El pequeño perrito de Adela escapó y salió corriendo hacia un piso vecino...Adela cogió en brazos a Pinky y fue a llamar a la policía, vinieron y le hicieron algunas preguntas, ninguno de los agentes pensaron que Adela tenía pocas respuestas y más preguntas que ellos, ¿son de aquí?, ¿llevan mucho tiempo en esto? ¿no creen que podrían poner un policía en este edificio?
- ¿Desean más café?
- No gracias señora, tenemos que seguir trabajando.
- Por favor, será solo un momento, así me ayudan a bajar las escaleras, tengo que ir al doctor en unos minutos. Pinky deja tranquilos a los señores.
Así pasaba sus mañanas Adela:
- Ven aquí Pinky, es hora de tu peinado, no te escondas debajo del mueble, es un momento y salimos a pasear.
Hoy, al tender la ropa, vió que era la única de los tres vecinos que quedaban en el edificio, que usaba el tendedero. No le sorprendía de su vecina hospitalizada, pero se le hacía extraño de la familia con cuatro niños pequeños. Anduvo rondando algunas horas por el portal.
- Vamos Pinky, hay que caminar un poco más, no me ladres y subiendo te doy un huesito.
- ¿Cómo está señora?
- Bien, no escucho a los niños.
- Están de vacaciones, quería pedirle un favor, ¿puedo dejarle las llaves?, se las pedirá mi hermano, viene a quedarse dentro de una semana.
Esa tarde volvió a peinar a Pinky, le dio un baño y la sentó en sus brazos a mirar la tele. Al día siguiente, después del paseo matutino, peinada por cuarta vez en este cuento, en el quinto escalón de la segunda planta, Adela resbaló y sufrió un fuerte golpe en la cabeza, soltó a Pinky y le quedaba una semana para que alguien pueda ayudarla.
- Pinky, ayúdame.
- ¿Ayudarte? –la orinó en la cara y se apartó - Estoy cansado de ti.
- ¿Y tus peinados?
- Tengo la piel llena de heridas por eso.
- ¿Y tu baño tibio?
- El champú barato que usas me escuece.
- No puede ser que todo lo hago mal ¿Y tu comida?
- Estoy estreñido de tanto hueso de pollo, y además, cuando pasamos delante de la basura, me ahorcas con la correa.
Está claro que Adela no sobrevivirá; sin embargo, Pinky engordó unos cuantos kilos y su foto apareció en los periódicos, a diferencia del anónimo infarto del hermano del vecino, quien ante el grotesco espectáculo de un chucho comiendo la oreja a su dueña, salió corriendo y quedó tirado en la acera del portal.
- Pinky, ayúdame.
- ¿Ayudarte? –la orinó en la cara y se apartó - Estoy cansado de ti.
- ¿Y tus peinados?
- Tengo la piel llena de heridas por eso.
- ¿Y tu baño tibio?
- El champú barato que usas me escuece.
- No puede ser que todo lo hago mal ¿Y tu comida?
- Estoy estreñido de tanto hueso de pollo, y además, cuando pasamos delante de la basura, me ahorcas con la correa.
Está claro que Adela no sobrevivirá; sin embargo, Pinky engordó unos cuantos kilos y su foto apareció en los periódicos, a diferencia del anónimo infarto del hermano del vecino, quien ante el grotesco espectáculo de un chucho comiendo la oreja a su dueña, salió corriendo y quedó tirado en la acera del portal.