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¿Y cuándo pasan a retiro a 107
políticos?
POR EDGAR MAINHARD (*) La depuración que los políticos
practican en las fuerzas de seguridad, para ser creíble debería acompañarse con
una purga similar entre ellos mismos, habida cuenta de la impopularidad que
tienen y la incredulidad que
provocan.
El viaje a USA no había logrado provocado, en la Argentina, la
expectativa que Néstor Kirchner buscaba.
Nadie había comentado, durante
los últimos días, que el Presidente había recuperado su apariencia física, que
hasta se animaba a caminar por el Central Park neoyorkino o que podía fustigar a
sus adversarios desde una tribuna.
No. Todos seguían esperando que
ingresara a un nosocomio para la bendita 2da. consulta média que se instaló en
la opinión pública con una llamativa velocidad, y credibilidad.
Entonces
había que provocar un acontecimiento importante en lo doméstico, que coincidiera
con el arribo del Presidente. Así, en su regreso todos le preguntarían qué opina
de lo ocurrido aquí y no del aislamiento que soportó en USA, donde no fue
recibido por ningún funcionario de la Administración
Bush.
La Casa Blanca evaluó que ya había enviado a
la Ciudad de
Buenos Aires a un funcionario (John Taylor, secretario adjunto del Tesoro) a
explicar su visión de lo que debería hacer la Argentina, y no había nada más que
hablar con el Presidente sudamericano.
Sin duda que si Luiz Inácio Lula
Da Silva hubiese ido a USA a recibir un reconocimiento y mantener una entrevista
colectiva con empresarios, su agenda privada hubiese resultado mucho más
importante.
Lo concreto es que, para apuntalar su arribo de vuelta,
Kirchner ordenó acometer con los 107 oficiales policiales federales, una
correcta estrategia de marketing político.
El Presidente quiere
permanecer aferrado a la imagen de destructor de las corporaciones, aún cuando
cometa errores notables como disolver la Superintendencia de Asuntos
Internos, para delegar en la
Secretaría de Seguridad de la Nación todas las investigaciones sobre
el comportamiento del personal policial federal.
Entonces, José Manuel De
la Sota tiene
razón: no hay plan nacional de seguridad, tan sólo un programa municipal de
reforma policial.
Además, todavía están por verse sus resultados. Por un
lado, es un fracaso el reclutamiento: menos del 10% de las vacantes; por otra
parte, es difícil de financiar el oneroso e ineficiente programa de fiscalías
barriales que pretende Gustavo Béliz.
Pero, ¿qué hay sobre la posibilidad
de aplicar las purgas a los políticos? El Presidente liquidó las cúpulas
militares y policiales, y gran parte de la Corte Suprema de Justicia de
la Nación, pero
sigue aferrado a sus socios políticos que resultan patéticos exponentes de la
corrupción como Gildo Insfrán, en Formosa.
Pero liquidó a los Juárez en
Santiago del Estero (¿los liquidó? Mmmm está por verse aún... ) y acecha a los
Rodríguez Saá en San Luis, mientras aún procura atraer a algunos intendentes del
Gran Buenos Aires, aunque ahora todo es más complicado porque Eduardo Duhalde ha
enviado señalres de que el PJ está de regreso.
Kirchner tampoco ha
arremetido en la renovación de los líderes sindicales, algo que apreciaría mucho
un sector de la población. Ahí siguen, intocables, Armando Cavalieri, Carlos
West Ocampo, José Pedraza, Oscar Lescano, Rodolfo Daer, Hugo Moyano,
etc.
Pero ¿cómo tocarlos a ellos pero no a los amigos como Víctor De
Gennaro o Gerardo Martínez?
Ocurre que el Presidente utiliza el argumento
de la purga y el cambio para aumentar su hegemonía, en un discurso
inverosímil.
En cualquier caso, la población exige la prometida reforma
política nunca concretada. Porque nadie puede pretender la anarquía de una
sociedad sin líderes políticos. Lo que se precisa es facilitar mecanismos de
renovación, de representatividad real (elección uninominal por circunscripción
de los legisladores), y de funcionamiento de los mecanismos que aseguren la
transparencia.
Kirchner pretende subirse a la 'ola Blumberg' para surfear
sobre ella, especialmente porque conoce la animadversión creciente de un sector
del Partido Justicialista. Pero no hay espacio para en la 'ola Blumberg' cuando
lo que se hace sólo persigue segundas intenciones relacionadas con el impacto
comunicacional sobre la población, y los mecanismos de incremento de poder
personal.
En el caso de la Policía Federal, la
institución sobre la que cayó la ira de Kirchner, lo que se provoca es un
Bendinización de la fuerza de seguridad (Roberto Bendini es el genuflexo jefe
del Ejército Argentino). La diferencia es que la Federal debe estar todos los días en
las calles, luchando contra el delito; en cambio el Ejército sólo interviene en
conflictos bélicos que la Argentina no protagoniza desde 1982, cuando ocurrió
la Guerra de
Malvinas.
Aníbal Ibarra, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, debería estar
más que preocupado con lo que ocurre, en vez de ratificar su solidaridad con la
politica de Kirchner.
Es probable que hoy la Ciudad de Buenos Aires tenga una
fuerza de prevención y represión del delito de menor eficacia a la de antes, aún
cuando varios policias corruptos hayan sido dados de baja.
Hay un
problema de desmotivación, y otro de desarticulación operacional. Pero a
Kirchner estas cuestiones no le interesan porque tan sólo se trata de lograr un
impacto ante los medios, y que no se hable más de lo que tanto se habla: que hay
un Presidente mermado física y políticamente, de regreso de su peor viaje al
extranjero porque ha demostrado que la Argentina se encuentra, en forma
creciente, aislada del mundo.
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(^) U24, Ciudad de
Buenos Aires, Argentina, mayo de 2004
Cambiemos Argentina: Sobre una
sólida base de justicia y honestidad, en forma pacífica y sin partidismos
para combatir la corrupción y promover ética en
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