| Asunto: | [ceiten] Muy buen Artículo | | Fecha: | Jueves, 5 de Julio, 2007 14:33:51 (-0500) | | Autor: | Camilo Estrada Luviano <camilo17estrada @.....com>
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De:
latinasuecia
El «mercado» retribuye generosamente a los que
reniegan de los principios en los que un día
creyeron.
Guía
para ser ex izquierdista Emir Sader*
Sirve para aquellos que aceptaron las
famosas «propuestas irrecusables» y asumieron cargos de jefe en
grandes publicaciones de un medio monopolista o en alguna gran
empresa privada, que exigen silencio o declaraciones adaptadas a
los intereses de los «patrones» (olvidándose de que no existen
«propuestas irrecusables» sino espinazos excesivamente
flexibles).
No serían casos aislados, finalmente las
redacciones de esos órganos de medios privados están llenas de
ex comunistas, ex trotskistas y ex izquierdistas en general,
«arrepentidos» o sencillamente «convertidos» y que se pasan toda
la vida – como ciertos «intelectuales» de las universidades, que
ganan a cambio amplios espacios en las grandes empresas –
diciendo que ya no somos lo que éramos, «limpiándose» a ojos de
la burguesía de sus «pecadillos de juventud».
Es indispensable la referencia a que «se es
imbécil a los 20 si no se es radical, se es imbécil a los 40 si
sigues siéndolo», o alguna alusión a lo de pasar «de incendiario
a los 20 a bombero a los 40», dejando en el aire la afirmación
de que se tuvo una juventud agitada antes de llegar a la edad de
la razón.
Un buen comienzo puede ser decir que «el
socialismo fracasó», que «está decepcionado con la izquierda»,
«que son todos iguales». Ya estará en condiciones de decir que
«ya no hay ni derechas ni izquierdas», que algunos que se dicen
de izquierdas en realidad son una «nueva derecha», son peores
que la derecha y que por lo tanto es mejor ser equidistante. Del
escepticismo se pasa fácilmente al cinismo de «votar a la
derecha asumida» para derrotar a la «derecha
disfrazada».
O tra modo es criticar vehementemente a
Stalin, después de decir que fue igual que Hitler –«los dos
totalitarismos»–, afirmar que apenas aplicó las ideas de Lenin,
para decir finalmente que los orígenes del «totalitarismo» ya
estaban en la obra de Marx. Decir que Weber tiene mayor
capacidad explicativa que Marx, que Raymond Aron tenía razón
frente a Sartre. Que el marxismo es reductor, que sólo tiene en
contra la economía, que su reduccionismo es la base del
«totalitarismo» soviético. Que no ha lugar para
«subjetividad», que redujo todo a una contradicción
capital–trabajo sin tener en cuenta las «nuevas
subjetividades», advenidas de las contradicciones del
género, de la etnia, del medio ambiente, etc.
No hablar de Fidel sin utilizar previamente
«dictador» y llamarlo Castro en lugar de Fidel. Descalificar a
Hugo Chávez como «populista» y a su vez como
«nacionalista», dándole a todo esto una connotación de
«fanatismo», «fundamentalismo». Concentrar la atención en
América Latina sobre Bolivia y Venezuela como países
«problemáticos», «inestables», sin mencionar siquiera a
Colombia. Siempre que se hable de la ampliación de la democracia
en el continente, añádase «excepto Cuba». No hablar nunca del
bloqueo usamericano a Cuba, sino siempre de la «transición»
–dejando siempre suponer que en algún momento transitarán hacia
las «democracias» que andan por aquí.
Decir que América Latina «no existe», son
países sin unidad interna –pronunciar 'cucarachos' [1] de forma
bien despectiva. Que nuestra política externa ha de tener miras
más altas, relacionarse con las grandes potencias y tratar de
ser una de ellas, en lugar de seguir conviviendo con países de
la región y los del sur del mundo – Sudáfrica, India, China,
etc.
Pronunciarse en contra de las cuotas en las
universidades, diciendo que introducen el racismo en una
sociedad organizada en torno a una «democracia social»
–será bienvenida una citación de Gilberto Freire y el
silencio sobre Florestan Fernandes–, que lo más importante es la
igualdad ante la ley y la mejora gradual de la enseñanza básica
y media para que todos tengan finalmente –a saber cuándo, pero
es preciso ser paciente– acceso a las universidades
públicas. Decir, siempre, que el principal problema de Brasil y
del mundo es la educación. Que hay trabajo, que existen
posibilidades, pero que falta cualificación de la mano de obra.
Que lo fundamental no son los derechos, sino las oportunidades
–hablar de la sociedad usamericana como la más
«abierta».
Descalificar siempre al Estado, como ineficaz,
burocrático, corrupto y corruptor, en contraposición a la
«economía privada», al «mercado», con su dinamismo, su capacidad
de innovación tecnológica. Exaltar las privatizaciones de la
telefonía –«antes nadie tenía teléfono, ahora cualquier pobre
diablo en la calle va con un celular»– y la de la compañía Vale
do Rio Doce, callar sobre el éxito de la Petrobras o afirmar que
«imagina si se hubiera convertido en Petrobrax, ¡sería mucho
mejor!».
Así pues, existen numerosos motivos para el
que haya decidido dejar de ser de izquierdas –bastaría lo de «la
caridad bien entendida empieza por uno mismo»– e intentar
ganarse la vida de espaldas al mundo y para beneficio propio. El
«mercado» retribuye generosamente a los que reniegan de los
principios en los que un día creyeron.
Pero es mucho más fácil ser de
izquierda.
No son necesarios pretextos, bastan las
razones sobre lo que es este mundo y lo que puede ser otro mundo
posible.
* Emir Sader Professor da
Universidade de São Paulo (USP) e da Universidade do Estado do
Rio de Janeiro (Uerj), é coordenador do Laboratório de Políticas
Públicas da Uerj e autor, entre outros, de "A vingança da
História".
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