del mundo rúpico  
Características del mundo arrúpico o plano causal  
Habitantes humanos: 
Encarnados 
Desencarnados 
Habitantes no humanos: 
Los animales 
Los devas o ángeles 
Habitantes artificiales 
Características de la vida humana en los subplanos del Mental  
 
PLANO MENTAL 
 
Características generales del tercer plano o plano mental 
 
Aunque el devacán o plano mental se le llama también mundo celeste, no se ha de
considerar tan sólo como el mundo en que tienen realidad las más espirituales
ideas que del cielo mantienen las religiones confesionales, pues también se le ha
de considerar como un plano, nivel, esfera o como un mundo espléndido de
exuberante vida en el que podemos residir ahora lo mismo que después de la vida
astral, en el periodo interválico entre dos encarnaciones. 
 
Únicamente nuestro escaso desenvolvimiento, la limitación a la que nos sujeta la
vestidura de la carne, nos impide darnos cuenta de que el esplendor, la gloria
del cielo está aquí y ahora a nuestro alrededor, y que las influencias dimanantes
del mundo celeste actuarían en nosotros si fuéramos capaces de comprenderlas y
recibirlas. 
 
Por imposible que esto le parezca al profano, es la más evidente y sencilla
realidad para el ocultista, y a quienes no han comprendido todavía esta
fundamental verdad les repetimos el consejo de Gautama el Buda: "No os quejéis,
ni lloréis, ni supliquéis, sino abrid los ojos y ved, porque la luz os envuelve y
sólo falta que arranquéis la venda de los ojos y miréis. Es algo admirable,
hermoso, superior a todo cuanto soñó el hombre, a todo cuanto por lo que lloró y
suplicó, y es, además, sempiterno." 
 
Los subplanos del mundo Mental 
 
En los subplanos 7º, 6º, 5º y 4º constituyen el inferior mundo celeste, en el
que subsisten las formas y donde la mayoría de los seres reencarnados pasan su
larga vida entre dos encarnaciones. 
 
Se le llama mundo rúpico o con formas porque en él cada pensamiento asume una
forma definida. 
 
Los subplanos 3º, 2º y 1º constituyen el mundo celeste superior o causal donde
ya no hay formas y es la verdadera morada del Alma humana. 
 
Se le llama mundo arrúpico y se manifiesta el pensamiento en él de muy diferente
manera. 
 
La distinción entre estas dos grandes subdivisiones del mundo mental, rúpica y
arrúpica es tan señalada, que el Alma necesita para manifestarse en ellas dos
diferentes vehículos de conciencia. El cuerpo apropiado para los subplanos 7º,
6º, 5º y 4º es el cuerpo mental, mientras que el vehículo del Alma en el mundo
celeste superior es el cuerpo causal, en el que pasa todo el ciclo de
reencarnaciones. 
 
Características del mundo rúpico mental 
 
Desgraciadamente tropezamos con dificultades casi insuperables en el intento de
expresar en el usual lenguaje lo referente al plano mental, pues aún en el plano
físico resultan insuficientes las palabras para explicar nuestras ideas y
sentimientos. 
 
No solamente la materia que vamos a describir es muchísimo más sutil que la
astral, sino que la conciencia mental es inmensamente más amplia que cuanto cabe
imaginar en el mundo físico. En muestra de uno de los muchos ejemplos de nuestras
dificultades, parece como si en el plano mental no existieran ni el espacio ni el
tiempo, porque los sucesos que en el mundo físico van sucediéndose uno tras otro
en separados lugares, ocurren en el mundo mental simultáneamente en un mismo
lugar.  
 
Fácilmente comprenderá el lector que al describir una condición de existencia
tan por completo distinta de la vida física como es la que vamos a considerar, no
podemos menos de decir muchas cosas en parte inteligibles y en parte increíbles
para quienes no hayan experimentado individualmente la vida superior. Esto es
inevitable. 
 
La intensa felicidad es la primera idea capital en que deben basarse nuestros
conceptos de la vida celeste. Tratamos de un mundo en que por su misma
constitución son imposibles el mal y la tristeza, en el que todos los seres son
felices, pues cada cual goza de la mayor felicidad espiritual que es capaz de
gozar. Es un mundo cuyo poder de respuesta a las aspiraciones sólo está limitado
por la capacidad del individuo. 
 
Por vez primera comenzamos en el mundo celeste a columbrar algo de la verdadera
naturaleza de la Fuente de Vida. Por vez primera tenemos un lejano vislumbre de
lo que debe ser el Logos y de lo que para nosotros significa. Y cuando la
estupenda realidad del mundo celeste se despliega ante nuestra atónita visión, no
podemos menos que sentir que con este conocimiento de la verdad, la vida ya no
puede parecernos como hasta entonces nos parecía. Nos admira la irremediable
insuficiencia de todos los conceptos que de al felicidad tiene el hombre mundano,
pues los más de ellos están absolutamente invertidos y son irrealizables, y
marcha vuelto de espaldas a la meta que intenta alcanzar, mientras que en el
mundo celeste la verdad y la belleza trascienden a los sueños de los poetas; y a
la luz de su sobrepujante gloria, todo otro goce parece sombrío, lánguido y
engañoso. 
 
Ya no se oye ni se percibe por medio de separados y limitados órganos sensorios
no se contrae a la sumamente ampliada capacidad visual y auditiva del plano
astral, sino que se encuentra dotado de una nueva y extraña facultad, que no es
ninguna de las físicas y astrales, sin embargo, las sintetiza todas y aún va más
allá su poder de percepción pues lo capacita para en cuanto se enfrenta con una
persona o cosa no solamente la ve y percibe todas sus vibraciones, sino que la
conoce externa e interesante con cuantas causas, efectos y posibilidades,
astrales y físicas conciernen a la persona o cosa percibidas. 
 
Para el explorador del mundo celeste, pensar equivale a realizar sin dudas,
vacilaciones ni demoras. Se encuentra en medio de lo que le parece un mundo de
siempre cambiante luz, color y sonido, tal como jamás imaginó en sus más
delicadísimos sueños. Si piensa en un lugar al punto en el mismo lugar se halla.
Si piensa en un pariente o amigo, instantáneamente lo tiene ante sí y no son
posibles los errores ni pueden engañarle las falsas apariencias, porque como en
un libro abierto lee los pensamientos y emociones de su pariente o amigo. Y si
tiene la fortuna de que entre sus amigos haya alguno con este sentido superior ya
actualizado, su trato será más completo y perfecto de lo que cabe en la humana
comprensión, pues para ellos no existe la distancia ni la separación ni están
ocultos o medio velados sus sentimientos por la desmañada expresión verbal. No
son necesarias las preguntas y las respuestas porque se leen las representaciones
mentales a medida que se van formando y el intercambio de pensamientos es tan
rápido como su brotación de la mente. 
 
Supongamos que un individuo con el sentimiento de intensa felicidad y
enormemente acrecentado poder ya aludidos, se imagina flotando en un mar de
vívida luz, rodeado de toda concebible variedad de encantadoras formas y colores,
cuyo conjunto cambia a cada onda mental que él emita, cada onda es la expresión
de su pensamiento en la materia y en la esencia elemental de este plano que es de
la misma índole que la del cuerpo mental del individuo por lo que el pensamiento
se refleja con absoluta exactitud. 
 
El pensamiento concreto toma la forma del objeto cuya idea entraña, al paso que
las ideas abstractas se plasman en perfectas y hermosas formas geométricas. 
 
En rigor, el plano mental no tiene escenario fijo alguno, sino que cada quien
establece un escenario peculiar según la índole de sus pensamientos, aunque se ha
de considerar que las numerosas entidades que continuamente pasan ante él son ya
de por sí en muchos casos objetos de trascendentalísima belleza. 
 
Si el individuo quiere explorar el plano en que se halla, le será necesario
suspender entretanto la actividad mental, a fin de que sus pensamientos no
influyan en la impresionable materia que le rodea y alteren las condiciones en
que se halla. 
 
Cuando el explorador del plano mental se coloca en dicha actitud se percata de
que aunque ya no es el centro de radiación de toda aquella maravillosa profusión
de luces, formas, colores y sonidos, no se han desvanecido, sino que, por el
contrario, se han intensificado sus armonías y esplendores. Hasta advertir que
cuanto tan extática y deleitosamente contempla es el esplendor del lenguaje
cromático de los Devas, la expresión del pensamiento o la conversación de seres
mucho más adelantados que él en la escala de la evolución. La práctica
experimental le enseña que también puede usar el nuevo y hermoso modo de
expresión, y este descubrimiento le hace dueño de otra parte de su herencia en el
reino celeste, cual es la facultad de comunicarse mentalmente y recibir las
enseñanzas de los Devas. 
 
Características del mundo arrúpico o plano causal 
 
¿Qué podríamos decir sino que en el plano causal la materia es más sutil, las
armonías más sonoras y la luz más intensa y diáfana? Hay más tonalidades en el
sonido, más delicados entrematices en los colores y nuevos tonos aparecen
completamente desconocidos a la vista física y etérea; pero verdaderamente se ha
dicho que la luz del plano mental es oscuridad en el plano causal. Acaso se
comprenda mejor la idea si comenzamos de arriba abajo en vez de abajo arriba, y
vemos que la materia del superior subplano causal está animada y vivificada por
una energía fluyente del plano superior inmediato. Si descendemos al segundo
plano causal, vemos que la materia del primero es la energía del segundo; esto
es, que la original energía más la materia del segundo subplano constituye la
energía animadora de la materia del segundo subplano. Análogamente en el tercer
subplano causal, o sea el inferior, tenemos la original enrgía doblemente velada
por la metería del primero y segundo subplanos, de suerte que considerando en
conjunto el plano mental en sus siete subplanos, al llegar al séptimo o ínfimo,
contando de arriba abajo, vemos que la energía está velada siete veces y por
tanto su activada no es tan potente como en subplanos anteriores.  
 
En el plano causal los pensamientos no necesitan asumir forma, porque la mente
abstracta, vibrante por medio del cuerpo mental superior o cuerpo causal, es la
tónica del plano en que el Alma tiene su propia y permanente morada durante el
ciclo de sus reencarnaciones. 
 
El explorador que llega en conciencia al mundo causal, conoce todo cuanto no
trasciende del mundo mental. El pasado del mundo terrestre es tan claro para él
como el presente, porque siempre tiene a su disposición los indelebles archivos
de la naturaleza, y la historia se despliega ante su vista al mandato de su
voluntad. Ya no está a merced de los historiadores que arriesgan estar mal
informados o adolecer de parcialidad, y puede estudiar por sí mismo cualquier
incidente o episodio histórico que le interese, con la certidumbre de que
conocerá la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. 
 
Si es capaz de permanecer en los tres subplanos superiores del plano mental, se
desenvolverá ante él todo el historial de sus vidas pasadas y verá las causas
kármicas que hicieron de él lo que es, y verá también lo que el karma le reserva
para agotarlo antes de saldar la triste y larga cuenta. Así conoce exactamente su
verdadero lugar en la evolución. 
 
  
 
Habitantes humanos del plano mental: 
 
Éstos se dividen en encarnados y desencarnados, dependiendo si tienen cuerpo
físico o ya no lo tienen. Esto es si están vivos o muertos en el plano físico. 
 
Encarnados 
 
Los habitantes del mundo mental que aún están en cuerpo físico son
invariablemente los Adeptos y sus discípulos ya iniciados, pues hasta tanto que
un Maestro no le enseñe al discípulo la manera de usar su cuerpo mental, no podrá
actuar conscientemente ni siquiera en los planos inferiores del mental. Para
funcionar conscientemente durante la vida física en los planos superiores, es
necesario mucho mayor adelanto, porque requiere la unificación del hombre, de
suerte que en el mundo físico ya no es una personalidad influida por la
individualidad que aunque limitada por el cuerpo físico entrañe el poder y el
conocimiento de un Alma evolucionada. 
 
Magnífico espectáculo ofrecen los Adeptos y sus discípulos iniciados, a la
visión adiestrada para verlos. Espléndidos globos de luz y color, que por doquier
flotan, disipan las malignas influencias, actúan sobre cuantos se les acercan,
como el sol actúa en las flores y derraman en torno de ellos un sentimiento de
sosiego y dicha, que también suelen experimentar quienes no los ven. En el mundo
celeste llevan a cabo Maestros y discípulos la mayor parte de su obra, sobre todo
en los subplanos superiores donde las individualidades pueden comunicarse
directamente. Desde el plano causal derraman sobre el mundo del pensamiento su
intensa influencia espiritual y provocan magnos y beneficiantes movimientos de
toda índole. 
 
En el mundo celeste también se les dan directas enseñanzas a los discípulos
suficientemente adelantados para recibirlas de aquel modo, pues pueden
comunicarse más rápida y completamente que en el plano astral. Además de todas
estas actividades, Maestros y discípulos realizan una labor estrecha con todos
los que llamamos muertos, según veremos más adelante. 
 
El hombre ordinario durante el sueño o el individuo muy psíquicamente
desarrollado durante el éxtasis o trance, pueden penetrar en el mundo mental,
pero es sumamente raro, porque es absoluto requisito previo la pureza de conducta
y de propósito; y aunque llegara el extático o aquél en trance transportado al
plano mental, no actuaría con plena conciencia, sino tan sólo con capacidad para
recibir determinadas impresiones. La mayoría de quienes entran dormidos
despiertan con un sentimiento de profunda paz y gozo interior, aunque no se
acuerdan de nada de lo que han soñado. Pero no cabe duda de que semejante
experiencia, se recuerde o no en el cuerpo físico, servirá de estimulante impulso
en la evolución espiritual del Alma. 
 
Un resultado mejor sólo cabe esperarse de la persona que durmiendo tuviera ya un
alto grado de desenvolvimiento psíquico y la misma condición que se requiere para
que una persona en éxtasis o trance mediúmnico alcance el plano mental. Y aún el
que lo alcanza ha de estar no sólo muy adelantado psíquicamente, sino tener
perfecta pureza de conducta y propósito. Aparte de estas extraordinarias
características queda todavía la dificultad que siempre se le opone al psíquico
inexperto para transportar una visión de un plano superior al inferior.  
 
Desencarnados 
 
En los cuatro subplanos rúpicos, el hombre vive enteramente en el mundo de sus
propios pensamientos, todavía identificado con la personalidad que asumió en la
vida pasada en la tierra, mientras que en los otros tres subplanos arrúpicos, el
Alma reencarnante es ya consciente de lo que le rodea y de las condiciones del
plano, y conoce sus vidas pasadas y lo que le está destinado a hacer en la
inmediatamente próxima. 
 
Todo ser humano ha de llegar al plano causal antes de reencarnar de nuevo en el
mundo físico, y según adelanta en su evolución, es más real para él su contacto
con el plano causal. No sólo es allí más consciente a medida que progresa, sino
que su permanencia en dicho mundo es cada vez más larga, porque su conciencia se
va elevando lenta pero firmemente por los diversos planos del sistema. 
 
Por ejemplo, el hombre que comienza a evolucionar sólo es consciente en el plano
físico durante la vida terrena y en los subplanos inferiores del astral después
de la muerte del cuerpo físico. Cuando el individuo está algo más adelantado, ya
pasa un corto periodo de vida celeste en los subplanos del mundo mental, aunque
todavía pasa en el astral la mayor parte del intervalo entre dos encarnaciones.
Según progresas, la vida astral va siendo cada vez más corta y la celeste más
larga, hasta que cuando llega a un alto grado de inteligencia y espiritualidad,
pasa rápidamente por el mundo astral y permanece largo tiempo en el subplano
superior de los cuatro rúpicos; pero entonces se enaltece considerablemente su
conciencia, y pasa en el plano causal, y en el cuerpo causal la mayor parte del
intervalo entre dos encarnaciones. El proceso se repite entonces en el sentido de
que cada vez es más corta la vida astral y más larga y plena la vida celeste,
hasta que llega la hora de la unificación de la conciencia y ya el hombre no se
recluye ni se ensimisma en sus propios pensamientos sino que al percibir la
generosidad del mundo celeste, se percata de las posibilidades de su vida y por
vez primera comienza verdaderamente a vivir. Más por entonces debe de haber
entrado ya en el Sendero y asumir en propia mano su destino. 
 
  
 
Habitantes no humanos del plano mental: 
 
Al intentar describir los habitantes no humanos del plano mental, tropezamos con
dificultades insuperables, porque al llegar al subplano más elevado del plano
causal nos ponemos por vez primera en contacto con un plano cósmico, y por tanto,
con entidades que el lenguaje humano es incapaz de describir. Para nuestro
propósito en este estudio será mejor prescindir enteramente de la numerosa hueste
de entidades cósmicas y restringirnos a los habitantes propios del plano mental
de nuestra cadena de mundos. 
 
El reino animal 
 
Está representado en el plano mental por dos principales divisiones. En el
mental inferior hallamos las almas grupales a que la inmensa mayoría de animales
están sujetos, y en el subplano inferior del mental superior vemos a los cuerpos
causales de los pocos animales individualizados, que en rigor ya no son animales,
pues nos ofrecen el único ejemplo que ahora podemos ver del primitivo cuerpo
causal en formación, débilmente coloreado por las primeras vibraciones de las
recién actualizadas cualidades. 
 
Después de su muerte en los mundos físicos y astral, el animal individualizado
tiene una larga y soñolienta vida en el séptimo subplano del mental. Su condición
durante este tiempo es análoga a la del ser humano en el mismo nivel, aunque con
muchísimo menos actividad mental. Tiene por ambiente sus propias formas de
pensamiento, aunque apenas es consciente de ellas e incluyen las de quienes
fueron sus compañeros y amaron en la tierra. Si el amoroso sentimiento inegoísta
es capaz de forjar estas imágenes, también lo será de conmover al Alma del amado
y excitar en él respuesta, por lo que el afecto, cariño y amor puesto en los
animales favoritos tiene su respuesta a favor de la evolución del Alma que los
amó en la tierra. 
 
Cuando el individualizado animal se retrae en su cuerpo causal en espera de que
la rueda de la evolución le depare oportunidad de encarnar por vez primera en
forma humana, parece como si perdiera toda noción de las cosas externas y
permaneciese en delicioso éxtasis de paz y gozo. 
 
Los Devas o ángeles 
 
Cada una de las dos clases de devas que moran en el plano mental, los Rupadevas
y Arrupadevas, se subdividen en muchas variedades, pero su vida es tan diferente
a la nuestra, que sólo cabe dar una idea general de ella. No encuentro mejor
medio de indicar la impresión producida en la mente de nuestros investigadores,
que reproducir las palabras de uno de ellos mientras efectuaba una investigación.
Dijo así: 
 
"Sentí el efecto de una intensamente exaltada conciencia, de una conciencia
inefablemente gloriosa; y sin embargo, tan extraña, tan distinta, tan por
completo diferente de todo cuanto hasta entonces había experimentado, tan
desemejante de toda posible clase de experiencia humana, que es absolutamente
inútil el intento de expresarlo con palabras." 
 
También es inútil el intento en este mundo físico de dar idea del aspecto de
estos potentes seres, pues varía según la tónica de sus pensamientos. Ya nos
referimos anteriormente a la magnificencia y admirable poder de expresión de su
lenguaje cromático, y también se infiere de algunas episódicas informaciones
anotadas al describir los habitantes humanos del plano mental, que en ciertas
condiciones le es posible al hombre actuar en dicho plano y aprender mucho de los
devas. 
 
  
 
Habitantes artificiales 
 
Pocas palabras son necesarias sobre esta rama de nuestro tema. El plano mental
está todavía más poblado que el astral por los temporáneos elementales que forman
los pensamientos de sus habitantes; y cuando se considera la mucho mayor
intensidad y eficacia de los pensamientos en el plano mental, y que la energía
mental está manejada no sólo por los habitantes humanos encarnados y
desencarnados, sino también por los devas y por los visitantes de superiores
planos, se comprenderá desde luego la importancia e influencia de los elementales
del plano mental. De dichas entidades se aprovechan los Adeptos y sus discípulos
iniciados cuando forman sus pensamientos elementales artificiales de
prolongadísima persistencia y de mayor intensidad que el más intenso del mundo
astral. 
 
En este punto, también conviene recordar que un discípulo está siempre
relacionado con su Maestro por una constante corriente de pensamiento e
influencia, que en el plano mental se manifiesta como un intenso rayo de
titilante luz de los tres colores, violado, oro y azul, de suerte que bien podía
esperarse que el ardoroso y amante pensamiento del discípulo hacia su Maestro
vibraría en la dirección del rayo; pero en vez de ello, el resultado es que se
intensifican los colores del rayo, y se observa un muy distinto flujo de
influencia espiritual dirigida hacia el discípulo. Por lo tanto, es evidente que
cuando un discípulo piensa en su Maestro, lo que en realidad hace es intensificar
su conexión con él y abrir así un camino para recibir el auxilio de un adicional
flujo de fuerza dimanante de los planos superiores. Parece como si el Maestro
estuviese tan formidablemente cargado de fortalecedora influencia, que cualquier
pensamiento que acreciente la actividad de un canal con el comunicante no
establece una corriente hacia él, como en otros casos sucede, sino que establece
una entrada por la cual fluye el gran océano del amor de su Maestro hacia él. 
 
  
 
Características de la vida humana en los subplanos del Mental 
 
En el plano mental permanece el hombre la mayor parte del tiempo durante el
transcurso de su evolución, a menos que esté sumamente retrasado. En término
medio, la vida celeste dura veinte veces más que la más longeva vida física. La
duración es mucho menor en los individuos escasamente evolucionados, mientras
que, por el contrario, en los muy evolucionados, la vida celeste es hasta treinta
veces más larga que la física. 
 
El plano mental es la peculiar y permanente morada del Ego [los teósofos llaman
Ego al Alma], cuyos descensos a la encarnación son cortos aunque importantísimos
episodios de su carrera. 
 
Al término de la vida astral cuando el Alma se retrae en sí misma y transporta
su conciencia al plano mental, es necesario que se consuman las fuerzas
espirituales que actualizó durante su vida terrena y se halle en disposición de
asumir nueva vestidura de carne. 
 
El vicioso hábito de no considerar más que un parcial aspecto de la vida del
hombre sin parar mientes en su verdadera naturaleza y finalidad, nos mantiene en
continuo error, pues generalmente se la mira desde el punto de vista del cuerpo
físico y no desde el punto de vista del Alma, que en su rítmico descenso a los
mundos inferiores y consiguiente ascenso al suyo propio traza una extensa línea
circular, una circunferencia de la que tomamos el arco inferior y lo consideramos
como una línea recta a cuyos extremos concedemos indebida importancia. 
 
El punto en que el hombre desecha su cuerpo físico no es de especial importancia
en este arco de la evolución, y mucho menos importante que la muerte en el plano
astral y el nacimiento en el mental, aunque en realidad es la misión o transporte
de la conciencia del cuerpo astral al cuerpo mental en el transcurso del ciclo de
retraimiento de la energía del Alma hacia el interior, esto es, se va retrayendo
de las cosas terrenas y enfocándose en los planos suprafísicos a los que tan
pésimamente se adaptan las condiciones de la vida europea. 
 
El resultado final se conoce cuando en este proceso de retracción de la
conciencia vuelve a concentrarse en el Alma, restituida a su peculiar morada, el
mundo causal. Entonces se ven qué nuevas cualidades adquirió, o por mejor decir,
actualizó en aquel particular ciclo de evolución. También entonces percibe el
Alma un vislumbre del conjunto de su vida, pues tiene por un momento una ráfaga
de conciencia clara, en el que ve los resultados de las tres etapas, física,
astral y mental de la vida que acaba de pasar, y también lo que resultará de ella
en la próximamente inmediata. 
 
Dicho vislumbre apenas envuelve el conocimiento de la índole de la próxima
encarnación, pues sólo tiene de ella el Alma un vago y general sentimiento que
descubre su objeto básico; pero el valor de la lección consiste en el
conocimiento de los resultados kármicos de sus pasadas acciones, y le ofrece una
ocasión que aprovechará con mayor o menor ventaja según el grado de evolución en
el que se halle. 
 
Al principio muy poco aprovecha, pues no tiene la conciencia lo bastante apta
para examinar los hechos y señalar sus variadas relaciones; pero poco a poco va
aumentando su aptitud para apreciar lo que ve, hasta que logra recordar los
vislumbres obtenidos al fin del anterior ciclo de vida y compararlos entre sí, de
modo que la comparación le da a conocer su adelanto en la evolución. 
 
Sin embargo, antes de alcanzar el plano causal, el Alma viaja en cuerpo mental a
través de los subplanos 7º, 6º, 5º y 4º. 
 
Cuando el Alma desecha definitivamente el cuerpo astral y se queda con el cuerpo
mental inferior por externa envoltura, sobreviene un periodo de inconsciencia
rasa cuya duración varía entre muy extremos límites, análogamente a lo que ocurre
al morir el cuerpo físico.  
 
Las Almas en sus primeras etapas de evolución no llegan al mundo mental, y gran
número de los algo más adelantados sólo rozan, por decirlo así, el subplano
inferior del plano mental. Todo individuo ha de retraerse a su verdadero ser en
el plano mental antes de reencarnar pero de eso no se sigue que en esta condición
haya de ser consciente, y por lo mismo hemos dicho que las Almas atrasadas o que
comienzan su evolución no llegan al plano mental. 
 
El despertar a la conciencia mental se parece al despertar por la mañana del
profundo sueño de una noche. De la propia suerte que al despertar por la mañana
pasamos por un periodo de pereza deleitosa durante el cual ni está en la mente
activa no regido el cuerpo, así también el despertar del Alma en el mundo mental
pasa por un periodo más o menos largo de intensa y gradualmente creciente dicha
hasta alcanzar plena actividad. 
 
La primera vez que el alma experimenta este admirable sentimiento de gozo, llena
todo el cuerpo de su conciencia, y poco a poco se ve rodeado de un mundo de
imágenes forjadas por su mente con las características peculiares del subplano a
que le llevó el estado de su conciencia. 
 
La ínfima subdivisión del plano celeste, el 7º subplano, tiene por principales
características los efectos del parentesco y amistad, inegoístas, aunque algo
limitados. El individuo que alcanza dicho subplano después de la vida astral
tiene por tónica fundamental de su carácter el amor a la familia y lo único que
le capacita para entrar a la vida celeste. Pero en los subplanos superiores
predomina un amor mucho más noble y puro del que tiene por asiento el séptimo
subplano. 
 
El intenso afecto que eleva al individuo hasta el subplano inferior del mundo
celeste, es una fuerza tan poderosa que alcanza a la persona amada y suscita en
ella una respuesta cuya intensidad vibratoria depende del grado de evolución del
Alma respondiente; pero sea cual sea el grado de su intensidad, hay respuesta.  
 
Aunque el Alma o verdadero ser del hombre sólo se puede conocer plenamente en su
propio plano, que es el causal, siempre se está más cerca de dicho conocimiento
en cualquiera de los subplanos celestes que en el mundo físico; y por lo tanto,
allí podemos conocer muchísimo mejor que aquí a nuestros parientes y amigos. Al
considerar este punto se ha de tener en cuenta el grado de evolución de las dos
Almas relacionadas. Si la que está en el subplano inferior del mundo celeste
tiene suficiente espiritualidad y es muy intenso su amor, podrá forjar una imagen
de la persona amada por medio de la cual pueda ésta manifestarse en considerable
grado si está lo bastante adelantada en su evolución. 
 
Por tanto vemos que hay dos razones para que la manifestación sea incompleta. La
imagen del amado forjada por el amador residente en el subplano inferior del
mundo celeste puede ser tan vaga e ineficaz que no le sirva de medio de
manifestación al amado por muy evolucionado que sea éste. Por otra parte, aunque
la imagen sea perfecta, puede no tener el amado bastante adelanto para valerse de
ella. 
 
Pero en todos los casos el intenso afecto del amador influye en el Alma del
amado, quien cualquiera que sea su grado de evolución se relacionará con su
imagen celeste, aunque no sea capaz de manifestarse plenamente por ella, pues el
grado de manifestación del Alma del amado por medio de la imagen forjada por el
amador depende de la calidad de la imagen y de la potencia manifestativa del
amado. 
 
La característica dominante del 6º subplano es el sentimiento de devoción
antropomórfica, esto es, dirigida a una divinidad imaginada en forma humana. Gran
número de entidades cuya actividad mental opera en este subplano proceden de las
religiones orientales y tienen por característica una devoción pura, aunque
relativamente rudimentaria por falta de inteligente y razonable comprensión. En
este subplano se encuentran los adoradores de Vishnú en sus avatares,
especialmente en el de Krishna y algunos adoradores de Shiva, cada cual envuelto
en el capullo de sus propios pensamientos, a solas con su Dios, y olvidados de la
humanidad, excepto de aquellos seres a quienes amaron en la tierra. 
 
La religión cristiana también contribuye notablemente a poblar el sexto
subplano. La supersticiosa devoción ejemplificada por el ignorante campesino o el
ardiente y sincero soldado del Ejército de Salvación, parece que da unos
resultados muy semejantes a los descritos, pues se entregan entregados a la
contemplación de Cristo y de su madre María. 
 
Si bien la ciega e inculta devoción no eleva a los devotos a gran altura
espiritual, en todos los casos son completamente dichosos y están satisfechos,
pues reciben cuanto son capaces de recibir. Sin embargo, su estado de conciencia
favorece su porvenir, porque si bien esta clase de devoción, por intensa que sea,
no vigorizará nunca el entendimiento, suscita mayor aptitud para una superior
modalidad de devoción y en muchos casos llega a purificar la conducta. 
 
Por lo tanto, quien pasa la vida celeste en el sexto subplano, aunque no sea
capaz de hacer rápidos progresos en el sendero del perfeccionamiento espiritual,
se libra de muchos peligros, pues no es probable que en su inmediata vida
encarnación cometa groseras culpas, o desprendido de sus devotas aspiraciones
caiga en una mundana conducta de avaricia, ambición y libertinaje. De todos
modos, el examen de este subplano subraya la necesidad de seguir el consejo de
San Pedro: "Añadid a vuestra fe virtud y a vuestra virtud conocimiento." 
 
La principal característica del 5º subplano es la devoción manifestada en
positivas obras. Es el subplano de la realización de los anhelos, aspiraciones y
proyectos no realizados en la tierra, acerca de asociaciones inspiradas por la
devoción religiosa que usualmente tiene por objeto un propósito filantópico. Sin
embargo, conviene advertir que conforme vamos ascendiendo en el mundo mental, hay
mayor complejidad y variedad, de suerte que si bien cabe señalar la
característica dominante de este subplano, se observan muchas variedades y
excepciones que difieren de la característica fundamental. 
 
Por ejemplo parece que en ciertas condiciones también halla la aptitud artística
su manifestación en este 5º subplano. El artista cuyo único anhelo es la fama
personal o que habitualmente cede a sentimientos de envidia profesional, no
actualiza energías capaces de llevarlo a este subplano mental, pero sí aquellos
artistas que cultivan el arte por el arte o lo consideran como una ofrenda a la
divinidad sin pensar en el efecto que pueda causar su obra entre la gente.  
 
Si recapacitamos sobre los tres subplanos de que hemos tratado, veremos que en
todos los casos se nota la devoción a una personalidad, sea un pariente, un amigo
o un dios, más bien que al sentimiento de amor a la humanidad, que encuentra
expresión en el 4º subplano. 
 
En este plano se encuentran en cuerpo mental, las Almas de las personas que
realizaron servicio por amor de servir, que activaron inegoístas anhelos de
crecimiento espiritual, de ciencia y filosofía de alto vuelo mental, o que
ejercieron con inegoístas propósitos aptitudes literarias o artísticas, por
ejemplo los eminentes artistas que consideran su arte como una potentísima fuerza
que se les ha confiado para el perfeccionamiento espiritual de sus semejantes. 
 
La población de este subplano proviene en su mayor parte de aquellas religiones
que reconocen la necesidad de obtener conocimiento espiritual. Por ejemplo, si en
el sexto subplano encontramos muchos budistas cuyo sentimiento religioso se
manifestaba en forma de devoción a la personalidad del fundador del budismo, en
el 4º subplano encontramos a los más inteligentes budistas cuya suprema
aspiración era postrarse a los pies de Buda para aprender, y lo consideraban como
un instructor más bien que como una adorable divinidad.  
 
En la vida celeste satisfacen plenamente su nobilísimo anhelo, pues se imaginan
recibiendo lecciones de Buda y la imagen que de él forjan no es una forma vacua,
sino que de ella dimanan la maravillosa sabiduría, poder y amor del más insigne
instructor del mundo debido al mecanismo antes explicado que posibilita a las
Almas evolucionadas para actuar sobre las imágenes que sus amadores forjan. En
consecuencia, adquieren nuevos conocimientos y se ensancha su horizonte mental,
de suerte que sus efectos han de tener señaladísimo carácter en la próxima vida
terrena. Quizá entonces no recuerden los hechos individuales que hayan aprendido,
pero intuitivamente reconocerán su verdad cuando acudan a su mente, y el
resultado de las enseñanzas recibidas será infundir en el Alma una vivísima
propensión al amplio estudio filosófico y a la práctica de los mismos temas. 
 
Desde luego es evidente cuán definida y seguramente apresura esta vida mental la
evolución del Alma. 
 
En cuanto a la filosofía y la ciencia de alto valor mental, hallamos en este
subplano muchos de los nobles e inegoístas pensadores que sólo anhelan intuición
y conocimiento para transmitirlo a sus prójimos. Lo mismo ocurre con el
nobilísimo esfuerzo artístico y literario, inspirado ante todo por el deseo de
realzar espiritualmente a la humanidad. Por ejemplo el pintor y el escultor que
cultivaron su arte con elevados e inegoístas propósitos están en el cuarto
subplano constantemente trazando y proyectando todo linaje de lindas formas
forjadas por su mente para deleite y estímulo de sus prójimos, pues no sólo
placen intensamente a quienes actúan con plena conciencia en el subplano, sino
que en muchos casos pueden captarlas las mentes de artistas vivientes todavía en
el plano físico capaces de reproducirlas para enaltecer la conciencia de las
gentes empañadas en las luchas de la vida física. 
 
Por igual se encuentran el en 4º subplano muchos que durante su permanencia en
la tierra se dedicaron a auxiliar al prójimo, porque sentían los lazos de
fraternidad y prestaban servicio por amor sin propósito de agradar a determinada
divinidad. Están ocupados en desenvolver con pleno conocimiento y tranquila
sabiduría vastos planes de beneficencia, grandiosos proyectos de mejoramiento del
mundo, y al propio tiempo maduran las facultades con las cuales nacerán en la
próxima vida física para plasmar las celestiales visiones que proyectaron de la
mejor manera posible. 
 
El 3º subplano, el subplano inferior del mundo mental superior o plano causal,
es el más poblado de todos los subplanos del genérico mundo mental, porque allí
están presentes los sesenta mil millones de Almas comprendidas en la actual
evolución humana, excepto el número relativamente exiguo de los capaces de actuar
en los subplanos segundo y primero. 
 
Cada Alma está representada por una figura ovoide, que al principio es tan solo
una película incolora, de tenuísima consistencia casi invisible, pero que según
progresa el Alma va mostrando una iridiscencia semejante a la de las burbujas de
jabón, de modo que los colores juguetean en su superficie como cambian los
matices de una catarata bañada por los rayos del sol. 
 
Está el ovoide o cuerpo causal del Alma constituida por una materia
inconcebiblemente fina, delicada, sutilísima, intensamente viva, con ígneas
vibraciones hasta que al adelantar notablemente el Alma en su evolución se
convierte el ovoide en un fúlgido globo de flameantes colores con matices en
absoluto conocidos en la tierra, tan suaves, brillantes y luminosos que el
lenguaje humano es incapaz de describirlos. 
 
Henchidos están los cuerpos causales de vívido fuego dimanante de un plano
superior, de modo que los globos parecen conectados por un tremulante hilo de
intensa luz. Según adelanta el Alma, aumenta su capacidad de recibir más copiosa
cantidad de energía divina que como por un canal fluye por el hilo que ensancha
su calibre para facilitar el paso de la corriente de modo que desde el segundo
subplano toma el aspecto de un tubo de comunicación entre el cielo y la tierra, y
a nivel muy superior aparece como un magno globo del que mana el flujo viviente
en el que se entrefunde el cuerpo causal. 
 
Las Almas encarnadas en cuerpo físico se distinguen de las desencarnadas por la
diferente tónica vibratoria de la superficie de los globos, por lo que no hay en
este subplano dificultad en reconocer a primera vista si un Alma está o no en
cuerpo físico. Tanto los encarnados como los desencarnados están en su inmensa
mayoría semiconscientes, aunque ya pocos incoloros, pero los plenamente
conscientes brillan como estrellas de primera magnitud entre la muchedumbre de
radiación no tan viva, de suerte que la intensidad de la vibración y color denota
el grado de evolución de cada Alma. 
 
La mayoría no están aún suficientemente definidos para comprender las leyes de
la evolución a que se hallan sujetos, y anhelan encarnar en obediencia al impulso
de la Voluntad cósmica, y también por la ciega sed de vida manifestada, el deseo
de estar donde puedan sentir y tener conciencia de la vida manifestada, el deseo
de estar donde puedan sentir y tener conciencia de la vida. En las primeras
etapas de su evolución no son capaces de percibir las rapidísimas y penetrantes
vibraciones de la sutilísima materia del mundo causal, y sólo responden a las
pesadas y lentas vibraciones de la grosera materia física. Así es que tan sólo en
el mundo físico se creen vivos y así se explica su intenso deseo de renacer en la
tierra. Durante un tiempo este deseo concuerda exactamente con la ley de
evolución, pues sólo pueden evolucionar por medio de contactos externos a los
cuales se van habituando a responder, y que sólo les puede proporcionar la vida
terrena. Poco a poco aumenta su capacidad responsiva y perciben las vibraciones
de la materia física, etérea y después de la materia astral. El cuerpo astral que
hasta entonces sólo había servido de puente para transmitir sensaciones al Alma,
comienza a ser ya un vehículo que el Alma puede utilizar, y la conciencia se
enfoca en las emociones más bien que en las sensaciones meramente físicas. 
 
Por el mismo procedimiento de acostumbrarse a responder a los contactos
externos, aprende el Alma a concentrar la conciencia en el cuerpo mental y vivir
según las imágenes que él mismo se forja, así como también aprende a dominar sus
emociones pro medio del pensamiento. Por fin concentra el Alma la conciencia en
el cuerpo causal y entonces reconoce su verdadera vida. Cuando la reconozcan se
hallarán en el segundo o en el primer subplano y no sentirán el menor deseo de
reencarnar; pero de momento estamos tratando de la mayoría de Almas poco
evolucionadas que marchan a tientas, blandiendo los tentáculos de la personalidad
en el océano de la existencia en los planos inferiores de vida, sin percatarse de
que la personalidad es el instrumento que ha de servirles para evolucionar. Nada
ven de su pasado ni de su porvenir pues todavía no son conscientes de su propio
plano. Según va el Alma pasando experiencias y asimilándose sus resultados,
adquiere conocimiento, y este conocimiento se manifiesta imperfectamente en la
personalidad como incipiente conciencia de lo justo y lo injusto. Poco a poco se
va afirmando el sentimiento de justicia y más claramente se formula en la
personalidad de modo que ya sirve algún tanto de guía de conducta, 
 
Por medio de las oportunidades que deparan las ráfagas de la plena conciencia a
que hemos aludido, las Almas más avanzadas del tercer subplano adelantan hasta el
punto de ocuparse en el estudio de su pasado, señalando las causas que lo
establecieron y aprendiendo mucho de esta retrospección, de modo que los nuevos
impulsos hacia delante son más claros y definidos, y se transfieren a la
personalidad como firme convencimiento e imperativas intuiciones. 
 
No hay necesidad de repetir que las imágenes forjadas en el mundo mental
inferior no se transmiten al superior, donde ya no cabe la ilusión y cada Alma
reconoce su divina estirpe y se ve y ve a todas las demás Almas en su verdadera
naturaleza, como el hombre inmortal que pasa de vida en vida con todos los lazos
entretejidos con su verdadero ser. 
 
El 2º subplano está mucho menos poblado, porque en el actual estado de la
evolución humana, tan sólo una exigua minoría de individuos han llegado a este
alto nivel, donde aun los menos adelantados son definidamente conscientes de sí
mismos y de cuanto les rodea. El Alma en este subplano es capaz de revisar con
alguna extensión su pasado y comprende el método y la finalidad de la evolución.
Se da cuenta de que está empeñada en una obra de propio perfeccionamiento y
reconoce las etapas de la vida física, astral y mental por las que pasa revestida
de sus vehículos inferiores. Ve como parte de sí misma la personalidad con que
está conectada y se esfuerza en guiarla, valiéndose del conocimiento de su pasado
como un acervo de experiencias de las que formula principios de conducta con un
claro e inmutable conocimiento, transmitido a la mente inferior para vigilar y
dirigir sus actividades. Sin embargo, aunque logre guiar sus vehículos
inferiores, dista todavía de ser claro y preciso el conocimiento de ellos y de
sus acciones. Ve nebulosamente los planos inferiores cuyos pormenores no
comprende tan bien como los principios, y parte de su evolución en el segundo
subplano consiste en ponerse más y más conscientemente en contacto con la
personalidad que tan deficientemente le representa. 
 
De lo dicho se infiere que sólo se hallan en el segundo subplano las Almas que
anhelan el perfeccionamiento espiritual y por lo tanto son capaces de recibir la
influencia de los planos superiores. Se ensancha el canal de comunicación por el
que fluye entonces más energía. Bajo esta influencia el pensamiento adquiere una
singularmente clara y penetrante cualidad, aún las Almas menos adelantadas, y el
efecto de esta cualidad se muestra en la mente inferior, como una tendencia a la
filosofía y a las ideas abstractas, por ejemplo. En las almas más evolucionadas
la visión tiene mucho mayor alcance del pasado, reconoce las causas establecidas
y cómo actuaron y lo que falta todavía para agotar sus efectos. 
 
Las Almas residentes en el segundo subplano tienen amplias ocasiones de progreso
cuando están libres de los vehículos inferiores, porque pueden recibir enseñanzas
de entidades muy adelantadas y se colocan en directo contacto con sus
Instructores, no ya por medio de imágenes mentales sino, sino por el de ráfagas
luminosas de imposible descripción, en que la esencia de las ideas vuela como una
estrella de una a otra Alma, y sus correlaciones se manifiestan como ondas
luminosas dimanantes de la estrella central sin necesidad de separada
enunciación. En el segundo subplano, un pensamiento puede compararse a una
lámpara comparada en un aposento, que muestra a la vista todos los objetos
circundantes sin necesidad de describirlos. 
 
En el 1º subplano, el más glorioso del plano mental, en el que moran pocas
entidades pertenecientes a nuestra humanidad, cuales son los Maestros de
Compasión y Sabiduría y sus discípulos iniciados. La belleza de forma, color y
sonido son inefables en este subplano, porque el lenguaje humano no tiene
vocablos que puedan hallar expresión tan radiantes esplendores. En los planos
inferiores se sembró la semilla que fructificó en el primer subplano del mundo
mental donde el Alma termina su evolución mental y las cualidades superiores
refulgen a través de la naturaleza inferior. Ha caído de sus ojos la venda de la
ilusión personal, y reconocen que no son la personalidad sino que ésta es el
instrumento que les sirve de manifestación y expresión en los planos inferiores.
Todavía la personalidad puede poner obstáculos y estorbos a las Almas menos
adelantadas, pero ya no caerán en el error de confundir la personalidad con su
verdadero ser. De semejante error se salva por continuidad de conciencia con que
pasan de vida en vida, de suerte que las pasadas vidas están siempre presentes en
su conciencia sin necesidad de mirarlas retrospectivamente, y todas ellas
constituyen una sola vida. 
 
En este primer subplano, el Alma es también consciente de los subplanos
inferiores en los que puede aprovechar plenamente las imágenes mentales de sus
parientes y amigos, mientras que en el tercer subplano y en la mitad inferior del
segundo, era todavía algo inconsciente de los subplanos inferiores, e instintiva
y automática su acción en las imágenes mentales. Pero al llegar a la mitad
superior del segundo subplano, se esclareció rápidamente su visión y reconoció
gozosa que las formas de pensamiento e imágenes mentales le servían de vehículos
para manifestarse en ciertas condiciones muchísimo mejor que por medio de la
personalidad. 
 
En el primer subplano actúa el Alma en su cuerpo causal, envuelta en
magnificente luz y esplendor del séptimo cielo, y su conciencia puede enfocarse
instantáneamente en cualquier punto de los subplanos inferiores e intensificar
con suplementaria energía la imagen mental de que desee valerse con propósito de
impartir enseñanzas. 
 
De este primero y supremo subplano del mundo mental fluyen la mayoría de
influencias de los Maestros de Compasión y Sabiduría, cuando trabajan a favor de
la evolución humana y actúan directamente en las Almas de los hombres, derramando
sobre ellas las inspiradoras energías que estimulan el adelanto espiritual que
ilumina la mente y purifica las emociones. 
 
De este primer subplano del mundo mental recibe el genio la luz que lo ilumina y
allí hallan su guía todos los esfuerzos de adelanto espiritual. 
 
Así como los rayos de sol se difunden por doquiera y cada cual los aprovecha
según su naturaleza, así de los Hermanos Mayores de la humanidad fluye sobre
todas las Almas la luz y la vida que tienen por misión difundir, y cada cual
aprovecha lo que es capaz de asimilar para su crecimiento y evolución. Así, como
en todas las cosas, la más excelsa gloria del mundo celeste se halla en la gloria
del servicio, y las Almas que han terminado la evolución mental son las fuentes
de que dimana la fuerza auxiliadora de los que todavía están en la cuesta
ascendente. 
 
  
 
 
 
 
 
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