Como ustedes saben, el más importante de los temas ambientales es
el agua. La contaminación no es sólo un daño a los recursos naturales sino
también una amenaza física contra nosotros mismos. Somos agua en un 70 por
ciento de nuestro cuerpo y lo que le pase al agua tarde o temprano nos va a
pasar a nosotros.
Sin embargo, la globalización ha representado una seria amenaza
para el abastecimiento de agua a muchas comunidades. La ideología de que todo
debe ser reducido a dinero a llevar a privatizar los servicios de
abastecimiento de agua potable en numerosas ciudades. Como resultado, el
servicio se ha encarecido y cientos de miles de personas en América Latina han
sido desconectadas por no poder pagarlo.
De este modo, se ha desconocido la característica esencial de ese
servicio, que lo diferencia de cualquier otro, Y es que cuando los teléfonos
funcionan mal, la gente se enoja. Pero cuando el agua funciona mal, la gente se
muere. Esto hace que tener teléfono no sea un derecho humano, pero sí lo es
tener agua.
Por supuesto, el conflicto se da entre quienes piensan el agua
como negocio y quienes la piensan como derecho, con todas las implicancias de
ambas posturas.
En esta entrega,
ustedes reciben:
- La convocatoria de una cantidad de ONG´s, agrupadas en Ecofondo, para lograr un plebiscito en Colombia para declarar el
agua como derecho humano y lo saque del lucro y las
privatizaciones. En un país en guerra, un grupo de organizaciones sociales
están juntando firmas para lograr un cambio de la Constitución que declare
el agua como derecho humano y asegure un mínimo gratuito a cada persona.
El movimiento por el plebiscito del agua es absolutamente
increíble. Es un país en guerra civil, y sin embargo, han logrado armar una
cadena de 1.200 organizaciones civiles que están pidiendo firmas
para posibilitar el referendum. Juntaron 250 mil para habilitar el
operativo y creen poder llegar al millón 400 mil para reclamar el cambio
constitucional. Esto muestra que la gente está cansada de que las únicas
opciones sean alguno de los bandos en guerra. La gente firma en los recitales de música, en festivales, etc.,
de a muchos miles cada vez.
Las organizaciones incluyen sindicatos, cooperativas de agua,
grupos de estudiantes, comunidades indígenas, grupos de pueblos negros,
partidos políticos de oposición y todo lo imaginable. Lo hacen en una sociedad
sensibilizada, ya que hay decenas de miles de personas a las que les cortaron
el agua porque no la pueden pagar. Realmente me encuentro con un estilo de
participación ciudadana masiva, algo nuevo para quienes vivimos en un país cuya
clase política le tiene terror a la participación ciudadana.
§ Un capítulo del libro "Oro Azul", de Maude Barlow y Tony
Clarke,
publicado por Paidós de Barcelona. Allí analizan una serie de conflictos
vinculados con la privatización del agua en América Latina. Nos interesa
mostrar cómo en muchas partes se ha hecho creer a los vecinos que la eficiencia
de la empresa privada se traduciría en mejores servicios y no sólo en mayores
ganancias.
- La obra de arte que acompaña esta entrega es una pila
bautismal realizada por el artista italiano de barroco Pietro Galli. El
ángel que la protege nos recuerda nuestra necesidad de defender el agua
como derecho humano.

Pietro Galli: Pila bautismal – San Pablo Extramuros, Roma

Nuestro próximo curso virtual será “DERECHO AMBIENTAL
PARA NO ABOGADOS”
El curso procura a abrir a la comunidad un espacio cerrado.
Como en todas las profesiones, un aura de misterio deja afuera a los no
iniciados. Pero aquí se trata de que las personas comunes conozcan sus derechos
y la forma de ejercerlos. Las cuestiones técnicas quedan para los
profesionales, pero hay que saber qué podemos pedirles a los profesionales.
El curso lo realizará el equipo docente de la Fundación
Ambiente y Recursos Naturales (organización dirigida por la abogada María
Eugenia Di Paola), con el apoyo técnico de Cursos Ambientales on Line (entidad
que dirigimos Nélida Harracá y yo).
Muy pronto, les enviaremos información más detallada.

ECOFONDO. PROYECTO DE PLEBISCITO POR EL AGUA EN
COLOMBIA
TEXTO SOBRE OBJETIVOS Y ALCANCES DEL REFERENDO
ACORDADO POR LA COMISION NACIONAL DE DEFENSA DEL AGUA Y DE LA VIDA
El referendo se propone consagrar en la Constitución Nacional que
el agua en Colombia es un derecho inherente a la persona humana y a los demás
seres vivos, y es un bien común de uso público que pertenece por tanto a
la Nación colombiana.
En consecuencia, el acceso al agua será un derecho fundamental y
toda persona podrá acceder a ella en todos sus estados, lo cual incluye el
derecho a disponer de agua limpia o potable para el consumo doméstico, es decir
para beber y para satisfacer las necesidades de higiene y preparación de
alimentos y que el consumo humano es prioritario frente a otros usos. Esto
implica el establecimiento de una cantidad mínima necesaria para cada hogar, en
forma gratuita, independientemente de su situación cultural, religiosa, social,
de género, geográfica o económica.
Para garantizar plenamente tales derechos, sólo el Estado,
mediante entidades de prestación de servicios públicos y sin ánimo de lucro,
deberá realizar la prestación y la gestión directa e indelegable de los
servicios de abastecimiento, disposición y saneamiento. Se exceptúan de este
principio las organizaciones comunitarias que se hayan constituido para este
fin como instituciones de utilidad común, sin ánimo de lucro, o que se
constituyan en el futuro de la misma manera. Estas organizaciones comunitarias
deberán contar con el apoyo del Estado para la prestación de un servicio
adecuado y de buena calidad a las comunidades que así se organizan para
satisfacer sus necesidades.
Reconociendo que el agua es sagrada para los pueblos indígenas y
elemento fundamental del territorio de las comunidades afrodescendientes, el
Estado deberá preservar y garantizar el goce efectivo de estos derechos de
estas comunidades de acuerdo con sus usos y costumbres.
El Estado deberá dar especial protección y fomentar la
conservación de los cuerpos de agua superficiales y subterráneas, los
ecosistemas estratégicos para el ciclo hidrológico y en particular las zonas
necesarias para la recarga de los acuíferos. Dicha protección incluirá la
prohibición de realizar actividades que constituyan riesgo para dichos
ecosistemas y para sus funciones en relación con el mencionado ciclo hídrico.
El desafío ante la privatización de los sistemas de agua en
latinoamerica
Por Tony
Clarke y Maude Barlow
A menudo bebemos un vaso de agua sin
reparar apenas en el valor de este recurso. Sin embargo, según estimaciones
recientes de la Organización de Naciones Unidas, en el planeta hay 1.300
millones de personas que carecen de un acceso adecuado al agua potable, y 2.500
no disfrutan de un sistema de saneamiento apropiado. En todo el mundo, hay
seres humanos que arriesgan la vida en conflictos bélicos por el problema del
acceso al agua dulce. Aunque estas luchas no son nuevas, pues el agua ha sido
siempre un elemento esencial para la vida y la naturaleza del planeta, se
intensifican a medida que el agua se convierte en un recurso cada vez más
escaso y lucrativo. Como ya preveía el ex vicepresidente del Banco Mundial a
finales de los años noventa, 'Las guerras del siglo XXI se librarán a causa del
agua'.
Las batallas del agua
Uno de los puntos más conflictivos
de las batallas por el agua es Latinoamérica. De hecho, la primera gran guerra
del agua del siglo XXI estalló en Bolivia cuando el Banco Mundial exigió, para
la renovación de un préstamo de 25 millones de dólares, la condición de que se
privatizasen los servicios de agua del país más pobre de Latinoamérica. En
cuanto se vendió el servicio municipal de agua corriente de Cochabamba [cuya
población supera la cifra de 500.000 habitantes] a Bechtel, una poderosa
empresa estadounidense, el precio del agua aumentó de forma notable en enero y
febrero de 2000. Decenas de miles de habitantes tomaron las calles de
Cochabamba para expresar su descontento por el aumento de los precios y los
consecuentes cortes de suministro. Al final, la escalada de las protestas
derivó en una huelga general que paralizó la economía de la ciudad, medida que
obligó a Bechtel a hacer las maletas y huir del país. Pero no por mucho tiempo.
La gran corporación regresó de nuevo con un pleito de 25 millones de dólares
contra el gobierno boliviano, al que exigía el pago de indemnizaciones por
pérdida de beneficios.
En otras zonas del
dominio hispanohablante, se han librado duras batallas por el agua en otros
frentes, sobre todo en ciertas regiones de Latinoamérica.
En Argentina, las
asociaciones de consumidores y otros grupos han luchado durante una década
contra la privatización de la red de agua corriente pública por parte del
gigante empresarial francés Suez, que ha generado un proceso de corrupción
generalizada, además de la contaminación del Río de La Plata y beneficios sin
precedentes.
En Uruguay, una
coalición de trabajadores y asociaciones ha promovido un referéndum nacional
con el fin de lograr una enmienda constitucional que garantice el agua como
derecho humano y bien público, fuera del alcance de las grandes empresas con
fines lucrativos. Cuando una empresa filial de la compañía de aguas española
Aguas de Bilbao recibió la concesión del suministro de agua con fines
lucrativos en la provincia de Maldonado, los precios del agua aumentaron y los
suministros se contaminaron.
En Chile, los grupos ecologistas han
protestado enérgicamente contra la venta de los sistemas fluviales. Durante el
régimen de Pinochet, el 80% de los ríos se vendió al sector privado con el fin
de facilitar la utilización del agua para la producción de energía y el consumo
agrícola. La compañía española ENDESA ha adquirido gran parte de los sistemas
fluviales de Chile para desarrollos principalmente hidroeléctricos.
En Perú, los ciudadanos de las zonas
más pobres han emprendido una lucha armada contra los precios abusivos del
agua. En Lima, los pobres pagan a un vendedor privado hasta tres dólares por
metro cúbico de agua, suministro que deben recoger y transportar en cubos por
sus propios medios y que, a menudo, contiene agua contaminada. Los ciudadanos
más opulentos, en cambio, pagan 30 centavos por metro cúbico de agua tratada
que sale por el grifo de sus viviendas.
En Guatemala, los campesinos,
trabajadores y ecologistas locales protestan contra la construcción de 5 presas
en el río Usumacinta, que recorre gran parte del territorio guatemalteco y
mexicano meridional. Además de la generación hidroeléctrica, el proyecto se
utilizará para bombear agua desde Usumacinta hasta la península de Yucatán, con
el fin de aportar irrigación a los macrocultivos agrícolas destinados a la
exportación, proceso que ya ha dañado la mayor parte del sistema ribereño de
Guatemala. La inundación de la tierra supone una amenaza también para el
sustento de la población local.
En México, la
población indígena del estado de Chiapas, en el extremo meridional, se prepara
para emprender una batalla contra Coca-Cola, empresa que intenta asegurarse el
control de las reservas de agua más importantes del país. En un país donde la
mayor parte de la población sufre recortes de agua, más del 30% de los
suministros de agua dulce se encuentra precisamente en la región de Chiapas,
donde la multinacional Coca-Cola se ha posicionado para controlar los acuíferos
locales, presionando a los gobiernos locales para utilizar leyes de
zonificación preferencial con el fin de incrementar el control privado sobre
los manantiales.
Crisis del agua
Bajo estas batallas locales subyace
una crisis mundial del agua, cada vez más aguda. En la actualidad, 31 países
sufren una grave escasez de agua. En menos de un cuarto de siglo, se calcula
que dos tercios de la población mundial no tendrán acceso adecuado a los
suministros de agua dulce. Es más, el mundo se divide cada vez más entre las
regiones 'ricas' y 'pobres' en lo que se refiere a recursos de agua.
Esta es, de hecho,
la paradoja que caracteriza gran parte de Latinoamérica en nuestros días. Por
un lado, Latinoamérica disfruta de gran abundancia de manantiales de agua dulce.
El 20% del residuo líquido mundial -la fuente de agua renovable que constituye
nuestros suministros de agua dulce- proviene sólo de la cuenca del Amazonas.
Brasil tiene más agua que ningún otro país, pues dispone de la quinta parte de
los recursos de agua del planeta. El territorio latinoamericano alberga cuatro
de los 25 ríos más caudalosos del mundo -Amazonas, Paraná, Orinoco y
Magdalena-, además de algunos de los lagos más grandes, entre los que se
cuentan el Maracaibo en Venezuela, el Titicaca en Perú y Bolivia, el Poopó en
Bolivia, y el Buenos Aires, compartido por Chile y Argentina. En consecuencia,
los latinoamericanos deberían tener una de las asignaciones de agua dulce per
cápita más elevadas del mundo, algo menos de 3.100 metros cúbicos por persona
al año.
Pero por otro lado, algunas zonas de
Latinoamérica sufren una sequía tan acuciante, que aproximadamente el 25% del
continente se considera árido o semiárido. Se incluyen ahí no sólo desiertos
naturales como la Patagonia, al sur de Argentina, o el de Atacama en el
nordeste de Chile, sino también otros provocados por el hombre en amplias zonas
de Perú, Bolivia y el noroeste de Argentina. Más al norte, el Caribe carece de
manantiales de agua dulce, puesto que no pueden fluir ríos por sus exiguos territorios.
En la mayor parte del Valle de México, los desiertos naturales se funden ahora
con los provocados por el hombre. De hecho, Ciudad de México, antaño rodeada de
lagos, está esquilmando sus últimos acuíferos accesibles. En efecto, el
ciudadano medio sólo puede acceder a 28,5 metros cúbicos anuales, menos del 1%
de los 3.100 de que debería disponer cada persona al año.
He aquí la paradoja latinoamericana:
la escasez de agua en una tierra con importantes recursos acuáticos naturales.
Más de 130 millones de personas carecen de suministro de agua potable en sus
hogares, y se calcula que sólo una persona de cada seis cuenta con redes de
saneamiento adecuadas. La ciudad brasileña de São Paulo, pese a que pertenece
al país con más manantiales de agua dulce del mundo, afronta una seria amenaza
de racionamiento, pues su suministro de agua depende de fuentes que están cada
vez más alejadas de la ciudad, y el coste del transporte supera la capacidad
adquisitiva de muchos habitantes. Además, la situación empeora constantemente,
pues las medidas políticas que fomentan la agricultura industrial desplazan
cada año a millones de agricultores de pequeña escala a los barrios periféricos
de las ciudades.
Al mismo tiempo, los recursos de
agua dulce latinoamericanos sufren también problemas de contaminación
constantes. En toda la región, las cuencas de ríos y lagos y los hábitat
acuáticos se convierten a menudo en contenedores de basura, desagües de minas o
depósitos de residuos agrícolas e industriales. La mayor parte de las aguas
residuales vierte directamente en los ríos, lagos o canales sin tratamiento de
ningún tipo. En las zonas maquiladoras de la frontera entre México y Estados
Unidos, la contaminación industrial es tan perniciosa, y el agua limpia llega a
ser tan escasa, que los bebés y los niños beben Coca-cola o Pepsi en lugar de
agua. Paradójicamente, el país más contaminante de la región es Brasil, que
también es el que ostenta el récord de mayores recursos de agua dulce. Brasil
permite la contaminación química e industrial masiva, así como los vertidos de
mercurio provenientes de las minas de oro. Sólo una parte de la Europa del Este
y China superen los niveles de contaminación acuática de Brasil.
Paralelamente, la demanda mundial de agua
dulce se duplica cada 20 años, es decir, a un ritmo más de dos veces superior a
la tasa de crecimiento de la población. En la actualidad, en muchas zonas del
mundo los grandes derrochadores de agua son las industrias de alta tecnología y
la agricultura industrial, no los hogares individuales. Los sistemas de riego
agrícola consumen alrededor del 65%-70% del agua, principalmente para producir
alimentos destinados a la exportación; el 20%-25% se dedica a fines
industriales, entre los que se incluye la producción de chips de silicio de
alta tecnología; y el 10% restante es para uso doméstico. Si se mantienen estas
tendencias, antes del año 2025 la demanda de agua excederá los recursos
terrestres en un 56%.
Los científicos advierten que una
seria amenaza de crisis se cierne sobre el ciclo hidrológico del planeta. Este
ciclo regula que cada gota de agua que se evapora de una planta, lago, pantano,
río o de la superficie terrestre vuelva a precipitar sobre los bosques, lagos,
pastos, praderas, contribuyendo así al equilibrio natural. Pero si esa gota cae
sobre una acera o un edificio, no es absorbida por el suelo y, por tanto, no
llega al mar. A medida que la superficie terrestre se despoja de bosques y
praderas, mayor es el número de manantiales y arroyos que se agotan y menores
son las precipitaciones que vierten sobre la cuenca de los ríos.
Si la especie humana continúa
expandiendo sus ciudades e industrias al ritmo actual, cabe esperar que se
intensifique la amenaza del ciclo hidrológico terrestre hasta el punto de que
el agua deje de ser un recurso renovable. Ciudad de México, por ejemplo, ya
depende de acuíferos para el 70% de su suministro de agua y está dilapidando
estas fuentes subterráneas a un ritmo 80 veces superior al de su recuperación
natural.
Movimiento del agua
Como reacción ante la crisis mundial
del agua y los programas de los magnates de este recurso, ha surgido un nuevo
movimiento social, integrado por campesinos, indígenas, trabajadores,
consumidores y un amplio rango de organizaciones ciudadanas comprometidas con
la lucha por el agua. Su mensaje principal es que el agua es un elemento
esencial de la vida y, por tanto, toda el agua pertenece a la naturaleza y al
hombre. El agua es un derecho humano universal. No es un recurso que pueda
convertirse sin más en un artículo destinado a la compraventa en el mercado.
Tampoco es un servicio que deba gestionarse y distribuirse desde el sector
privado en función de la capacidad adquisitiva del consumidor. El agua, esencia
y fuente de vida en este planeta, es patrimonio común y una responsabilidad
sagrada. En otras palabras, el agua pertenece a 'los bienes comunes', esos
espacios no lucrativos de la vida que deben conservarse para la naturaleza y la
humanidad.
En su mayor parte, los programas de
acción de este movimiento del agua tienen su origen en cuatro principios
interrelacionados: [a] igualdad del agua --- el agua, como derecho humano
universal, debe distribuirse equitativamente a toda la humanidad, no en función
de los principios del mercado y la capacidad adquisitiva; [b] conservación del
agua --- el agua debe conservarse en sus cuencas naturales, evitando su
derroche o mala utilización, con el fin de que se renueve el ciclo hidrológico
y perdure este recurso para las generaciones futuras de este planeta; [c]
calidad del agua --- esa agua, elemento vital, debe protegerse de la
contaminación causada por los vertidos de residuos químicos o industriales; y
[d] democracia del agua --- el agua se protege y gestiona mejor a través del
sector público, con la participación directa de la comunidad en las decisiones
relativas a su extracción, consumo y distribución.
En Latinoamérica, este movimiento
del agua se manifiesta como una nueva alianza. El 22 de agosto de 2003, 47
organizaciones ciudadanas de 16 países americanos se reunieron en San Salvador
para emprender un nuevo movimiento llamado 'RED VIDA'. Al mismo tiempo,
definieron su plataforma de acción en una 'Declaración para la defensa del
derecho al agua'.
A través de esta
nueva alianza, los grupos miembros aspiraban a construir una red de apoyo y
solidaridad con las diversas luchas que se libran contra la privatización de
los servicios de agua urbanos; contra los diques, desvíos y trasvases de los
sistemas fluviales, que tienen una repercusión negativa en la naturaleza y en
el nivel de vida de la población; contra la exportación masiva del agua de los
ríos, lagos y arroyos; y contra la rápida reducción de los acuíferos
subterráneos.
Antes de su constitución, los grupos
miembros de RED VIDA se sumaron a otros activistas de Asia, Africa, Europa y
Norteamérica para hacer frente común contra los agentes de la privatización en
el Forum Mundial del Agua de Kyoto (Japón) en marzo de 2003. Al organizarse en
brigadas de 'el agua es vida', lograron organizar un serio debate sobre los
principales asuntos en varias sesiones temáticas, impidiendo así que el Banco
Mundial y las tres grandes corporaciones del agua alcanzasen un consenso en
cuanto a los principales puntales de su proyecto de privatización. En enero de
2004, los miembros de RED VIDA también desempeñaron un papel activo en la
creación y desarrollo de un 'Movimiento del Agua Mundial de los Pueblos' en
Nueva Delhi (India). En la cumbre de Nueva Delhi, celebrada en vísperas del
Foro Social Mundial de Mumbai, intervinieron participantes de 64 países que, a
su vez, desarrollaron una plataforma internacional para la educación y la
acción en asuntos relativos al agua.
Este nuevo movimiento, no obstante,
no está sólo comprometido con la movilización de la resistencia ante la
privatización del agua, sino que pretende construir también modelos
alternativos de gestión de este recurso. Como alternativa al modelo de
'sociedad privada-pública' promovido por el Banco Mundial y las tres grandes
compañías del agua, por ejemplo, el movimiento ha comenzado a defender un
modelo de 'sociedad pública-comunitaria' que se ha desarrollado y probado en
Porto Alegre (Brasil).
En esta ciudad de más de 3 millones
de residentes, los servicios de suministro de agua pasaron de nuevo a manos
públicas después de un período de gestión privada, según un nuevo modelo que
requería mucha mayor participación comunitaria en la toma de decisiones acerca
del tratamiento de los recursos. El servicio público de agua no sólo ha
resultado ser viable desde el punto de vista financiero, sino que además ha
mejorado y ampliado los servicios de aguas de modo que satisfagan las
necesidades de toda la ciudad. Actualmente, los ciudadanos de Cochabamba
(Bolivia) están desarrollando un modelo similar de gestión pública de los
servicios de agua, basada en la colaboración comunitaria.
Por último, parece que este
movimiento en ciernes refleja una nueva concepción de la inminencia y tenacidad
de la lucha, rasgo que lo diferencia de otros movimientos sociales. Al
organizar las campañas, los activistas del agua parecen decididos a trazar una
línea en la arena. Claramente la población y las comunidades no pueden vivir
sin agua. Para muchos, la lucha es cuestión de vida o muerte. Por tales
motivos, la reivindicación de democracia en la distribución de este recurso no
puede y no debe ser silenciada.
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