«La adopción sólo es una palabra»
Fernando Baeta, padre
biológico y adoptivo, responde en un libro a las preguntas y temores que se
plantean entre progenitores e hijos
ENRIC PASTOR
MADRID.
«Papá... ¿soy adoptada?». Glupppp. La pregunta puede coger de improviso a muchas
familias adoptantes. Ese escondido pecado que antes se llevaba a la tumba, ese
drama familiar que traía lágrimas, vergüenza y diferencia.
«Es la pregunta del millón entre padres e hijos adoptivos»,
reconoce Fernando Baeta, director adjunto de EL MUNDO, padre adoptante y autor
de La adopción explicada a mis hijos (Plaza & Janés), recientemente
publicado.
Su libro es la historia de un «Sí, eres una niña adoptada». Un
«sí» valiente, con orgullo, con amor de padre. De un «sí» a Namita, su hija.
Afrontando la difícil pregunta, Baeta decidió escribir una novela de preguntas y
respuestas, de cariñosas explicaciones, de amor, de paternidad más allá de
fronteras, sangre o herencias genéticas.
Baeta, que ha vivido dos modos de paternidad, la biológica
(Borja) y la adoptiva (Namita), quería explicar a su hija «con algo de miedo y
mucho de valentía», dice que no importa cómo nazca un niño, ni de dónde venga.
Lo importante es terminar en el mismo sitio: una hija y unos padres. Porque,
para el autor: «La adopción sólo es un camino, no una forma de vida».
Namita, «la que es humilde» su nombre en indio , llegó a la vida
de Fernando Baeta, su mujer, Begoña, y su hijo Borja en diciembre de 1999. Tenía
un año y medio cuando fueron a buscarla a un orfanato de Bombay, pero llevaban
mucho más tiempo esperándola.
«No recuerdo haber visto muchas expresiones de pánico como la
que me regaló mi hija la primera vez que la tuve ante mis ojos», relata el
autor. «Sabía, no me digan cómo pero ella lo sabía, que su vida estaba empezado
a cambiar».
Partiendo de su experiencia personal, a través del diálogo con
sus hijos, Baeta ofrece una inestimable ayuda al resto de familias que
atraviesan, o atravesarán, la misma situación: las incómodas preguntas que
pueden plantear los niños. Desde el «¿Por qué me adoptasteis?» o «¿Fue una
decisión muy meditada?» hasta el «¿Mis primeros padres no me amaban?».
«Necesita saber y es mi obligación explicárselo por qué la
queremos, por qué llegó a nosotros», explica a su hijo biológico, «mientras que
tú ya lo sabes desde la primera vez que abriste los ojos y nos viste a tu lado».
Ahora, Namita ha cumplido tres años en Madrid, con su familia.Y
vaya si ha cambiado. «Está radiante, explosiva, maravillosa. Irradia vida por
los cuatro costados. La luz se ha apoderado de su rostro, sabe que es querida y
quiere tanto que no lo puede esconder».
«La adopción sólo es importante cuando se produce, cuando se
está llevando a cabo, antes y durante», sostiene el autor. «Después, no; después
es tan sólo una palabra, una palabra fría, que dice poco y significan menos. Mi
hija fue adoptada al comienzo, cuando empezamos los papeleos, y dejó de serlo
antes incluso de que llegara a casa. El hecho de adoptar en sí no es nada, lo
más interesante viene después».
La adopción, según Baeta, no significa 'diferencia' ni marca
escalas de cariño entre unos hijos y otros. «Adopción ahora significa
'igualdad'», afirma rotundo. Y tampoco es una obra de caridad. «Detesto esta
expresión», afirma.
Baeta tampoco teme afrontar la pregunta, en principio, más
dramática:
- Papá, ¿y si algún día quiero buscar mis orígenes?
- Pues ese día, si llega, todos te ayudaremos a encontrarlos. No
es una barbaridad lo que dices, hija, es algo lógico y comprensible. Nunca será
interpretado por nosotros como una traición; nunca creeremos que nos quieres
menos por el mero hecho de que quieras saber algo más de tus primeros padres.
Desterrando todos los miedos, eliminando todos los tabúes, sólo
hay una amenaza para este padre: el racismo que pueda sufrir Namita por el color
de su piel. «La sociedad dominante parece que cada vez ve más peligros en
colores, religiones, credos e ideas. Quiero creer que Namita no va a sufrir por
su color, que la sociedad en la que va a crecer evolucionará hacia la
tolerancia, hacia el mestizaje».
Viajar para ser padres
Ser padres a través de la adopción es una vía cada vez más
habitual entre los españoles. De hecho, la adopción está aumentando en nuestro
país, a pesar de ser un proceso lento y costoso, por el que se puede llegar a
desembolsar dos millones y medio de pesetas y permanecer en espera alrededor de
dos años. Eso si antes se han superado los estrictos requisitos de las agencias
de adopción, y los futuros papás puedan ser considerados «familias idóneas».
Porque adoptar a un niño español se ha convertido en una ardua
tarea. Sólo en 2000, los españoles adoptaron 3.924 extranjeros.
El libro de Fernando Baeta, La adopción explicada a mis hijos,
se completa con un anexo de documentos y recursos para dar el primer paso, la
adopción, y llegar a la meta: la paternidad.