Hola a todos: les comparto una ponencia de mi autoría, presentada en el III Encuentro de ECA en Alta Gracia, Córdoba (17-20 de julio
2008), por si les resulta de algún interés.
Un abrazo
Alejandro Drewes
NARRATIVA Y POESIA: Zonas de incertidumbre
Alejandro M. Drewes
Univ. Nac. de San Martín, PBA, Argentina.
drewes@arnet. com.ar
El motor de este breve trabajo a modo de ponencia ha sido establecer un abordaje del estado del debate en torno al problema del género literario y el género narrativo, poniendo en evidencia una serie compleja de zonas de indeterminació n entre ambos, y la recurrencia frecuente de escritores y público en general a excesos de generalizació n, que entre otras cosas, no ven a los mismos como casos límite, sino como la continuación acrítica y reproductiva de los modos de construcción de género a lo largo del siglo XX, desde la fundación de los estudios literarios como disciplinas.
La lectura común del público y eventualmente de los escritores recae entonces en la obturación de las oposiciones o pares dialécticos correspondientes: cultura/ Naturaleza, legalidad (lingüística/ historicidad) o uso individual / uso social de los géneros literarios o discursivos. Y m¡s aún, dicha lectura impide centrar la atención sobre las zonas de indeterminació n o zonas de incertidumbre entre cada elemento del par dialéctico.
En palabras de P. O . Ar¡n de Meriles (1), en un detallado estudio del problema del estatuto del género a fines del siglo XX, intitulado “Perspectivas para el estudio de los géneros en el fin del siglo”, se plantean aspectos esenciales de la problem¡tica:
“El género ha constituido a lo largo del siglo una categoría discutida en los estudios literarios porque es un punto de vista desde el cual atravesar la complejidad del texto, es un modo de ponerlo a trabajar en diferentes emplazamientos. La mutación y la permanencia, en valores desiguales a veces difíciles de determinar, el origen y la evolución, las clases y las denominaciones, el modo de configuración y de funcionamiento son algunos de los problemas que se anudan en torno de esta noción. Lo histórico, lo social y lo lingüístico atañen a toda consideración sobre sistemas de géneros, en la medida en que siempre es una marca de estos campos de fuerza, a la hora de pensar la literatura como producción cultural. M¡s que del género literario convendría hablar en estos
días de la actividad de los géneros en la literatura y es sobre ese problema que intentaremos esbozar algunas consideraciones. ”
(…)
“Tradicionalmente la noción de género se aplicó a la literatura y muy tardíamente a otros discursos. La mirada clasificatoria de Aristóteles sobre todo lo que existe en la realidad -animales o tragedias- permitió el traslado de una noción biológica a las obras de imitación por el lenguaje. "La biología fue la met¡fora b¡sica del pensamiento aristotélico" y ya entonces fue combatida por los sofistas (Rollin, B.,1988). Sin embargo, sobrevivió como inscripción etimológica (genus-generis= especie y del griego gene¡=nacimiento) en multiplicidad de acepciones. Aún hoy, la noción de género también arrastra una met¡fora naturalista, empleando "naturaleza" en el sentido en que hablamos de lenguas naturales, al poner en juego todo aquello que un grupo hablante engendra,
produce, reproduce, es decir "genera" como trabajo sobre el discurso verbal, sea la noción de "matriz" de mundo posible en Eco, la "memoria" en Bajtin, o, en otra dirección, la "invaginación" derridiana del género, estarían señalando en la elección de los términos biológicos, ese concepto fecundativo que religa obra y género en la intersección de naturaleza y cultura. En forma larvada, la existencia del género siempre transcurre en esta intersección, porque es un acontecimiento que est¡ atrapado en las redes del lenguaje hacia el que se vuelve en adem¡n metalingüístico. Cuando se interroga sobre el "origen" del género, aunque sea el origen de clase, se da cuenta de esta travesía. Incluso los conjuntos de palabras derivados del mismo núcleo sem¡ntico etimológico que alimenta a 'género' indican algo condicionado a ser de cierta manera, a ser reproducido o engendrado como principio din¡mico que alimenta una serie o una sucesión,
marcas de evolución o de permanencia y ha sido desplazado casi sin extrañeza al campo de otros fenómenos como los géneros de los sustantivos, las generaciones de escritores, las genealogías, las génesis de los textos. Physis y nomos a través del lenguaje, se conjugan en estas apropiaciones.
En momentos en que, como señala Regine Robin, "la eclosión del objeto literario es tal que su sectorización ha pulverizado todos los etnocentrismos de la legitimidad" (1993:53), la proliferación, mestizaje e invenciones genéricas son modos de resistencia que revisten características particulares según la zona de emergencia de discursos en que se los considere. Por ejemplo ¿es un género la narrativa escrita por mujeres o qué es? ¿cómo se legitima una identidad sexual cuando se la traduce como una legalidad genérica? El sexo historizado y discursivizado, ¿por qué necesita de la estrategia del género?
El género actúa también como condensador de temas, procedimientos y situaciones enunciativas, reconocibles en cierto nivel de generalidad y de economía comunicativa, que las poéticas han intentado una y otra vez organizar de manera ideal.”
Donde el subrayado es nuestro.
La cita previa es muy rica para el an¡lisis y abre al menos tres líneas de lectura teórica, que dejamos solamente explicitadas:
a) El desplazamiento del concepto de género literario (original aristotélico y naturalizado en la etapa de legitimación de las disciplinas literarias en el siglo XX) a género discursivo; y correspondientement e, del paulatino borramiento de las preceptivas y legalidades etnocéntricas (por ejemplo lingüísticas), a
favor de pr¡cticas literarias individuales en contextos sociales complejos con pautas de historicidad cambiantes (2).
b) La conformación de un tipo de género (por ejemplo, narrativo o intertextual) en la zona de incertidumbre o intersección entre cultura y naturaleza, en un entorno de coordenadas histórico único y situado. Ejemplo: los “prosemas” de Julio Cort¡zar, del que tomamos uno en forma fragmentaria:
AQUÍ ALEJANDRA
Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.
Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa
Salvo que ya est¡n todas
como vos, como ves,
intercesoras,
llueve en la rue de l'Eperon
y Janis Joplin.
(…)
(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d'inamité sonore
las gomas y los sobres
una papelería de juguete
el estuche de l¡pices
los cuadernos rayados)
Vení, quedate,
tom¡ este trago, llueve,
te mojar¡s en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.
Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse
este vaso es difícil,
este fósforo,
y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,
Quisieras insultarme sin que duela
decir cómo est¡s vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
m¡s que la niebla de los cigarrillos,
(….)
No pienses m¡s en las ventanas
el detr¡s el afuera
Llueve en Rangoom —
Y qué.
Aquí los juegos. El murmullo
(consonantes de p¡jaro
vocales de heliotropo)
Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera
y no llueve en Rangoom. Aquí los juegos.
Salvo el crepúsculo, Buenos Aires, Ed. Alfaguara, 1996
En este curioso texto, y en especial en los versos acotados por paréntesis –al modo de algunos poemas de Il Giuocco dell’ Occa, de Sanguinetti- , se establece una zona de incertidumbre, una intersección que impone la cl¡usula acotada por paréntesis, y donde el ritmo de la prosa aparece como un cuerpo extraño dentro del motivo poético propiamente dicho. En Cort¡zar, como en los poetas italianos del Gruppo 63, el af¡n lúdico no excluye una referencia a un signo de resistencia
frente a las formas convencionales cristalizadas de género. En otros casos, como el flow of consciousness en el caso de Virginia Woolf y las novelas experimentales de los autores del grupo de Bloomsbury, son el ritmo y el fraseo poético los que invaden estructuras sem¡nticas, sígnicas y sint¡cticas formalmente narrativas en textos como Las olas o Al faro. E incluso, en
estos casos, ya no resulta posible siquiera como aquí, ni siquiera establecer signos lingüísticos o espacios textuales donde situar los (supuestos) límites. Definitivamente, el género textual se ha vuelto género discursivo, personal e historizado.
c) La escritura poética, en su dinamismo y merced a su estructura proteica, se propone como el locus por excelencia donde situar cada uno de los puntos de cruce con otro tipo de géneros discursivos (poesía en prosa, prosa poética, novela-río, etc.)
-Los principios cl¡sicos de legalidad de origen en la Lingüística y en la construcción del canon de las disciplinas literarias basados en la noción de género literario, en tanto propiedades demarcatorias de regularidades de organización tem¡tica y discursiva textual, se muestran insuficientes para abordar el an¡lisis de una obra literaria en la actualidad, habida cuenta de la emergencia de una cantidad de nuevos géneros discursivos, con zonas de incertidumbre entre sí de estructura compleja o difusa.
-Los géneros literarios cl¡sicos (narrativo, lírico, etc.) coinciden con los géneros discursivos solamente en el car¡cter de casos límite, siendo en general necesario su abordaje situado desde la pr¡ctica de escritura personal de cada autor.
Bibliografía:
(1) Ar¡n de Meriles, P. O.“Perspectivas para el estudio de los géneros en el fin del siglo”, www2.cyberhumanitat is.uchile. cl/14/tx3pampa. html
(2) Bajtín, M. "El problema de los géneros discursivos." En: Estética de la creación verbal, Méjico, Siglo XXI (1982).