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Responder a este mensaje
Asunto:[chamanes] LOS CUATRO MUNDOS DEL CHAMÁN
Fecha:Martes, 20 de Mayo, 2003  06:17:45 (+0200)
Autor:Foro de Chamanismo Esencial <forochaman @.........net>

Saludos querid@s chaman@s: 
 
Aquí les envío uno de los textos de rigor de mis Talleres de 
Introducción al Chamanismo, es muy didáctico, una verdadera joya, espero 
que lo disfruten. 
 
También les informo que de ahora en adelante cuando deseen responder a 
cualquier mensaje que les llegue mediante nuestras listas de correo, 
cuando pulsen el botón "Responder" ("Reply"), la dirección electrónica 
que aparecerá va a ser la de la persona que envió el mensaje y no la 
nuestra.  Si desean enviar su respuesta a las listas del Foro para que 
les llegue a tod@s tienen que pulsar "Responder a todos" ("Reply all") o 
teclear nuestra dirección de eListas: chamanes@eListas.net 
 
Gracias por su colaboración y les recuerdo que seguimos esperando que 
nos escriban los que dispongan de tiempo y deseen participar en la 
expansión de nuestro Foro. 
 
Reciban un abrazo y mucha paz. 
 
Karina Malpica 
Moderadora del Foro de Chamanismo Esencial  
de la Red Latinoamericana de Luz 
www.mind-surf.net/forochaman 
forochaman@mind-surf.net 
 
 
VER ES CREER: LOS CUATRO MUNDOS DEL CHAMÁN  
http://www.mind-surf.net/drogas/chamanismo6.htm 
  
 
Serge King* 
 
*Director de la Order of Huna International Kilauea, 
Hawaii. Adoptado y formado desde la infancia por un maestro chaman 
hawaiiano, ve al chamán desde una perspectiva polinesia como un 
"aventurero", en contraste con el modelo "guerrero" de ptras tradiciones. 
Sus numerosas publicaciones incluyen Imagineering for Healt, Kahuna 
Healing y Mastering Your Hidden Self. 
------- 
 
Una de las cosas más confusas que enfrentan los estudiantes del 
chamanismo es la forma en que los chamanes miran mundo. Confunde a mis 
alumnos en la actualidad y cierta- mente me confundió a mí cuando me 
iniciaba en esta tradición. En mi época de adolescente, en el campo, a 
veces mi padre, al igual que los demás agricultores, hablaba de los 
cultivos y animales que había a nuestro alrededor, y en algunas 
ocasiones se dirigía a ellos como si los cultivos y los animal fueran 
seres inteligentes, capaces de comprenderle y responderle. A pesar de 
que yo también aprendí a hacerlo, tuvo que transcurrir bastante tiempo 
para llegar a comprender el proceso. En una época determinada, todas las 
conversaciones con los árboles, flores, insectos, rocas y edificios que 
tenía lugar a mi alrededor, me impedían concentrarme en mi trabajo. 
Entonces, de algún modo, aprendí a abrirme y cerrarme aquel tipo de 
concienciamiento, sin saber cómo lo hacía.  
 
De M'Bala, mi maestro chamán en África, aprendí a fusionarme con los 
animales de la jungla, después de entrar en un trance profundo. Creía 
que el estado de trance era el me dio de conseguir el cambio, hasta que 
me di cuenta de que él lo lograba en un abrir y cerrar de ojos, sin 
entrar en trance Evidentemente el trance no era más que un instrumento y 
n la causa del cambio experiencial.  
 
Mi tío kahuana hawaiiano, Wana Kahili, me enseñó a emprender viajes 
interiores repletos de asombro y terror, y a discernir augurios en las 
nubes, hojas y muebles. Sin embargo, también me enseñó a ser muy 
consciente de mi estado al despertar y a cómo no ver augurios, ya que en 
ciertos momentos esto puede ser igualmente importante.  
 
Mi padre, M'Bala y Wana Kahili dedicaron muy poco tiempo a explicarme 
los fenómenos que me enseñaban a experimentar. Eran todos del parecer de 
que la experiencia es el mejor modo de aprender y de que las 
explicaciones intelectuales supondrían una traba. Este fue un buen 
método para salir de mi obstinación mental e introducirme en mi cuerpo, 
pero el hecho de tener que afrontar las dudas y temores generados por la 
cultura no chamánica en la que también vivía demoró considerablemente mi 
aprendizaje. En mis propias vivencias como alumno y como maestro, he 
descubierto que satisfacer el intelecto suele reducir las barreras 
analíticas y emocionales que dificultan el aprendizaje, permitiendo una 
asimilación mucho más rápida de la experiencia. Por ello, he pasado 
muchos años analizando, sin juzgarlas, mis experiencias personales, así 
como las de otros chamanes, a fin de adquirir una mayor comprensión de 
lo que hacemos cuando lo hacemos, para poderlo compartir más fácilmente.  
 
El auténtico punto de partida fueron las enseñanzas de Wana Kahili sobre 
los cuatro mundos (niveles o clases de experiencia) entre los que todo 
el mundo fluctúa espontánea y, por regla general, inconscientemente, 
pero que los chamanes cultivan a conciencia. Se trata del ike papakahi 
(literalmente: primer nivel de experiencia), el ike papalua (segundo 
nivel de experiencia), el ike papakolu (tercer nivel de experiencia) y 
el ike papaha (cuarto nivel de experiencia). En términos generales, me 
explicó que éstos representaban respectivamente el mundo ordinario, el 
mundo psíquico, el mundo de los sueños y el mundo existencial. Por 
razones didácticas he optado por definirlos como mundos objetivo, 
subjetivo, simbólico y holístico. También me dijo que dichos mundos eran 
comunes a todas las personas, no sólo a los chamanes, y que la única 
diferencia consistía en que los chamanes los utilizaban con conocimiento 
y propósito. También agregó que gran parte de la con fusión en la vida 
de la gente emana de una mezcla de dichos mundos en la mente y en el 
habla.  
 
Mi objetivo era el de instruir a mucha gente en poco tiempo sobre la 
experiencia chamánica, por lo que a pesar de un punto de partida tan 
favorable, me quedaba mucho por aprender. Lo que figura a continuación 
es un breve resumen de dicha búsqueda e investigación.  
 
¿Qué hacemos cuando realizamos un trabajo chamánico? Hablamos con la 
naturaleza y con los espíritus; cambiamos el tiempo y creamos 
acontecimientos; curamos mentes y cuerpos, y canalizamos extraños seres; 
volamos fuera del cuerpo, nos trasladamos a otras dimensiones y vemos lo 
que otros no pueden ver; además, pagamos nuestros impuestos, lavamos el 
coche y hacemos la compra. ¿Hay algo que sirva de conexión entre 
actividades tan diversas, o se trata simplemente de una serie de 
conocimientos independientes?  
 
Existe una pista importantísima en el primero y fundamental principio de 
Huna, término genérico de la filosofía polinesia de la vida en la que yo 
me formé. Dicho principio afirma que «el mundo es lo que crees que es». 
Otra forma más popular de decir lo mismo es: «nosotros creamos nuestra 
propia realidad». Sin embargo, la mayoría de la gente que lo dice no lo 
acepta plenamente, porque creen que lo único que eso significa es que 
todo lo malo que les ocurre es culpa suya. Incluso los que lo aceptan 
con una comprensión más profunda siguen limitando su significado a la 
idea de que son responsables de sus sentimientos y de su experiencia, y 
de que si convierten sus pensamientos negativos en positivos, comenzarán 
a atraer una experiencia positiva, en lugar de negativa.  
 
Los chamanes, sin embargo, van mucho más lejos. Para nosotros, no sólo 
significa atraer la experiencia con nuestro pensamiento, sino 
verdaderamente crear realidades. Con nuestros supuestos, actitudes y 
expectativas, hacemos que las cosas sean posibles o imposibles, reales o 
irreales. En otras palabras, cambiando el marco de la mente podemos 
hacer cosas ordinarias y no ordinarias en la misma dimensión física que 
compartimos con todos los demás. Repito que esto no es privativo de los 
chamanes. Lo único distinto es la forma en que aplicamos el principio.  
 
La forma de cambiar la experiencia y poder usar facultades no normales 
en una realidad determinada consiste en cambiar un conjunto de creencias 
(o suposiciones, actitudes y expectativas) acerca de dicha realidad, por 
otro conjunto. Parece muy sencillo y lo es. Lo más difícil -y puede 
serlo en grado sumo para algunos- es aceptar su simplicidad, porque esto 
significa cambiar la idea que uno tiene de la realidad.  
 
El modelo que presento a continuación ha sido específicamente diseñado 
para que los chamanes modernos puedan distinguir clara y conscientemente 
entre distintos niveles de realidad o conjuntos mentales. Esto no sería 
necesario en una sociedad más familiarizada con el chamanismo y con una 
mejor disposición hacia la aceptación del mismo. Se realizarían los 
mismos cambios, pero de un modo más intuitivo, porque habría menos 
conjuntos mentales contradictorios con otras filosofías, tanto 
religiosas como seglares. Imaginemos, por ejemplo, a un antropólogo 
moderno estudiando una cultura indígena en una isla del Pacífico 
meridional. Un buen día aparece el chamán del pueblo y les comunica a 
sus conciudadanos que, mientras estaba en el campo quitando las malas 
hierbas, la diosa Hina ha descendido por un arco iris y le ha advertido 
que se acercaba un huracán, antes de convertirse en pájaro y salir 
volando.  
 
El chamán alterna fácilmente el trabajo del campo con el de hablar con 
la diosa y sus conciudadanos lo aceptan sin dificultad alguna, porque 
esperan que el chamán sea capaz de realizar ambas tareas. Sin embargo, 
es probable que la mente del antropólogo se rija por un conjunto de 
ideas en las que sólo haya cabida para la alucinación inducida por las 
drogas, la aberración mental, la farsa, o la dramatización de una 
percepción ordinaria. La posibilidad de que el chamán se comunique 
realmente con un espíritu la elude por completo, así como su propia 
capacidad para hacer otro tanto.  
 
Al hablar a continuación de los distintos mundos, es conveniente tener 
en cuenta que se pueden penetrar someramente, como quien se moja los 
dedos de los pies en un estanque, o con la plenitud de quien se zambulle 
en las profundidades del océano.  
 
  
 
Ike papakahi: el mundo objetivo  
 
El mundo del primer nivel es lo que la mayoría de la gente en la 
sociedad moderna llamaría realidad ordinaria. Tomando como ejemplo un 
prado en pleno bosque, la mera experiencia sensorial del mismo (los 
colores de las plantas, la tierra y el firmamento, el olor de las flores, 
el canto de los pájaros, la sensación de la brisa en la piel, la 
percepción del movimiento de una gama con sus cervatillos) tendría lugar 
en un marco objetivo. Desde esta perspectiva también parecería evidente 
e incuestionable que el prado tiene unas dimensiones determinadas, un 
número concreto de árboles de ciertas especies, que unos son de madera 
dura y hoja caduca y otros coníferas, que una cantidad específica de 
animales de distintos géneros puebla la zona, que alguien es propietario 
de la misma, etc. Todo esto sería evidentemente cierto, pero sólo a 
dicho nivel de percepción. Este primer nivel, por evidente que parezca, 
sólo es perceptible de ese modo gracias a una creencia o supuesto 
fundamental que sirve de marco de referencia al mundo objetivo: el 
supuesto de que todo es independiente. Éste es el supuesto que da cabida 
a la experiencia sensorial directa, la física clásica y las diversas 
filosofías de causa y efecto.  
 
Suele ser bastante difícil que la gente formada en dicha creencia sea 
capaz de verla como un simple supuesto. Es evidente que aparenta ser la 
única verdad posible. Pero ésta es la naturaleza de los supuestos 
fundamentales. Toda experiencia tiende a ser consecuente con los 
supuestos acerca de la experiencia. Es como ponerse unas gafas de color 
rosa y olvidar que se llevan puestas. Si uno jamás recuerda que se las 
puede quitar, siempre pensará que el color rosa es el único y natural 
del mundo. La falta de consonancia se manifiesta cuando uno descubre, 
consciente o inconscientemente, otros supuestos, como por ejemplo cuando 
se le caen las gafas, o cuando recuerda que algún día se las puso, o 
cuando sueña con un mundo verde. Entonces uno puede abrirse a la 
experiencia de otros niveles. El chamán aprende lo antes posible que el 
mundo objetivo no es más que una forma de ver.  
 
La idea de que todo es independiente es muy útil y poderosa. Ha 
estimulado los viajes, la exploración, la ciencia, la industria y todos 
los milagros de la tecnología moderna, incluidos los que han permitido 
que esta obra se publique. Sin embargo, también ha servido para 
justificar la esclavitud, el racismo, las guerras, la vivisección, la 
contaminación y la explotación abusiva de los recursos del planeta. 
Debemos comprender que el supuesto en sí no es bueno ni malo. Los seres 
humanos debemos crear otros supuestos relacionados con los sistemas de 
valores antes de poder introducir el concepto: de bueno o malo, y éstos 
pueden operar en cualquier otra nivel de la realidad. Por ejemplo, 
observando objetivamente el mencionado prado, puede considerarse como 
bueno porque constituye una fuente de nutrición para diversos animales. 
O puede considerarse como malo porque ocupa un valioso espacio, que 
sería mejor utilizar para construir casas o alimentar seres humanos. El 
caso es que el uso o abuso del medio ambiente o de sus habitantes se 
basa en la idea de que las cosas son independientes, vistas desde un 
sistema de valores personal.  
 
Dos supuestos secundarios del mundo objetivo son el de que todo tiene un 
principio y un fin, y el de que todo efecto es producto de una causa. 
Algún acto u otro constituye la causa del nacimiento o principio de la 
existencia de las cosas, que un día mueren o dejan de existir. Esto es 
de vital interés en el pensamiento objetivo y despierta grandes 
polémicas en cuanto a las causas físicas de las enfermedades y al 
momento exacto en que un grupo de células se convierte en un ser humano. 
Se gastan enormes sumas de dinero para determinar las causas sociales y 
ambientales de la delincuencia, y en la conservación de edificios 
históricos, porque su desaparición supondría una pérdida cultural. Y la 
gente sufraga toda clase de cargas emocionales y económicas, a fin de 
descubrir el trauma específico de su infancia responsable de su desdicha 
actual, y para prolongar la existencia del cuerpo físico. Todo ello 
tiene perfecto sentido visto desde el supuesto antes mencionado, pero 
desde otras perspectivas no tiene sentido alguno.  
 
Algunas personas evalúan el mundo objetivo como nocivo y procuran huir 
del mismo, menospreciarlo o negarlo. Sin embargo, en el pensamiento 
chamánico, el mundo objetivo es simplemente otro lugar donde operar, y 
el proyecto chamánico es hacerlo con eficacia en cualquiera de los 
mundos. Por consiguiente, en su función esencialmente curativa, el 
chamán podrá utilizar supuestos del mundo objetivo, a fin de adquirir 
pericia en métodos de curación como el masaje, la quiropráctica, las 
hierbas y medicinas, la cirugía y el ejercicio, o la nutrición y la 
cromoterapia, sin limitarse a los supuestos de dichos métodos.  
 
  
 
Ike papalua: el mundo subjetivo  
 
Ahora supongámonos de nuevo en el prado. En esta ocasión somos 
conscientes de la interdependencia del mundo natural, de las funciones 
de apoyo mutuo desempeñadas por los elementos de luz y sombra, viento y 
agua, tierra y piedra, árboles, pájaros, flores e insectos. Más que 
meros observadores, nos sentimos parte de dicha interdependencia. Puede 
que sintamos la emoción de la paz, la felicidad, el amor, o el asombro. 
O puede que seamos conscientes de la estación y acudan a nuestro 
recuerdo las estaciones pasadas y venideras. Si uno es chamán, o 
psíquicamente sensible, es probable que pueda realizar un cambio interno 
más profundo y percibir las auras, o campos de energía, de todo lo 
presente, así como la interrelación de dichas fuerzas. Puede que logre 
conversar con las plantas, los animales y las piedras, o con el viento, 
el sol y el agua, compartiendo sus historias y sus secretos. Según la 
formación, experiencia y pericia de cada uno, podrá ser incluso 
consciente de los espíritus de la naturaleza y comunicarse con los 
mismos, o con la sobrealma o aumakua del propio prado. Sin moverse del 
lugar, puede que de pronto presencie una escena de hace cien años, de 
indios acampados después de una buena cacería, fumando sus pipas 
alrededor de la hoguera y dándole gracias al gran espíritu. Es incluso 
posible que se sienta como uno de ellos.  
 
Los ejemplos precedentes de experiencias en el mundo subjetivo son 
posibles gracias al supuesto básico de dicho nivel, que sostiene que 
todo está interrelacionado, con el apoyo de los supuestos secundarios de 
que todo forma parte de un ciclo y de una transición, y de que todos los 
acontecimientos son sincrónicos. En el marco de referencias de este 
mundo, la telepatía y la clarividencia son hechos naturales, tan 
incuestionables como la acción de una palanca en el mundo objetivo. La 
comunicación mental, independientemente de la distancia y con todo 
cuanto existe, es posible gracias a que el mundo está interrelacionado. 
Se pueden experimentar emociones gracias a la conexión empática. Las 
auras son visibles y tangibles porque la energía es el vínculo que las 
enlaza. Se pueden conocer vidas pasadas y futuras porque la vida es 
cíclica y el tiempo sincrónico. La muerte, a este nivel, no es más que 
una transición, parte de un ciclo, mientras que en el mundo objetivo es 
un fin. Todo acerca de este nivel es cierto, pero, una vez más, sólo 
desde la perspectiva del mismo.  
 
Ésta es la razón por la que a la gente orientada primordialmente hacia 
el mundo objetivo le resulta tan difícil aceptar la veracidad de los 
fenómenos psíquicos y las ciencias subjetivas como la astrología, y a 
aquéllos orientados primordialmente hacia el mundo subjetivo les es 
sumamente difícil explicar sus experiencias a sus amigos anclados en la 
objetividad.  
 
Ninguno de dichos mundos tiene sentido visto desde la perspectiva del 
otro. Si uno se limita a nacer y a morir, las vidas anteriores son 
patrañas. Si las estrellas están a tantísimos millones de kilómetros de 
la tierra, cualquier influencia es absurda. Por otra parte, si todo está 
interdependientemente conectado, la tala indiscriminada de árboles para 
construir ciudades es un acto suicida, y si uno ha pertenecido a otra 
raza en una vida anterior, odiar dicha raza en la actualidad es pura 
hipocresía. La solución chamánica a dicho dilema se halla en el séptimo 
principio de Huna: «la eficacia es la medida de la verdad». En lugar de 
intentar decidir cuál de estos puntos de vista es el correcto, el chamán 
adopta indistintamente el más eficaz y apropiado a cada objetivo 
curativo.  
 
Los métodos curativos chamánicos a este nivel utilizan la sugestión 
telepática y las formas mentales, la acupuntura o la acupresión, así 
como el equilibrio, transferencia y movimiento de energía, ya sea manual 
o con la ayuda de instrumentos tales como cristales, y formas y pautas 
especiales de energía.  
 
  
 
Ike papakolu: el mundo simbólico  
 
Nos encontramos una vez más en el prado, sólo que en esta ocasión 
dejamos volar la imaginación y en su claridad vemos nuestra propia loa 
al amor y a la vida, los árboles se convierten en representaciones de 
nuestra fuerza interna y máximas aspiraciones, los pájaros cantan 
promesas de alegría y los rayos del sol son la caricia de Dios en 
nuestro rostro. Uno se siente impregnado por la belleza del lugar y tan 
conmovido que, según la inclinación de cada uno, escribe inmediatamente 
un poema o pinta un cuadro para capturar aquella sensación. Ahora nos 
habremos trasladado a un conjunto mental dotado de su propio supuesto 
básico: todo es simbólico. Con una formación chamánica uno puede ir más 
allá y procurar discernir augurios orientadores en la formación de las 
nubes, de las hojas o de los pájaros en vuelo. O llevar a cabo un ritual 
que consagre el prado, convirtiéndolo en el mejor lugar de curación para 
futuros visitantes. Una progresión de ideas típicamente chamánica a este 
nivel es la de que, si todo es simbólico y los sueños son símbolos, esta 
realidad es también un sueño.  
 
Así pues, un aspecto de la pericia chamánica consiste en saber penetrar 
en los sueños y transformarlos.  
 
Puede que a estas alturas alguien se pregunte ¿de qué es todo simbólico? 
y ¿a quién pertenece el sueño? En este nivel sería correcto afirmar que 
todo es simbólico de todo lo demás, pero esencialmente de quien lo 
percibe, y que el sueño es el sueño de todo cuanto existe, pero 
especialmente del sujeto. O, alternativamente, podríamos afirmar que en 
el nivel simbólico la totalidad de la experiencia personal del sujeto es 
un reflejo de sí mismo, incluida toda la gente y objetos que le rodean. 
Cambiar la experiencia de este nivel, supone que uno puede cambiar los 
símbolos, la interpretación de los mismos o cambiarse a sí mismo, para 
que así cambie el reflejo.  
 
Los supuestos secundarios son los de que todo forma parte de un orden y 
existe en relación a otra cosa, y que todo significa lo que uno decide 
que signifique. Muchos investigadores científicos y teóricos matemáticos 
se aferran a este nivel, intentando descubrir pautas y relaciones 
significativas en la estructura aparente del universo, e ignorando con 
frecuencia el efecto que sobre su investigación provocan sus propias 
decisiones en cuanto a lo que es significativo, así como ignorando toda 
aplicación objetiva de su investigación. Para los chamanes, u otras 
personas simbólicamente sensibles, es útil darse cuenta de que las 
creencias se reflejan en el cuerpo y en las experiencias de la vida, y 
percibir la facilidad con que cambian las condiciones y las relaciones, 
cuando también cambian los conjuntos de creencias.  
 
Los métodos de curación chamánicos -en este nivel- incluyen todos 
aquellos principios basados en la fe, las terapias verbales y de 
visualización (incluido el hipnotismo), las afirmaciones de programación 
neurolingüística, la orientación de imágenes, los placebos, los sueños, 
y el uso de amuletos y talismanes.  
 
  
 
Ike papaba: el mundo holístico  
 
En esta ocasión uno no está en el prado, sino que es el prado. Siente 
como la clorofila de las hojas convierte la luz en energía utilizable, 
al tiempo que sus propias raíces absorben elementos nutritivos de la 
tierra y ofrece encantado su néctar a la abeja que recoge el polen para 
compartirlo con otras flores. Como la abeja, disfruta libando el néctar 
y, sin pensarlo, sabe que parte del polen será compartido con otras 
abejas y que una buena cantidad será transportado a las extensiones de 
sí mismo en la colmena. Siente un cosquilleo en la garganta al emitir su 
canto de apareamiento y mueve las plumas de la cola para conservar el 
equilibrio sobre la rama de un pino al borde del prado, y como pino sabe 
que está al margen del prado, pero forma parte de lo que hace que el 
lugar sea lo que es.  
 
Esto no es más que una pequeñísima muestra de la experiencia a nivel 
holístico. En este caso el supuesto básico es que todo es uno. En 
términos prácticos, es el sentido de identidad de uno con uno mismo. La 
experiencia más profunda acostumbra a llamarlo «conciencia cósmica», lo 
que supone un intento sumamente lamentable de describir una sensación de 
unicidad con el universo, esencialmente indefinible porque las palabras 
y el lenguaje son simplemente incapaces de contener dicha experiencia. 
Su rasgo más común y superficial consiste en la sensación de saber que 
uno existe. Descartes utilizó un enfoque simbólico muy de tercer nivel, 
para justificar dicha sensación de ser, cuando dijo: «Pienso, luego 
existo». El enfoque objetivo podría ser «siento, luego existo». Sin 
embargo, en el cuarto nivel holístico es probable que no logremos 
mejorar la definición de Popeye, que dijo: «Soy lo que soy y eso es todo 
lo que soy».  
 
En el mundo holístico no existe sensación alguna de distinción entre uno 
mismo y lo que sea con lo que uno se identifique como sí mismo. En la 
medida que uno es consciente de dicha identificación, uno opera en el 
reino holístico, y en la medida que uno sea consciente de «lo demás» 
estará operando en otros reinos. Habremos podido comprobar que, en 
nuestra progresión de un mundo a otro, la sensación de separación 
-atributo bastante primordial y característico del mundo objetivo- 
decrece en el mundo subjetivo (una mayor sensación de conexión indica 
menor separación) y es todavía menor en el mundo simbólico (a pesar de 
que el nivel del reflejo todavía denota que se refleja algo ajeno). Una 
persona también puede ser holísticamente consciente de lo que se 
considera como «sí mismo», al mismo tiempo que lo es no holísticamente 
de lo que aparece como «no sí mismo». Así pues, el miembro de una tribu 
en África occidental puede identificarse holísticamente con su propia 
tribu (es decir, puede no tener un sentido de identidad personal, aparte 
de como componente de su tribu) y una visión completamente objetiva, 
separatista y hostil de otra tribu.  
 
A pesar de que la identificación holística es algo natural en la 
experiencia humana (mucha gente extiende normalmente su sentido de 
identidad a sus posesiones personales, a la familia, a la ciudad o a su 
país), se precisa una destreza considerable para poder penetrar y operar 
conscientemente en dicho mundo. Los actores y las actrices, cuya 
profesión emana de una antiquísima tradición chamánica, son los mejores 
practicantes conocidos de dicho arte en la actualidad. En la antigüedad, 
y hasta cierto punto hoy en día, los chamanes eran y son capaces de 
adoptar la identidad de animales, espíritus de la naturaleza y de 
ciertos arquetipos que aparecen bajo capa de dioses y diosas. En dicho 
estado de identificación, adquieren las cualidades y los poderes de los 
entes en cuestión. Al igual que un buen actor, normalmente tímido, puede 
interpretar convincentemente el papel de un héroe seguro de sí mismo con 
una mentalización adecuada, el chamán logra tener la fuerza de un oso o 
la sabiduría de un dios gracias a la contemplación y a una 
interpretación tan perfecta del papel, que el papel le interpreta a él. 
Esto se desprende del supuesto secundario de este nivel, que sostiene 
que el saber engendra el ser.  
 
«Realiza la obra y gozarás del poder», ha dicho Emerson. A este nivel, 
existen esencialmente dos modos de curación chamánicos. En primer lugar, 
existe la «canalización», por medio de la cual se adopta, en mayor o 
menor grado, la identidad de alguien con mayores poderes de curación, o 
uno se identifica con un poder curativo superior, para actuar sobre 
alguien con fines curativos. En segundo lugar, existe un proceso que yo 
denomino «grokking and guiding», por el que uno se identifica con la 
persona que debe ser curada, o se convierte en la misma, y entonces se 
cura a sí mismo. Ni que decir tiene que, para practicar con éxito este 
segundo método, hay que estar muy seguro de sí mismo. De lo contrario, 
uno puede sentirse tan perturbado por el estado del otro que se vea 
obligado a abandonar el nivel holístico sin poder operar con eficacia en 
el mismo, o bien olvida su auténtica identidad, adquiriendo los síntomas 
del otro sin llegar a ser capaz de curarse. Puede que las personas que 
sean fuertemente empáticas experimenten esto con frecuencia. Muchos 
terapeutas, por ejemplo, se identifican hasta tal punto con los 
problemas de sus pacientes o clientes que pasan a padecer las dolencias 
que intentan ayudar a curar. Por consiguiente, cuando les enseño a mis 
alumnos a curar en el nivel holístico, les recomiendo que limiten todo 
proceso de identificación a un máximo de un noventa y nueve por ciento, 
de modo que el «uno por ciento de chamán» siempre pueda volver a la 
identidad de partida.  
 
  
 
Desplazándose entre mundos  
 
Cambiar de conjunto mental o desplazarse entre los diversos mundos 
plenamente consciente es un proceso sutil y delicado. Una aproximación a 
lo que entonces ocurre lo constituye la experiencia de observar esta 
página escrita. Uno puede leer las palabras y absorber la información, a 
continuación verificar los posibles errores tipográficos y ortográficos, 
luego fijarse en el cuerpo y estilo de impresión y en la calidad del 
papel, y por fin ser consciente de que esta página forma parte de un 
libro, en un lugar y un momento determinados. Lo único que habrá 
cambiado habrá sido la percepción, modificada a voluntad para variar la 
experiencia. En el desplazamiento entre los distintos mundos chamánicos 
el proceso es muy parecido. Lo único necesario para cambiar lo que uno 
se propone consiste en modificar los supuestos relacionados con dicho 
objetivo.  
 
El mayor obstáculo, tanto para esto como para otras prácticas chamánicas, 
es la intromisión de análisis críticos procedentes de otros niveles. Es 
muy difícil practicar la telepatía, por ejemplo, si uno no deja de 
decirse a sí mismo que el tema psíquico es una tontería.  Asimismo, la 
visualización no servirá de gran cosa si uno persiste en preguntarse: 
«¿me lo estoy inventando?». De igual modo, es muy difícil ganarse 
honradamente la vida si uno se identifica a sí mismo como ser espiritual, 
e identifica el dinero como algo no espiritual. Para lograr desplazarse 
con facilidad y eficacia entre estos mundos es necesario poder practicar 
el abandono de los supuestos de cada mundo en particular, así como el 
análisis crítico que se desprende de los mismos, antes de entrar en el 
próximo. Con (muchísima) práctica, esto llega a convertirse en algo 
automático. Lo que sí ayuda enormemente es quererse a sí mismo sin 
reservas y confiar en el Dios que nos habita. Claro que esto sólo son 
buenos consejos, tanto para un chamán como para quien no lo es.  
 
Más información en: 
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