| Asunto: | [literatura] Palomas blancas | | Fecha: | 28 de Julio, 2008 17:58:00 (+0200) | | Autor: | abunayelma <abunayelma @.......com>
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Las miradas de los turistas convergieron en el campanario. Dos inmensas y
relucientes campanas cumplieron su cometido. El sonido típico se dejó escuchar.
Un golpeteo tras otro revelaron la hora: las 11 de la mañana. Los visitantes
prepararon sus máquinas fotográficas y filmadoras. Todo estaba pronto. Las
palomas aparecieron.
De la nada. De todos lados una blancura inmaculada cubrió el cielo como una
inmensa nube de algodón.
El rito nuevamente se cumplía: 11 de noviembre, 11 de la mañana. Así contaba la
leyenda, que pasaba de padres a hijos, ya cientos de años, ¿Quien sabe? quizás
más.
A simple vista parecería un espejismo, producto de un delirio general. Estado
de trance influenciado por un candente deseo de que aquello ocurriese.
Varios expertos en psicosis de masa estudiaron el fenómeno, sin llegar a
resultados concretos, que pudieran o pudiesen ofrecer siquiera una mísera pista
a
tal incógnita.
Los turistas atraídos por los comentarios, llegaban por cientos. Desde
tempranas horas ya llenaban las calles del pequeño pueblo. Los comerciantes del
lugar se preparaban con varios días de anticipación para ofrecer sus mercancías
y
sacar buen provecho del ya famoso: "Día de las Palomas"
Entre las decenas de ornitólogos que dejaron sus pisadas por todo rincón
posible, en busca de indicios que ayuden a descifrar el enigma, sobresalió un
hombre joven, redondeando los cuarenta, acompañado por un perro de aguas; se
instaló en el único hotel del pueblo, abonó la paga de un mes por adelantado y
allí comenzó la historia que un día dará, con seguridad, que hablar en el
pueblo
y en la comarca toda, dando un toque de modernismo a la anciana leyenda,
realzando la existencia del pueblo que a penas significa un puntito en el mapa
de
la zona.
Profesor de las palomas, fue el apodo que le otorgaron los pueblerinos a
nuestro experto colombófilo.
Como punto inicial, era primordial precisar la casta a la cual pertenecían
dichas palomas.
Anotó en sus carpetas:
Variedad: de toca o monjil.
Color: regularmente blanco.
Medidas: desde el pico al extremo de la cola> 36cm. y 70 de envergadura.
Particularidad: sobre la cabeza una porción de plumas largas que caen por los
lados.
Hábitat: anida tanto en los montes como en las torres de las poblaciones.
Todas las mañanas, acompañado de su fiel amigo, el dúo partía en caminatas
hacia las afueras del pueblo. El canino siempre delante, husmeando todo lo que
se
presentaba frente al hocico. El investigador se detenía ante todo arbusto,
planta
u árbol, anotaba, y proseguían en el camino. Pretendía una explicación, el
porqué
de la atracción de las palomas hacia aquél lugar. ¿Qué motivo estaba encerrado
en
aquella particular zona? ¿Porqué llegaban allí al mismo tiempo, quien sabe
desde
qué distancias?
Durante las tardes concurría a los bares. Cada día a otro, se mezclaba entre
los vecinos, tomaba una copa, charlaba con u otro de los parroquianos.
Cierto día recibió un dato que con certeza lo ayudaría. A las afueras del
vecindario, unas cuantas decenas de metros de la salida norte, comenzaba una
zona
en la que la vegetación era muy espesa, y abundaban inmensos y añejos árboles.
Allí dentro no muy lejos se encontraba la cabaña de Don Zacarías. Ermitaño, que
su afán y amor a las palomas lo obligaron a distanciarse del resto de la
pobladores. Era un palomero propiamente dicho, así lo catalogaron los vecinos
del
pueblo.
Consultó con el comisario local sobre dicho hombre. El hecho de optar por
mantenerse distanciado del resto, explicó el agente, lo convirtió en un
renegado,
agregó además, que no faltan los que lo califican como descarriado.
DinDon, el perro del "profesor" se adelantó por el camino que penetraba en el
bosque. Un centenar de palomas revolotearon sobre los inesperados visitantes.
Un hombre de elevada estatura apareció en la entrada de algo semejante a un
refugio montañoso. Saludó, elevando su mano.
En pocas palabras el visitante lo hizo participe de la razón de su llegada
hasta allí.
-El motivo de la llegada de las palomas no es ningún misterio- Afirmó el
palomero.
-Nadie conoce la causa. Entendidos en la materia realizaron estudios, visitaron
el pueblo y la zona sin llegar a permitirse una idea somera sobre el enigma-
Agregó el asombrado investigador.
Sentados en una hamaca bastante rudimentaria, amarrando unos considerables
vasos de cerveza, entablaron una larga conversación sobre vida y costumbres de
aquellas que vuelan que significan para uno su vida y para el otro su
profesión.
-Nuestras amigas-continuó su relato el viejo solitario- Tienen devoción por
ciertos árboles que, creo, sólo existen en ésta región. Ellos dan un fruto muy
dulce que las embriaga a tal punto que aprovechan para los filtreos y otras
ceremonias previas a la unión natural que asegurará la continuación de la
especie.
-¡¡Así de sencillo!! exclamó estupefacto nuestro "profesor".
-Con respecto a la fecha, en las primeras semanas de Noviembre dichos frutos se
abren y ello dura exactamente 24 horas- y agregó- No me pregunte la causa, ello
no lo sé- agregó el palomero casi disculpandose.
De regreso al hotel, el joven investigador, no obstante faltaban unos días para
cumplirse el mes de su estadía, preparó sus maletas y agradeciendo los
servicios
prestados se retiró del establecimiento.
Tenía deseos de entrar a uno de los bares para relatar lo descubierto allí en
el bosque en boca del ermitaño palomero. Optó por callarse y guardar el
secreto.
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@abunayelma
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