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Asunto:[ceinpla] Contacto
Fecha:Miercoles, 31 de Octubre, 2001  19:20:28 (-0300)
Autor:Carlos Alberto Iurchuk <iurchuk @...........ar>

Estimados Amigos:

Envío los boletines del mes de octubre.

Carlos Alberto Iurchuk
iurchuk@...

Números anteriores:

Boletín "El Fuego del Dragón"
http://www.geocities.com/dragoninvisible
(Sección "Boletín")

Boletín "Contacto"
http://contacto.cjb.net





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Contacto (Nº 38 - Octubre de 2001)

CONTACTO

BOLETIN MENSUAL DE FENOMENOS EXTRAÑOS

Nº 38 – Octubre de 2001

 

Editado por Jessica Vanesa Parmigiano y Carlos Alberto Iurchuk

jesso@datamarkets.com.ar

iurchuk@netverk.com.ar

"Más Allá del Contacto"

http://contacto.cjb.net


Se permite la reproducción parcial o total, por cualquier medio, de los artículos presentados en este boletín. Si así se hiciere, se agradecerá la notificación al autor del artículo y a los editores del boletín.


Nostradamus no lo predijo

 

José Manuel García Bautista

Rafael Cabello Herrero

Sevilla – España

fronterades@viautil.com

racohe@supercable.es

 

Después de vivir casi en directo una de las mayores tragedias de la Humanidad, de haber vivido el horror más duro del terrorismo radical y sufrir la impotencia del que no puede hacer nada desde este lado del Atlántico, hoy contemplo con asco como muchos, pese al dolor y la tragedia, tratan de lucrarse a costa de esta gran tragedia. Más 48 horas después de que las torres gemelas de Nueva York sucumbieran a la barbarie del islamismo más radical veo como son muchos lo "iluminados", farsantes, lee-bolas de tres al cuarto, cartomantes de pacotilla y demás basura prestidigitadora que se cuelgan la medalla de haber vaticinado tal acontecimiento. Ni el dolor vigente ni la terrible perdida humana frena a estos sinvergüenzas que tratan de potenciar sus posiciones desde cómodos 906 apuntándose tal galardón de dudable mérito... Triste, muy triste es, si al contemplar todas esas imágenes aún hoy nos atrevemos (se atreven) en buscar el negocio en la Tragedia.

Escuchaba el pasado jueves [13 de septiembre] la Cadena Ser al popular y querido periodista Iñaki Gabilondo citar una estrofa supuestamente atribuida a Michel de Nostre-Dame en la cual, según decía, se anunciaba la caída de las Torres Gemelas. Evidentemente, Iñaki Gabilondo es mejor periodista que experto en nuestros temas... y no fue culpa suya, fue culpa de los cuatros señores que le van apuntando los datos de interés sobre una noticia que van surgiendo en un directo de 24 horas. Triste también que señores profesionales no contrasten las noticias y siembren el miedo-pánico en una determinada fracción de la sociedad muy crédula en estos temas proféticos tras cruzar el umbral del milenio y creer aún que algo terrible sucederá en nuestra Humanidad... Para mí, que se hable de 16.000 posibles víctima en el atentado aéreo ya es una terrible noticia en sí, no hace falta buscar terceras guerras mundiales, la tragedia, la gran tragedia ya la hemos vivido.

Llevo toda la noche y este día sin dormir buscando la presunta estrofa de Nostradamus y no la encuentro, he releído todas varias veces e incluso he leído las originales en francés y aún no las he encontrado y no las he encontrado porque no existen, son un burdo bulo corrido por cadenas de radio, televisión e Internet para crecer o hacer crecer una noticia, buscar la noticia y ser los primeros en dar la noticia cuando la realidad debería de introducirnos en una profunda reflexión de lo sucedido y rezar por los caídos, los que hasta hace poco tenían sueños de futuro y ahora han dejado de existir... es terrible.

Oigo en la radio ilusos haciendo de expertos de Nostradamus e interpretando a su libre forma las centurias y las estrofas del profeta, forzando la estrofa para que encaje en esta desgracia y como muchos alaban a este individuo por yo no sé que conocimientos, que lo único que están haciendo es engañar a la audiencia. Aún peor los muchos falsario-videntes que se pasean por las radio y televisiones ataviados con su uniforme de ocasión y afirman convencidos como presintieron, predijeron este suceso muchas horas antes de que ocurrieran... que vergonzoso, la poca solidaridad, la poca vergüenza y poca dignidad que demuestran afirmando tales aseveraciones.

 

"LA CIUDAD DE DIOS SERA UN GRAN TRUENO.

DOS HERMANOS ROTOS EN GRANDES CATASTROFES.

MIENTRAS LA FORTALEZA AGUANTE, EL GRAN LIDER SUCUMBIRA

LA GRAN GUERRA COMENZARA CUANDO LA GRAN CIUDAD SE ESTE QUEMANDO".

 

Esta es la supuesta estrofa de Michel de Notre-Dame en la que vaticinaba tal tragedia, ¿pero cuándo escribió esto Nostradamus? NUNCA es la respuesta, es una deformación usada por cuatro vivos para hacer que unos acontecimientos gravísimos entren en el guante de la historia oculta a través de Nostradamus. Pero esto jamás fue escrito por el profeta francés, es una invención de un oportunista humano de turno...

CENTURIA I, LXXXVII estrofa de Nostradamus:

 

"EN EL SOSOGEO FUEGO DEL CENTRO DE LA TIERRA,

HARA TEMBLAR ALREDEDORES DE CIUDAD NUEVA

DOS GRANDES ROCAS LARGO TIEMPO HARAN GUERRA,

LUEGO ARETUSA ENROJECERA NUEVO RIO".

 

Cualquier parecido con lo anunciado en medios de comunicación es pura coincidencia...

Lástima que aún muchos crean a pies juntillas los que en determinados medios de comunicación afirman. Como podemos comprobar de lo dicho por Nostradamus a los dicho en los medios de comunicación dista un abismo... el mismo que nos separa de los tristemente caídos en la tragedia de las TWIN TOWERS de N.Y.

¡Por favor! Seamos serios y dejemos, aislemos, matemos en el olvido informativo a todos aquellos que tratan de lucrarse a costa de este tipo de tragedias.

A última hora de la mañana me han hecho llegar unas fotos de supuestos OVNIs sobre los edificios caídos en N.Y., tristísimo que señores que se llaman "Ufólogos" hablen de formas discoidales en este trance y con miles de partículas volando en los cielos de N.Y. La foto es tan falsa y tan sujeta a interpretaciones que no es serio que quién investiga el fenómeno OVNI se deje arrastrar por avistamientos sobre N.Y. a pesar de la gran afición de los No Identificados a manifestarse sobre lugares en los que ha sucedido o va a suceder una tragedia, pero ni es el momento ni es el lugar para comenzar a hablar de apariciones de humanoides o platillos sobre N.Y... tengamos un respeto y mantengamos vivo el recuerdo por los fallecidos.


Extravagancia histórica o exótico anecdotario de cielos y tierra

Curiosidades, rarezas y eventos inexplicables en los anales del pasado

(Segunda parte)

 

Ignacio Darnaude Rojas-Marcos

Sevilla – España

ignaciodarnaude@galeon.com

 

Salamanca, 2 de noviembre de 1730

 

"El día dos de Noviembre a las 11 y 30 minutos de la noche, observé yo desde este horizonte salmantino, en la parte meridiana, entre el signo de Cáncer y el León, y parte de la constelación de Virgo, un estupendo globo de fuego, tan soberbio como el edificio más suntuoso de la Corte. Estaban de colaterales a este promontorio dos ráfagas, o columnas, que a la vista me pareció que subían y bajaban, y adquirían con el movimiento mayor luz y claridad.

El color en la cima superior del globo, se registraban dos grandes llamas cerúleas y de color fuego. La tierra me pareció que vomitaba el infierno que tiene en sus entrañas, según las arquedas de lumbre que despedía a las dos de la mañana, que a esta hora se encendió todo el globo y se unieron las columnas, y su duración fue hasta las cuatro y media. Esto es lo que yo he visto" (2).

 

Salamanca, Castilla la Vieja, 16 de diciembre de 1737

 

"El fantasmón aéreo, la cometa, la aurora, o el escandaloso Fenómeno contemplado por el literato don Diego de Torres Villarroel (autor de "Vida"), catedrático de Matemáticas en la vieja Universidad salmantina, se manifestó durante una horrible tormenta, tras chuzos reforzados con granizos, el más raro y sensible meteoro de cuantos he visto corromper el aire y turbar la tierra, que se desataba en fuego, rayos y truenos, en pedrisco y lluvias. Regalo que empezó a la puesta del sol y duró por más de cinco horas, desde las siete hasta el filo, corte, guarnición y empuñadura de la media noche.

"LO QUE VI": Yo lo vi y lo observé un poco, porque me gritaron algunos mirones aturdidos e ignorantes de lo que es mundo, que estaban con los gaznates en puntillas y con un aro por boca, haciendo calendarios y pronósticos sobre la tal visión. Retíreme a las ocho de la noche, temiendo que la frialdad me añadiese la diversión de un catarro o un reumatismo. Por la mañana me informaron de que había durado la chamusquina hasta las once y media de aquella misma noche.

El color rojo que se vio en los principios de la formación de este Fenómeno fue nacido de la radiación del sol. Pues aunque estaba ya puesto en nuestro horizonte, todavía se alcanzaban algunos rayos, aunque remisos, de sus luces. Y éstas bastaron para que aquellas materias ígneas de la nube luciesen, y darles con su escasa luz aquella rubicundez.

La situación que ocupaba era entre el trópico de Capricornio, parte de la equinoccial, y círculo ártico. A una vara de distancia del horizonte, según nuestra imaginación y nuestra vista, empezaba el dicho Fenómeno, y remontaba (para que vuesa merced me entienda) a otra vara o vara y media antes de la Estrella Polar.

La esfera del aire estaba ocupada a trechos de diferentes manchas, remiendos y pelotones, ya negros, ya rojos, pajizos, verdes, blancos y de otros irregulares coloridos. Conforme el sol fue bajando a visitar a nuestras antípodas, se iba aumentando para nosotros la tiniebla, y al mismo tiempo manifestaba sin estorbo alguno sus propias luces la nube o Fenómeno. Y como estaba sin el fuerte contrario del sol, nos dio a la vista todos sus lucimientos.

La llama, luz, aurora o Fenómeno que tanto ruido y escándalo ha producido en los espíritus acoquinados y medrosos no era redondo, cuadrado, óvalo ni triángulo, sino solamente unos fulgores de luz, por unas partes más lucidos, y por otras más opacos. Por aquí más grueso, y por allá más transparente. Unos extremos rubios, otros cándidos, y lo más de la ráfaga teñida del color que vulgarmente llamamos de fuego.

La mayor claridad en una de las partes de dicha apariencia, la mayor tiniebla y la remisión y confusión de luces, fue porque la nube no era igualmente sutil, sino que por unos lados estaba más pingüe, por otros más flaca, y por otros medianamente gruesa. Las partes sutiles era preciso que diesen mayor transparencia; las gordas ninguna; y las medianas darían precisamente a nuestra vista una luz cenicienta, confusa y distante. Esto es lo que discurro de la magnitud, color, luz y duración de este Fenómeno, y lléveme el diablo si siento otra cosa.

Así describe Torres Villarroel la hoguera o fogata a especie de rosa ardiente que ocupó los cielos nocturnos de Salamanca, una gala de luces celestes con aglutinación de chispas, humos y rayos de luz. Las ascuas del fuego aéreo, al principio de color rojo y de forma irregular y variable, centelleaban más bien que ardían.

Un montón de polvo se encaramó allá arriba, al estilo de cierto nubarrón escarlata y encendido, de figura irregular, junto a otros cirros y cúmulos vagos y diversamente movidos. El humo iluminado, vahos y vapores que se quedaban prendidos en el aire. Y relumbrón, ascuas, lumbre, fuego y chispas mas el humo. Ráfagas inflamadas que pareciera que iban a quemar los montes de la luna.

Las encinas parecían arder en el monte por el furor aéreo. Los rayos de luz hicieron caer las bellotas al suelo en una dehesa del lugar. El incendio del firmamento produjo considerable terror en el vecindario de la ciudad" (1).

 

Castel – Nuovo (Italia), hacia 1743

 

"Una hora después de Castel – Nuovo, con el viento en calma y el cielo sereno, advertí a la derecha y a diez pasos de mí una llama piramidal de un codo de altura y a cuatro o cinco pies por encima del nivel del terreno. Esta aparición llamó mi atención porque parecía acompañarme. Intenté aproximarme a ella con ánimo de estudiarla; pero cuanto más me acercaba, más se alejaba la llama de mí.

Se detenía en cuanto yo me paraba, y, cuando la parte del camino por la que la luz pasaba estaba rodeada de árboles, dejaba de verla; pero la volvía a encontrar en cuanto el borde del camino quedaba libre. También intenté volver sobre mis pasos, pero entonces siempre desaparecía, y no volvía a mostrarse más que cuando de nuevo me dirigía hacia Roma. Tan singular fanal no me abandonó hasta que la luz del día disipó las tinieblas.

¡Qué maravilloso campo para la superstición ignorante, si, contando con testigos del suceso, hubiera hecho carrera en Roma! La historia está llena de bagatelas de esta importancia; y el mundo está repleto de gentes que todavía les prestan gran atención, a pesar de la pretendida ilustración que las ciencias proporcionan al espíritu humano. He de confesar con toda sinceridad que, a pesar de mis conocimientos de física, la visión de aquel pequeño meteoro no ha dejado de darme singulares ideas. Pero tuve la prudencia de no decir nada a nadie" (12).

 

Fontiveros, Molmentran y San Esteban del Valle (Ávila), 24 agosto 1751

 

"El rocío cuajado o sustancia melosa que cayó en los pueblos del Obispado de Ávila, citados en el trabajo del médico doctor Francisco Alonso Esteban y Lecha, Académico de la Real Academia Médica Matritense, apareció muy seco; de suerte que se pudo coger hasta cuasi todo Octubre, en cuyo mes llovió algo, y se desapareció. Los sauces, mimbreras, zarzas y jaras de los arroyos estaban más cargados que los que no tienen suelo húmedo; sin duda por más proporcionados para mantenerlos, por más jugosos, y porque en estas honduras no corre tanto aire que lo deshaga.

Pero agrega después: aun en la eminencia de los cerros, y llanuras, me confesaron algunos factores, la había igualmente. Y en favor de la hipótesis del "rocío celestial" se adujo la autoridad de Mathiolo, médico italiano de Siena, quien había estudiado caídas de manná en Calabría, definiéndole como "un rocío o licor suave, que algunas veces se descuelga de el aire al romper el alba y se sienta sobre las hojas de los árboles y piedras, el cual crece y se pone engrumecido, de tal suerte que parece goma... y la del venerable cura de San Bartolomé de los Pinares, quien sentía muy de mañana posarse sobre sus manos una melosa y dulce humedad.

Todavía el doctor Esteban apunta, con imprecisión, que en las cercanías de Piedrahita de Avila, unos veinte años antes (hacia 1731), cayó el mismo rocío prodigioso. Ese dulcísimo rocío, al que llamó Plinio "Sudor del Cielo" y "Saliva de los Astros", testificado, entre otros, por el citado Mathiolo, que lo vio caer en el condado de Trento en Mayo de 1546; por el abad de Rousseau, en el monte Sinaí, y por Morisson, en Siria; "miel aérea" o "rocío del Líbano" para los árabes. El mismo Pedro Andrés Mathiolo advirtió en Calabria que el caído sobre olmos, fresnos e higueras se condensaba en unas masas gomosas, mientras que el posado sobre almendros se escurría como rubia miel" (4).

 

La "Trinidad Solar" de Fray Diego José de Cádiz (1743 – 180l)

 

El beato Fray Diego José de Cádiz sentía una muy profunda devoción a la Santísima Trinidad, que cultivaba constantemente y procuraba transmitir a los demás. "Una de las ocasiones más memorables, y que en efecto causa honda impresión, es el suceso que ocurrió en su viaje de Caspe a Maquinenza, en la Corona de Aragón.

Durante el trayecto cantaban él y la muchedumbre que le acompañaba el trisagio de la Santísima Trinidad, con un fervor y entusiasmo extraordinarios. A eso de las diez de la mañana aparecieron tres soles absolutamente iguales en magnitud, belleza y esplendor, fenómeno que duró por espacio de dos horas.

Esta aparición fue considerada por la numerosa y devota comitiva que acompañaba a nuestro beato Diego, y por la gente que la vieron, como un verdadero milagro que Dios obró para manifestar sensiblemente cuánto le agradaba la devoción al misterio de la Santísima Trinidad. De este fenómeno se tiraron láminas, que se propagaron con mucho entusiasmo y se conservaron religiosamente, y sobre él escribió una muy erudita disertación el N.R.P. Fray Bruno de Zaragoza, ex Provincial de la Provincia de los R.R. P.P. Capuchinos de Aragón" (3).

 

Cumbres Mayores (Huelva), 1 de noviembre de 1764

 

"Andalucía recibió otra lluvia de manná. En la noche del 1 al 2 de Noviembre de 1764 cayó en la villa de Cumbres Mayores una especie de nieve, que causó mucha novedad, porque no se deshizo, como regularmente sucede; sino que, enjugándose, permaneció la tierra blanca, y lo mismo los árboles y piedras; quedándole pegada una como especie de azúcar, que aplicada a la lengua se percibe dulce... Noticias posteriormente recogidas daban cuenta de que sucedió lo mismo en Cerro de Andévalo, Calañas, Puebla de Guzmán, Alosno, Sanlúcar la Mayor y otros pueblos aún más hacia el litoral.

Fray Manuel de Fontanillas, hallándose el día de la nevada en su pueblo natal de Manzanilla, observó al amanecer una gran niebla y con ella blanqueaban todos los tejados que alcanzaba su vista. Salió a un descubierto donde estaba una hacina de leña seca, y la vio toda blanca y llena de la misma nieve; la tocó y cogió, y habiéndola gustado, de un dulce exquisito, repitió el cogerla y gustarla muchas veces" (4).

 

Than – Duc, Cochinchina, 25 de octubre de 1887

 

"Al finalizar el último mes de Octubre recibió el Administrador de Tayninh, en Cochinchina, un parte oficial del Jefe del cantón de Treiem – Hoa, que traducido a nuestro idioma dice así:

"Sr. Administrador: Tengo el honor de participar a usted que en la aldea de Than – Duc ha aparecido el día 7 del noveno mes annamita un animal desconocido. Fue día de lluvia y truenos. El animal ha subido al cielo; la tierra está removida en una extensión de 20 metros franceses de longitud, 5 metros de anchura y 4 metros de profundidad. Creo mi deber manifestarlo a usted. Huynh – Van – Nhu".

Efectivamente; el capitán de Artillería de la Marina francesa, M. Delahuney, reconoció el terreno entre las aldeas de Than – Duc y Hiep – Hoa, y comprobó la existencia de una excavación de 32 metros de longitud, 6 metros de anchura y 2 metros de profundidad, en medio de un arrozal, sobre una turba húmeda llena de raíces cuya trabazón no permite cambios de forma. Los annamitas aseguraban que de aquella fosa había salido el misterioso animal para remontar su vuelo hacia el firmamento. Manifestaban también haber oído una fuerte detonación, seguida de prolongados zumbidos que lentamente se desvanecieron.

Las observaciones hechas en Tayninh y en Saigón, a la misma hora y en el mismo día en que la fantástica bestia se elevó en los aires, permiten dar al fenómeno una explicación natural. Desde ambos puntos se vio el 25 de Octubre de 1887 un bólido de brillante luz violácea, que hizo su camino de Oeste a Este, dejando a su paso una larga estela de chispas, persistente durante 30 segundos. El diámetro aparente del bólido se presentaba poco superior a la mitad del de la Luna.

El parte oficial antes transcripto, las declaraciones de los annamitas, la presencia del bólido, las medidas y estudio de la forma de la fosa, y dos observaciones de la trayectoria hechas casualmente en puntos situados a 5 kilómetros uno de otro y a 2 del de caída, han conducido a M. Delahuney a fijar las dimensiones, peso, velocidad y marcha del aerolito. Su forma era próximamente la de una pera, de 32 metros de altura y 8 de diámetro máximo. El peso, apreciando en 5 la densidad, término medio de las observadas en otros, era probablemente de 2.895.000 kilogramos, número, a la verdad, respetable, puesto que uno de los mayores aerolitos conocidos, el de Bitbourg, sólo pesa 1.650 kilogramos" (14).

 

Piedras Negras, Méjico, 1893

 

"Por cierto que en esta obra "Ulises Criollo", del historiador mexicano don José Vasconcelos, hay una página mágica y misteriosa que me ha tentado a redactar el título que encabeza estos comentarios. En efecto, Vasconcelos, que fue el número uno en tantas cosas, fue también el primer mexicano que ha visto eso que ahora llamamos "platillos volantes".

Quien le lea verá a un Vasconcelos de once años de edad, en 1893, hijo de un oficial de aduanas destinado en el puesto fronterizo de Piedras Negras, paseando a la orilla del río junto con su madre y sus cuatro hermanas.

Comenzaban a cruzar el puente internacional que conducía a Estados Unidos, cuando, súbitamente, se produjo el fenómeno. "Serían las once de la mañana – precisa Vasconcelos – y comenzaba a quemar el sol. De pronto, nacidos del seno humoso del ambiente, empezaron a brillar unos puntos de luz que, avanzando, ensanchándose, tornábanse discos de vivísima coloración bermeja o dorada. Con mi madre y mis hermanas cinco éramos para atestiguar el prodigio.

Al principio creíamos que se trataba de manchas producidas por el deslumbramiento de ver el sol. Nos restregábamos los ojos, nos consultábamos y volvíamos a mirar. No cabía duda, los discos giraban, se hacían esferas de luz; se levantaban de la llanura y subían, se acercaban casi hasta el barandal en que nos apoyábamos. Como trompo que zumbare en el aire, las esferas luminosas rasgaban el tenue vapor ambiente... Asistíamos al nacimiento de seres de luz. Conmovidos, comentábamos, emitíamos gritos de asombro; gozábamos como quien asiste a una revelación" (13).

 

Soto de Caso (Asturias), hacia el año 1900

 

El presente informe es el fruto de una serie de entrevistas a un bisnieto del protagonista del caso, fallecido éste hace ya bastantes años. El curioso incidente tuvo lugar en la provincia ovetense, entre las localidades de Soto de Caso y Beneros, en el concejo cántabro de Ceso, división territorial de Pola de Laviana, en un paso cortado a tajo en la montaña, una especie de pétrea cornisa que los vecinos de esa comarca utilizaban frecuentemente para sus desplazamientos a pie o en caballerías.

No hay ni que decir que este angosto sendero entre la roca y el abismo no estaba asfaltado convenientemente. En esta zona del Principado abundan las feraces plantaciones de maíz, quedando un poco relegada del sector minero por excelencia.

El observador del suceso, don Felipe Alvarez, natural de esta región astur, persona ya entrada en años, alcalde del concejo de Ceso y residente en esta población, gozaba de una gran reputación y era muy respetado en la comarca.

Un buen día del mencionado año que hizo raya entre dos siglos don Felipe se dirigía en horas nocturnas aventurándose por un sendero que bordeaba el monte, tanteando a pie el peligroso terreno, puesto que a su derecha se abría el ventisquero que terminaba en un torrente, camino que conocía bien por recorrerlo casi a diario.

En esta tesitura el alcalde pudo constatar para su sorpresa cómo a unos doscientos o trescientos metros siguiendo el pasadizo montañoso una extraña luz iba desplazándose cerca del suelo (sin volar ni surcar el aire), en la misma dirección y sentido que el caminante, pero "marchando" delante de él.

La luminosidad no pertenecía a ningún automóvil, pues en aquella época casi no existían en Asturias, y un carruaje tampoco era usual en la comarca, ya que, aparte del considerable ruido que hacía, un desliz podría precipitarlo al abismo. Por otra parte los carromatos de los lugareños carecían de faroles en aquel tiempo, por el riesgo de incendio que su combustible ardiendo representaba para la madera de los carros y las mieses y paja que solían transportar.

Cuando don Felipe Alvarez arribó a su destino, presa de la excitación relató el extraordinario incidente a sus familiares, convecinos y amigos, y pudo constatar que "la luz de Beneros" era ya una leyenda en la comarca, puesto que numerosos paisanos la habían contemplado con anterioridad en los mismos parajes" (11).

 

La Rábita (Granada), 1908

 

En un todavía cálido anochecer del otoño de 1908, la niña Elena Romero, de entre 10 y 11 años de edad, residente en el Cortijo Los Puñaleros, sito a unos trescientos metros de La Rábita y a 6 kilómetros de Albondón, en las estribaciones de la sierra de las Alpujarras, salió al exterior del caserío a refrescarse con la brisa reinante en el crepúsculo vespertino.

Se encontraba allí descansando tranquilamente cuando de pronto alzó la cabeza y mirando al cielo acertó a divisar cómo por una colina próxima descendía una extraña cosa redonda, ígnea y resplandeciente. La aparición bajaba a bastante velocidad, justo frente a los edificios de la cortijada. El objeto giraba sobre sí mismo y semejaba la forma de un plato por cuanto dice la testigo:

"Cuando aparecía de perfil, era plano". La pequeña, paralizada por el asombro, se quedó contemplando el fenómeno, hasta que a los pocos minutos la luz se esfumó. "Un momento antes lo vi allí, y un segundo después ya no estaba", declaró en nuestra entrevista. El caso, ocurrido algunos meses después de la gran explosión de Tunguska (Siberia), quedó durante muchos años sepultado en el olvido, pues por aquel entonces no se sabía nada de platillos volantes, y mucho menos en esos remotos parajes rurales de la serranía andaluza. La cría en aquel tiempo no supo encontrar ninguna explicación al extraño fenómeno luminoso (11).

 

Brunete (Madrid), hacia julio de 1937

 

"Santiago fue el Padre de la Fe Católica en España y el Imperio fue hechura de sus manos, dijo Quevedo. Desde entonces andan en perfecto maridaje la Iglesia y la verdadera y auténtica España, forjada a tajos de espada del Apóstol Santiago, desde Clavijo a Granada, desde aquí a América, y desde Canarias a la Batalla del Ebro (Julío – Noviembre 1938), pasando por la batalla de Brunete (que empezó en Julio de 1937), donde se cuenta que el providencial Caudillo y abanderado de la Cristiandad, Francisco Franco, que, con pulso firme, inteligencia prócer y corazón españolísimo rige los destinos de España, vio, y mostró a otros dos generales, al Apóstol Santiago sobre caballo blanco, tal como se apareció en Clavijo" (16).

 

Bélmez (Córdoba), julio de 1941

 

El siguiente suceso nos ha sido comunicado por una de sus principales testigos, la señora Concepción Cuenca, viuda de Contador, de 48 años y costurera de profesión. Según doña Concepción, a las cinco de la madrugada de un día del mes Julio, posiblemente de 1941, caminaba junto a su padre y su hermano desde Bélmez a Valsequillo, en la provincia de Córdoba.

Estaban atravesando una linde cuando de repente una especie de fogonazo, más potente que un flash fotográfico, les obligó a taparse los ojos. El raro fenómeno apenas duró un segundo. La luz parecía estar en el aire, pero lo llenaba e iluminaba absolutamente todo. Su color era "como cuando se enciende una bombilla muy fuerte, muy fuerte". Después de pasados los primeros instantes de incertidumbre, los tres siguieron su camino sin comentar el incidente. No se produjo ningún otro fenómeno en conexión con el suceso.

La testigo asegura que de ninguna manera pudo ser un relámpago. Concepción Cuenca tenía en aquel momento unos 13 años de edad. Es natural de la provincia de Córdoba, aunque reside actualmente en Sevilla (10).

 

Sevilla, principios de la década de los cincuenta

 

"Las protagonistas del caso fueron dos hermanas solteras de cierta edad, pertenecientes a una familia acomodada de la capital de la Giralda, cuyos nombres silenciamos para evitarle molestias a la que todavía vive ya jubilada. Hemos tenido conocimiento de los hechos a través de una tía nuestra que trabajó una larga temporada con una de ellas, en un organismo de la administración pública. Ambas señoras detentaban una sólida formación intelectual y buena cultura, cosa infrecuente en esa época y clase social. La que todavía vive desempeñó el cargo de secretaria del director de un ente estatal con sede en Sevilla. Ambas convivían en la misma casa, escenario de los acontecimientos.

Un buen día las dos señoras comenzaron a relatar a sus amistades que se encontraban en dificultades debido a "los marcianos" o "extraterrestres", terminología todavía infrecuente por encontrarse entonces la ufología española en sus inicios. Sus confidentes las tomaron a broma, pero ante su insistencia empezaron a dudar de su sano juicio, pensando que su vida solitaria las había llevado a un estado de histeria, aunque hasta entonces nunca habían dado muestras de desequilibrio y gozaban de buena reputación.

La pareja, contra todos los convencionalismos en boga, aseguraban que hombres de otros planetas las mantenían sometidas a una estrecha vigilancia y estaban experimentando con ellas. De nada les valía refugiarse en su domicilio, por cuanto los misteriosos seres las observaban con sus artilugios a través de las paredes, cuando no se introducían en la vivienda para conectarles aparatos en la cabeza, que les ocasionaban un fuerte dolor.

El terror reinaba en el edificio, y por las noches, escondidas entre las sábanas, escuchaban los pasos de las entidades caminando por la casa, y los ruidos que éstas hacían. Acerca del aspecto físico de tales personajes que las acosaban, no se recuerdan descripciones de las damas al respecto.

Llegó un momento en el que las señoras no pudieron soportar más la situación, y acudieron a la Policía a denunciar a "los asaltantes". En la comisaría se burlaron de ellas, recomendándoles que lo mejor para ahuyentar a los marcianos ere taparse por las noches con un paño oscuro, consejo que al parecer siguieron sin resultados.

Los visitantes no dejaban de molestarlas, en particular con una "máquina de rayos", cuyo funcionamiento y efectos eran como sigue: Los malévolos acompañantes se situaban en un inmueble vecino, y allí instalaban un desconocido aparato de radiaciones, cuyas invisibles vibraciones dirigían a sus cobayas humanas, resguardadas en la vivienda contigua. El continuo bombardeo de estas radiaciones iba debilitando la salud de las inquilinas, que aducían hasta peligro de muerte.

A los pocos años de estos sucesos una de las hermanas falleció de cáncer de pulmón. La otra no volvió a hablar desde entonces de extraterrestres, por lo que se supuso que la difunta había sido una neurasténica que influyó nocivamente en su hermana.

Recuerdo muy bien cuando ambas mujeres giraron una visita a mis abuelos. Al despedirse se dirigieron quedamente a mi tía y le manifestaron su pesar, ya que habían "sentido" que la residencia estaba siendo fulminada desde algún enclave oculto, con rayos extraterrestres idénticos a los que penetraban en su propio domicilio. Ni mi tía ni mi abuela disminuyeron entonces de salud, aunque mi abuelo acabó con un tumor pulmonar a los veinte años de los hechos.

Exponemos los detalles de este curioso episodio tal como llegaron a nuestros oídos, para que los lectores y otros investigadores formen su propio juicio al respecto. Sevilla, a treinta y uno de Marzo de 1976" (11).

 

Referencias

 

(1) Diego de Torres Villarroel: "NOTICIAS ALEGRES Y FESTIVAS DE LAS RAFAGAS DE LUZ QUE SE VIERON SOBRE NUESTRO HORIZONTE EN LA NOCHE DEL 16 DE DICIEMBRE DE 1737" (Imprenta Real de don Diego López de Haro, calle de Génova, Sevilla, 1738, 15 hojas. Manuscrito en el archivo del doctor Gabriel Sánchez de la Cuesta, catedrático de Historia de la Medicina en la Universidad de Sevilla y presidente de la Real Academia de Medicina. Citado en el capítulo 35 de la obra del historiador José María de Mena "Antigüedades y casos raros de la Historia de Sevilla", Sevilla, 1974).

(2) Diego de Torres Villarroel: "JUICIO Y PRONOSTICO DEL GLOBO Y TRES COLUMNAS DE FUEGO QUE SE DEJARON VER EN NUESTRO HORIZONTE ESPAÑOL EL DIA 2 DE NOVIEMBRE DE ESTE AÑO DE 1730" (Madrid, 1790, Biblioteca Nacional, manuscrito Nº 3: 33206. Trascripto por Félix Ares de Blas en "La oleada española de 1730", revista "OVNI", Málaga, Nº 2, Julio de 1969).

(3) Fray Cayetano de Igualada: "VIDA DEL BEATO PADRE FRAY DIEGO JOSE DE CADIZ, RELIGIOSO SACERDOTE DE LA ORDEN DE M. CAPUCHINOS DE SAN FRANCISCO" (Cádiz, Imprenta Federico Joly, 1894, página 30).

(4) Gabriel Sánchez de la Cuesta: "EN ESPAÑA CAYO DOS VECES EL MANNA" (Diario "ABC", Sevilla, 29 Marzo 1968, dos páginas).

(5) "HECHOS CURIOSOS Y RAROS EN SEVILLA. CUADERNOS VARIOS, SIGLOS XV AL XVIII (TOMO PRIMERO (ENTRE CUATRO))" (Archivo de la Biblioteca del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, Plaza de San Francisco). Manuscrito examinado por Manuel de Terry y Sánchez Blanco. Texto mecanografiado por Enrique Campos Muñoz en Marzo de 1973.

(6) "HECHOS SUCEDIDOS EN SEVILLA EN 1464" (Escrito del sacerdote Diego Enriques del Castillo y del licenciado Alonso de Palencia, ambos cronistas de cámara del rey Don Enrique IV, que a la sazón se encontraba de cacería en la sierra de Jaén. (Páginas 158 y 159 de la obra de José María de Mena "ANTIGÜEDADES Y CASOS RAROS DE LA HISTORIA DE SEVILLA", Sevilla 1974).

(7) Miguel León-Portilla: "EL REVERSO DE LA CONQUISTA DE AMERICA" (Editorial Joaquín Mortiz, México, 1964, páginas 156 – 157).

(8) Juan Vernet: "LOS MUSULMANES ESPAÑOLES" (Sayma, Barcelona, 1961, 136 páginas).

(9) "CURIOSIDADES DE CATALUÑA", Barcelona, 1936, Volumen 1, Nº 4, páginas 2 a 5 (Archivo de José Vera González).

(10) Caso investigado por Ignacio Benvenuty Cabral, residente en Sevilla.

(11) Informes del investigador sevillano Miguel Peyró García, autor de una interesante obra sobre el fenómeno ufológico.

(12) Giacomo Casanova de Seingalt: "MEMORIAS" (Aguilar, Madrid, 1982, 5 volúmenes, tomo 1, capítulo 8, página 233).

(13) Torcuato Luca de Tena: "EL PRIMER MEXICANO QUE VIO PLATILLOS VOLANTES" (Diario "ABC", Sevilla, 26-5-81).

(14) Revista "La Ilustración Española y Americana", Madrid, Suplemento al Número V, página 103 (Archivo del pintor montañés Fernando Calderón).

(15) Juan Rodríguez de Villalpando: "MEMORIAL DE LA INFORMACION TESTIFICAL PRACTICADA EL 13 DE JUNIO DE 1430 SOBRE EL DESCENSO DE LA VIRGEN DE LA CAPILLA" (Jaén, Junio de 1430, manuscrito en el archivo de la iglesia de San Ildefonso).

(16) Lorenzo Merino Barragán: "PERFILES JACOBEOS" (Clavijo (Logroño), 1954, 214 páginas).

(17) Marqués de Lozoya: "DE SANTIAGO PEREGRINO A SANTIAGO MATAMOROS" ("Cuadernos Hispanoamericanos", Madrid, Número 238 – 240, Octubre – Diciembre 1969, páginas 399 a 405).

(18) Julián Cantera Orive: "SANTIAGO EN CLAVIJO" (Logroño, 1944, 20 páginas) y "LA BATALLA DE CLAVIJO" (Clavijo, 1944, 360 páginas).